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2021. Cómo fracasar (y VI). La voluntad

Cierro aquí la serie, que tampoco se trata de que fracases y caigas al más oscuro de los abismos :). Te evito los capítulos de amar el low cost, o de la vergüenza como medida central del comportamiento. Total este de la voluntad da para estropear todo un lustro.

Estaba en 1987 en el Bronx, sí, sí, en ese barrio peligroso para conseguir unas «tobilleras lastradas», tecnología 🙂 que no existía en España en aquel momento. Así que tobillera en pies, que no en mano, a mi vuelta a España me afané en el número mágico: 1000 saltos al día. El científico que llevo dentro lo tenía claro: el examen de gimnasia del cole contiene salto vertical así que aquí no hay placebo. En cada evaluación subiría centímetros y en breve el sueño de muchos jóvenes: ¡DUNK! 🏀🏀🏀.  

O sea un mate a canasta. La voluntad, ese preciado Grial que todo el mundo presenta como el gran secreto, se encargaría. Si hay que saltar Jose iba a saltar. Ya tenía la herramienta: mis tobilleras del Bronx👊👊👊. 

Resultados tras 3 meses (o sea, 90 x 1000 = 90.000 saltos): 4 míseros centímetros de mejora. 

Vale ¡pues a saltar más mi capitán! en el siguiente trimestre: 3 centímetros de mejora. Y en el tercero: 2 centímetros.

270.000 saltos y una lesión lumbar L5-S1 que obligó a parar para 9 centímetros de mejora. El mate estaba lejos y con esa progresión decreciente no se daría. No está mal pensará alguno: lo importante es el esfuerzo. Persevera hasta 17 millones de saltos me dirían líderes de las agallas y la meritocracia. Si miro a ese jovencito con los ojos de ahora veo la ilusión, la inocencia, la voluntad… pero me falta un gran ingrediente en la ecuación. Todavía hoy escucho en cualquier medio que si tú quieres puedes. 

La voluntad daría para un par de libros y conviene destriparla bien quien quiera progresar, disfrutar y emprender una actividad. 

Su concepción habitual divide a la sociedad y los individuos en dos:
a. los que se esfuerzan más y por tanto obtienen (nunca dicen lo que pierden en el camino ni los cadáveres que deja).
b. los que no se esfuerzan tanto y por tanto no obtienen.

De esta atrocidad cerebral estos lodos. Me asusta tanto que incluyo en todo lo que enseño herramientas de acompañamiento que no se basen en esta mono-visión.

Si quieres fracasar en 2021, dale duro, más que el vecino. Si el camino del héroe era el solitario, el de la voluntad es el del mártir. La igualación por el esfuerzo. 

Estamos tan acostumbrados a que si llueve es porque los hombres se han portado bien con sus esfuerzos y si hay sequía es porque han insultado a esferas superiores que olvidamos algo muy importante: ¡también llueve en sitios donde no hay gente viviendo!

A través de la voluntad como centro de todas las cosas llega la tiranía, la división en dos de los buenos y los malos, los perfectos cumplidores de la mascarilla FPPPP^32 y los que por falta de voluntad faltaría más, alguna vez se les ha bajado de la nariz sin darse cuenta y el virus estaba ahí para castigarles por ese microdespiste. Y a estos hay que ahora mirarles con desdén. Mmm ¡suena a gatos negros, judíos y la peste bubónica en la Edad Media!

Me parto de risa cuando veo mensajes de voluntad o personas que creen que con voluntad conseguirán todo. O mitos del deporte, los negocios o el éxito, convencidos de que fue por su voluntad.

Es evidente que sin ella tampoco, pero eso no la convierte en el ingrediente único. Sin entrenar no eres Jordan, pero entrenando igual o más (en contra de lo que piensan algunos) tampoco lo eres. Recuerda que Jordan fumaba puros ¿eh?

Lo curioso de los mensajes sobre la voluntad es cuando se oferta como una decisión libre. Entiendo que el derecho se basa en determinados supuestos (que la neurociencia ya está influenciando) pero de ahí a creer fuera del derecho que es un músculo que puedo comprar fácilmente o que es el único factor va un mundo.

Ya sabes que estoy aquí estos días para hablar de fracasos :). Y a estas alturas como puedes ver son los mismos mensajes que otros fundamentan para el éxito… ¿Da que pensar no? Pues eso quiero.

