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Jose Sánchez

PCR = por cero euros

By | Human Behavior, Sin categoría | Comentarios

Cuando estudiaba Biotecnología en la universidad PCR significaba reacción en cadena polimerasa.

Es decir que sabías lo que era un cebador, los primers, la desnaturalización de las hebras, los ciclos de calentamiento y enfriamiento, el buffer, la famosa ADN polimerasa, el molde, los oligos y la termocicladora.

Además como en cualquier ensayo estadístico se buscaba la combinación ideal de sensibilidad y especificidad, es decir medir lo que quiero medir, y además que siempre mida bien.

Esto era la bomba. La PCR además evolucionó hacia la RT PCR, con ARN o la qPCR en tiempo real que te permitía cuantificar y todo.

Era ilusionante saber que PCR se usa para saber si tu hijo podría tener una enfermedad hereditaria, para detectar un VIH o una hepatitis B por ejemplo o incluso más allá para distinguir si eso que se encuentra en Atapuerca es Sapiens, Neandertalensis o Heidelbergensis. Casi nada…

No acababa aquí, con la ayuda de la PCR es alucinante como condenados por crímenes no cometidos fueron justamente liberados y viceversa, farsantes que querían escapar de sus fechorías fueron pillados.

Tengo hasta un compañero que con PCR analiza el origen de los caballos Prewalsky (¡que bello nombre!) con muestras de ADN antigüo para rastrear las migraciones de sus amados equinos.

Y todo gracias a una bacteria termófila, es decir, que resiste altas temperaturas.

Ahora los tiempos han cambiado y hay que aceptarlo. No valen las prácticas de ingeniería genética ni el uso de los de la policía científica o lo que haga el número 1 en los Prewalsky: no sirve.

Los expertos en PCR brotan y danzan en una primavera eterna. No sé qué polimerasas, oligos y buffers corren por sus venas, pero parece ser que la PCR ahora ya no sirve para nada y por cero euros sabes de ella.

Tan poco dicen que vale que resulta que la PCR es tongo. Es en efecto un nuevo orden, porque antes se comprobaba que era otra cosa y por eso le dábamos esos usos tan «banales» y «maquiavélicos».

Yo creo que no, que si no es polimerasa como antes, no es tongo sino tango, pero Tango cambalache como este:

“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor!

No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao… Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que si es cura, colchonero, rey de bastos,

caradura o polizón”. Enrique Santos, (Buenos Aires 1934).

Dancemos pues, a ritmo de tango y razón.

 

 

Más líbranos del mal (fake) (y III)

By | Human Behavior | No hay comentarios

Primero hemos visto que hay bulos para tod@s las tallas, mezclados con verdades y que elegimos más por la sombra que por la luz. Incluso se complica encontrar una verdad entre tanta desinformación.

Después hemos comprendido que nos viene de base: sesgos y limitaciones cognitivas de partida lo ponen en bandeja.

Ahora vamos a ver qué se puede hacer para librarnos de ese «mal» dado que la mentira, la tontuna y lo fake sale caro a los Sapiens. Muy caro y es necesario recordarlo.

Te adelanto que no hay soluciones mágicas ni rápidas. Sería un bulo imperdonable.

Parece que lo más adecuado es desmontar con datos y hechos la verdad ¿no? Pero te saldrá rana con el otro. Sucede más bien lo contrario, uno se aferra más a sus limitaciones, cuando te muestran el abismo de la ignorancia o el error. Hay que seducir no convencer. Curioso…

¿Entonces qué?

– Una posibilidad es saber cómo suceden estos fallos de la mente pero sin intentar cambiar ni cambiarnos. El hecho de saber cómo funcionamos deja su huella y nos relativizamos un tanto y probablemente, el vacío existencial, el chocarse con la misma piedra, el hastío de no se sabe qué, la ausencia de centro, la falta de gozo a pesar del «éxito» nos trae, sí o sí, a hacernos preguntas correctas. La curiosidad por cómo es la mente humana nos acerca lentamente a cierto desapego de ella.

Pero en tanto es una posibilidad de corte teórico no podemos esperar mucho. Recuerda que el catedrático de emociones no necesariamente las regula bien pero evidentemente es menos probable que crea en el exosoma del 5G que alguien que sin saber lo que es un exosoma, lo afirma :).

– Otra posibilidad es ir ganando sabiduría en cada paso. Uno ya no se traga sueños vacuos, valora la paz por encima de todo, disfruta igual de un lunes que de una playa caribeña, sabe que esto dura poco, que no dejamos tanta huella y que no venimos de Ganímedes con una super misión cósmica para salvar al resto. Esta toma de tierra humana, que antaño llevaba a tomarse dos copas a alguno porque «hay que disfrutar», ahora lleva a tomarse dos respiraciones, tres sonrisas y cuatro abrazos. Aparece el mantra de «ostras podría estar peor», además de pobre enfermo, o además de solo pobre, o además de triste sin amigos o además de sin amigos cabreado y un largo etcétera. La sabiduría, sobre todo si te dejas acompañar, va ganando espacio.

– La tercera tiene que ver con la meditación o silencio si se quiere ver así pero no es la meditación, en tanto ésta suele estar imbricada a las peores versiones del Yo: distinción, pertenencia, alivios sintomáticos y libertad para «elegir» en youtube el maestro a seguir este mes jejeje. Pero con buena guía y exposición, es una práctica que nos ayuda a no dar importancia (realmente ninguna) a los pensamientos, sobre todo los personales. Uno se vuelve intrascendente respecto a ellos. Te posicionas en lo que eres, no en lo que piensas, pareces o quieres parecer. La sensación de estar vivo se fija a la conciencia y la atención se ha enamorado del ahora: todo es super bello, pero no por flower power y coches descapotables, sino porque todo es ahora y único. Ni que decir tiene que no añoras nada del pasado ni te obsesionas con el futuro: hoy es alucinante vivir, incluso los días chungos y duros, hay intensidad y presencia.

– La cuarta es el amor a la verdad y a la realidad del pequeño Sapiens. Es como esa camiseta que pone «I love data, not opinions». Resulta que este super Sapiens que nos creemos no es la especie elegida como dice el libro de nuestro querido Arsuaga. En 1950 se decía que ningún ordenador podría traducir lenguajes. Después se decía que no podría ganarnos al ajedrez. Después que no podría reconocer voces. Después que no podría reconocer caras. Después que no podría diagnosticar tumores, crear música o invertir en bolsa mejor que los humanos. Ya hacen todo eso mil veces mejor que nosotros…

Cuando uno ve hasta dónde llega el Sapiens, sabe que lo mejor que puede hacer es amar, integrar, ser compasivo (que no tonto) y disminuir certezas. Tienes menos necesidad de creer en bobadas y en identificarte con estos ídolos de barro que defraudan a Hacienda e insultan al de otro lado cada día. Y como no te identificas no les sigues ni adulas: tus héroes son otros. Tienes cero necesidad de defender una versión porque simplemente es la que te enseñó tu papá a defender.

