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Jose Sánchez

Las consecuencias del virus y la felicidad genuina

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

A veces paseas con amigos y te dicen «si es que se nos pasa la vida», «no nos damos cuenta», «no valoramos las cosas», «con tanto stress»

No sé si te pasa pero yo suelo sonreír y por dentro pienso «¡¡será a ti!!» y después inevitablemente creo que bien vendría un camino introspectivo serio para quien se siente así.

Otro día te encuentras con quien te dice «es que tenemos que decir más veces te quiero, dar más besos a nuestros hijos», «estar con los nuestros», «no olvidar a los amigos» y vuelvo a pensar lo mismo que en el párrafo anterior.

No se trata de personas sino de dónde está puesta la atención y de cómo procesamos.

El cerebro, por defecto, la atención la tiene en el futuro o en el pasado. La sociedad en general lo favorece. Serás en el futuro… cuando te cases, encuentres pareja, tengas hijos, tengas perro, éxito, segunda casa en la playa, trabajo estable, o en los tiempos que corren cuando tengas 100.000 followers, sin necesariamente saber porqué te siguen :).

La vida evidentemente transcurre en el presente pero no vale con saberlo ni con decirlo ni con proponérselo, como no vale querer jugar como Messi, decirlo o proponérselo: hay que entrenar 30 años y comprobar.

El presente por ubicuo que sea, se entrena y de ahí deviene presencia, que es muy distinto.

En la presencia uno no necesita esforzarse para sentir que la muerte acecha cada segundo, que cada instante es único y que aquí no es cuestión de contenidos… sino de continente.

«¿Qué es eso Jose?»

Pues que si un día estuvieras muy malito, muy malito, al borde del otro lado, te aseguro, doy fe, que lo único que querrías es tener la capacidad de darte cuenta, de estar y de ser. Te importarían un rábano los contenidos, es decir, dónde, cómo y qué. Te valdría la M-30 igual que el Emirates Palace de Abu Dhabi.

Las consecuencias de un confinamiento por un virus se asemejan levemente, son un curso introductorio :), a una posible felicidad sin éxito, sin futuro, sin control de un Yo caprichoso.

– Y es que no necesitas la trampa de la autoestima para estar lleno en un futuro, sino que te toca en casita, apañarte con la incertidumbre ahora.

Si ésta nos produce ansiedad… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco necesitas muchos viajes ni posesiones ni salir de casa para encontrarte bien. Está en tu interior la capacidad del bienestar con más bien poco.

Si esto no ocurre… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta que sufras por estar en «cuarentena» y proteger a los enfermos de tu propia salud. Sería kafkiano que el sano sufriera y no el enfermo. Los que sufrirán serán los de la UCI, los que dan el callo y los cuidan y los que mantienen el orden. Ah bueno los autónomos también: esos además no pueden enfermar.

Si sufres… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta aburrirse y pasarlo mal por ello y buscar entretenimiento como un yonki cuando no hay NBA ni Champions. Solo se aburre en una habitación blanca y vacía el que no conoce la farmacia de su cerebro.

Si te aburres… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta que hagas Mindfulness para soportar el stress de la nueva vida cotidiana. Oiga que hasta hace poco pasábamos meses en una casa porque había nieve todo el invierno. Seamos maduros.

Si necesitas convertir la vía en una técnica para tu stress, bueno, quizá sea un comienzo, pero no tiene buena pinta.

«¿Y esto del continente también es cerebro?»

¡Faltaría más! Basta soltar la red por defecto que rumia y rumia sobre nosotros mismos, para caer a áreas y redes en donde uno es y percibe tanto, tanto, tanto el presente, que se llena del mismo. Hasta cuando planifica lo siente ahora. Hasta cuando recuerda lo percibe como un ahora.

Quizá un día todo esto pase, en un mes, en dos o en tres. No se sabe…

Pero pase lo que pase, cuando el exterior vuelva a brotar de flores, pájaros que cantan, mates de la NBA y Champions quizá blaugranas quizá rojiblancas :), y nuevos problemas y retos, nada habrá cambiado para el continente.

Serán solo eventos que seguirán ocurriendo, como contenidos en un espacio, momentos que se perderán como lágrimas en la lluvia como decía Roy Batty, aquel Nexus 6 que se hacía preguntas inteligentes sin descanso.

Que puedas cultivar tu Continente, no solo contenidos y «experiencias».

Podemos ponernos en marcha YA.

Verás lo que pasa después con tu felicidad y sabiduría.

Los virus no entienden de países ¿verdad? (ni los anticuerpos)

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Me dedico desde hace 30 años a incrementar la capacidad de bienestar y felicidad de las personas y eso pasa por usar las neuronas propias de forma aceptable y animar a lo propio a los demás.

De hecho en tanto éstas se relacionan con el CI, la personalidad y la grandeza humana más nos vale utilizar el cerebro de forma sana.