Piensa si convendría de vez en cuando ver qué es la voluntad en el cerebro. 
​¿Se puede comprar? 
​¿Esa autodisciplina que unos pueden tener para saltar a la comba la tienen igual para resistir unas patatas fritas? 
​¿Es entrenable por igual para todos? ¿Es mejorable hasta transformarte en un robot perfecto? ¿Quien pone el límite?
​¿Se cansa la voluntad a lo largo del día o en determinadas circunstancias sociales o emocionales cae? 
​¿Proporciona el cerebro voluntad siempre o es inteligente que a veces ofrezca lo contrario? 
​¿Es tan entrenable a voluntad o hay diferencias individuales de base muy marcadas?

Y quizá lo más importante (y de esto no te van a hablar muchos).

¿Qué hacemos con esos que «no tienen voluntad»?

¿Llamamos a Maradona drogata? ¿A Hendrix yonki? ¿A Springsteen depresivo cursi a sus 70 años? ¿Al 30% de artistas y creadores que tienen patologías mentales les llamamos frikis? ¿A los millones de personas que no consiguen cambiar su estado de ánimo fácilmente les llamamos pusilánimes? ¿A tu hijo que no brillará en matemáticas le insultamos? ¿A los que no se atrevieron a montar una startup tras un ERE /ERTE les decimos que son cobardes? ¿Les decimos que es cuestión de «actitud» mirándoles a los ojos si pillan el virus, el cáncer o el ERTE? ¿Les ofrecemos una sesión cuántica de mejora personal express? 

Tú verás. Yo me niego a esa vía con olor eugenésico.
Si quieres fracasar desde luego sentarse y esperar, sin voluntad alguna ni motivación, te lleva al hoyo.
Pero cuidado, que si compras el cuento del mártir que se esfuerza, limita y entrega a la causa ciega, igual llegas al mismo abismo.
Dale vueltas.​​

2021. Cómo fracasar (V).  Confiar en el Estado, el futuro y los santos

No hay nada como dejar de hacer lo que hay que hacer esperando a que algo o alguien lo haga por ti😳.

El Tao anima precisamente a eso, pero se malentiende, no es el sueño de los perezosos tranquil@. Para unos es un asunto hippie, para otros una bobada oriental. El caso es que no nos anima a intentar dormir haciendo un esfuerzo, sino soltando, que es lo que funciona. No nos insta a perseguir una meta sino a dejar que a lo largo del camino aparezcan quizá alternativas y aprendizajes que es lo práctico. Esto suena a sabiduría de la buena ¡vaya!

Siempre sigo la máxima de NO dejar para mañana lo que puedes dejar hoy

De esto modo la vida se va simplificando y te vuelves un buen taoísta, que no es precisamente ir de oriental sino ser capaz de adaptarse y aprender, o sea, inteligencia en su acepción más técnica.

Una vez que eres buen taoísta las cosas funcionan relativamente bien. Y cuando digo esto no es que no ocurran desgracias, o que te lluevan miles de dólares por segundo sino que pase lo que pase, incluso en los días grises, tienes fuerza, cierta serenidad y buena dignidad. No me digas que eso no es un auténtico poder👊👊👊.

Pero para el fracaso en 2021 el Tao genuino debe ser olvidado. Nada como confiar en el Estado, el futuro o los santos.

Todavía hay quienes creen que cambiando el traje a la mona, algo cambia. Su confianza ciega y tribal en papá Estado, cada uno con el color político de sus sueños, haría resucitar a Freud y un narcisismo primario aún no superado… con el papá. 

Quizá hemos externalizado tanto todo, que uno cree que si le dirigen bonobos pero no mandriles la vida será de color de rosa. Ojalá buenos Sapiens hagan recuperar al resto la confianza en las instituciones. Ojalá recuperemos el bien común, ese que está más allá del éxito de unos y el fracaso de otros, pero mientras… ¿qué vas a hacer? ¿Esperar? ¿Pedir que todo sea gratuito y apelar a la bondad «natural» de los más avaros? ¿Confundir al que se esfuerza con «suertudo»? ¿Creer que con esforzarse ya vas a conseguir? Es mejor confiar ya en las personas y no en los colores, ponerse en marcha en vez de soñar que el Estado te de algo que crees que mereces. Al fin y al cabo las bondades del mundo las crean sus gentes: a por ello.