De alguna manera es como si desde ti mismo dejaras algunas soluciones no ya a los expertos sino incluso a los algoritmos :). Solo hablas y opinas de lo que sabes. Aprendes a amar la verdad: se siente en el cerebro como un gran espacio, un gran centro, comparado con la defensa de la identificación, que vive de la mofa, el rechazo al otro y la tensión.

– La quinta es el momento histórico. La razón siempre gana la batalla, pero es tortuga. Ya nadie justifica los salmos para vencer a un virus, ni denomina histeria al síndrome premenstrual.¿Ves como no todo es igual?  Los presidentes ya no se baten en duelo de honor con pistolas ni pensamos que los hindúes tienen menor CI como hace siglos. Las ideas, tan poco valoradas, abren su propio camino de argumentación. Los buenos argumentos vencen a los malos argumentos, a pesar de la propaganda. Pero cuesta mucho… y vamos bien aunque no lo parezca a veces y lo siento por los tremendistas pero los datos son los datos.

La evidencia se abre paso porque el prefrontal humano encontró el sistema de avance. Así que hazlo por tus nietos y honra a los que lucharon antes que tú por la verdad, los derechos, la lógica y vencieron a imposiciones divinas o dinásticas, tan extrañas para el siglo XXI.

¡Recuerda que la palabra felicidad en la antigüedad estaba prohibida para la población! Se traducía como destino y jeje no te tocaba nunca. Hoy la puedes construir en tu cerebro.

Perspectiva, amor, compasión, meditación, silencio, conocimiento, sabiduría, reconocimiento de la limitación humana, confianza en los datos más que en las opiniones, alegría por la diversidad, ayudan a formar un cuerpo coherente donde puedes aplicar por fin el «más líbranos del mal (fake)».

Que así sea.

Haz tu parte: te aseguro que sienta muy bien no ver gigantes donde hay molinos de viento.

Mentiras baratas, consecuencias caras

By | Human Behavior, Neuroliderazgo | No hay comentarios

En el anterior post me centraba en qué bulo necesitamos creer, a qué no estamos dispuestos.

Es un buen resumen porque si el punto de partida es que mi equipo nunca hace penalty, no hace falta argumentar ni razonar nada. Mejor silencio.

En este veremos porqué y cómo nos posicionamos.

Todo se ve diferente según el lado en el que te coloques. Creerás que NO pero también te sucede a ti.
Pero es que incluso te pasa ¡contigo mismo!

  • ¿No te ocurre que cuando eres peatón miras al coche que se salta el paso de cebra de una manera y cuando eres conductor y lo haces no tiene tanta importancia?
  • En un caso eres un ser despreciable, un peligro público y en el otro simplemente te has saltado conscientemente el paso de cebra y no es para tanto.
  • ¿No te ocurre que como trabajador vives un despido muy diferente a cuando tienes tú que despedir a alguien?
  • ¿Qué decir de cuando te dejan por otr@ y piensas que nadie debe «romper» una alianza, pero a veces tú, en nombre del amor, has hecho lo mismo?
  • ¿No eres como estudiante muy crítico con el docente, el sistema educativo y como docente piensas que los estudiantes tendrían que hincar más los codos y dejarse de historias?
  • ¿No alucinabas de joven cuando los mayores decían que esta juventud tiene la sangre de horchata y ahora los jóvenes te parecen como tal?

Depredador y presa… incluso cuando tú, no ya otros, estás en los dos lados, ¡¡manifiestas conductas y explicaciones opuestas!!

¡Y nos creemos llenos de valores, estables y coherentes!

El Yo, esa estructura que fascina por igual a neurocientíficos meditadores, psicólogos sociales y psiquiatras, tiene este tipo de curvas.

La neurociencia se pregunta una y otra vez por esta disonancia. En el grupo donde investigo es uno de los temas centrales: ¿qué estructuras, redes y formatos atañen al «self»? ¿Cómo funciona? ¿Qué implica? ¿Qué problemas trae?

A pesar de esta enorme incoherencia del YO lo habitual es que las personas «peleemos» de alguna manera por llevar razón (Hablé ya de esto en un programa de radio «El efecto Lucifer»).

El caso es que depredador y presa NO pueden tener razón a la vez.

«¿A quién debemos creer por tanto?»

La respuesta es muy sencilla: ¡a ninguno!

«¿Y si soy yo mismo el disonante?»

La respuesta sigue siendo la misma: no operar siempre desde el Yo partidista, sesgado y dual siempre lleno de tensión.

Profundizamos un poco más. En un curioso estudio un estudiante se ofrece a otro para llevar a cabo un trabajo que luego no cumple y el compañero saca una baja nota. Los participantes tenían que posicionarse en ambos papeles y contar la historia. Cada uno, sistemáticamente omitía y sesgaba datos en direcciones opuestas (1). Este fenómeno se comprueba una y otra vez bajo diferentes prismas y forma parte de un sesgo en beneficio propio (2,3).

Por ello en un juicio por agravios, el demandante insiste en el carácter deliberado del acto, en la indiferencia del agresor y en el enorme sufrimiento y dolor causado. El demandado alegará lo inevitable de esa acción, desvinculándolo de la globalidad de su persona y minimizando incluso el dolor provocado. Lo curioso, insisto, en que cambias tu conducta si estás al otro lado.

En la historia sucede parecido: cada bando establece un relato muy «sui generis».

Se puede leer por ejemplo, según en qué lado se posicione el autor, que la guerra civil americana fue necesaria para abolir la esclavitud y preservar la libertad e igualdad, mientras que el otro lado manifiesta que fue una toma de poder tirana para destruir el estilo de vida del sur del país. Uno puede pensar en la historia de Japón en el siglo XX, con su participación en dos guerras mundiales y sin embargo comprobar cómo en una guía turística de su país se omite este período crucial.

Es decir, que muy probablemente veamos todo tipo de adoctrinamiento educativo y ceguera en el otro y no en nuestra propia historia, personal o colectiva.

Así que al igual que la columna vertebral no evolucionó para ser perfecta (le duele la espalda a medio país), la mente humana no evolucionó de forma idónea. Simplemente se adaptó al ecosistema imperante y en la creación del cerebro social, trajo consigo determinados huecos y debilidades, que nos permiten mantener cegueras con tal de situarnos en nuestro frágil centro.

No estamos por tanto preparados para la verdad, sino para darnos la razón. El autoengaño, el mito del mal puro y los numerosos sesgos forman parte de nuestro funcionamiento por defecto.

No es de extrañar por tanto que tengamos bulos favoritos y que las fake news entren en nuestra cabeza como cuchillo en la mantequilla.

«¿Y qué precio tiene esto?»

