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No tengo tiempo… ¡para mí!

Explico semana tras semana que la agenda de Bill Gates o del directivo más ocupado es exactamente igual que la tuya.

Todos los humanos se duchan, comen, suben alguna escalera, van al WC, hablar por teléfono o zoom, recogen o están un rato con sus hijos, toman notas, trabajan, se reúnen, montan en el coche o autobús o metro para ir a trabajar o encienden un ordenador.

Si el día tuviera 26 en vez 24 horas sería lo mismo que si en vez de morir a los 85 lo hiciéramos a los 97. No cambiaría mucho porque no es la cantidad de tiempo lo que ejerce un cambio sino la atención.

En un día de 26 horas contestaríamos 25 en vez de 10 emails, gastaríamos 33 minutos de cotilleo en vez de 22, y profesaríamos 37 adjetivos descalificativos al político que no nos gusta en vez de solo 31 como actualmente.

Pero el mantra de no tengo tiempo se instaló en el software mental y como buen virus, habla por sí mismo.

La realidad es que gran parte de nuestra loca agenda viene dictada por nuestra memoria. Esta, como suelo decir, no es precisamente la de un santo, sino la de alguien con stress, ansiedad a ratos, proyecciones de futuro y mucha información de todos los colores, desde youtube a libros y cursos.

Quien manda, aunque algunos le llamen «fluir», es la memoria.
Las visualizaciones no pueden cambiarla, evidentemente. El cerebro no funciona así.

La imaginación y la ausencia relajan momentáneamente pero poco más. Al cerebro le da igual.

La esperanza es buena, pero en sí misma, es solo eso, esperanza y alivio. El futuro será mejor… o no lo será. Nuestro sesgo de optimismo nos permite lidiar con el día a día pero no soluciona mucho. El cerebro no funciona así insisto.

Meditar para pararse un rato es bueno, lo dice la ciencia y lo dicen las tradiciones, pero en el día a día de los practicantes  (bien lo sé después de enseñar a miles y recorrer esto más de 30 años) no suelen transformarse. Acaso aprenden a serenarse cuando meditan pero el resto del día… el software sigue vivo.

La atención se sigue sin comprender. Se llame atención plena o atención de toda la vida. El ahora se ha edulcorado como un presente que uno puede elegir… cuando resulta que está siendo elegido por la memoria.

Falta claridad, muchísima. Sin claridad, aunque puedas estar invitado en el Emirates Palace de Abu Dhabi 42 días a todo lujo… no sabrías qué hay que hacer para volver. Y para volver habría que haber ganado mucho dinero para pagarlo jeje.

No tienes tiempo… pero tienes el mismo que Bill Gates.
Tienes información e incluso conocimiento pero el software sigue vivo y hace de las suyas.

¿Dónde consigues claridad? ¿Cómo?

¿Dónde llega una voluntad que acaba siendo presa una y otra vez de la memoria? ¿Hasta la próxima charla TED motivadora? ¿Hasta el siguiente guru que te hable de lo importante de la actitud, como si ésta no tuviera nada que ver con la atención que uno construye?

En realidad uno siempre tiene para uno mismo, porque uno mismo vive en su mente-cerebro las 24 horas del día.

Ausente o automatizado por la memoria eres todo el rato. Cuando uno tiene tiempo para otros y no «prioriza» para sí, sigue ciego a una barrera ficticia entre otros y el sí mismo.

Si no se conoce la atención no hay claridad alguna.

Con claridad esta nube del no tengo tiempo se disipa. Uno siempre es y dedicar tiempo a los demás o a uno mismo es exactamente lo mismo. Ausentarse o agobiarse, ocupar o aligerar agenda… todo son caras externas de una mente que recorre el tiempo. De hecho quien domina la atención no ve una montaña de deberes y tareas que cumplir. Tan solo capta una: la que está haciendo en este instante. Es lo que yo llamo vacaciones diarias: encuentras centenares de momentos en el día a día para descansar, soltarse o abrirse y otros para hacer y enfocarse. Pero se viven como una eternidad en un solo instante. Difícil de explicar, y hasta de creer, si no se vive. 