Conviene recordar que la base de un cerebro sano es la bondad 1,2,3. Va mucho más allá de la empatía, no digamos del ridículo orgullo macho alfa. De hecho la bondad es compasión bien entendida. El cerebro enfermo es el que ve separación, superioridad, lucha e identidad y así se cocina en sí mismo, en un cocktail de cortisol y adrenalina propia. Y como la introspección y el reflejo necesitan de guía lo más probable es que en la ausencia de la bondad compasiva uno vea gigantescos enemigos en vez de molinos de viento.

A nada que uno use sus neuronas, y parafraseando una broma de ayer en redes sociales con esta metáfora, nos damos cuenta en estos días que los virus no entienden de países (ni los anticuerpos).

Bien haríamos en utilizar la incertidumbre para aprender en este tiempo lo que ya era evidente antes.

El budismo nos habla desde hace siglos de que todos los fenómenos son interdependientes y ninguno es causado solo por sí mismo 4.

El cerebro está hiper interconectado 5. Quiere decir que no hay una neurona superior que comande al resto. Todo funciona en red. Para que me entiendas mejor lo expreso con una metáfora: no hay jefes en el cerebro, ni individuos que mandan ni directores de orquesta, lo que hay es una preciosa jam session que se adapta al momento y las circunstancias.

Los sistemas complejos son la base de todo 6,7. Algunos famosos: el tiempo atmosférico, la dinámica terrestre, los ecosistemas, las sociedades, los seres vivos (por cierto los virus son seres vivos J) y el misterio de la conciencia. Prácticamente todas las disciplinas utilizan de algún modo las teorías de sistemas, la teoría de la información integrada o la inteligencia artificial. Esto quiere decir que allá donde vayas encuentras interdependencia, no identidades “especiales”.

El chamanismo ancestral, sí sí, esa cosa que muchos asocian con “rarezas” conoce la complejidad y la habita en cada una de sus prácticas y cosmovisión, en formas que un hombre embotado ni sueña que existen 8,9,10. Acaso sea porque tuvieron que aprender a cooperar y protegerse en un entorno tan hostil como la selva tupida… sin motosierras claro.

La biología evidentemente es un sistema complejo 11. En ella sabemos que no existe ni un atisbo de ciencia para decir que existen razas, diferencias de género o que la homosexualidad sea un “defecto”. Es más la biología nos indica que no somos la especie elegida, sino una más que se ha adaptado a las circunstancias.

El pensamiento tribal todavía perdura en la sociedad aunque sea más de brutos protohumanos que de Homos Sapiens Sapiens. Nos queda aún recorrido para que este atavismo del pasado se vaya difuminando. El cerebro es lento y toca insistir por décadas con cultura, datos, razón y confianza.

Cuando la incertidumbre aparece, lo tribal despierta y resuena en las amígdalas basolaterales (miedos aprendidos) de aquellos que no han tenido la forma aún de convertir la ansiedad ante lo nuevo en una aceptación radical de quienes somos 12.

Si usamos las neuronas para pensar en vez de los anticuerpos es evidente en estos días que:

  • Todo está conectado, y ni siquiera el aislamiento necesario impedirá que un ser vivo que vino de un animal habite en nosotros.
  • Todo es multicausal, o interdependiente, y sobra tachar de culpables únicos a los que te caen mal ante un fenómeno que nos sobrepasa.
  • El dolor y el sufrimiento se lleva mejor con humanidad compartida. Poquito a poco nos duelen igual la muerte o desgracia de unos seres humanos más allá de si son de Móstoles o de Orihuela.
  • Esta humanidad compartida es visible en lo que hace la gente más allá de donde esté: aplaudir su sanidad pública si la tienen y el esfuerzo encomiable de aquellos que desde siempre, no solo estos días, son profesionales de la ayuda. No les aplauden porque viven en tal lugar, o porque tienen la piel roja o negra sino por la acción que ejercen como humanos bondadosos.
  • Cuando cierta incertidumbre se convierte en ansiedad nos enseña mucho de la madurez propia. Quizá hoy es el día para contemplar que en otros lugares que nos pasan desapercibidos, hay personas que entran a supermercados semi vacíos desde hace años y no pasa nada. Ni que decir tiene de los que no encuentran “supermercados” a mano.
  • Cuando la verdad depende de las creencias o de las emociones, o de las filias y fobias se nos escurre entre los dedos. A pesar de sus limitaciones y defectos la ciencia demuestra ser una y otra vez un sistema hiperconectado, que trata de aproximarse a la verdad mediante una visión transnacional y transcultural, por tanto, humana. ¡Chapeaú!
  • La solidaridad genuina es espontánea, no necesita establecer diferencias, autores, mostrarse o clasificarse a posteriori. Simplemente sucede en un cerebro social preparado para ello.

Que ésta sea una oportunidad para la humanidad compartida y las neuronas.

Que siempre haya camas libres disponibles para quien las necesite.

Que Sapiens pueda ver más allá de una tribu.

