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Jose Sánchez

Dime tu orgullo y te diré quien eres

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Siempre ha tenido mala prensa. En muchas religiones y sabidurías como el budismo o el  cristianismo se trata de evitar a toda costa: el orgullo se relaciona con la vanidad. No hay nada que extraer de ahí.

Sin embargo en la cultura del Yo se fomenta, pero en muchas ocasiones desde unos lugares que tienen poco que ver con la emoción social que es. No es extraño, dado que en el mundo emocional, la insistencia es en alegría, tristeza, miedo y cólera, las llamadas emociones básicas. Toca ir más allá…

¿Quién tiene razón? ¿Orgullo sí, orgullo no? ¿Porqué la evolución humana fue creando determinadas emociones sociales, entre ellas el orgullo? ¿Qué utilidad o peligros ofrece?

Descubriremos las respuestas al analizar los diferentes tipos de orgullo y para ello basta mirar qué nos enorgullece y así sabremos quienes somos.

1. Orgullo por ser.

Es muy habitual, quizá porque no requiere esfuerzo. Uno nace italiano, francés o español y se siente orgulloso de ser italiano, francés o español. Sabemos que las personas no eligen a sus papás ni tampoco su lugar de nacimiento o nacionalidad sino que más bien nos encontramos naciendo en Pekín, en Fairbanks, en Alejandría o en Tomelloso. Nuestro lugar de nacimiento, y por extensión nuestro pueblo, provincia o incluso país, forma parte de nuestra temprana infancia y con cariño y afecto solemos recordar nuestro origen.

Socialmente este orgullo es útil: ¡¡qué bella es la ciudad, provincia, nación, familia o género de cada ser humano!! ¡Qué decir!

Pero por lógico que sea, no implica ningún esfuerzo o mérito o elección libre, el ser italiano, francés o español. El concepto orgullo surge aquí con la identificación. Es útil darse cuenta que con el mismo fervor que uno defiende un orgullo vinculado a un territorio, defendería el contrario o incluso el odiado si hubiera nacido en Trento en vez de en Lyon, o en Munich en vez de en Tordesillas.

Este tipo de orgullo se vincula también con géneros, apellidos, familias, etnias o incluso edades. Uno puede estar muy orgulloso de ser hombre, pero lo cierto es que ha hecho poco para ello conscientemente: nació así y fue culpa de un cromosoma. Conviene resaltar que cuando en ocasiones se «grita» demasiado sobre este orgullo se consigue el efecto contrario: el otro también lo está  de su otro pueblo, provincia, género, familia o apellido.

Aunque sea habitual este sentimiento, no siempre es el más adecuado si se muestra «en oposición a» en vez de «en colaboración con». No se trata de anular nuestra identidad de origen, ni el sentimiento y cariño hacia lo nuestro, sino de ver si esa emoción, cuando surge, contiene la superioridad moral hacia el contrario, o incluso el desdén y rechazo al diferente.

Un segundo peligro acecha porque si alguien quiere manipular a otros nada mejor que favorecer la identificación con algo y a la vez la oposición a lo contrario. De este modo se consiguen individuos con pensamientos uniformes, reactivos y predecibles, algo que resulta muy barato para el funcionamiento cerebral. Los políticos lo saben… o los que asesoran a los políticos al menos. Va a ser que el brainwashing y el adoctrinamiento es ubicuo.

Si eso ocurre, estaremos muy orgullosos pero somos muy poco inteligentes. Cada vez que te sientes italiano despreciando al francés, y te «calientas» con ello, cada vez que por ser Martínez miras con ridículo a los García, llenas tu preciado cerebro de stresores y agentes bioquímicos que desde tu propia fábrica interna van minando poco a poco tus capacidades de gozo, calma, sabiduría y también salud.

Una paradoja del ridículo del orgullo al endogrupo y odio al exogrupo se ve fácilmente en el deporte: el antes odiado es amado cuando se integra en un grupo mayor. Ejemplo: los tiffosi de la Juventus odian al Milán, pero se aman cuando juegan todos con Italia. ¿Cómo se puede amar a quien odiabas ayer y volverle a odiar el año que viene?

Curiosidad. Este orgullo es toda una intriga porque los humanos lo extienden incluso a sus mascotas, coches, ropa, abalorios y demás enseres.

 

2. Orgullo vicario

Sucede por aprovechamiento de una situación social. Es la situación contraria al «mal de muchos, consuelo de tontos».Mi compañero obtiene un premio y yo me siento orgulloso de ser científico. Si un individuo de mi grupo obtiene éxito, yo me siento orgulloso.  Lo normal sería acaso sentirse alegre pero no orgulloso, dado que el mérito le corresponde al otro.  Pero tiene un sentido evolutivo claro: me impulsa a seguir en la misma dirección para alcanzar una meta similar.

La clave en el orgullo vicario por tanto recae en el cómo más que en el qué y en si la afinidad es real o abstracta.

Si no juego al tenis pero me alegra la victoria de uno de los «míos» no moviliza igual mi conducta que si soy tenista. Si siento orgullo porque mi primo tiene un precioso deportivo conseguido a través de la venta de droga, no moviliza mi conducta igual que si lo ha conseguido trabajando en la empresa familiar que compartimos.

El orgullo vicario por tanto puede ser un excelente movilizador social, si a aquel que admiramos ha obtenido legal, justa y meritoriamente su reconocimiento.

 

3. Orgullo beta – auténtico

Es el que evolutivamente tiene más fuerza. Un individuo por su esfuerzo, mérito o destreza, consigue mejorar su condición, status y valoración social ante los demás. Los demás reconocen su esfuerzo y obtiene no solo un premio directo sino una consideración especial del grupo. De este modo el resto de individuos también se motivan para destinar sus recursos y habilidades a la mejora de su posición, que la sociedad reconocerá. Los niños lo entienden bien: se ilusionan con llegar a ser alguien y van descubriendo cómo varios de sus ídolos, entrenaron o estudiaron durante años para llegar a ese nivel.

El orgullo basado en el mérito tiene un severo problema: no todas las sociedades lo favorecen. Cuanto más inculta, menos inteligente y menos empática es una sociedad, cuanto menos valora a quien realmente se lo merece y cuanto más  adora la apariencia y el linaje en vez de el conocimiento y esfuerzo peor irá. En esas sociedades el pillaje, el ultraje, el robo o la picaresca se permite, o incluso se bromea sobre ello, pero rara vez se castiga, creando un clima social que al despreciar el esfuerzo favorece la desconfianza y desvaloración personal y colectiva.