Pero no es una opinión, ni hablar por hablar de lo consciente o de «elegir estar presente». Es una metodología precisa y  toda una ciencia.

Una ciencia para multiplicar, con claridad, el bienestar, felicidad y sabiduría.

La bondad es una fuerza… pero la rechazas

La bondad es una fuerza pero quizá nos suena a nueva era y super flower power. Normal… Pero resulta que los flower power hacen imaginación cuántica, no bondad.

Parece que nos gustaría llorar de vez en cuando por frustración, tensión o impotencia, pero lo intentamos y no sale. Suele ocurrir.

Ya no compartimos emociones ni desgracias ni desesperaciones:  nos lo comemos sol@s. Quizá porque tememos dar lástima, vernos débiles o peor aún, creer que nadie podría ayudarnos, solo uno mismo, aunque luego no sepamos ayudarnos. Y el círculo continúa girando. ¿Samsara?

Si vemos bondad nos asustamos o nos parece light y ridículo. Creemos que el bondadoso va a ser saqueado y le van a robar. O le llamamos comunitario e iluso :).

Nos gustaría escribir una nota de agradecimiento sincero a aquellos que nos demuestran cada día afecto, a aquellos que siempre están ahí cuando se les pide algo, pero aparece un freno. Nos daría vergüenza sentirnos sinceros, abiertos o sencillos. Queda en la imaginación y no actuamos.

Estaría bien cerrar cada día dando gracias por tanto, pero eso sería actuar de apostólico romano o alternativo hortera y no nos lo permitimos. Es mejor creer las noticias de tu color y un mundo de buenos (los tuyos) y malos (los otros).

Competimos quizá demasiado y creemos que el que da no recibe, y por eso ya solo damos si recibimos y lo llamamos inteligencia en vez de escasez. No vemos que el que da selecciona y dirige, porque conoce al otro más allá de lo que espera.

Tememos que satisfacer las necesidades de algunos pocos, quiten a los nuestros de lo que tienen, porque todo son para uno juegos de suma cero. Qué pobreza madre mía y no lo vemos.

Los diferentes son sencillamente presuntos culpables. Si ponen el metro en nuestro flamante barrio seguro que se llena de yonkis y maleantes, maleantes a los que todavía no hemos tenido el placer o desgracia de conocer…, pero sí de juzgar. Si uno triunfa en nuestro humilde barrio seguro que fue por ser ladrón, nunca por mérito. Si uno asciende le limitamos. Nos encantaría felicitar al que se lo merece… pero no sale y se mira a otro lado. Si uno enferma creemos que es porque no fue positivo, que no bondadoso. Vemos codicia y manipulación allá donde miramos quizá porqué se basa en nuestros sesgos o en tanta pasión por telediarios sesgados. O bien sentimos enormes peligros futuros en algunos que pueden llegar y ni siquiera son personas, sino encarnaciones del mal puro, o sea, estereotipos.

Queremos querer pero parece que ya se ha olvidado. Los amigos se disipan y no les tocamos. Los que nos tocan con su autenticidad no queremos que nos enternezcan no sea que se vuelvan íntimos y nosotros a estas alturas no estamos para aventuras. Querer a estas edades se vuelve peligroso.

Confundimos bondad con romanticismo de Netflix, y así no lo vemos. Creemos que es perder el trasero por el otro, y no captamos que es saber cuidarse primero a uno mismo, en vez de machacarse, insultarse, hacerse daño o tomar las peores decisiones sobre nosotros. En la línea romanticona algunos 
lo confunden con dádiva, que suele estar bien visto. Quizá no necesites cobrar porque tengas otro sueldo… Sin embargo si cobraras serías igual de bondadoso. No va por ahí porque no es ayuda desinteresada ni dar por dar. De hecho empieza en uno mismo. Tampoco es igualación, porque no somos iguales, faltaría más. Es un estado de conciencia y está más allá de dar-recibir. Pero sí está en dar-se y en dar-ser porque solo se vive una vez y además se vive ahora.