El futuro es otro gran engaño. Creo que sé algo de eso. Llevo desde los 16 sin fallar al entrenamiento del aquí y ahora y ni aburre ni cansa ni me vale con 21 días: es como hacer deporte, si lo abandonas tú verás lo que corres en 2 años. Pero claro esto del aquí y ahora no es músculo, ni ropa, ni casa, ni coche, de modo que los beneficios de ese entreno no son visibles desde fuera. De hecho la atención expandida pasa desapercibida a los despistados. Vamos, que no esperes que te adulen por ello… Pero fíjate que cuando uno se libra del futuro, acaso entiende mejor su pasado (o lo resuelve por fin) y la vida es algo que sucede lentamente. Sí, dije lentamente. No hay necesidad de futuro y por fin te reencarnas: vuelves (re) a la carne (el cuerpo). ​​

Si crees que 2021 va a ser mejor es probable que aciertes algo, teniendo en cuenta que 2020 fue regular o puede que muy malo. Pero es como decir que si hoy tengo 39 de fiebre, mañana si confío en el futuro, tenga 38. Se llama regresión a la media y no tiene mucho mérito.

Pero si mejora 2021, quizá 2022 será peor de nuevo. No lo sabemos. 
Podemos perder el tiempo horas en debatirlo :), sobre si hay que tener mucha o pocas esperanza, sobre si no pasa nada por soñar y tal y tal. Claro que sí, no tiene importancia. 

Lo que tiene importancia, y mucha, es que si esperas el futuro para que las cosas vayan bien o se ordenen, o se calmen, o aparezca «X», o tus hijos acaben sus estudios, o que Pepe por fin no ronque y Ana no grite tanto, lo llevas crudo.

¿O crees que en el futuro será tu momento?

De lo que se trataría es de «ser buen taoísta» y eso implica:
hacer lo mínimo, 
hacerlo bien, 
hacerlo ahora, 
hacerlo tranquilo,

hacerlo cada día
y hacerlo atento. 

O sea, entrenar tu cerebro en direcciones precisas y para eso hay que conseguir no-haceres en esa letra que ponemos a la música.
(nota: más de 21 días jeje). 

Y nos quedan los «santos».

No hablo de la devoción auténtica a una vía dentro de un grupo social al que perteneces y que sirve, entre otras cosas, para dar sentido o infundir valores (mis respetos, aunque éstos se originan mucho antes en grupos humanos por selección natural faltaría más).

Hablo de que he tenido suficientes desgracias y suertes en esta vida como para creer que todo depende de mí, o al revés, que todo depende de fuera, me da igual cómo lo denominemos. Como «buen taoísta» respeto el caos, o la incertidumbre y cuando ésta me vuelve neurótico, sé que tengo que practicar más y amarla en toda su dimensión. Si el nerviosismo te toca, la pastilla lo atonta, pero no lo libera. Y la pastilla puede ser la creencia misma. ¡¡ Practica!!

Pero ¿practicar qué?

  • Evidentemente no pedir, ni esperar, sino hacer y crear.
  • Abrazar eso que parece te va a desestabilizar y romper.
  • Tejer redes de sabiduría, conciencia y agradecimiento.
  • Simplificar dejando hoy mismo lo que pensabas dejar mañana.
  • Aprender más allá de los muros de «tu algoritmo».
  • Aceptando los tiempos, sí, sí, 2020, y cultivando recursos en medio de esta tormenta.
  • Evitando que por no entrar al infierno del caos (la vida y punto) acabes en el infierno del orden (el hiper control).

Si quieres fracasar en 2021 olvida los puntos anteriores. Borra este mail inmediatamente y no lo compartas en tus redes.
Lo mejor para fracasar es esperar a Papá Estado, no visitar al psicoanalista por ello y esperar un futuro santo santo a tu medida.
Otros le daremos al Tao ahora.

Elige.

2021. Cómo fracasar (IV). ¡Resultados rápidos y garantizados!

Antiguamente, a comienzos de año, me solían animar a pensar sobre quién era, sentir el trabajo realizado ese año, integrar partes inconexas de mí mismo y agradecer esa toma de conciencia.
Uno empezaba sereno el año y ciertamente fuerte👊👊👊.