Basta observar ejemplos de «pseudomúsicos»  convertidos en super politólogos y economistas, «semiactores hijos de» en tertulianos de geoestrategia mundial u «oportunistas de la farándula» dedicados a dar consejos sobre la psique humana, para entender cómo el orgullo basado en el mérito no siempre es la seda que entreteje la salud de una sociedad moderna. De hecho hasta hace bien poco, el que no defraudaba a la Hacienda pública era «tonto» por contribuir al bienestar de todos y todavía hoy en día, no es público en la mayoría de países quienes y cuánto defraudan a la sociedad de la que se aprovechan. Largo camino para el Homo Sapiens aún…

La solución social que intente favorecer el orgullo beta real no viene por aplicar el lecho de Procustro y cortar a todos a la misma medida. Hacernos «iguales» anula la motivación al logro. Se trata pues de estimular las diferencias para que todos al final crezcan, pero desde el mérito no desde la herencia, el ultraje o el amiguismo.

Si se promociona el orgullo beta los individuos muestran conductas pro sociales orientadas al logro y al beneficio de todos. A nivel individual suben sus rasgos y marcadores de responsabilidad, satisfacción con la vida, amabilidad y salud mental. Estas personas se esfuerzan por alcanzar prestigio y se vuelven confiables, energéticas, empáticas, no dogmáticas y fuente de inspiración para los demás que quieren emular sus acciones y logros.

Podemos pensar que debemos evitar la comparación con el otro y es cierto, pero como mamíferos sociales que somos, la comparación se realiza sanamente a nivel de oportunidades, recursos y logros. De hecho los individuos que pueden elevar su jerarquía dentro del grupo muestran niveles de serotonina más elevados. Aquellos que pierden su prestigio, como en una pérdida de trabajo, los niveles de serotonina caen instantáneamente. Recibir un feedback negativo e injusto por parte de tu jefe o compañeros hace que tus niveles desciendan a niveles críticos.

Si te sientes deprimido, enfadado o agresivo, antes de abrazar el positivismo sin control piensa si estás en un ambiente social o laboral injusto. Cuidado con los ERE´s, los traslados, los cambios de departamento, el bloqueo al ascenso y la promoción después de años, la plaza a la que optabas y se llevo el primo del director… porque la serotonina se fue, con toda lógica después de millones de años de evolución, al garete. No te castigues más, lo que sientes es lo que se debe sentir. No pudiste sentir auténtico orgullo, ese que se enraiza en justicia y derechos sociales.

 

4. Orgullo alfa

Se diferencia del primero en que la identidad no se basa en algo externo sino en el sí mismo, en un claro «porque yo lo valgo». Es un orgullo muy cercano al narcisismo, peligrosamente mal fomentado como autoestima, y en el que uno piensa que merece porque sí, porque es especial.

Se relaciona con la desmesura. El individuo cree llegar a mucho más de lo que alcanza y se atribuye méritos no por sus acciones sino por ser quien es. Abunda en las esferas de poder, donde determinadas personas llegan a valorarse tanto a sí mismas, que creen ser absolutos responsables del devenir de sus empresas, sociedades, países o familias. En estos casos uno está ciego a la realidad: entre todos hacemos incluso aquello que aparentemente nos pasa a uno mismo.

Aquí entra la manifestación del becerro de oro. Fíjate cuánto tengo, incluso fíjate que tú puedes también. Es un mensaje que aunque nazca con buena intención se centra más en el cuánto que en el cómo y el qué. Curiosamente, como la ciencia y tradiciones saben, por mucho que tengas y por mucho alfa que saques al respecto, tus índices de bienestar y felicidad apenas varían.

Los griegos, que andaban listos evitando el concepto del pecado, nos enseñaron como este Hybris, la desmesura, no es un pegamento social sino una lacra a evitar.

Tristemente el orgullo alfa es demasiado habitual. Uno ya no aspira a hacer fotos de la naturaleza, de rostros humanos, de templos y catedrales o de obras de arte, sino que se centra en hacerse fotos a sí mismo, para verse de nuevo, y para mostrarse a otros que también aspiran fundamentalmente a verse a sí mismos. Y es que el selfie, que no es malo por decreto, roza y anima tanto al orgullo alfa que merece reflexión.

 

¿Y cuál es el más sano?

Muy probablemente el usuario de los orgullos 1 y 4 grite que hace lo que le viene en gana y que es bueno sentirse orgulloso. Hace bien, porque uno debe decidir en la medida de su libertad lo que es mejor para sí mismo.

La cuestión es que la libertad llega más con el conocimiento, la renuncia o la sabiduría que con la impulsividad o la indolencia. Más allá de lo que diga la persona, que puede estar muy lejos de la realidad, el sentimiento de orgullo que nace porque tú mismo o alguien cercano logra un avance merecido estimula, refuerza y favorece tu cerebro mucho más que el alfa o el «por ser yo» (1).

De hecho los estudios nos enseñan que el orgullo auténtico correlaciona positivamente con la salud mental y las relaciones sociales exitosas, mientras que el orgullo Hybris se vincula a comportamientos antisociales, agresivos y a problemas de ansiedad y depresión a largo plazo (2).

En el apartado de atracción hacia el otro, a veces se ha considerado que las muestras de orgullo alfa narcisista, donde se muestra el poder,  ejercen un efecto magnético de atracción por parte del otro sexo. Nada más lejos de la realidad. Una serie de estudios nos muestran que el prestigio, obtenido por el esfuerzo y el mérito, se considera un valor mucho más estable y potente que las clásicas muestras de dominación y status clásicas del orgullo alfa (3).

En definitiva si no puedes sentir orgullo auténtico pon tu mirada en otras vías de bienestar pero no te desgastes con identidades o actitudes alfa.

De hecho otras emociones, como la compasión, muestran una inusitada activación en áreas cerebrales vinculadas al cuidado, el afecto, la reducción del dolor, el cuidado y la salud (4).

Va a ser que de lo más orgulloso que podemos estar, es de querer y amar de verdad a los seres humanos y de construir una mejor sociedad para todos.