De modo que de cápsula en cápsula aislada, la vida se va encogiendo y tornando difícil. La verdad que muy difícil. Esta y no la otra es la verdadera vejez.
Nos sentamos a meditar y no sentimos mucho jeje, o no sabemos enfocar la mente, o simplemente ser y estar. Pasan las 8 semanas mágicas y el Mindful state no cala como nos gustaría pero no nos importa porque al fin y al cabo hemos añadido una chapita en la solapa como las que aún necesitan lucir algunas profesiones. Al guru la verdad tampoco le importa que no llegues al centro verdadero: se trata de calmar el yo, no de sabiduría real.

​​Así que incluso «meditando» no sabemos encender por ti mismo eso que se nos da de niños. No solo eso, seguimos pensando que es ridículo, o que otros no lo tienen, o que son débiles si desarrollan esa capacidad. O peor aún creemos que eso del presente es simplemente una elección en vez de una práctica fina con miles de curvas. O no sé, igual hasta creemos que son 8 semanas y ya. No sería raro, lo hemos visto en alguna charla que confirmó nuestros sesgos.

A veces hasta triunfamos, por astucia, inteligencia, voluntad, suerte o incluso amiguismo oye. Pero si no somos queridos, si no tocamos vidas y si no sabemos ponernos en la piel y zapatos del otro nada sirve. Eso sería debilidad nos han contado.

Nuestros ídolos no son bondadosos. Critican e insultan, interrumpen y gritan, y además profesan «zascas», extraño artilugio para los que mediocres. Son pobres de espíritu pero son a ellos a los que dedicamos atención y amigo a lo que uno atiende es de lo que el cerebro se llena. Nuestra insensibilidad bañada en conocimiento es tal que no nos damos cuenta de que seguir ahí, atendiendo lo mediocre, atrofia neuronas. Poco importa decimos, la vida es… ¿otra cosa?

Las buenas personas deberían pagar menos a Hacienda, pero esto no lo vemos. Creemos que el mundo está muy mal, cada vez peor, pero el que está peor es aquel que es incapaz de ver y recabar todo lo que el mundo avanza… sobre todo en una bondad que cada vez lucha más por no excluir ni diferenciar.

Y así de cierre en cierre, de insensibilidad en insensibilidad, se van creando corazas. Que el corazón no cante por favor, eso está prohibido. Si canta que sea rosa pinkie cósmico, playback o DJ, para que se vea ridículo y desenraizado.

Da igual que venga de la prestigiosa Stanford que nos queda muy lejos o muy técnica y a nosotros nos gusta Jar-bar.

Da igual que venga de los sabios budistas, que si llevan túnica y se rapan, esos no saben vivir.

Da igual que leamos que el cerebro se construye y madura desde la bondad.

Da igual si nos dicen que hay formas de entrenarlo. Creemos que basta con saberlo, o acaso con negarlo.

Si lo anterior de alguna manera te refleja, ya creaste la red de la coraza: ésta piensa por ti.

Entonces la felicidad sigue siendo un asunto individual con tiempo y dinero con los tuyos en un futuro mágico. O momentitos puntuales en donde por lo que sea, las circunstancias encajan y hay placer sensorial. Sí, sí, esos minutitos mágicos de x, y, z que suceden en la siesta del sábado o la precomida del domingo.

​​De lapso en lapso futuro se va saltando porque tú ya sabes lo que es. No hay nada que aprender de las investigaciones modernas, de las líneas que se abren, de los ejercicios que se crean, de las posibilidades de modelar la mente humana que antes no estaban disponibles. 

Pero un día, tarde o temprano, se despierta. Nadie escapa a su memoria y a lo que cultiva. No solo el cuerpo da señales y avisos, la mente grita pero no lo vemos.

Un día lo pinkie flower se desvanece, porque la vida tiene giros y giros que se resisten a nuestras visualizaciones cósmicas.

Pero también se rompe la coraza… y uno se lamenta no haber tocado, mirado a los ojos, abrazado, dicho y entregado afecto sincero, ayuda genuina y vínculo más allá del círculo familiar genético.