 

Referencias

  1. Klimecki, O. M., Leiberg, S., Ricard, M., & Singer, T. (2014). Differential pattern of functional brain plasticity after compassion and empathy training. Social cognitive and affective neuroscience, 9(6), 873-879.
  1. Singer, T., & Klimecki, O. M. (2014). Empathy and compassion. Current Biology, 24(18), R875-R878.
  1. Davidson, R. J. (2012). The neurobiology of compassion.
  1. Garfield, J. L. (2014). Engaging Buddhism: Why it matters to philosophy. Oxford University Press.
  1. Rubinov, M., & Sporns, O. (2010). Complex network measures of brain connectivity: uses and interpretations. Neuroimage, 52(3), 1059-1069.
  1. Oizumi, M., Albantakis, L., & Tononi, G. (2014). From the phenomenology to the mechanisms of consciousness: integrated information theory 3.0. PLoS Comput Biol, 10(5), e1003588.
  1. Koch, C., Massimini, M., Boly, M., & Tononi, G. (2016). Neural correlates of consciousness: progress and problems. Nature Reviews Neuroscience, 17(5), 307.
  1. Eliade, M. (2004). Shamanism: Archaic techniques of ecstasy(Vol. 91). Princeton University Press.
  1. Noll, R., Achterberg, J., Bourguignon, E., George, L., Harner, M., Honko, L., … & Siikala, A. L. (1985). Mental imagery cultivation as a cultural phenomenon: The role of visions in shamanism [and comments and reply]. Current anthropology, 26(4), 443-461.
  1. Dierckxsens, V. (2012). In the Realm of Shamanism and Cosmovision(Master’s thesis).
  1. Keel, T. (2016). Race Unmasked: Biology and Race in the Twentieth Century.
  1. McCall, J. G., Siuda, E. R., Bhatti, D. L., Lawson, L. A., McElligott, Z. A., Stuber, G. D., & Bruchas, M. R. (2017). Locus coeruleus to basolateral amygdala noradrenergic projections promote anxiety-like behavior. Elife, 6, e1824

Me encanta que NO se esté de acuerdo… pero es irrelevante

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Comienzo esta semana leyendo algunos mails que recibo y comentarios a otro amigo en el que las personas «están o no de acuerdo».

Me encanta cuando alguien me dice estoy de acuerdo.
Me gusta todavía más cuando alguien me dice NO estoy de acuerdo.

Pero aunque me gusten ambas posiciones, resultan irrelevantes, no me importa una más que la otra, porque importar importar… la verdad que importan poco.

Y es que damos mucha importancia a estar de acuerdo (o en desacuerdo) como si eso añadiera un gramo de verdad a la evidencia.

  • ¿De qué me sirve que alguien esté de acuerdo si mis ideas son estúpidas?
  • ¿De qué sirve que dos cotorras estén de acuerdo en que el halcón vuela demasiado rápido por el bosque?
  • ¿Qué importancia tiene que alguien no lo esté si comparto una flagrante evidencia?
  • ¿Qué importancia tiene que el gallo extienda sus alas ante el águila y diga yo también revoloteo mira?

Tendemos tanto a la creencia… que nos obsesiona más pertenecer, ser de la filia que nos da la razón, que hallar paz y perspectiva en la acumulación de evidencia hacia los hechos.

Luego sufrimos y no sabemos porqué… y llevamos años sesgados por aprendizajes adquiridos, la mayoría no elegidos, sino que son simplemente copiados.
Seguimos esos cauces y caemos en grupos que en vez de iluminar nuestra sombra y abrirnos a lo diferente, potencian nuestra miseria. Si éramos quejicas, negativos y cerrados, encontramos compañeros que nos dan la razón.

Lo que no es irrelevante en absoluto y eso sí que merece una alta valoración, es la calidad de los argumentos.

Es secundario que coincidan o no con mis planteamientos porque lo vital y grandioso, es que  más allá del acuerdo – desacuerdo se construya un hilo argumental sólido.
Entonces uno puede apreciar la belleza de los buenos argumentos, como el espectador sobrio que es capaz de reconocer las lindezas y estrategias del equipo contrario.

En la búsqueda y construcción de una felicidad y sabiduría genuinas,

  • sobran los acuerdos y desacuerdos,
  • las filias y fobias,
  • las pertenencias o rechazos a grupos,
  • los odios o amores a gurus y culturas exóticas,
  • las tradiciones por ser tradiciones,
  • la ciencia por ser ciencia,
  • el practicar por practicar,
  • el creer por creer,
  • o el dar la razón o quitarla porque sí.

Lo que sirve es el entendimiento de un modelo,
su puesta en práctica real en forma de experiencia,
su conversión en sabiduría cotidiana,
su remodelado y optimización tras el proceso.

La solidez de unos buenos pilares, el compartir hipótesis, la flexibilidad de los planteamientos nos llevan a un espacio más rico que el darnos la razón o quitarla.

En el fondo estar de acuerdo o en desacuerdo es tan solo una opinión.
Y haremos bien en no perdernos en ello ni en buscar seguidores de nuestras neurosis.