 

Referencias

  1. Jessica L. Tracy, Joey T. Cheng, Richard W. Robins & Kali H. Trzesniewski (2009) Authentic and Hubristic Pride: The Affective Core of Self-esteem and Narcissism, Self and Identity, 8:2-3, 196-213, DOI: 10.1080/15298860802505053
  2. Jensen Campbell, L.A. & Graziano, WG & West, SG. (1995). Dominance, Prosocial Orientation, and Female Preferences: Do Nice Guys Really Finish Last?. Journal of Personality and Social Psychology.
  3. Graziano, Loreta. I, Mammal: How to Make Peace With the Animal Urge for Social Power
  4. Emiliana R. Simon-Thomas, Jakub Godzik, Elizabeth Castle, Olga Antonenko, Aurelie Ponz, Aleksander Kogan, Dacher J. Keltner, An fMRI study of caring vs self-focus during induced compassion and pride, Social Cognitive and Affective Neuroscience, Volume 7, Issue 6, August 2012, Pages 635–648,

Las emociones infectan a 5 personas

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | Comentarios

Las emociones a veces interfieren tanto que casi podríamos decir que infectan e invaden nuestra mente. En 5 situaciones clásicas las emociones se desbordan y más que movilizar nuestra conducta y adaptarnos al medio, nos destrozan minuto a minuto.

No se trata de hacer Mindfulness para reducir el stress (eso es matar el síntoma), sino de Ver desde la mirada genuina qué estructura sostiene nuestra vorágine emocional.

Hay muchas… ¡aquí cinco de ellas!

1. El ignorante sabio.

Asombra lo que sabemos hoy en día. Opinamos de absolutamente todo aunque, francamente, tengamos poca idea de algo. ¿Porqué «sabemos» tanto de todas las noticias y tenemos una posición tan abrumadoramente clara? Básicamente porque no opinamos en base a una razón sino que nos emocionamos en una dirección ya elegida por nuestra memoria para después argumentar una defensa. Somos ignorantes, pero muy sabios, porque entendemos de OPA´s hostiles, juicios, leyes, penas y sentencias, movimientos geopolíticos mundiales y medidas económicas, o incluso ambientales 🙁 🙁 , con las que defender nuestras emociones.

Solución:  si aprendo a no formar una opinión sobre lo que no sé, mis emociones se relajan. Sí, sí, es posible no posicionarse respecto a algo. ¡Existe! Del ignorante sabio al sabio ignorante. Solo este último sabe que no sabe. Hay una enorme paz en no posicionarse sobre lo que desconocemos.

2. El obsesivo.

Indeciso, ansioso, incluso insomne… con cierta obsesión las emociones vuelven, se repiten, rumian y vuelven y vuelven. Y cuanto más vuelven más cuesta decidirse. Resulta que las emociones predisponen a la acción y si no la tomo, lógicamente, su intensidad aumenta precisamente para ejecutar una acción. Si das vueltas el cerebro te trae aquello que NO ha sido ejecutado. Lo no dicho, lo reprimido, lo no expresado, lo no olvidado, lo no perdonado, lo enterrado… no son fosas para el olvido sino ave fénix que siempre resurge: ¡la biología es así!

Solución: Mejor acción y corrección, que parálisis por análisis. Mejor expresión y aprendizaje que enterrar a un muerto que resucita. Mejor hacer visible lo oculto y madurar con ello que mirar para otro lado.

3. El caprichoso.

Entre los deseos para que las cosas sean como quiere, los agobios para que lo sigan siendo y las frustraciones sobre lo que nunca puede conseguirse, el caprichoso genera miles de emociones, rara vez satisfactorias. De deseo en deseo, teme que la siguiente flor ande escasa de néctar. La vida gira sobre el caprichoso en un idilio narcisista sobre sí mismo. No aspira a ser fotógrafo de la naturaleza ni de personas ni de ciudades: solo pretender hacerse fotos de sí mismo, en un eterno selfie viviente. Salta de emoción en emoción aspirando a un bienestar y quietud que no puede llegar ¡saltando!

Solución: muy probablemente psicoterapia profesional, larga y de la buena. O psicoterapia de la vida, que le dará oportunidades para la humildad. Mientras espera un cielo perfecto con sus colegas la tierra le dará motivos para ser, simplemente ser, incluso estar, y no solo lograr.

4. El perfeccionista.

Nunca es suficiente para él. Más que amarse se castiga. El sabio busca la excelencia, observarse mientras ejecuta y pule su destreza, sin embargo el perfeccionista no se observa sino que más bien se comenta a sí mismo en el proceso. Anda tanto en el futuro que tropieza en el presente. La vida es eso que se le pasó ayer pensando en mañana. Genera miles de emociones, pocas de ellas satisfactorias.

Solución: Si eres su jefe ponle metas que no pueda alcanzar. Si no revienta aún anda apegado al idilio romántico con su Yo. Debe saber que una emoción por el fallo es mejor que miles por un supuesto éxito. Un día, agotado de buscar un fantasma, se atreve a ser humano.

5. El categórico. 

Vive binarios, tanto que solo atiende a ceros y unos, es decir, blancos y negros. No sabe que los días tristes tienen millones de matices de grises y los días alegres infinitos arcos iris. Sobresimplifica tanto la realidad porque le interesa mantener sus emociones ahí en los extremos. A veces no opina, directamente se posiciona y ni siquiera racionaliza, solo sentencia. Incluso a su apego emocional es capaz de llamarlo valores, de esos que distinguen entre los «buenos» y los «malos» a lo Batman y Joker. Ponle estímulo y encuentras respuesta inmediata emocional. No sabe que los enemigos se parecen mucho más de lo que desearían.

Solución: la diversidad, la pluralidad, lo complejo le mata. La mera existencia de opciones diferentes lo desestabiliza. A fuerza de ver se acostumbra a permitir. En dos generaciones sus nietos no solo permiten sino que ya toleran. En tres, son capaces de aceptar. En cinco, los genes categóricos se vuelven por fin deletéreos. Así que basta ver el devenir del mundo para saber que ciertas cosas «categóricas» ya nunca serán. Siento que la solución sea tan tardía.

Todos habitamos estas cinco y otras categorías de inyección emocional de vez en cuando. No se trata de apagarlas porque sí, con pastillas o Yogas, sino de autoconocernos de verdad.

Emoción viene del latín «movere» y nos impulsan al cambio, acción, transformación y aprendizaje.

Encender el motor emocional y acelerar gasta gasolina y eso en el siglo XXI es muy hortera: contamina mucho, hace ruido y resulta pomposo.

Si te emocionas mete la marcha y avanza hacia una dirección elegida por la razón.

Y si es con un eléctrico o haciendo running, incluso mejor.

Green emotions por favor :).

¿Pero qué le pasa a mi sangre en esta foto?

By | Supera tus límites | One Comment

¿Pero qué le pasa a mi sangre en esta foto?

¿Debería estar en el hospital? ¿No son valores muy bajos de oxígeno? (lo normal es tener 98, ¡no 79!)

Pues es parte de mi entrenamiento matinal, ese que enseño en Supera tus límites, en donde te lideras de verdad.