Bastante alto. En un mundo donde es casi indistinguible la verdad de la mentira, donde se coloca al mismo nivel al youtuber conspirador que al catedrático, donde el conocimiento comparte corral con la tontuna y los likes valen más que el buen músico, los resultados son catastróficos.

«Pues no lo creo, Jose».

Vale pues molt be, pero por si te sirve te comparto un dato, que no bulo:

Los países con los mayores niveles de capacidad cognitiva son ocho veces más prósperos que los países con los menores niveles de capacidad (4).

Así que sí, la mentira, la tontuna y los bulos salen caros, muy caros, a los ciudadanos.

Referencias
1 Baumeister y Campbell, 1999
2 Von Hipple y Trivers, 2011
3 Kurzban, 2011
4 Jones 2008. IQ and national productivity.

¿Te gustan los bulos verdad?

By | Human Behavior, Neuroliderazgo | No hay comentarios

¿Cuáles son fake news y cuáles no?

Te muestro algunos ejemplos no para ilustrar la «verdad»… sino para reflejar la complejidad y algo más importante: nosotros y la persuasión.

5G y Covid. Hay quien dice que como China se lleva el negocio del 5G, han nacido toda serie de pseudo demostraciones en contra, alertando de sus peligros y los conspiradores lo vuelven viral creyendo y compartiendo bobadas y haciendo el juego anti China sin saberlo. ¿Bulo?

Hay quien dice que hay videos de youtube de corte científico (basta verlos para comprobar que de científicos tienen lo que yo de hawaiano), que han sido censurados y que si hay censura se demuestra que decían algo que no se quiere saber (¿o quizá demuestra que eran una barrabasada?), que el 5G provoca un exosoma viral (¡no comments!), que las empresas tecnológicas nunca miran nada por la salud de la gente (será que un producto se puede vender con cero regulación y que esas empresas están llenas de seres malvados tipo Terminator). Lo cierto es que uno puede escoger cualquiera de estos comentarios y adherirse sin más. ¿Te mola lo del exosoma? A por ello. ¿Crees que hay manipulación al cerrar ese video? Pues venga, coge esa misma.

El malo de Bill Gates. Bill Gates debe de ser un señor malvado, por ser super inteligente, programar desde los 12 años 10 horas al día (tanto que en Harvard no había nadie en esos momentos para enseñarle y se salió) y por fundar una empresa con éxito y dotarnos de nuestros imprescindibles ordenadores (que eso es algo también muy malo). Además dejó su empresa (debe ser muy muy fácil soltar tu creación) y se le ocurrió  montar una fundación para algo muy malo, como es conseguir parar la diarrea en muchos lugares de Africa financiando proyectos de letrinas sin desechos (sí, 100% ecológicas). Además es filántropo y cuando Trump ha quitado financiación a la OMS (que es otra entidad malvada llena de seres malvados que nunca ha servido para nada), Gates es también un malete. Eso de ser filántropo tiene que tener un lado muy oscuro. ¿Qué es bulo? ¿Qué es verdad? Pues lo que más te mole.

El virus chino. Los virus llevan aquí antes que los humanos existieran. Buenos antes de que existieran las plantas incluso. Y para colmo forman parte de nosotros. Pero los vivimos al revés, como las religiones, que llevan 100.000 años menos tiempo que los Sapiens, fueron creadas por ellos y nos parece lo contrario. El caso es que hay un virus chino de laboratorio que lo han hecho los chinos para matar a unos cuantos, o lo ha hecho la CIA para matar a los chinos. No queda claro jeje, el caso es que alguien lo ha hecho. Además aunque el genoma de un virus que muta naturalmente se distingue fácil de uno de laboratorio (al secuenciar su genoma), está claro para algunos que el virus es chino  (¿o de la CIA?) pero de algún laboratorio es. ¿Qué es bulo? ¿Qué es verdad?

El presi que pasea. Un presi pasea por la calle en tiempos de confinamiento. No, no es cierto dicen unos, es una foto trucada. Sí es cierto dicen otros. Es oportunismo esa noticia dicen otros. No, no es una cámara trucada. No señores que es legal: iba a comprar el pan. No, no, es una salvajada y un mal ejemplo. Nos querellamos, pues venga nos querellamos. Vale pues yo también me querello. Lo dicen por odios, no, no lo dicen porque fue así: véte tú a saber. Pero ¿cual te gusta más? Elige tu versión.

Los super informes. El del Imperial College of London dicen que los de Iberia lo han hecho muy bien. La OMS, que son maletes recuerda :), también. El de unos consultores australianos contables no epidemiólogos dicen que han sido los peores del mundo. ¿Está claro verdad? Está clarísimo sobre todo cuando eliges uno. ¿Cual te gusta más?

La antena del argentino. Sale un señor argentino con un curioso «medidor de radiofrecuencias» para mostrar los peligros de a saber qué. Se le conoce por ser un tipo que fotografía OVNIS todas las semanas. Vaya este suena a bulo casi para tod@s, ¿o no? ¿Te atreves a creer a este?

Los guantes de los famosos. Escoges a cuatro famosos con guantes, te olvidas de otros famosos con guantes y compartes la foto de la maldad e injusticia por la que esos cuatro famosos tienen guantes y la población no. De los otros famosos ni hablar claro.

Cortar y pegar. Cortas un trocito de la entrevista que interesa, de ese ser que no tragas y mira lo que ha dicho ese señor malvado. Coges el titular sacado de contexto y ¿ya lo decías tú verdad? Ahí la tienes, en tu periódico favorito: ese que no es como el periódico contrario. Tu periódico es veraz, independiente, eficaz y fiel a la absoluta verdad. ¿El bulo es la otra prensa?

Y así uno tras otro… todos los días, a todas horas, sobre todo los temas. No solo ahora por el COVID… siempre ha sido así, pero quizá ahora se note algo más.

Es como un bzzzzzzzz de una nevera que no deja dormir. Ruido sobre una señal, a saber cuál, que representa la verdad.

Hay formas de filtrar una señal y acercarse a un espacio de probabilidades de veracidad, pero hoy no toca hablar de eso. De hecho no suele interesar mucho (¡¡qué curioso!!).

Es evidente que tomemos la postura que tomemos, hay una adherencia al bulo que está a nuestro alcance.

Es evidente que es tal la avalancha que saturamos el cerebro con informaciones y contrainformaciones.

Lo cierto es que en contra de lo que pudiera parecer, al cerebro le cuesta la verdad, tanto que con frecuencia no le interesa lo más mínimo. Le encantan las mentiras.

Lo peor de los bulos por tanto, no es que sean o no falsos, sino que perdemos el tiempo al usarlos como justificación de lo que ya «sabíamos».

De hecho no hay nada más ridículo que razonar una creencia, cuando por definición una creencia no exige razones, sino una suerte de fe.

– Si Bill Gates te parece terraplanista adelante, no hace falta que busques el video que lo «demuestra».

– Si el 5G matará a la humanidad de cáncer como hizo el 2G, 3G y 4G no hace falta que tires de un ridículo argumento de youtube please y de «estudios independientes» :).