Quizá así recordemos que la opinión es la forma más baja de conocimiento.

Estar presente ¿incluye el pasado y el futuro?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Estar presente ¿incluye el pasado y el futuro?

En meditación uno se entrena encarecidamente en estar presente… dado que en la mayoría de las ocasiones la vida ocurre aquí y uno está allí, en sus mundos, ajeno a lo que está sucediendo, y a veces presa de la ansiedad futura o el remordimiento del pasado.

Se enfatiza que lo único que existe es el AHORA, lo cual en un sentido literal es 100% cierto. El ayer no está físicamente y el mañana no ha llegado aún. De hecho esa simple práctica genera extraordinarios beneficios.

Esta práctica, que es uno de los ingredientes que enseñamos en Ciencia de la felicidad y sabiduría, es central en el autoconocimiento y desarrollo de uno mismo.

Con frecuencia, en el aprendizaje empezamos a estar presos del presente y lejanos de donde apunta, la presencia.

Uno se siente forzado a recordarse estar presente y otra, sin embargo la presencia implica conciencia espontánea de un estado atemporal. No desarrollo este punto, no tendría sentido aquí, pero sí quiero recalcar una confusión habitual.

«Jose, pero si entonces estoy presente y no existe el pasado y el futuro… no sé… ¿eso no es bueno no?»

Buena inquisición dado que el entendimiento literal no encaja en la realidad de nuestro cerebro.

El pasado ya pasó, pero está bien grabadito en tu memoria autobiográfica del cerebro condicionando tus acciones. Podemos con mucho mucho esfuerzo y estrategia limitar o incluso reducir al mínimo la tendencia a fortalecer (en vez de debilitar) la memoria autobiográfica. Normalmente esto sobrepasa el objetivo del 98% de practicantes e incluso de la práctica de Mindfulness (que es un primer nivel del camino).

Pero no podemos perder un aspecto del pasado que nos ha permitido… aprender. Si el pasado no existe tal como a veces se malentiende en meditación tendrías que re-aprender todo de nuevo.

El futuro no ha llegado, y por tanto solo existe el presente. Pero de nuevo, creer que nuestro transitar en la vida no precisa de futuro, implica anular otra gran función cerebral: la capacidad de planificación.

«¿Entonces Jose? ¿Presente con pasado y futuro, o presente sin ellos?»

Aquí aparece la clave. De lo que se trata es de darse cuenta en el presente, porque no te puedes dar cuenta en otro momento, de que el pensamiento se vincula al pasado, como recuerdo, como proyección, o bien que se vincula al futuro, como hipótesis, como planificación, como ansiedad, como creación, como sueño o imaginación.

  • No hay nada malo en pensar en el pasado, mientras te des cuenta de que estás pensando en el pasado ahora.
  • No hay nada erróneo en pensar en el futuro, mientras te des cuenta de estás planeando o angustiándote con el futuro, en este preciso instante.
  • Es la capacidad de darse cuenta la que hay que cultivar… no el estar presente porque sí.
  • Es la capacidad de darse cuenta entrenada durante años, cuando el sentir ocupa un espacio mayor que el pensar, sin esfuerzo apenas por cierto.


Ese espacio de darse cuenta es el continente… y ocupa por fin mucho más que los contenidos.

El continente es tan grande que uno recuerda o proyecta o incluso no hace nada, pero siempre habita y percibe dentro de ese gran territorio.

La felicidad y sabiduría tienen una parte que ver con ese espacio y menos con pelear presentes, pasados y futuros entre sí.

Otra parte de ellas no es meditativa ni «individual» sino 100% social, pero de eso hablaremos otro día.

De momento, darse cuenta, darse cuenta, darse cuenta… en vez de estar presente por estar presente.

10 razones para NO hacer el ayuno de dopamina

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

10 razones para NO hacer el ayuno de dopamina. Mi opinión.

Viene de Silicon Valley, pero lo que importa no es si viene de Móstoles o de Pekín sino el criterio que hay detrás.

Es la nueva moda y algunas personas me piden que os comparta mi opinión.

En principio se trata de un «ayuno de dopamina» (vaya título 🙂 ) en el que se recomienda a las personas abstenerse de los placeres mundanos dado que estamos «sobreestimulados» (¿todos? ¿cuánto?) y al parecer la dopamina no funciona como debiera (¿cómo?).

El objetivo es limitar el acceso a redes sociales, alcohol, sexo, o determinados alimentos y nuevas tecnologías, para así mediante la privación potenciar el placer.

Se pretende que tu  productividad mejore con esta práctica (¿te suena el mantra de la productividad como única medida de todas las cosas?).

Estas son las 10 razones, científicas por cierto, por las que NO hago «ayunos de dopamina»:

1. No parece que alguien haya medido los niveles de dopamina al hacer esta práctica… (alta en esquizofrenia por ejemplo) luego ¿cuál es la evidencia?