En esta foto está la clave de la vitalidad y la motivación y un extraordinario refuerzo de la salud y el manejo del stress, ¡ahí es nada!

¿Porqué contiene esa clave de la vitalidad y la motivación y el refuerzo de la salud?

  • Porque implica un control consciente de tus tasas de oxígeno, de tus niveles de stress y  tasa cardiaca.
  • Porque justo después de ese momento, entrará una oleada de adrenalina en señal de adaptación y hormesis de mi cuerpo (hormesis = habilidad de un sistema para compensar positivamente un estímulo negativo).
  • Porque así no necesito hacer puenting para conseguir un subidón… o motivarme con frases bellas los lunes o visualizar que voy a hacer algo. Ni tampoco pensar positivo jejeje, mejor serlo.
  • Porque se genera la fuerza en uno mismo en el lugar donde nace: el cerebro.
  • Porque entrenas como cualquier atleta (Ley de Hans Seyle de adaptación al esfuerzo) o como cualquier estudiante (estímulos pequeños pero diarios y crecientes en una dirección específica = neuroplasticidad).

Yo ya respiro y conozco la respiración

Todos respiramos y conocemos la respiración.

Lo que no solemos hacer es comprobar una y otra vez durante años qué ocurre cuando respiras de determinada manera con un objetivo concreto, en este caso, reforzar la llegada de oxígeno a los tejidos y fortalecer los sistemas de stress, que tan fácilmente se agotan, desregulan y provocan numerosos desórdenes en nuestras vidas.

En sistemas que enfatizan el control respiratorio en posturas como+ el Chi Kung, Yoga o la meditación de pie, la tecnología y la neurociencia nos ayudan a entender, medir y por tanto, progresar en direcciones adecuadas.

¿Es un motivador interno por tanto?

En efecto. No siempre tenemos las condiciones externas, como un viaje excitante a otro país, para generar dopamina y motivación.

No siempre tenemos las condiciones externas para generar en nuestro interior serotonina y oxitocina que nos calman y nos inundan de bienestar.

No siempre tenemos las condiciones externas para activar nuestra respuesta y responder adecuadamente en el trabajo o el estudio y a través de la noradrenalina y glutamato, rendir al 100%.

No conozco a nadie que pueda controlar esas condiciones externas. Hasta el más rico, joven y guapo del planeta no puede conseguirlo.

¿No es sensato ser capaz de generarlo dentro? ¿No es esa una mayor libertad? Si tienes lo de fuera lo disfrutas y si no, sigues disfrutando con lo de dentro.

¿Cómo se hace?

Como todo lo bueno: con guía profesional, neurociencia de vanguardia, acompañamiento personalizado, trabajo grupal y compromiso.

En noviembre comenzaremos de nuevo SUPERA TUS LIMITES, un método científico para multiplicar la vitalidad, fortaleza y motivación.

Si tomas paracetamol… ¡tu empatía se va al garete!

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | One Comment

La importancia de la empatía

Nuestro mundo emocional reconoce la empatía como una cualidad humana ciertamente excepcional. En las relaciones con amigos, familia, trabajo o incluso con extraños, la empatía nutre y fortalece lazos humanos.

La empatía tiene su origen en los vínculos materno y paterno filiales que se dan en mamíferos y que se desarrollan en primates humanos en su máxima expresión. Sin embargo, no todos mostramos la misma capacidad empática, de lo que se deducen relaciones personales y profesionales en muchos casos desequilibradas, con valores contrapuestos y conflictos asegurados.

No es aventurado pensar que en unos años, los trastornos de empatía serán incluidos dentro de las patologías mentales y nos recuerden algo así como «Oiga, su empatía está cayendo a niveles proto-humanos. Actualice su resonancia con los demás a lo que se espera de este siglo XXII por favor».

Si queremos conocer y regular nuestras emociones, no podemos pasar por alto la empatía, pues sin ésta desaparecen determinadas emociones sociales como la culpa, la noción de responsabilidad ante otros, el asombro ante lo grande (Awe) o la gran estrella, la compasión.

Lo que nos cuesta imaginar no solo es que mente y cerebro son uno, sino que uno mismo y los otros también son Uno, tal como nos sugiere sabiamente la filosofía perenne.

Un curioso experimento científico

Para entender este hecho que nos sugiere que somos no solo individuo sino sobre todo grupo, merece la pena prestar atención a un creativo estudio científico (1) de 2016 donde se demuestra cómo un fármaco, el Acetaminophen, más conocido como Paracetamol, reduce significativamente nuestra capacidad empática.

Ya conocemos que en el cerebro la mera observación del dolor de otros (2), como mirar un objeto muy caliente en la mano de otra persona, activa en gran parte las mismas áreas de dolor personal (cingulado anterior e ínsula). O como tocar al compañero mientras recibe un sonido desagradable, consigue reducir en ambos la sensación de dolor. Es decir, que estamos cableados tras millones de años de evolución, para sufrir con… Lo que a ti te duele a mí también.

En este experimento se parte de la hipótesis de que si el fármaco inhibe el dolor propio debido a su capacidad analgésica, y el dolor ajeno activa las áreas del dolor propio, es posible entonces que el fármaco al inhibir nuestra activación del dolor, bloquee la capacidad empática al observar el sufrimiento de los demás.

Y precisamente eso es lo que encontraron los investigadores tras realizar varios experimentos con diferentes escenarios: el analgésico reduce el dolor percibido y el stress personal cuando se observan escenarios en donde los sujetos sufren dolor personal o social. Además se demuestra que la preocupación empática por el otro también disminuye, incluso en casos donde se actúa con ostracismo sobre otras personas.

Conclusiones interesantes

  1. El dolor de otro es un dolor tuyo también, en función de tu capacidad empática.
  2. En muchas ocasiones intentamos separarnos y separarnos del otro, bloqueando una tendencia natural e innata.
  3. Por la misma razón su felicidad es tu felicidad con lo que si sabes hacerlo podrías ser muy feliz observando las alegrías y éxitos ajenos.
  4. Quien busca bienestar solo en sí mismo, rara vez lo logra, dado que su cerebro está perfectamente formado para ayudar y ser ayudado, querer y ser querido, dar y recibir placer, siempre en ambas direcciones. El win – win por tanto, o la justicia social, no son solo ideas «bellas» o «buenistas», también es biología en acción.
  5. Si apagas tu dolor (por lógico que sea) bajo un fármaco, olvido, negación, despiste o racionalización reduces tu capacidad para sentir el dolor también de otros, alejándote de ti a la vez que del resto.
  6. La empatía es el vehículo por el cual se favorecen las conductas prosociales, reducirla es reducirse y lo que es peor, sin saberlo.
  7. Tu mente y cerebro son lo mismo. Todo lo que ayude a tu mente en una dirección está actuando en un nivel neuronal, mental, personal y… social.