– Si el presi iba a comprar el pan porque es un santo, no busques la opinión que lo apoya, si realmente no estabas dispuesto a que fuera lo contrario.

– Si sin saber lo que es un gen afirmas que está hecho en un laboratorio, pues ¿para qué más?

Más allá de todo esto, ¿de qué me fío viendo este panorama?

Es una pregunta que mucha gente se hace. Pero creo que la pregunta no es la más idónea porque antes hay que preguntarse qué bulo necesito creer.

Lo más importante de nuestras medias verdades es que reflejan quienes somos.

  • ¿Desconfiados a tope?
  • ¿Conspiracionistas?
  • ¿Cegados por nuestras creencias?
  • ¿Dispuestos a no reconocer al otro nada aunque fuera cierto?
  • ¿Seres malvados sin moral solo en el otro lado?
  • ¿CV´s magníficos en mi equipo e incultos en el otro?
  • ¿Manía a los datos, la ciencia o las respuestas complejas?
  • ¿Amantes de la mofa por la vestimenta, aspecto, clase social y lindezas parecidas del «enemigo?

¿Quién eres?
¿Qué dicen de ti tus bulos?
¿Qué quiere decirte tanta «certeza»?
¿Porqué te parecen santos los tuyos y malos los diferentes?

Dale vueltas…

Algunas respuestas, cerebrales y científicas (¿son un bulo para ti?), en breve.

Correlación no es causalidad (II). Sin Nicolas Cage

By | Human Behavior | No hay comentarios

Hace dos días exponíamos un cómico ejemplo pero real de cómo correlación no es causalidad. Sin embargo a todos nos pasa, que tendemos a inferir la causa, producto de nuestro cerebro mágico, ese que no sabemos encender para admirar atónitos y extasiados una puesta de sol o sentir una caricia o caer a una paz interna sin más a voluntad, y sin embargo se hiperactiva ante las relaciones espurias.

Como ayer comentaba es necesario una distinción primero y luego un entrenamiento adecuado para saber qué con qué. Fíjate que no estoy cayendo en la típica visión de anular porque sí el cerebro mágico, el religioso o el analítico sino proponiendo una integración coherente y aplicación inteligente de los mismos.

Nota: utilizo esta terminología, porque se parecen a los estadíos de desarrollo de la mente humana desde el niño al adulto y desde el origen del hombre hasta nuestros días. Es muy útil.

Seguimos.

Hoy toca NO correlación, NO causalidad, es decir un caso aún más extraño pero que se puede producir en nuestra mente.

Un ejemplo. En la figura de arriba, puedes ver el crecimiento exponencial del teléfono móvil en los últimos 30 años.  En la línea de abajo la tendencia estable de cáncer de cerebro en la población. Es evidente que una curva exponencial no correlaciona con una casi asíntota recta plana, luego si ni siquiera hay correlación aún menos existe causalidad. En palabras de hace dos días, «ya no hay ahogados en piscinas pero Nicolas Cage sigue haciendo películas». Afortunadamente la gráfica de la IARC, nos tranquiliza: no hay más tumores cerebrales aunque usemos mil veces más el móvil que nuestros padres.

Es solo un ejemplo para ilustrar los múltiples sesgos que la razón tiene, huecos por donde se cuela el pensamiento mágico.

Hay quienes resumen estos huecos con «somos irracionales». En absoluto es así. El que una decisión no sea todo lo racional que debería no implica que sea azarosa o demente. El cerebro toma rutas conocidas, (heurísticos) atajos fáciles, que en muchas ocasiones proporcionan salidas y resultados más que aceptables. Incluso ante la dificultad de replantearnos cosas, nos damos la razón y así mantenemos una estabilidad.

En estos días de confinamiento, lo más probable es que nuestro cerebro mágico haga de Nicolas Cage y las piscinas. Es normal. Y es lo que hoy quiero ilustrar.
– Va a querer buscar relaciones «Cage-piscinas» y las defenderá como certezas.
– Va a querer encontrar causas simples a problemas complejos.
– Va a activar cerebro religioso para pertenecer a algún grupo con el que comparta ideas y así estar acompañado.
Todo eso es natural, cerebralmente lógico, así que fíjate si lo entiendo, pero está muy desordenado.

Hay una posible alternativa si te interesa. Es más sana y constructiva:

Utiliza el cerebro mágico al jugar con tus hijos como si fueras un niño, con tu perro, con la planta de casa, el brillo de unos ojos. Deja que surja la poesía, el arrobamiento, el silencio, el gozo e inmersión en la experiencia perceptiva, sensorial y emocional. No le pongas límites ni razones. Siente. Accede al nivel perceptivo donde somos uno con todo. No es tontería, es estado cerebral (aunque cuesta) y ¡único te lo aseguro!

Utiliza el cerebro religioso para abrirte a un grupo mayor. Imagina cómo es el sufrimiento de alguien de otro país, de otra profesión, de otro credo, de otro género, de otra edad, de otro equipo… y siente. ¿Sufrimos parecido verdad? Compasión distal como se denomina técnicamente.

Utiliza el cerebro analítico para idear soluciones, bien a tu vida y trabajo, bien a la de los demás o las de la sociedad, que impliquen un win-win para todos. No olvides que esto cambiará y habrá que seguir planificando, creando, luchando por tu lugar y por un mundo más consciente.

Curiosamente estas 3 alternativas son los 3 pasos de la Ciencia de la felicidad y sabiduría. No me baso en relaciones espurias, ni en ideologías, sino en cómo se ha ido creando nuestro cerebro a lo largo de la evolución y cómo se ha desarrollado nuestra mente desde la concepción hasta la etapa adulta.

Practica estos 3 pasos y verás…

Nota 2: cerebro mágico, religioso y analítico no son divisiones anatómicas del mismo ni tienen que ver con el mito del cerebro triuno. Lee La Rama Dorada, el famoso libro de James Fraser (1922) y te dará un buen aroma de ello. Eso sí, ¡630 páginas!.

5G, Nicolas Cage, Virus y ahogamientos

By | Human Behavior | No hay comentarios

Antes del 5G y el virus te comento esto…

En la tabla de arriba ves una curiosa correlación. La línea roja marca el número de personas que mueren ahogadas cada año por caerse en una piscina. La línea negra el número de películas en las que Nicolas Cage aparece en cada año.

Como puedes ver la línea roja y la línea negra van muy parejas. Quiere decir que si Nicolas Cage hace más películas más gente muere ahogada en las piscinas, o bien que si mucha gente muere ahogada en las piscinas, Nicolas Cage resulta que hace más películas :).

Esto es una correlación sin más.

Pero evidentemente tú sabes que las películas de Cage y el que la gente se caiga a la piscina no tiene nada que ver, es decir, no hay causalidad.