2. Se parte de una sobresimplificación de cómo funciona la dopamina vinculándola a la recompensa o placer y olvidando que actúa ante todo como expectativa en esa vía neuronal.

3. Si una persona decide no disfrutar porque sí de una actividad y trata de acostumbrarse a ello lo más probable es que como resultado caiga en anhedonía y depresión. Allá cada uno con su ayuno :).

4. Se parte de la demonización clásica de redes sociales, dispositivos electrónicos, consolas de video juegos… en vez de leer la evidencia disponible al efecto. Para la mayoría de personas, leer a los amigos en FBK, o jugar un rato a la PS5 no supone ni adicción ni pérdida de valores ni aislamiento ni dificultad para disfrutar de lo que cada uno considera importante o vital (en adultos). ¡A no todo el mundo le gusta escalar montañas o hacer artes marciales!

5. Por alguna misteriosa razón se plantea que basta desear el ayuno para conseguirlo, es decir, que si la persona decide «no someterse a la dopamina», lo va a conseguir. La evidencia nos dice que de una adicción, si ésta fuera real, no se sale solo echando agallas sino que además hace falta ayuda profesional. Aunque siempre hay algún bruto que al que no puede o no sabe, le juzga como que «no quiere curarse».

6. Se argumenta que limitar el placer vuelve el estímulo más novedoso lo cual no es necesariamente cierto. En muchas ocasiones limitar el placer vuelve el estímulo más apetitoso. Se necesita ante todo una re-evaluación o toma de conciencia diferente del mismo lo cual no es = a ayunar dopamina.

7. Cualquier represión ejercida porque sí en base a un diagnóstico tan etéreo como «estamos sobreestimulados» puede generar algo peor: ansiedad y frustración.

8. No se trata de anular placer sino acaso de elegir los más auténticos y saludables en relación a la libertad de elección de cada persona.

9. En el hipotético caso de que se hiciera el «ayuno» y la «dopamina» descendiera se pondrían en riesgo otras funciones que ejerce en el cerebro (por ejemplo pérdida de control motor, embotamiento, torpeza cognitiva, peor fertilidad…)

10. Se comenta que esto es lo que algunas tradiciones nos alentaban al promover el control de las pasiones y saborear la vida en pequeños sorbos. Que muchas sabidurías antiguas nos aconsejan no caer en los excesos es cierto, pero que eso sea traducible a ayuno de dopamina… Por otra parte también preconizaban el aislamiento social, el cual hoy sabemos que es fuente de peor salud y enfermedad.

En resumen:

a. que para hacer las cosas en su justa medida y disfrutar de ellas se necesita sabiduría no ayunos de un neurotransmisor.

b. que no son siempre los estímulos los que dañan a las personas, sino los valores y filias que les llevan a ellos.

En todo caso para quien quiera tirar de tradición quizá por aquí encuentre una luz sobre el «ayuno de dopamina»:

«El problema no es el deseo. El problema es el apego». Tilopa, maestro budista fundador del linaje Kagyu (s.X d.C).

Practicar artes marciales falsas… y vidas evitativas

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | One Comment
Practicar artes marciales falsas… y vidas evitativas

 

Como probablemente sabes, he enseñado artes marciales internas durante 25 años.  Tengo cierta experiencia con ellas :).

En esos 25 años nunca me dejó de sorprender quienes buscaban afanosamente las artes marciales falsas.

Al principio mediante rumores, luego con leyendas de eremitas en montañas, después mediante libros que prometían poderes mágicos y finalmente con fraudulentos videos de Youtube. No importaba… si uno busca el maestro que le haga volar sin tocarle, lo acababa encontrando.

Así es el autoengaño y opera hasta en un terreno tan «real» como un arte marcial. Te puedes denominar guerrer@ y maestr@ y otros te lo pueden llamar, puedes confiar en que con tu energía mental puedes resistir hasta las balas (no es broma, sucedió en Pekín en 1901, con resultado de muerte), pero por mucho que creas… por mucho que uno insista, el trabajo está ahí, esperándote.

Escojo el ejemplo del arte marcial porque se entiende fácil. Cuando uno practica un arte así busca sí o sí comprobar su eficacia en la realidad.

En el fondo, por raro que parezca, no dista mucho de una ciencia: uno tiene una hipótesis, planea un ensayo, obtiene resultados, saca conclusiones, se abre a una discusión y genera nueva hipótesis.

Y sobre todo no lo hace solo, dado que uno mismo no puede ser juez y parte (atento si eres «amimefuncionista»).

Pero a veces caemos al cerebro del guerrer@ etéreo, con luchas imaginarias que solo suceden en nuestra cabeza y trajes de seda verde satinada que esconden nuestras lordosis.

Lo hacemos cuando insistimos en huir a toda costa de la prueba de realidad, siendo tozudos en nuestro camino, rechazando toda «confrontación» en nombre de lo puro o de lo que toque en ese momento como coartada.

La vida evitativa es posible, pero con alto precio.