Entrenar tu capacidad empática es uno de los pilares del bienestar emocional. Por eso la ciencia de la felicidad, no excluye sino que nos enseña a abrirnos al dolor propio y ajeno y de este modo reducir el sufrimiento a su mínima expresión.

 

Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

 

Referencias

1 Mischkowski, D., Crocker, J., & Way, B. M. (2016). From painkiller to empathy killer: acetaminophen (paracetamol) reduces empathy for pain. Social cognitive and affective neuroscience11(9), 1345-1353.

2 Lamm, C., Decety, J., & Singer, T. (2011). Meta-analytic evidence for common and distinct neural networks associated with directly experienced pain and empathy for pain. Neuroimage54(3), 2492-2502.

Emociones: ansiedad en la ansiedad

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | One Comment

Un reciente estudio nos habla sobre un marcado efecto beneficioso de la microbiota intestinal mediante el uso de pro y prebióticos en los síntomas de la ansiedad (1).

Unos días antes, leía otro sobre un posible efecto beneficioso de la acupuntura en la misma dirección (2).

Solemos leer estas noticias con agrado e ilusión. Algo que beneficia y disminuye el malestar. Sin embargo puede que confundamos el camino con la meta.

Porque el síntoma no es la enfermedad

Si el probiótico, o la aguja, o el medicamento o el remedio que fuera se aplica no significa que seamos capaces de distinguir el síntoma de la enfermedad.

Imagina que tienes una tos constante muy molesta. Es seguro que quieres que no moleste, pero por tu mente ronda la idea de que la tos está expresando algo, es la consecuencia de algo disfuncional. Si te quitan la tos de repente, muy probablemente preguntes ¿porqué sucedió? ¿A qué se debe?

Sin embargo en nuestro mundo mental, el síntoma, la ansiedad, se considera en sí mismo un trastorno de hecho el DSM-V nos habla de trastornos de ansiedad generalizados.

Pero si es una emoción, será para algo no?

No tiene sentido considerar un bajo estado de ánimo o una ansiedad siempre como un trastorno porque por selección natural no habrían aparecido a lo largo de la historia.

La ansiedad tiene un porqué claro desde el punto de vista evolutivo: los individuos con una capacidad para sentir ansiedad tienen más probabilidad de escapar de una situación peligrosa ahora y de evitarla en el futuro.

Como en cualquier respuesta del organismo, y no digamos las emocionales, hay respuestas por exceso y por defecto y tan peligrosa es la inmuno deficiencia como su exceso o la anemia como la eritrocitosis.

La ansiedad tiene mala fama, tanta que en ninguna ocasión podemos ver su lado positivo, en una visión moderna donde las emociones calificadas erróneamente como negativas, deben ser desterradas de la faz de la Tierra.

Entender y vivir que las emociones son adaptativas cambia el panorama

Considerar que la selección natural favoreció la aparición de respuestas de ansiedad para alertarnos de peligros presentes y futuros permite avanzar hacia la solución.

Aceptar que como individuos tengamos una tendencia hacia la alza o hacia la baja en determinadas circunstancias y escenarios vitales nos ayuda a crecer organizadamente como personas.

Si entonces existen los cero ansiosos qué tal les va?

En general muy mal. No tienen miedo de animales peligrosos, pueden conducir demasiado rápido y flirtear con estupefacientes como nosotros atacamos las patatas fritas, a bocados. Algunos son valorados por su coraje, pero casualmente, cada año varios de ellos mueren. Otros provocan desastres empresariales, bancarios, gubernamentales, políticos y sociales: no tienen medida de sí mismos ni del otro.

Cuando el síntoma duele más que la realidad

En la ansiedad (por exceso) el síntoma duele más que la realidad. El miedo al supuesto oso es tal, que como dice el chiste “prefiero la muerte”. Sin embargo no había un oso, sino una roca con silueta peculiar. La evolución ha preferido que el cerebro interprete la roca como oso y no el oso como roca… para sobrevivir.

El individuo ansioso presenta una tendencia en parte innata y en parte adquirida (según casos) a considerar muchas rocas como osos, y así mantenerse con vida. Ve moscas como platillos volantes, escucha una lagartija y cree que es un dragón de Komodo, monta una historia de celos si su chico no le llama cada media hora y si recibe su nómina quince minutos más tarde se siente en bancarrota. Todo esa «exageración» para sobrevivir… dado que hay quienes no ven que el chico ya se ha ido o se juegan los ahorros en el casino… esos no sobreviven.

¿Entonces microbiota o qué?

Cada uno debe elegir.

Se llame microbiota o acupuntura o fármaco que desconecta el sistema de respuesta, toca entender hacia dónde apunta la solución.

Si arreglo la microbiota y me siento mejor pero en dos semanas sigo viendo rocas como osos, la microbiota en breve volverá a tener una población disfuncional de bacterias que apoyen la sensación ansiosa. Habré creado una dependencia hacia los probióticos que pasado un tiempo quizá no funcionen para tal fin.

Es mejor acercarse a la roca paso a paso (bajo guía profesional). De este modo las respuestas de ansiedad serán poco a poco menores ante eventos del ambiente que comprobarás son seguros. La terapia reforzará la capacidad de los lóbulos frontales del cerebro para disminuir la excesiva respuesta que llega a nuestra consciencia.

Estas personas que no se tiran sin paracaídas desde el avión ni conducen a 500 por hora en un patinete, sí son verdaderos héroes. Solo ellos saben lo que es poder salir a la calle ahora o hablar en público sin ver a cientos de osos en el público.

¿Y si no sé qué rocas son?

Tendrás que mirar dentro de verdad: meditación, un camino a largo plazo para una felicidad que incluye las emociones, adaptativas claro.

Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

Referencias

1. Yang, B., Wei, J., Ju, P., & Chen, J. (2019). Effects of regulating intestinal microbiota on anxiety symptoms: A systematic review. General Psychiatry32(2), e100056.

2. Tu, C. H., MacDonald, I., & Chen, Y. H. (2019). The effects of acupuncture on glutamatergic receptors in depression, anxiety, schizophrenia, and Alzheimer’s disease: a review of the literature. Frontiers in psychiatry10, 14.

¿Qué seríamos sin EMOCIONES?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Me dicen dos amigas, casi como un suspiro al aire y en un anhelo de magnificarlas: ¿Qué seríamos sin emociones?

Por mucho que se insista en que las emociones son todo, es precisamente darle a las emociones capacidades que no tienen lo que complica el entendimiento.