Con el 5G y el virus pasa algo parecido. Se establece causalidad porque sí. En general se escuchan cosas verdaderamente locas, se confunden radiaciones ionizantes (que dañan el ADN) de las que no. Se extrapolan los resultados de las electromagnéticas en una rata a la que se le pega un móvil 10 horas al día, para justificar toda suerte de desgracias para ti si tienes un móvil y un largo etcétera.

Se valoran las teorías más raras posibles y se enfatiza en los poderes ocultos una gran parte de ellas (que se ponen todos de acuerdo a una: Trump, Putin, Soros, Gates, Zuckergerb, Kim y Merkel todos juntitos). No he incluido a Obama porque era reptiliano :).

Se teme al 5G con la misma fuerza que se ha temido antes al 4, 3 y 2G, con el mismo desparpajo con el que se falló en 2012 y los mayas, los microondas, los transgénicos (no confundir con los herbicidas), con la misma cerrazón allá en 1982 a la fecundación in vitro, que traería al mundo «seres sin alma». Es decir que lo nuevo en forma de ciencia y tecnología, es también un caldo de conspiracionistas aunque no ocurriera nada con el 4G, aunque gracias a los transgénicos no matemos miles de cerdos para obtener insulina o produzcamos bio-diesel menos contaminante, o aunque gracias a la FIV miles de padres son felices hoy en día en cada país.

La política, tristemente, es otro terreno de conspiraciones. Es impresionante (y doloroso) ver el nivel de dramatismo, desgracias y caos que la humanidad sufrirá cuando gana el contrario lo que probablemente perpetúa que la falta de ética ejercida sea invisible para los propios fieles.

Quizá la confusión más grande que veo, es que en ocasiones el conspiranoico se siente más «espiritual«, «lleno de valores», «protector de la Tierra y sus gentes» en un mundo «material y deshumanizado» (ya comentado hace unos días). Va a ser que no, que lo espiritual anda más lejos cuantas más bobadas creas.

Cuando uno ve todo eso, lo que surge es que el ser humano no puede estar callado y que ante el no saber, prefiere inventar, delirar, parecer, pavonearse, conspirar en definitiva.

No vengo aquí a desmontar una a una las ideas conspiranoicas que sufrimos, sino a algo más interesante: ¿porqué existen? ¿qué dice de NOSOTROS si tendemos a ello?

1. Hiperagencia.
Hay personas que incluso en un juego de azar de ordenador, «dotan» al mismo de una agencia o sujeto, como si una entidad dirigiera ese azar. Se demuestra que estas personas tienden a creencias conspiranoicas más fácilmente. Va a ser que no son tan libres de elegir su idea mesiánica, más bien ya están dispuestos a ello (1).

2. Percepción diferente.
En la antigüedad veíamos una cara en una roca o en un árbol o en una nube y decíamos que ahí estaba el «espíritu» de esa persona (algunos todavía lo defienden 🙂 ). Hoy sabemos que el cerebro está precableado para percibir caras (giro fusiforme BA37 para ser más concretos), aspecto que utilizan las marcas de coches para crear coches para mamás (con ojos de bebé redonditos) y coches de corte agresivo (con ojos afilados como faros).

Donde tú ves una mancha en blanco y negro, las personas conspiracionistas ven caras, formas, entidades y un sinfín de detalles, es decir, esta tendencia parte ya desde un lugar de construcción de la realidad no solo cognitiva, sino perceptiva incluso (2).

3. Maquiavélicos y otros.
Cuando se intentan descubrir predictores que puedan anticipar quienes van a ser más seducidos por teorías conspiracionistas los resultados son concluyentes: aquellos con tendencia al narcisismo, maquiavelismo, psicopatías y diversos déficits cognitivos y emocionales. Se parte de un lugar concreto con el que después se justifica una opinión (3).

4. Necesidad de ser «diferentes».
Quizá el más claro. Es una de las tristes maneras en que alguien puede destacar o sentirse único: pensando algo «que nadie sabe y es muy evidente,» que circula entre tu gente, que «los mecanismos oficiales se encargan de censurar» (quizá debieran insistir jejeje) y victimizándose ante el poder o bien atribuyéndose un poder del que carecen como cuando se dice «nos quieren silenciar y eliminar» en vez de entender que es poco interesante, útil y fidedigno sus propuestas (4).

5. El mito del mal puro.
No quiero extenderme porque lo expliqué extensamente en este programa de radio El Efecto Lucifer pero las personas conspiracionistas hacen una distinción del bien y el mal de forma absolutista. Desde ahí, el otro, el diferente, es enemigo y cómo no, perverso diablo de Hollywood que hace el mal por el mal o que disponiendo del bien absoluto no lo comparte (tipo «las farmacéuticas tienen la cura de las enfermedades pero no la comparten» –> Nota: será que los hijos, sobrinos, primos, padres, parejas y amigos de los miles de directivos de Pzifer, GSK o Bayer nunca mueren de cáncer o infartos como los demás mortales).

6. Paranoia como evolución.
Todos tenemos cierto rasgo que nos predispone a un nivel mínimo de paranoia social. Magnificar una posible amenaza, ver más peligros de los habituales, tener una ansiedad por encima de la media, estar cerrado a los propios sesgos, confundir correlación con causalidad, tener dificultad para entender datos y números grandes, copiar el comportamiento de otros que son parecidos, tolerar mal la incertidumbre, preferir la confabulación al no saber, o tender a respuestas simplonas ante el esfuerzo del análisis lento nos llevan a entender que todos, en determinado grado, solemos caer en cierto grado de delirio explicativo de la realidad.

Ojo no confundamos conspiración con sentido crítico, que hay quien se jacta de analizar cuando conspira. Hablamos de una tendencia natural a ciertos sesgos que nos llevan a establecer relaciones espúreas y simplonas ante fenómenos complejos.

«Jose, conozco gente inteligente que es muy conspiranoica. ¿Puede ser?»
Sin duda. Simplemente en determinadas ocasiones utilizan la herramienta menos apropiada para el problema que tratan de explicar. No es cuestión de capacidades siempre, a veces es confusión de qué usar para qué situación.

«Ya Jose, pero ¿alguna vez acertarán no?»
En efecto. Si todos somos depresivos, alguna vez aciertas. Si todos somos hombres, aciertas hasta el 50%.

Soluciones (si sufres de ello en exceso):

Aprende a utilizar sabiamente cerebro mágico, cerebro religioso y cerebro analítico. Cada uno tiene su función y utilidad, pero con demasiada frecuencia se intenta percibir una flor o la calma de una respiración desde la rumiación o explicar la realidad compleja desde las correlaciones mágicas simplonas.

Hay mucho lío ahí… y sin ser nada patológico, convendría deshacer el entuerto.

Ganarás en felicidad y sabiduría, porque solo una mente clara puede construir bienestar.

Referencias (no leer si eres muy conspiranoico, reforzará tu posición a pesar de la evidencia y son estudios no independientes probablemente para ti :). Ah, hay muchísimos más, solo escoge algunos relevantes).