Con frecuencia defendemos:

  • magias que no nos vuelven Harry Potter,
  • dietas que no nos funcionan,
  • terapias que no nos curan,
  • prácticas que no nos transforman,
  • filias que no nos calman,
  • libros que no nos ilustran,
  • dispersiones que no nos centran,
  • entretenimientos que nos embotan,
  • «influencers» que nunca dieron un palo al agua,
  • y corrientes de pensamiento casi terraplanistas.

El bienestar no llega por creencias ni por habitar el reino de lo ilusorio.

No va siendo más feliz el que se lo cree, sino el que lo cultiva, en toda circunstancia.

Hay que abrirse a despertar porque 25 años de práctica ilusa no te convierten en maestro.

25 años de prácticas que no transforman,
25 años de filias que no calman,
25 años de…

te pueden dejar exactamente en el mismo lugar.

Como un guerrer@ etéreo con su traje satinado.

Hace falta práctica despierta, reflexiva, ágil, imbricada en el día a día y enraizada en lo concreto, lo práctico y lo real.

Dale vueltas a si verdaderamente eres alguien mucho más feliz y sabio que el año pasado.

Dale vueltas a si tienes herramientas para superarte año tras año o para elevar tu vitalidad y motivación más allá del ginseng y la vitamina C.

Que sepas que ES posible avanzar sin éter.

Confundir bondad con no tener conflictos… 

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios
Voy directo:

Si uno es muy bondadoso tendrá con el paso del tiempo menos conflictos (que no ninguno).

¡Pero al revés no funciona!

Si uno no tiene conflictos no implica que sea bondadoso.

¿Por qué?

Porque nos aterra, nos bloquea, nos hace perder el centro el conflicto. Como somos de un «buen barrio» no estamos acostumbrados a la pelea, la gresca, la defensa legítima, la prevención y protección de lo nuestro, la provocación del otro o el mantenerse fuerte ante la adversidad.

Incluso nos suena rara la reconciliación y el perdón, o el crecimiento personal genuino, o la amistad entre antaño contrincantes.

En nuestro «buen barrio» cualquier mínimo atisbo de conflicto desestabiliza tanto, genera una emoción tan desagradable, que subimos a la cabeza y regalamos amabilidad, ayuda, condescendencia, «comprensión»…  que son bellas palabras pero inútiles si en vez de brotar de su lugar original son consecuencias de no poder enfrentarse a una verdad incómoda. 

No nos deben impresionar las personas que huyen de los conflictos, con ausencia o buenas palabras, y por lo tanto no tienen ninguno. No es sinónimo de bondad y es difícil tener una mirada profunda sobre ello: suelen colársela al grupo.

Los que nos deben impresionar son aquellos que saben reconducir un conflicto hacia un buen fin, que saben que habrá que comunicarse al inicio hasta con el diablo para que «deje» de serlo (o nosotros de verle tan demonio :)) y que en esa negociación, el que tiene tablas, ni pierde su dignidad, ni se rebaja ni se pone por encima. 

La bondad comienza con uno mismo, y a quien debo atender es a mí mismo si algo me impide enfrentarme a un hecho. 

Lo que no puede ser es que en mi intimidad Pepito sea un golfo y en su presencia es un megacrack. Demasiada distancia…

Lo que no puede ser es que tenga las mismas palabras y gestos para el que me engaña que para el que me cuida, porque soy «muy educado». 

Esta disociación, tarde o temprano, nos puede quemar… y un día ya no sabré quien soy: si el que siente inquietud, el que la tapa o el que dice «todos sois muy majos».

Pero no solo eso, la disociación «persona que siente – máscara que se muestra» va a generar desconfianza en los demás. Pasado el tiempo captarán que tienes las mismas palabras para las infinitas personas y situaciones… y no te creerán.

Y uno creía que era bondadoso por no tener conflictos…

Cuando uno está fragmentado debe abrazarse con afecto en vez de huir de la propia rotura. Es el primer paso.

La bondad es un tema estrella en uno de los módulos de nuestro curso La Ciencia de la Felicidad y la Sabiduría

En este módulo nos construimos desde una bondad genuina, que no es buenismo, ni adulación, ni «educación». Es la construcción de una ruta cerebral práctica de dignidad y amor propio de verdad.

Es una poderosa práctica que necesita ser entendida desde su lugar correcto. No es solo una semilla, sino también la Tierra donde se planta y el agua con la que se riega.

Concentrarse exclusivamente en la semilla, en la «técnica de la bondad o la compasión» porque es buena es errar el tiro.

Lo que veo que brota en los asistentes son buenos tallos, genuinos, auténticos, que no temen el picor del sol, el viento, el frío, o el calor extremo. 

No buscan sombra ni cobijo… sino crecer a la Vida por difícil que se ponga ésta en algunos momentos y circunstancias.

¿Dónde estabas el 1 de enero de 2010? ¿Cómo era tu vida?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

¿Dónde estabas el 1 de enero de 2010?
¿Cómo era tu vida?

¿Podías adivinar exactamente el lugar en el que estarías el 1 de enero de 2020?