Ese día la tierra no es un asunto hippie ni de ecologistas, la bondad no es un mantra de cuatro budistas ni de neurocientíficos progresistas de Stanford.

Ese día, la bondad es todo aquello que has perdido, bien por duro o bien por bobo.

La bondad es una fuerza y ambos extremos la rechazan. Unos por necios con escudo y otros por etéreos sin raíces.

Que toques muchas vidas, no solo placeres y entretenimientos.

Que nunca te lamentes de no conocer tan grande fuerza.
 

Emoción – razón: batalla absurda

Llega a ser ubicuo y un tanto aburrido.

Qué fácil es hablar de las emociones como si nada.
O criticar la razón por obsoleta.
O decir que unas están en el corazón y otras en la cabeza (falso).
O que debes dejarte sentir y perseguir tus sueños porque las emociones te guían.
O al rato decir que las emociones nublan la razón.
O decir que las emociones venden.
O la guinda del pastel: defender que hay un cerebro emocional y uno racional jejeje.

Y así, de contradicción en contradicción, polinizamos pensamientos que el viento se encarga de expandir.

Si vas por ahí… tú mismo. Darás vueltas y vueltas sobre modelos tan inestables que por mucho que te «emocionen» a ratos… tienen alcance muy limitado.

No hay nada más práctico que una buena teoría. Es evidente. Porque los resultados prácticos no surgen del vacío sino de los postulados adecuados.

Así que… olvida la eterna pelea entre emoción y razón.

Si vives en esa batalla de:

  • querer hacer unas cosas y luego hacer otras, incluso contrarias,
  • pensar una idea y luego la opuesta,
  • «emocionarte» con tensión en lo que no quieres,
  • no «emocionarte» como te gustaría con lo que merece la pena,
  • sentir vergüenza y «razonar» limitadamente a partir de ella,
  • «razonar» sin sentir emoción alguna,
  • intentar controlar emociones sin éxito tras haber «meditado»,
  • rumiar y rumiar temas y no salir de bucles,
  • seguir soñando y soñando y soñando y defendiendo sueños y sueños de futuro en un ahora bastante pobre,
  • querer que los demás tengan que ser de otra forma mientras tú te mantienes en cómo eres,
  • tratar de cambiar a otros tanto como a ti mismo para cosechar resultados nimios,
  • ir de llanero solitario con un collage personal pero muy poco productivo en realidad.


Muy probablemente en todos estos casos «tu modelo mental» está muy centrado en emoción – razón, la eterna batalla. Llevas más películas que la guerra de las galaxias y todavía «la fuerza no está contigo». Es normal: se gasta en una lucha que no existe.

El cerebro NO funciona así.

Así que aunque nuestras voces parezcan pelear entre deseos y acciones, los otros y yo, fuera y dentro, razón y emoción… nada de eso es así.
¿Vas viendo que no hay nada más práctico que una buena teoría? ¿Vas viendo que solo desde ésta hay métodos eficaces?

Si buscas conocerte a ti y encontrar una fuente de bienestar genuina, si buscas conocer a los demás para así no cambiarlos y relacionarte mejor,
olvida la batalla platónica del jinete que trata de sostener a los caballos.

La pista:

Cuando un niño salvaje, que ha sobrevivido milagrosamente en el bosque sin educación, ni padres, ni colegio… su cerebro, mente y conducta están seriamente alterados.
Tanto es así, que no es sencillo determinar para los investigadores si es un humano.

¿Porqué?

¿Porque tiene o no tiene emociones?
¿Porque puede o no puede razonar?
¿Porque hay conflicto entre emoción y razón?

NO.

Se duda de su humanidad porque no podemos asegurar que su cerebro social haya madurado.
No hay nada separado en el cerebro ni en la mente humana. Emoción y razón sirven unidas a un fin mayor que es la hipersocialidad.
Eso o seguir leyendo libros y series con The Mandalorian en galaxias muy lejanas con héroes… de película claro.