1. Van Elk, M. (2013). Paranormal believers are more prone to illusory agency detection than skeptics. Consciousness and cognition, 22(3), 1041-1046.
2. Van Elk, M. (2015). Perceptual biases in relation to paranormal and conspiracy beliefs. PloS one, 10(6).
3. March, E., & Springer, J. (2019). Belief in conspiracy theories: The predictive role of schizotypy, Machiavellianism, and primary psychopathy. PloS one, 14(12).
4. Imhoff, R., & Lamberty, P. K. (2017). Too special to be duped: Need for uniqueness motivates conspiracy beliefs. European Journal of Social Psychology, 47(6), 724-734.

¿Preocupados por el virus, asesinos con la Tierra?

By | Human Behavior | No hay comentarios

Ayer trataba de ampliar la visión sobre esos mensajes que nos tachan de monos estúpidos deshumanizados.

Me enfocaba en demostrar con datos, como la sensación de que somos un desastre y vamos mal, no coincide con la realidad. Ello es debido a nuestros sesgos (nos llaman la atención las noticias negativas) y a los medios (interesados en propagar que una persona se saltó un semáforo y no tanto en decir que millones de ellas no se lo han saltado).

Hoy viene la segunda parte vinculada a la «Madre Tierra» y esa deshumanización.

Parecería que no tenemos empatía por el planeta, luego a pesar de lo dicho ayer entonces seríamos esos monos estúpidos deshumanizados.

Va a ser que no… así que le damos perspectiva de nuevo.

Empatía, empatía, empatía…

Parece que la «inteligencia emocional» y por tanto la empatía (si es que ese constructo realmente es válido) sería la solución a todo.

Lo que no solemos conocer es que la empatía se fue desarrollando en el cerebro en relación a la cercanía: 1. la espacial y 2. la temporal. De hecho la famosa oxitocina se vincula al endogrupo principalmente y la famosa testosterona ni es tan violenta ni tan agresiva (no entro aquí en la psicobiología de las mismas, ganas no me faltan :)).

Es decir, que empatizo con los de mi grupo y con el presente y futuro inmediato principalmente.

Con los del exogrupo y con el futuro lejano tenemos problemas, pero no por malos o deshumanizados, sino porque nuestro cerebro necesita mucho esfuerzo para ese cambio. El medio ambiente se percibe como futuro lejano, aunque no lo sea.

Esta es la razón, insisto, lejos de la deshumanización, por la que fácilmente caemos al pánico del papel higiénico por un microorganismo (que nos han aniquilado siempre), tenemos miedo a las serpientes y no a los coches (aunque éstos provocan más muertes que las víboras) y por la que un problemón como el cambio climático nos cuesta, ¡o nos costaba!, mucho más.

Creer que una civilización antigua indígena, que personalmente forman parte de mis más profundas memorias, eran todos uno con la Tierra y ahora nosotros no, es una falacia que no se sostiene, simplificada en el ayer citado mito del buen salvaje de Rousseau. Basta ver cómo veían las tribus al exogrupo…

El budismo aboga por esta vía de compasión con todos los seres sintientes. Parece que tampoco tiene en cuenta ese aspecto temporal y espacial. Al menos marca una dirección de partida interesante: tú mismo.

Pero no siempre se usa: uno habla y habla a veces del amor a los demás, los animales o el medio ambiente sin pasar por el propio centro.

No vale que por exceso de empatía con el otro, con todos los seres e incluso con el planeta, hayas olvidado cuales son tus emociones, cómo las reprimes y cómo suenan. Y créeme que este patrón es más común de lo que uno imagina. A veces el mesías de la ayuda a los 10.000 seres no sabe aún ayudarse a sí mismo. Sobre los tipos de ayuda ya hemos hablado estos días…

La re-construcción no obstante es clara y tiene sentido cerebral.

Comencemos por el amor propio. ¿Nada fácil verdad? Tratemos después de extender a nuestros seres queridos en el espacio y el tiempo esa bondad. Cultivemos la cultura, la educación, la apertura, el conocimiento de otros mundos, pueblos y modos de vida, de forma que te des cuenta de que no somos tan diferentes, o mejor dicho de que la diversidad es riqueza y no amenaza. Reconozcamos por fin esa gran madre que nos sostiene.

La razón, tan denostada, necesita ser ampliada. Hagamos caso a lo urgente, incluso aunque las tripas tribales todavía estén en el Pleistoceno medio.

– Si te cuesta empatizar, aprende a entrenarla.
– Si empatizas con lo de fuera y poco con tu amor propio y dignidad, aprende a entrenarla.
En ambos casos necesitarás mucho más que «inteligencia emocional»… tienes que ampliar al cerebro social.

En definitiva no somos monos estúpidos ni sociedades asquerosas llenas de vecinos y seres «materialistas», sino cerebros esculpidos por la evolución.

Aunque para tus tripas solo existan miedo a los virus, esfuérzate para que tu cabeza sea cada vez más responsable  contigo, con todos y con todo.

Va a ser que sí, que somos grandes.

El cerebro social es uno de los módulos clave que enseño en La Ciencia de la Felicidad y Sabiduría.

Indispensable para no caer en trampas empáticas como las citadas y en la construcción real desde la base del bienestar y rendimiento de las personas.

Indispensable para no caer en la trampa del «do it yourself».

Y sí, un cerebro social puesto en práctica, te permite vivir en un espacio mucho más allá que una mente limitada a los «tuyos» o a «los buenos y malos», a «los espirituales y los materiales» y a los «monos estúpidos y los monos responsables».

Mucho más allá… por fin.

Leñe, ¡la humanidad va bien! ¡Vale ya!

By | Human Behavior | No hay comentarios

Ayer leía esto: «Vivimos una realidad caleidoscópica donde múltiples factores (la contaminación atmosférica, ambiental y electromagnética son de los más potentes, causa y consecuencia) se entrelazan dando como resultado el desequilibrio, una humanidad deshumanizada que va en una loca y destructiva carrera en pos de metas materiales alejándose cada vez más de lo esencial, de lo que realmente la nutre, de la Madre Tierra…
Monos estúpidos jugando a ser dioses».

Y pensé dentro de mí: ¡basta ya leñe! ¡Será posible!

Crecen los mensajes insultantes de los humanos sobre los propios humanos, siempre desde ese lugarcito tan especial donde el autor es prístino, puro y concienciado porque no juega a la Play Station acaso. ¿O porque tiene una moral superior al resto? Espiritualidad confundida me temo.

Como el basta ya leñe tiene más de emoción que de argumento, aquí van:

La humanidad progresa adecuadamente, somos unos gigantes, hacemos muchísimas cosas cada vez mejor, y en el camino lógicamente creamos problemas, pero de deshumanizados poco. Vamos con los datos.