Estamos ante una moda emocional

De hecho, observa bien, porque esta “moda emocional 100%”  suele esconder un ataque contra la razón. Cuidado porque ahora para insultarte y criticarte te pueden llamar “Pedazo de racional, no tienes vergüenza”, o “eres un p… estratega”, o “no aguanto a gente sobria y ecuánime como tú, dan asco”.  

Otras veces el ataque es al pensamiento mismo o a la propia intelectualidad. ¿Será que la ignorancia abre caminos?

Más allá de estos “halagos” sabemos que la impulsividad, la improvisación, el no juicio, el no control, o las decisiones apresuradas sean precisamente sinónimos de bienestar y sabiduría. Las grandes pasiones sin control nos llevan al desastre, al igual que las ideas sin el calor emocional. 

¿Pero porqué separan emoción de razón?

Defender las emociones en contra de la razón o la razón en contra de las emociones es como pretender que haya primaveras sin otoños e inviernos sin veranos.

Cerebralmente no tiene ningún sentido. No existen áreas puramente emocionales (lo siento por tu amígdala), ni puramente racionales (dorsolateral prefrontal). El cerebro no es estanco ni opera “instintiva, emocional o racionalmente” (por simple que resulte el triuno es más religión que ciencia) sino como un conjunto hiperconectando todo con todo. De hecho conocemos bien por numerosos experimentos que lesiones frontales provocan desórdenes emocionales o que sin emociones no sabemos tomar decisiones, sugiriendo la no – separación de ambas.

Históricamente las emociones fueron pasiones, defectos humanos que se interponían en las facultades superiores (divinas en aquellos tiempos claro). Por más que se intentó, cuando nos enseñaron, insistieron o castigaron a reprimir las emociones, resultó tan burdo como intentar curar la homosexualidad: no puedes curar la vida por estar viva ni curar a una célula de ser redonda.

Al desarrollarse la neurociencia afectiva, que estudia cómo el cerebro procesa, genera y participa en las emociones hemos visto que son un ingrediente crucial de nuestra vida psíquica. De hecho las investigaciones de los últimos 30 años muestran un creciente estado del arte donde entendemos mejor que nunca el papel de las emociones en nuestro cerebro y vida social.

Pero por efecto péndulo hemos pasamos a decir que las emociones son todo. Lo hacemos mal entendiendo a Kahneman, Thaler y Ariely… dado que ni el subconsciente es un lagarto, ni un bicho que va a su bola, ni se puede engañar a alguien varias veces con juegos de publicidad de trileros, ni la razón por limitaciones que tenga es estúpida, ni mucho menos se puede “hipnotizar” a la gente en contra de su voluntad ni hay que lanzarse a la piscina para eliminar «miedos».

Sin emociones no somos nada, como no los somos sin razonamiento, sin los 5 sentidos, sin memoria, sin atención o sin consciencia.

Necesitamos una visión global de mente – cerebro

Las emociones son un ingrediente esencial pero contienen como es lógico, motores para la destrucción o construcción de personas, países y sociedades.

  • No funcionan mejor negando la importancia de la razón.
  • No toman decisiones por sí mismas sino que influyen en nuestra toma de decisiones.
  • No son buenas o malas sino respuestas que motivan nuestra conducta y favorecen la comunicación.
  • No son elementos a reprimir ni proclamas a expresar libremente.
  • No son las que te hacen comprar en el supermercado o las rebajas :).

Las emociones son por tanto un ingrediente de la MENTE humana a comprender y regular en uno mismo a través de las herramientas adecuadas.

Herramientas basadas en milenios de experimentación y en rigor científico: meditación + neurociencia de vanguardia.

Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

 

La pobreza emocional: alegría, tristeza, ira, asco y miedo

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Por mucho que lo intentemos no salimos de la pobreza emocional si nuestro principal repertorio de emociones consta solo de cuatro o cinco ingredientes: alegría, tristeza, ira, miedo y asco (las llamadas emociones básicas).

Vamos al grano: nos quedamos muy cortos si ese es nuestro único repertorio, tanto si es para regular tus propias emociones, como si es para interpretar o leer las de los demás.

¿Y si intento regular esas cinco básicas?

Si intentas regular desde esa esfera, podrás relajarte, hacer Mindfulness “alopático”, para el síntoma (que es el stress), pero al carecer de visión sobre tu propio proceso, este (stress y sufrimiento) continúa como si tal cosa.

Si desde ahí quieres explicar la conducta humana y adivinar las intenciones de otro a través de “incoherencias entre su mensaje verbal y no verbal” no funciona: acabas creyendo que la conducta se debe a las emociones, olvidando muchos otros parámetros y acabas encontrando lo que querías buscar, lo que se llama sesgo de autoconfirmación, es decir, que te das la razón de lo que encuentras.

¿Porqué nos quedamos cortos con este enfoque?

Porque en tu día a día no sueles sentir ira “pura”, sino frustración, amargura, resentimiento, rencor, envidia o celos que son mucho más complejas que una simple furia producto de una respuesta de supervivencia (ante el famoso león) y que hace que frunzas el ceño, tenses la cara y actives el simpático. Es más rico y complejo.

A lo largo del día tampoco sientes a menudo alegría simple. Me dirás: ¡Cómo que no! ¡Si me acabo de comprar un vestido, un bolso, un nuevo portátil o un nuevo coche! Pues no… porque sientes una mezcla de satisfacción, orgullo, identidad, sentido de pertenencia, incluso narcisismo o prepotencia y hasta vergüenza según en qué contextos.

¿Y si es interna que nada tiene que ver con adquirir algo?

Pues en ese caso será más gozo, ecuanimidad, sobriedad, éxtasis, paz, expansión, bondad, calma y bienestar… pero no alegría pura.

¿Y tristeza?

Rara vez. Aparece melancolía, pena, pesadumbre, decepción, sensación de traición, depresión, culpa, arrepentimiento. Vamos que por alguien diga en la tele “lo siento mucho” y veas que arquea las cejas hacia arriba, no significa en absoluto que se arrepienta de sus actos y sea consciente del daño producido.

¿Y qué hay de los miedos?

Sentimos alguno claro que sí, pero muchos de ellos son más bien vergüenza, otros son pura inteligencia, prevención y sensatez, otros congelación, terror, pánico, sumisión o susto. Lo siento pero la fórmula mágica: «no tengas miedos» no tiene ni pies ni cabeza.

¿Entonces cómo abordarlo?

Por importancia que demos a las emociones, que la tienen, no significa que podamos atribuir a ellas la génesis y el resultado de nuestras conductas.

