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Ciencia de la felicidad y bienestar

5G, Nicolas Cage, Virus y ahogamientos

Antes del 5G y el virus te comento esto…

En la tabla de arriba ves una curiosa correlación. La línea roja marca el número de personas que mueren ahogadas cada año por caerse en una piscina. La línea negra el número de películas en las que Nicolas Cage aparece en cada año.

Como puedes ver la línea roja y la línea negra van muy parejas. Quiere decir que si Nicolas Cage hace más películas más gente muere ahogada en las piscinas, o bien que si mucha gente muere ahogada en las piscinas, Nicolas Cage resulta que hace más películas :).

Esto es una correlación sin más.

Pero evidentemente tú sabes que las películas de Cage y el que la gente se caiga a la piscina no tiene nada que ver, es decir, no hay causalidad.

Con el 5G y el virus pasa algo parecido. Se establece causalidad porque sí. En general se escuchan cosas verdaderamente locas, se confunden radiaciones ionizantes (que dañan el ADN) de las que no. Se extrapolan los resultados de las electromagnéticas en una rata a la que se le pega un móvil 10 horas al día, para justificar toda suerte de desgracias para ti si tienes un móvil y un largo etcétera.

Se valoran las teorías más raras posibles y se enfatiza en los poderes ocultos una gran parte de ellas (que se ponen todos de acuerdo a una: Trump, Putin, Soros, Gates, Zuckergerb, Kim y Merkel todos juntitos). No he incluido a Obama porque era reptiliano :).

Se teme al 5G con la misma fuerza que se ha temido antes al 4, 3 y 2G, con el mismo desparpajo con el que se falló en 2012 y los mayas, los microondas, los transgénicos (no confundir con los herbicidas), con la misma cerrazón allá en 1982 a la fecundación in vitro, que traería al mundo «seres sin alma». Es decir que lo nuevo en forma de ciencia y tecnología, es también un caldo de conspiracionistas aunque no ocurriera nada con el 4G, aunque gracias a los transgénicos no matemos miles de cerdos para obtener insulina o produzcamos bio-diesel menos contaminante, o aunque gracias a la FIV miles de padres son felices hoy en día en cada país.

La política, tristemente, es otro terreno de conspiraciones. Es impresionante (y doloroso) ver el nivel de dramatismo, desgracias y caos que la humanidad sufrirá cuando gana el contrario lo que probablemente perpetúa que la falta de ética ejercida sea invisible para los propios fieles.

Quizá la confusión más grande que veo, es que en ocasiones el conspiranoico se siente más «espiritual«, «lleno de valores», «protector de la Tierra y sus gentes» en un mundo «material y deshumanizado» (ya comentado hace unos días). Va a ser que no, que lo espiritual anda más lejos cuantas más bobadas creas.

Cuando uno ve todo eso, lo que surge es que el ser humano no puede estar callado y que ante el no saber, prefiere inventar, delirar, parecer, pavonearse, conspirar en definitiva.

No vengo aquí a desmontar una a una las ideas conspiranoicas que sufrimos, sino a algo más interesante: ¿porqué existen? ¿qué dice de NOSOTROS si tendemos a ello?

1. Hiperagencia.
Hay personas que incluso en un juego de azar de ordenador, «dotan» al mismo de una agencia o sujeto, como si una entidad dirigiera ese azar. Se demuestra que estas personas tienden a creencias conspiranoicas más fácilmente. Va a ser que no son tan libres de elegir su idea mesiánica, más bien ya están dispuestos a ello (1).

2. Percepción diferente.
En la antigüedad veíamos una cara en una roca o en un árbol o en una nube y decíamos que ahí estaba el «espíritu» de esa persona (algunos todavía lo defienden 🙂 ). Hoy sabemos que el cerebro está precableado para percibir caras (giro fusiforme BA37 para ser más concretos), aspecto que utilizan las marcas de coches para crear coches para mamás (con ojos de bebé redonditos) y coches de corte agresivo (con ojos afilados como faros).

Donde tú ves una mancha en blanco y negro, las personas conspiracionistas ven caras, formas, entidades y un sinfín de detalles, es decir, esta tendencia parte ya desde un lugar de construcción de la realidad no solo cognitiva, sino perceptiva incluso (2).