1. Esperanza de vida.
73 años. Más de 80 años en casi 30 países. Aumentando en todos (por desigual que sea entre continentes aún, todos mejoran).
Al empezar el siglo XX, 50 – 60 años.
Al empezar el siglo XIX, 30-40 años.

2. Muertes por guerras al año por cada 100.000 personas.
1000 veces menor en el siglo XXI que en el siglo XIX y anteriores.

3. Homicidios al año por cada 100.000 personas en Europa.
Desde el año 1200, en que había unos 100 de cada cien mil, en pleno descenso.
En el año 2000 apenas 1 de cada cien mil.

4. Tortura judicial. Abolida desde 1775 en la mayoría de los países. Sin posibilidad de retorno a la barbarie.

5. Ejecuciones anuales en USA por pena capital.
En 1625, 3,5 por cada cien mil habitantes.
En 2000, menos de un 0,01 por cada cien mil habitantes.

6. Abolición de la esclavitud.
Cero países abogaban por ello en 1600.
En el año 2000, más del 80% y en franco crecimiento.
Es razonable pensar que llegaremos al 100%.

7. Número de libros y alfabetización.
Creciente exponencialmente desde 1600.

8. Países donde el servicio militar no es obligatorio.
19% en 1970. Más del 55% en 2010. También menor duración del servicio cada vez.

9. Democracias y dictaduras.
Número de democracias en 1950: 20.
En 2010: casi 100.
Número de dictaduras en 1970: 80.
En 2010: menos de 20.

10. Proporción de libros que citan los términos «derechos civiles», «derechos de las mujeres», «derechos de los niños», «derechos de los gays».

100 veces superior en el año 2000 respecto a 1950.

11. Aumento del cociente intelectual medio en la población.
De hasta un 30% (de 1950 al año 2000).

12. Areas terrestres y marinas protegidas.

5-7% en 1990. 10-15% en 2015. In crescendo.

Por no hacerlo eterno añado un listado de mejoras:

  • Menores muertes por accidentes de aviación, desastres naturales, accidentes laborales, peatones, trabajo infantil…
  • Menor tiempo dedicado a tareas domésticas, mayor acceso a información, tecnología y comunicación con personas cercanas y lejanas.
  • Mayor alfabetización, acceso a educación básica, años de escolarización… y muchísimas más que no cito por extensión.
  • Creación de organismos supranacionales como la ONU, OIT, UNESCO y OMS que lejos de ser perfectos (o de que consigan que se cumplan sus criterios) han aportado, bajo evidencia, numerosa ayuda y progreso a los seres humanos.

Vaya ¡qué deshumanizados estamos!

Pues mira para ser tan desastres tú y yo, resulta que progresamos adecuadamente.

– ¿Significa que no hay problemas que resolver o que esté todo perfecto? NO.

– ¿Significa que no haya nuevos problemas que hemos creado como el cambio climático? NO.

Estamos en ello y debemos luchar para ello, cada uno paso a paso y grano a grano, como hemos hecho siempre.

– ¿Es esto felicidad flower power? NO, es construcción social labrada contra nuestra propia historia y tendencias.

– ¿Tenemos un nuevo problema con posibles pandemias? SI

– ¿Son tan devastadoras a pesar de la globalización como lo fue la peste negra o la viruela? Evidentemente NO.

– ¿Somos monos estúpidos? Los monos para empezar no son estúpidos (basta observarlos jejeje) y nosotros aún menos. Pero no somos perfectos ni los cambios que nos gustarían son instantáneos. Muchos exigen de décadas, por razones que escapan a este artículo y que se basan en nuestro cerebro.

– ¿Jugamos a ser dioses? NO. Simplemente nos adaptamos y co-creamos una realidad cada vez más social, cada vez más democrática, cada vez más pacífica, cada vez con más bienestar y libertades y muy probablemente, cada vez más ecológica.

Del super peligro del 5G, me remito al 4G, 3G, los microondas, el fin del mundo del 2012, los chemtrails, los terraplanistas y lo mala que es la Play Station :).

Vuelvo a la emoción: ¡Basta ya leñe!

Que estamos viviendo una ola inmensa de inteligencia, humanidad y compasión.

Gente que se toma un Vermout online con sus amigos (¡olé!), gente que comparte sus tiernas fotos de niño y juventud en las redes, videollamadas diarias con los seres queridos, voluntarios que se ofrecen a quitar chapapote sin guantes hace años y coronavirus sin mascarillas, personal médico, de emergencias, de seguridad, de educación, de casi cualquier sector haciendo lo que saben, autoorganización silenciosa más allá de políticos en tu comunidad autónoma y en tu país cuando éstos no saben o no pueden, paciencia inmensa de la población, 90% de opiniones no bañadas en odio, super red científica transnacional de investigaciones y bases de datos abiertas de lo que el virus implica y un muy largo etcétera.

Va a ser que no, que la única estupidez sigue siendo la ignorancia, el dramatismo y creer todavía el mito del buen salvaje de Rousseau.

Dicho de otra manera:

«Abominad la boca que predice desgracias eternas / abominad los ojos que ven sólo zodiacos funestos / abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres». Rubén Darío

¡Somos grandes leñe y nos esforzamos en ello!

Y lo vamos a seguir haciendo, humanizados cada vez más.

Ayuda profesional, ayuda de corazón, ayuda oportunista

By | Ciencia de la felicidad y bienestar, Human Behavior | One Comment

La psicología, la neurociencia también, la medicina me temo y probablemente la sociología, filosofía y antropología, tienen un problema y es que hasta el más mundano de los Sapiens tiene una teoría propia de cómo funciona el mundo o la mente humana.

No la tenemos sobre cómo se genera un agujero negro, o cómo un metal se convierte en espada ni cómo el determinante de una matriz 3D es realmente el cálculo de su volumen.

A esa teoría propia se une que ante un trauma, un drama humano, una pandemia, una guerra, a la mayoría nos sale ese instinto de ayudar.

El problema es que hay ayudas profesionalesayudas de corazón y ayudas oportunistas. Añadiría que está la ayuda ignorante.

Hace poco me preguntaban por cómo el cerebro responde a respuestas con ansiedad en un momento dado, esa que todos podemos sentir de vez en cuando. Al rato me preguntaron por una persona con depresión profunda y mi respuesta fue clara: tiene que ir al profesional de la mente, por tanto, psicólogo o psiquiatra.

No quise que la ayuda de corazón, se convirtiera en ayuda ignorante.

Lo veo cada día con cientos de consejos para «subir la inmunidad». Estiro un brazo y subo la inmunidad, me atiborro de productos y subo la inmunidad, vibro con el cosmos y subo la inmunidad y visualizo tal punto del cuerpo y subo la inmunidad. La ayuda quizá sea de corazón, pero me temo que anda entre oportunista e ignorante, dado que si no tengo evidencia de ello más allá de que me lo creo o el «amimefuncionismo» mal vamos.