Ahora se lleva gritar al universo, resonar cuánticamente y escribir en un papel «me declaro libre, me declaro merecedor, me declaro dispuesto a recibir (pasta y pareja fundamentalmente)😳«. 

​​O hacer un ritual en Adviento (que significa reflexión y anima a la espera, el perdón o la alegría) para obtener abundancia, o sea, que nos sentimos tan escasos que necesitamos ir de pedigüeños con el cosmos para empacharnos… 
​ 
El cerebro no entiende un «decreto» ni un «ritual» de quien se siente escaso y falto sino acciones metódicas, constantes, continuas, retadoras y con complejidad lentamente creciente. 

Las culturas y tradiciones NUNCA juntaron cuatro velas, unas plantas y objetos de artesanía para PEDIR, pedir y pedir sino para agradecer, mantenerse en la humildad de quienes son​​ y seguir fuertes un año más. Jamás he visto eso en monjes Shinto, lamas, indígenas Lakota, Huicholes o Shuar. Nunca les vi ir de mendigos pidiendo abundancia.

U​​y, uy, uy​​​​, me estoy pasando: dijimos que esto va de fracasar así que vuelvo.

En efecto, si quieres fracasar, conscientemente ya sabes, es bueno que tires de resultados rápidos y garantizados.

Antes uno meditaba años para obtener el beneplácito del profesor para la enseñanza. Ahora tú mismo, ahora mismito, puedes grabarte una nueva meditación y subirla a Facebook. Aunque no tengas tiempo, aunque el algoritmo eres tú, ​​​​​​decides el camino del héroe y a lanzarse a inventarse una meditación personal eso sí, sobre lo que hoy toque: emociones, abundancia, universo, «miedos»…

Los Shinto se bañan en cascadas heladas, bien lo sé :). Y ese entrenamiento lleva sus añitos y te va dando salud, fuerza y vitalidad y una extraña atención al presente porque estás más «vivo»​​. Pero para qué hacer eso si puedes bañarte en agosto en la Sierra y creer que ya has logrado algo, cuando se trataba de despertar el Tummo (calor interno). 

​​- ¿Quieres no hablar inglés nunca?​​​​​ Dale a los 3 meses.
– ¿Quieres no tocar la guitarra nunca? Opta por un curso de 4 semanas.
– ¿Quieres cambiar hábitos? Opta por el mito tonto (y falso) de los 21 días.

Es posible que ese curso de 4 semanas no sea malo o el de los 3 meses: no me malinterpretes. Pueden ser magníficos y por algo hay que empezar.

Pero son acaso una introducción. Un primer PASO. De ahí a la maestría, a la implementación real ​​​queda mucho… 

– «Es que yo no quiero estar toda la vida aprendiendo x…».
– «Es que me hago este curso y así no hago una carrera a mis años».
– «Es que me leo un libro y ya yo lo hago»​​​.

Y así puedes elegir los ejemplos que te plazcan. ¡Para qué trabajarnos si hay caminos cortos!

Como vía de fracaso están genial. Un Yo aislado, que crea cosas y que las quiere para ayer. Es muy atractivo… tan atractivo que a pesar del fracaso no deja de serlo.
Me gustan las cosas prácticas y trato de ahorrar rodeos innecesarios, pero no caigo en los fantasmas de la prisa. 
​​
Ali, Jordan, Messi en sus parcelas, Barenboim o Yo-yo ma​​​ en la suya, no digamos cualquier científico, están más de 4 y 8 semanas aprendiendo. 
Pero estos no saben, ni son prácticos, son demasiado meticulosos ¿eso es? 
Claro, claro es que tú no quieres ser Ali ni Jordan ¿verdad?​​​​
Ni quieres tocar el piano como Barenboim ni la guitarra como Hendrix.
Ni hace falta ser Richard Feynman para la física cotidiana.​

​Entonces te vienen al pelo los 21 días, notar que estás mejor en 4 semanas y NO seguir.
El 21 de enero de 2021 ya habrás fracasado. Es un mito pero tan ​​atractivo que igual te sirve.
Recuerda: ni se te ocurra ser como Michael Jordan y el 22 de enero por favor, para, no sigas, huye de quien te anime a continuar, porque tú no eres ni quieres ser MJ.

¡Feliz fracaso rápido garantizado!​​