Necesitamos comprender no solo emociones, sino también sentimientos, razones, contexto social, memoria, valores, personalidad e identidad.

¿Un ejemplo para captar esta magnitud?

Veamos tres:

  1. Un jugador no solo chuta para meter GOL, también corre, pasa, regatea, se desmarca y defiende. Además no juega solo :).
  2. Un meditador no observa o regula sus emociones sino su MENTE. ¡Entera!
  3. Un cerebro humano no solo se emociona ante 4-5 estímulos básicos innatos. Su conducta implica motivación, razón, sentimiento y necesidad, no solo emoción.

En definitiva enfatizar o exaltar exageradamente un ingrediente de la mente y cerebro sobre el resto, convierte la riqueza emocional humana en pobreza emocional.

¿Qué podemos hacer?

Estudiar la mente en primera  y tercera persona en su conjunto sin separar emoción de razón, estímulos externos de internos, sentimientos de creencias, valores de motivación, identidad de contexto, y sociedad de individuo.

En definitiva meditación de verdad, la profunda, y modelos de neurociencia de vanguardia.


Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

Si sigues creyendo que hay EMOCIONES «buenas» y EMOCIONES «malas»…

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | Comentarios

Si sigues creyendo que hay EMOCIONES «buenas» y EMOCIONES «malas» quizá te convenga leer esto.

1. Es normal evitar lo desagradable

Parece lógico querer evitar las circunstancias desagradables: ¡que no existan, que no aparezcan, que no ocurran en nuestra vida! Al cerebro no le gusta el dolor así que con toda lógica tenderá a huir de ello.

El problema es cuando la negación trae más problemas de los que soluciona. Así le ocurre al cobarde que prefiere el silencio a explicar qué le molestó de otro, al que  mediante autoengaño cree que eso no existió o quien  vive en la racionalización freudiana justificando sus impulsos a posteriori en vez de poner a prueba su idoneidad.

Qué decir de la actitud espiritualoide que presa de la positividad y «vibración» cree mitigar las sombras que nos acechan porque sí, porque yo lo digo con “pensamientos”.

2. Y buscar lo agradable

Si un lado es rechazo y de ahí asco u odio, el otro es acercamiento y por tanto, posible apego. Queremos a toda cosa que existan emociones, sensaciones y circunstancias agradables. ¡Lógico!

Pero no nos damos cuenta que lo solemos hacer mirando fuera.

Tan así es que creemos que aquella pareja nos llenó de amor y no vemos que fuimos nosotros quienes con esa pareja nos permitimos sentir y desarrollar la ternura que llevamos dentro. Decimos que “aquel paisaje, aquella playa… ¿qué bonitas verdad?” sin tener muchas veces el menor atisbo de que fuiste tú, quien en ese momento te permitiste apreciar la belleza que estaba ahí fuera, pero que sólo conectando contigo y tu apreciación se enciende.

Hay una fábrica interna cerebral que es la que acepta o rechaza las experiencias, la que permite atender y amplificar lo que existe… no son las playas, las parejas o los dolores, no somos estímulo – respuesta. Tenemos capacidad de transformar aquello que entra por los sentidos. Lo agradable no solo está fuera, está en despertar lo que hay aquí dentro. 

3. Y aquí está la inteligencia

Aplicando entrenamiento atencional no caemos en bobadas tipo “no sientas miedo”, “no te sientas culpable”, “no sientas vergüenza”, “sé siempre positivo” o “no estés triste”.

No todos los miedos son irracionales, muchos son inteligencia en acción.

Sentirse culpable, implica en ocasiones, ser por fin responsable de los propios actos y empatizar con el otro.

Sentir vergüenza es en determinadas circunstancias un medio por el que al menos expresas respeto a la sociedad en la que vives.

Ser siempre positivo a toda costa es cultivar una visita al psiquiatra en cinco o diez años o quizá hundirse en alcohol y psicofármacos para evitarlo.

Estar triste puede ser una maravillosa experiencia de reconocer que la vida no es dulce para todos ni es eterna para los humanos.

Mediante la observación, sin rechazo ni apego, dejamos de ser estúpidos emocionales, como aquellos que se enfadan cada día al ver en la TV al político que no les gusta. ¡Y es que inyectarse cortisol en vena por alguien que no te cae bien no parece una actitud sabia!

Ni agradables ni desagradables, ante todo adaptativas.

Ni rechazo ni apego, sobre todo aceptación.

Ni “pensamiento positivo” ni “rumiación negativa”, simplemente aprendizaje.

Elegir apreciar la infinitud de lo pequeño, lo efímero de un suspiro, lo frágil y valioso de la vida.

Toca crear un espacio sobrio y solemne en el que Ver lo “agradable” y lo “desagradable”.

Solo ese espacio es por fin, sabiduría emocional.

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del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

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Porqué NECESITAS saber cuanto dura una EMOCION

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | One Comment

Porqué NECESITAS saber cuánto dura una EMOCION

Damos mucha importancia a las emociones. Intuimos que juegan un papel vital en la vida pero a la hora de precisar nos perdemos un poco.

¿Pero cuánto dura una emoción?

Conocer cuánto dura una emoción nos permitirá, paradójicamente, aprender mucho más sobre ellas.

Las emociones son fugaces, duran tan solo unos segundos (1)… y sus efectos en la sangre apenas llegan a 90 segundos. Son rápidas porque están ahí para ayudarnos en una decisión que requiera salvarnos, huir, pelear o comunicarnos con el otro.

¿Qué consecuencias se derivan de ello?

  • Que una emoción que dura mucho, suele ser fingida o exagerada. Todos lo hemos visto en niños…
  • Que un proceso de compra en el que ves ese coche o zapatos o teléfono móvil y lo miras, lo comparas con otros, te imaginas a ti mism@ con tu objeto de deseo, no se realiza en 4 segundos sino en minutos, horas o días. Es decir, que las emociones no “venden” por sí mismas, el cerebro y el proceso es mucho más.
  • Que a menos que renueves el estímulo una y otra vez, o sea, rumiación, tu emoción tiende a desaparecer.
  • Que las emociones que en general son muy incómodas no son para tanto si simplemente las permites.

¿Y qué dura más de 4 segundos?

Los sentimientos. Son los grandes olvidados del mundo emocional y se confunden con emociones pero tienen diferente origen e intensidad.

¿Y semanas o meses?

Los estados de ánimo, los cuales tienen menor intensidad que las emociones.

¿Y si siempre me mantengo en esos estados de ánimo… qué me ocurre?