Difícilmente ¿verdad?

– El 1 de enero de 2010 yo pensaba en que en unos meses estaría cerrando un ciclo de trabajo exitoso en el Mundial de Sudáfrica 2010.

Así fu. Pero pensábamos además que estaríamos para el Mundial de FIFA Brasil 2014. Reflexionaba ya con posibles progresos en mi área, quiénes podrían ser mis ayudantes y en cómo mejorar aún más ese análisis del comportamiento que allí realizaba.

Pero hubo un vuelco y eso no ocurrió. Justo cuando lo pierdes empiezas a valorarlo más: un jefe magnífico y abierto, unas condiciones de trabajo óptimas, un equipo humano excepcional.

– El 1 de enero de 2010 tenía claro que quería seguir haciendo lo de siempre: enseñar y acompañar a personas y equipos a su mejor versión, pero desde un lugar donde la ciencia fuera más visible, dado que por mucho que insistiera había un porcentaje de credulidad que no me satisfacía. Pero en ese momento no había pensado el nombre, Neuroleader (que se le ocurrió a un amigo) ni que habría un día en que tener un local físico sería un símbolo de atraso en vez de modernidad.

– El 1 de enero de 2010 suponía que mi tercer trabajo, vinculado a un laboratorio médico, sería el más seguro de los tres. Las circunstancias me empujaban a dedicar más y más horas… cuando otro vuelco colocó la decisión de salir como la más sabia.

– Pero aún hay más. El 1 de enero de 2010 no podría imaginar que un día investigaría en el centro prestigioso en el que estoy o que podría publicar artículos en revistas Q1 de ciencia o que el premio príncipe de Asturias iba a ser el director. Qué decir de amigos y conocidos, viajes, casas o familia…

Podría seguir y seguir con ejemplos de lo que uno podría esperar el 1/1/2010 y lo que no imaginaba ese mismo día.

Así que la solución no es «vivir el presente» entendido pobremente, esto es, sin planificar.

La cuestión es que no podemos controlar ni «conseguir» nuestras metas cuando el mundo es en red, complejo, interdependiente y sujeto a incertidumbre (cada vez más lógicamente).

Las mancias y los adivinos siguen fallando, como a lo largo de la historia, aunque a jefes de Estado aún les sirvan de consejeros 🙂 (ej. Brasil), por lo que no es la vía más aconsejable.

Los gurus del «tú puedes si te esfuerzas» todavía no han bebido de la marmita de la sociedad: siguen viendo a individuos aislados y evitan comentar sobre circunstancias sociales.

¿Entonces qué Jose? te preguntarás.

Aquí la solución:

La mayor certeza y es más bien escasa, nos la da la estadística, la cual lo que hace es incrementar probabilidades.

¡Pero a veces lo hace drásticamente!

Quien sabe dónde estaremos el 1/1/2030…

Si quieres darte falsa seguridad con mancias, credos y gurus, adelante.

A lo que te animo es a quien inviertas en tus recursos… que son, para las personas honestas, las únicas oportunidades que puedes abrir.

  • Puedes construir una década de hábitos saludables incrementando probabilidades de enfermar menos.
  • Puedes mejorar tu resiliencia y capacidad de afrontar el stress, aumentando tu poder de perseverar en un camino.
  • Puedes abrir tu mente al espacio de no juicios, no dramas, no líos, no cotilleos, no odios, no mofas y multiplicar la estadística de los días donde el gozo surge… de tu propio cerebro.
  • Puedes aprender y aprender y aprender de los que más saben, por duro que resulte ser alumno y empezar de cero en algo, en vez de parecer que sabes, dominas y controlas. 10 años después la probabilidad de hablar con criterio en vez de suponer, será muy alta.
  • Puedes ir oliendo ya que el Estado nunca traerá las soluciones y que lo moderno, la tecnología, el siglo XXI, están llenos también de magia y posibilidades. Reducir el victimismo, la simpleza histórica y abandonar el orgullo de la ignorancia aumentará el intervalo de confianza para tus proyectos.
  • Puedes ampliar tus habilidades personales hasta límites insospechados si te dejas ayudar y asesorar por quienes las dominan, lejos del low cost youtubero curalotodo terraplanista.

No sé dónde estaré en 2030. Pero es que ya no lo quiero saber… quiero caminar consciente y tras larga marcha, sé cómo se hace.

De lo que estoy seguro es que al llegar lo haré a un espacio más seguro de buenas probabilidades.

y tú, ¿cómo vas a crecer en esta década?

Qué le vas a DAR (no pedir) al 2020

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

2020. ¿Qué le vas a DAR (no pedir) al año que entra?

Cuando era jovencito pedía con fuerza al año que me diera cosas. 

Madurando, madurando uno se da cuenta de que esas mancias no funcionan.

Así que cambié por una mejor: qué voy a DAR en vez de qué voy a PEDIR.

Me he acostumbrado a dar a cada año que entra compromiso, foco, esfuerzo y afecto. Son herramientas cultivadas por muchos años así que sé que van conmigo.