3. Maquiavélicos y otros.
Cuando se intentan descubrir predictores que puedan anticipar quienes van a ser más seducidos por teorías conspiracionistas los resultados son concluyentes: aquellos con tendencia al narcisismo, maquiavelismo, psicopatías y diversos déficits cognitivos y emocionales. Se parte de un lugar concreto con el que después se justifica una opinión (3).

4. Necesidad de ser «diferentes».
Quizá el más claro. Es una de las tristes maneras en que alguien puede destacar o sentirse único: pensando algo «que nadie sabe y es muy evidente,» que circula entre tu gente, que «los mecanismos oficiales se encargan de censurar» (quizá debieran insistir jejeje) y victimizándose ante el poder o bien atribuyéndose un poder del que carecen como cuando se dice «nos quieren silenciar y eliminar» en vez de entender que es poco interesante, útil y fidedigno sus propuestas (4).

5. El mito del mal puro.
No quiero extenderme porque lo expliqué extensamente en este programa de radio El Efecto Lucifer pero las personas conspiracionistas hacen una distinción del bien y el mal de forma absolutista. Desde ahí, el otro, el diferente, es enemigo y cómo no, perverso diablo de Hollywood que hace el mal por el mal o que disponiendo del bien absoluto no lo comparte (tipo «las farmacéuticas tienen la cura de las enfermedades pero no la comparten» –> Nota: será que los hijos, sobrinos, primos, padres, parejas y amigos de los miles de directivos de Pzifer, GSK o Bayer nunca mueren de cáncer o infartos como los demás mortales).

6. Paranoia como evolución.
Todos tenemos cierto rasgo que nos predispone a un nivel mínimo de paranoia social. Magnificar una posible amenaza, ver más peligros de los habituales, tener una ansiedad por encima de la media, estar cerrado a los propios sesgos, confundir correlación con causalidad, tener dificultad para entender datos y números grandes, copiar el comportamiento de otros que son parecidos, tolerar mal la incertidumbre, preferir la confabulación al no saber, o tender a respuestas simplonas ante el esfuerzo del análisis lento nos llevan a entender que todos, en determinado grado, solemos caer en cierto grado de delirio explicativo de la realidad.

Ojo no confundamos conspiración con sentido crítico, que hay quien se jacta de analizar cuando conspira. Hablamos de una tendencia natural a ciertos sesgos que nos llevan a establecer relaciones espúreas y simplonas ante fenómenos complejos.

«Jose, conozco gente inteligente que es muy conspiranoica. ¿Puede ser?»
Sin duda. Simplemente en determinadas ocasiones utilizan la herramienta menos apropiada para el problema que tratan de explicar. No es cuestión de capacidades siempre, a veces es confusión de qué usar para qué situación.

«Ya Jose, pero ¿alguna vez acertarán no?»
En efecto. Si todos somos depresivos, alguna vez aciertas. Si todos somos hombres, aciertas hasta el 50%.

Soluciones (si sufres de ello en exceso):

Aprende a utilizar sabiamente cerebro mágico, cerebro religioso y cerebro analítico. Cada uno tiene su función y utilidad, pero con demasiada frecuencia se intenta percibir una flor o la calma de una respiración desde la rumiación o explicar la realidad compleja desde las correlaciones mágicas simplonas.

Hay mucho lío ahí… y sin ser nada patológico, convendría deshacer el entuerto.

Ganarás en felicidad y sabiduría, porque solo una mente clara puede construir bienestar.

Referencias (no leer si eres muy conspiranoico, reforzará tu posición a pesar de la evidencia y son estudios no independientes probablemente para ti :). Ah, hay muchísimos más, solo escoge algunos relevantes).

1. Van Elk, M. (2013). Paranormal believers are more prone to illusory agency detection than skeptics. Consciousness and cognition, 22(3), 1041-1046.
2. Van Elk, M. (2015). Perceptual biases in relation to paranormal and conspiracy beliefs. PloS one, 10(6).
3. March, E., & Springer, J. (2019). Belief in conspiracy theories: The predictive role of schizotypy, Machiavellianism, and primary psychopathy. PloS one, 14(12).
4. Imhoff, R., & Lamberty, P. K. (2017). Too special to be duped: Need for uniqueness motivates conspiracy beliefs. European Journal of Social Psychology, 47(6), 724-734.

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