  • Que irás formando una patología o enfermedad al persistir el estado emocional durante meses.
  • Que verás el mundo del color que has creado dentro de ti.
  • Que te será cada vez más difícil alcanzar estados de bienestar.
  • Que pierdes sabiduría y felicidad, atención, memoria y capacidad de análisis.

 ¿Y si tengo razones para enfadarme, entristecerme y frustrarme? 

Hazlo sin duda porque estás vivo… y negar o reprimir las emociones «negativas» porque sí o creer que el mundo es Happy flower trae desastrosas consecuencias a medio y largo plazo.

Toma las acciones correspondientes, pero no te permitas quemarte en tu propio fuego.

Muchas emociones generan sustancias que elevan radicalmente los marcadores de stress e inflamación en el cuerpo.

Aplicaciones prácticas de todo ello

  • Simplemente observa y espera sin juzgar, esto es, medita de verdad (más allá de 8 semanas 🙂 ), para permitir que el mundo emocional se equilibre.
  • Para sentirte mal horas, días o semanas sobre un tema necesitas alimentarlo a través de pensamientos que te generan y recuerdan sentimientos que producen respuestas somáticas incómodas de nuevo instalando un círculo vicioso sinfín (2).
  • Cuando las emociones surgen ocupan nuestra atención y capacidad para manipular la información, de modo que no es un buen momento para razonar, pensar, decidir, sopesar, o analizar nada.
  • Reflexiona sobre si una vez cesado el estímulo que nos irrita, la foto que nos mueve y el “ataque” que nos inquietó, somos nosotros quienes le damos fuerza, sentido, importancia y dolor.
  • Por último, dado que el cerebro tiende hacia un sesgo de negatividad, te trae y recuerda emociones negativas por doquier (3). Si te interesa vivir con bienestar, tienes que cultivar conscientemente emociones más sabias.

Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

 

Referencias

1 Oatley, K., & Johnson-Laird, P. N. (2014). Cognitive approaches to emotions. Trends in cognitive sciences, 18(3), 134-140.

2 Verduyn, P., & Lavrijsen, S. (2015). Which emotions last longest and why: The role of event importance and rumination. Motivation and Emotion, 39(1), 119-127.

3 Harris, C. R. (2018). Understudied Negative Emotions: What They Can Tell Us About the Nature of Emotions.

Cómo es un proyecto de Neuromarketing

By | Neuromarketing, Noticias Neuroleader | No hay comentarios

Estamos enseñando a lo largo del curso a los alumnos del Master de Neuromarketing de la UCM cómo realizar sus proyectos de investigación.

Aprovecho para explicar cómo es un proyecto de Neuromarketing y así de paso nos ayuda a entender cómo funciona nuestro cerebro.

La palabra Neuromarketing implica “neuro”, es decir, medida de la actividad eléctrica cerebral. No olvidemos que si no hay medida del cerebro en el proceso que explicas, no es Neuro. Quizá sea marketing, economía o política pero no será neuromarketing, neuroeconomía o neuropolítica.

¿Qué medimos y hacemos por tanto en un estudio de Neuromarketing?

Fundamentalmente la reacción del usuario ante determinados estímulos, es decir neurociencia 100% que mediante tecnologías validadas, permite analizar la conducta del sujeto, paciente o en el caso del neuromarketing, el consumidor.

¿Qué fases implica un estudio de Neuromarketing?

En el Master enseñamos a los alumnos a realizar un proyecto completo, desde su inicio hasta sus resultados. Les acompañamos en la búsqueda bibliográfica, el diseño experimental, la toma de registros, el análisis de datos y la redacción del proyecto y sus conclusiones. El estudio de neuromarketing no sustituye, ni anula, ni critica, ni impide, ni supera el tradicional estudio de marketing. Simplemente aporta otra medida, muy fiable, de los procesos internos del consumidor que ayudan a entender mejor su conducta.

En el diseño experimental seleccionamos bien qué queremos medir. Algunos ejemplos serían:  la reacción de los usuarios a 3 diferentes anuncios de una conocida colonia, la reacción de los usuarios a determinados anuncios que intentan concienciar a la población del peligro de la conducción temeraria, la reacción de los sujetos a diferentes discursos de una misma persona sobre un misma temática.

En el diseño se selecciona el orden y homogeneidad de los estímulos, se introducen distractores que sirvan de referencia y se parte de una línea base del sujeto. Así mismo se selecciona muy bien qué número mínimo de personas deben participar y cuál es el mínimo número de estímulos necesarios para obtener una respuesta fiable.

Terminado el diseño, se procede a registrar a los participantes.

¿Qué tecnología se usa en un estudio de Neuromarketing?

Utilizamos diversas herramientas: EEG en el que medimos la actividad eléctrica cerebral,  Eye tracker que analiza el movimiento y fijación de los ojos así como la dilatación pupilar, GSR que mide la conductancia eléctrica de la piel y el Facial coding, donde recogemos las diferentes expresiones del rostro, tanto emocionales como cognitivas.

Al combinar, después del análisis, las diferentes herramientas podemos establecer en qué momento y con qué intensidad, el sujeto, tuvo un mayor o menor nivel de activación, qué nivel de atención e implicación, cual fue su valencia emocional y procesamiento cognitivo.

Todo ello permite, más allá de la opinión del sujeto, o lo que contestara en una encuesta, obtener una información a la que no tenemos habitualmente acceso dado que son variables psicofisiológicas de las que no somos conscientes.

En contra de una versión simplista de la conducta humana, no son las emociones los únicos motores de la conducta por la cual se justifica un estudio de neuromarketing. De hecho una emoción dura apenas dos tres segundos, mientras que un proceso de compra, de fidelidad o de pertenencia puede durar horas, días o años y en absoluto se basa en «reacciones emocionales de la amígdala» exclusivamente.

¿Qué oportunidades ofrece un estudio de Neuromarketing?

Sin lugar a dudas, un producto, una marca personal, un proyecto, una página web, un logo, una comunicación o una ponencia, son muestras de conductas humanas que a su vez provocarán respuestas y nuevas conductas en los receptores. Conocer la repercusión y el alcance de estas acciones sin duda posibilita una mejor estrategia y acción. 

El Neuromarketing como vemos es neurociencia cognitiva y afectiva en acción. Analizamos el comportamiento humano desde las variables que podemos medir del sistema nervioso. Comparamos esas medidas y establecemos conclusiones prácticas que complementan los resultados de otras disciplinas y enfoques.

Entender al respuesta del usuario desde una óptica que ni el mismo conoce es lo que ofrece un estudio de Neuromarketing.

Jose Sánchez. Director Neuroleader y profesor Master Neuromarketing UCM.