– Me comprometo con seguir aprendiendo, investigando y enseñando sobre el comportamiento humano y el cerebro por duro que resulte estar a la última con calidad en esta ciencia.

– Me enfoco en dar solidez y expansión a los proyectos que están en marcha, sin arrastrarme por otras ideas porque no es momento aún de nuevos cometidos, sino de ir cerrando y terminando todo lo sembrado. 

– Me esfuerzo en lo que menos domino, que es donde más margen tengo de mejora y donde más apertura y paz-ciencia necesito.

– Mi afecto sereno este año va hacia todo lo que ocurra, lo desagradable que va a venir y lo agradable que aparecerá. Sé que podré querer un poquito más y mejor cada día.

Estoy seguro que al final del año estará en mi mano ser más sabio, más abierto y más feliz. 

Espero que le puedas DAR al año 2020 y sus gentes todo eso que has cultivado en ti en los años anteriores.

¡Feliz Navidad y feliz 2020! esperando tenerte con nosotros una vez más en Neuroleader.

Guía para soportar la crítica ácida, rancia y perversa

By | Neuroliderazgo | One Comment

Guía para soportar la crítica ácida, rancia y perversa

Uno NO puede crecer SIN exponerse, probar, intentar, fallar y compartir.

En el siglo XXI de lo conectado y lo multidisciplinar no es posible aislarse y así evitar el posible rechazo de los demás.

Es curioso como muchas personas temen, con razón, la crítica ácida, rancia y perversa. Tanto la temen que acaban desvalidos ante la misma acumulando tensión innecesaria.

He aquí algunos tips resilientes que te harán CRECER y salir airoso, que no indemne, de esas situaciones.

1. Reconocer que duele… en vez de usar el mantra «no me importa lo que digan los demás».

Un cerebro que es hipersocial va a ser influenciado sí o sí por lo que otros opinen. Reconoce que duele ese email maleducado, la crítica injusta a escondidas, el desprecio injusto a tu hij@ o la mofa sobre tus zapatos. Empezamos bien si abrazamos el malestar. ¡Lo injusto duele! ¡El desprecio duele! ¡La traición duele!

2. Distingue formas de contenidos.

Las críticas bobas y perversas suelen ser muy vacías. Que si viste así, que si tiene el pelo corto o largo, que si tu formato no le gusta o no le viene bien, que si no te dije que X pero pensabas que Y, etc, etc. ¿Dónde están los argumentos por favor? Sonríe ante tamaña estupidez.

3. Analiza si a pesar de la acidez, hay contenido que puedas mejorar.

A veces hay grano en la paja… Considera esa mejora y no pares hasta implementarla, incluso aunque venga de un maleducado.

4. Si las formas no eran adecuadas, habla más de la persona que de ti.

Cuando alguien se mofa, o usa el insulto, el chisme, el desprecio y no el argumento para la crítica, te aseguro que es alguien que sufre mucho… en el silencio de su vacío y en lo pobre de sus conexiones.

Pobrecill@, encontrará su terapeuta pronto. ¡Y no serás tú!

5. Recuerda que la envidia existe y mucho.

El envidioso ve la vida desde la escasez. Si tú tienes, cree que es porque se lo has quitado. Te bajo un poquito, el otro se sube y «voilá»: todos iguales. No descartes que la crítica rancia venga de un lugar poco trabajado: la envidia.

6. Los humanos confunden el «no me gusta así» con el «tiene que ser así».

El cliente, el alumno, el usuario, el paciente NO siempre lleva razón, pero siempre tiene sus razones. Puede querer con lógica que las cosas sean como le apetecen, pero tú sabes que las cosas deben ser como tú las planteas… y no puedes venderte a lo que cada uno caprichosamente quiera.

7. Actúa en consecuencia siendo fiel a tu sentir no solo a la «educación».

Quien NO te respetó una vez, es probable que lo haga de nuevo en el futuro. Valora tu libertad como oro y piensa si te interesa mantener un troll cerca de tu entorno. O por si acaso, por si X, por si Y, mantienes vínculo con quien te odia. Ojalá te puedas querer un poquito más si eso te sucede.

8. Si gustas a todo el mundo tienes más de secta que de ciencia.

De donde nadie duda ni puede dudar nace el autoritarismo. Ofrece abierta y públicamente posibilidades de argumentar y rebatir lo que pertenezca al dominio conjunto. Jamás justifiques o expliques lo que es privado o íntimo.

9. Mira si el que critica puede hacer lo que tú.

Yo le puedo sacar defectos a Messi porque ¡¡ no es bueno con la pierna derecha !! sin darme cuenta de que soy un torpe con las dos. En general la crítica más válida viene de arriba no de abajo. El ignorante que primero demuestre lo que hace por favor.

10. Sigue, sigue, sigue y dentro de 10 años mira dónde están.

O en palabras de Goethe: «Ladran con fuerza, señal de que cabalgamos».