El problema es que ese «amimefuncionismo» bien exige un análisis de CD4, CD8, NK e interleucinas para decir que «sube» la inmunidad. Quizá conviene informar sobre que la inmunidad demasiado «alta» es también un severo problema. En fin…

Pero es que incluso saber mucho de algo no implica saber ayudar en ello. Un biólogo puede saber más de un tumor que un médico, un metodólogo puede saber más de un test de personalidad que un psicólogo e incluso una persona por las razones que sean puede conocer mucho sobre el trauma o el duelo… pero haría bien en ceder su espacio a quienes optaron por el camino clásico, tan denostado por la antiintelectualidad, de aprender la formación precisa.

Hace unos días veo, no es nada nuevo, cómo determinados expertos, justo los mismos que nos dicen que el éxito es una sencilla ecuación de habilidades y esfuerzo, y que nos incitan una y otra vez a perseguir nuestros sueños individuales fácilmente, se ofrecen a ayudar a la gente que está en el duelo, ahí es nada, en el trauma, ahí es nada, en la depresión profunda, ahí es nada, o en el trastorno de stress post-traumático, ese que en USA no consigue aún recuperar bien a gente que vino de Vietnam hace 50 años.

No hablo del inocente que no sabe que no sabe, hablo del que NO quiere saber que NO sabe, o peor aún, NO quiere aceptar que NO es el profesional adecuado para el problema que surge.

Te lo dejo a ti si es ayuda oportunista, ignorante, de corazón o profesional o si sencillamente es adecuada.

El mantra de «como a mí me sirvió» iguala mediante una tábula rasa a todos los humanos, como si no solo de partida, sino en el camino todos estuviéramos capacitados (y formados) para todo. No es cierto…

Entre ese y el «do it yourself» vamos apañados.

Creo que en muchas ocasiones la mejor ayuda es el silencio, la presencia, la prudencia o el ceder espacio a otros. O hacerlo desde lo que uno es y conoce: el profesional del ejercicio con el ejercicio, el de Yoga con el Yoga, el enfermero con los enfermos y el que fabrica mascarillas, fabricando mascarillas.

Si es el momento de tu profesión dale fuerte.

El mío no es curar a los enfermos, ni tratar a los que tienen desórdenes mentales severos sean agudos o crónicos: es ayudar a relacionarnos, superarnos, influenciarnos, mejorarnos y liderarnos.

Por tanto, ni subo la immunidad ni curo las depresiones ni trato el duelo por mucho que sienta que conozco algo después de años, al menos intento con fuerza, la mente humana en primera y tercera persona.

Como siempre digo, la ayuda es un poliedro con muchas caras y matices.

Hay cerebros triunos, tertulianos varios y mancias parecidas que todavía no lo saben.

Vivan los profesionales cada uno en su campo: es su momento, es tu momento. Haz lo que sabes.

Felicidad social. ¿Ahora se entiende verdad?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

No hay muchas certezas… como puedes comprobar.
Ni tampoco la ecuación del mérito es precisamente muy matemática.
Así que parece que el bienestar se nos escurre entre los dedos. ¿A quién hacemos caso?

La felicidad happy flower nunca ha funcionado pero siempre ha tenido sus seguidores y proporcionalmente  a sus fantasías detractores en el otro extremo.

Las personas pueden soñar happy flower con un universo positivo en vibración y abundancia (normalmente económica), que éste se encargará de darte giros y ribetes insondables. No es posible evitar los días grises, ni los estados de ánimo cambiantes, ni la buena y mala suerte, ni todas las injusticias, ni conseguir todas «tus metas». Por mucho que lo «visualices», lo creas y te emociones con ello, la vida se encarga. Aterriza…

En el otro extremo, los negacionistas del bienestar humano. A veces nos posicionamos ahí, enfadados, quemados o incluso víctimas de todo. A cualquier intento sensato de construcción de bienestar humano le ponemos en ese caso el adjetivo de ridículo. A veces se critica la industria de la felicidad (como si las industrias fueran per se «malas») porque sí. Todo eso lo entiendo porque vamos acumulando frustraciones. Pero una cosa es que el happy flower no haya encontrado su San Martín y otra que seamos como Ebenezer Scrooge (Charles Dickens) siempre diciendo a todo: ¡paparruchas!

Vengo compartiendo durante años un camino medio.

Una felicidad social, porque siempre mostramos que el Yo es bastante ilusorio y que no podré ser muy muy muy feliz si mi vecina está muy muy muy triste, incluso aunque le caiga mal sin motivo.

Esta construcción precisa de sabiduría, palabra que su mera ausencia del lenguaje habitual, la convierte ya en un diagnóstico sospechoso.

Sabiduría porque el cerebro tiene un nivel inicial de felicidad basado en la dualidad placer – dolor. Hasta los que vociferan como Scrooge evitan dolor y buscan placer. Pero el recorrido de esta dualidad es tan corto, que hay que saltar de plano: construcción del largo plazo, toma de decisiones sabia y conocimiento preciso de dónde conviene invertir acciones, amores y energía en el camino de vida.

Felicidad social, que bien la añoramos en estas semanas, porque hay responsabilidades y necesidades grupales que no se resuelven ni visualizando tus metas ni negando la posibilidad de estar más satisfechos.

La neurociencia social, la psicología positiva de calidad, los nuevos modelos de liderazgo inclusivo, la filosofía perenne, el pensamiento complejo nos confirman, cada vez con más y mejores datos, que necesitamos una combinación de trabajo personal genuino y de vínculos de pertenencia y empatía sólidos. Datos, ¡dije datos!, solidez por tanto. ¿A qué esperamos?

– La nueva era no te va a traer resultados.
– Pero negarse y enfadarse con los intentos de mejora  en la postura anti-bienestar tampoco.
– El «consigue todos tus sueños tú solito» mucho menos.
– El aislamiento estoico o de algunas tradiciones meditativas me temo que es arcaico para el siglo XXI.

En las formaciones comparto esta idea al respecto. Espero que te sirva.

«Estas prácticas que entrenamos cada semana no son para tener días de 9,5 o 10 porque el examen ha sido fácil.

Son para cuando el día viene con un 3,9 consigas rascar hasta el 5,1.

Tampoco son para si tienes costumbres de notables, pararte ahí. Acaso será para que ayudes a otros a aprobar y salir de la agonía y el agobio».

Tenemos un tiempo virulento donde cada día viene con un 3,5 te guste o no, lo merezcas o no. Como mucho, si tenemos experiencia, si lo hacemos en grupo, llegaremos a un 5,1… pero suficiente.

No es tiempo de sobresalientes ni de estar en Flow ajeno a la vida y el sufrimiento de otros.

En resumen:

  • No hay bienestar sin sabiduría.
  • Sin sabiduría no hay compasión.
  • Sin compasión no hay sociedad.
  • Sin sociedad, no hay Sapiens.

¡Ánimo en este examen!