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¿Qué seríamos sin EMOCIONES?

Me dicen dos amigas, casi como un suspiro al aire y en un anhelo de magnificarlas: ¿Qué seríamos sin emociones?

Por mucho que se insista en que las emociones son todo, es precisamente darle a las emociones capacidades que no tienen lo que complica el entendimiento.

Estamos ante una moda emocional

De hecho, observa bien, porque esta “moda emocional 100%”  suele esconder un ataque contra la razón. Cuidado porque ahora para insultarte y criticarte te pueden llamar “Pedazo de racional, no tienes vergüenza”, o “eres un p… estratega”, o “no aguanto a gente sobria y ecuánime como tú, dan asco”.  

Otras veces el ataque es al pensamiento mismo o a la propia intelectualidad. ¿Será que la ignorancia abre caminos?

Más allá de estos “halagos” sabemos que la impulsividad, la improvisación, el no juicio, el no control, o las decisiones apresuradas sean precisamente sinónimos de bienestar y sabiduría. Las grandes pasiones sin control nos llevan al desastre, al igual que las ideas sin el calor emocional. 

¿Pero porqué separan emoción de razón?

Defender las emociones en contra de la razón o la razón en contra de las emociones es como pretender que haya primaveras sin otoños e inviernos sin veranos.

Cerebralmente no tiene ningún sentido. No existen áreas puramente emocionales (lo siento por tu amígdala), ni puramente racionales (dorsolateral prefrontal). El cerebro no es estanco ni opera “instintiva, emocional o racionalmente” (por simple que resulte el triuno es más religión que ciencia) sino como un conjunto hiperconectando todo con todo. De hecho conocemos bien por numerosos experimentos que lesiones frontales provocan desórdenes emocionales o que sin emociones no sabemos tomar decisiones, sugiriendo la no – separación de ambas.

Históricamente las emociones fueron pasiones, defectos humanos que se interponían en las facultades superiores (divinas en aquellos tiempos claro). Por más que se intentó, cuando nos enseñaron, insistieron o castigaron a reprimir las emociones, resultó tan burdo como intentar curar la homosexualidad: no puedes curar la vida por estar viva ni curar a una célula de ser redonda.

Al desarrollarse la neurociencia afectiva, que estudia cómo el cerebro procesa, genera y participa en las emociones hemos visto que son un ingrediente crucial de nuestra vida psíquica. De hecho las investigaciones de los últimos 30 años muestran un creciente estado del arte donde entendemos mejor que nunca el papel de las emociones en nuestro cerebro y vida social.

Pero por efecto péndulo hemos pasamos a decir que las emociones son todo. Lo hacemos mal entendiendo a Kahneman, Thaler y Ariely… dado que ni el subconsciente es un lagarto, ni un bicho que va a su bola, ni se puede engañar a alguien varias veces con juegos de publicidad de trileros, ni la razón por limitaciones que tenga es estúpida, ni mucho menos se puede “hipnotizar” a la gente en contra de su voluntad ni hay que lanzarse a la piscina para eliminar «miedos».

Sin emociones no somos nada, como no los somos sin razonamiento, sin los 5 sentidos, sin memoria, sin atención o sin consciencia.

Necesitamos una visión global de mente – cerebro

Las emociones son un ingrediente esencial pero contienen como es lógico, motores para la destrucción o construcción de personas, países y sociedades.

  • No funcionan mejor negando la importancia de la razón.
  • No toman decisiones por sí mismas sino que influyen en nuestra toma de decisiones.
  • No son buenas o malas sino respuestas que motivan nuestra conducta y favorecen la comunicación.
  • No son elementos a reprimir ni proclamas a expresar libremente.
  • No son las que te hacen comprar en el supermercado o las rebajas :).

Las emociones son por tanto un ingrediente de la MENTE humana a comprender y regular en uno mismo a través de las herramientas adecuadas.

Herramientas basadas en milenios de experimentación y en rigor científico: meditación + neurociencia de vanguardia.

 

La pobreza emocional: alegría, tristeza, ira, asco y miedo

Por mucho que lo intentemos no salimos de la pobreza emocional si nuestro principal repertorio de emociones consta solo de cuatro o cinco ingredientes: alegría, tristeza, ira, miedo y asco (las llamadas emociones básicas).

Vamos al grano: nos quedamos muy cortos si ese es nuestro único repertorio, tanto si es para regular tus propias emociones, como si es para interpretar o leer las de los demás.

¿Y si intento regular esas cinco básicas?

Si intentas regular desde esa esfera, podrás relajarte, hacer Mindfulness “alopático”, para el síntoma (que es el stress), pero al carecer de visión sobre tu propio proceso, este (stress y sufrimiento) continúa como si tal cosa.

Si desde ahí quieres explicar la conducta humana y adivinar las intenciones de otro a través de “incoherencias entre su mensaje verbal y no verbal” no funciona: acabas creyendo que la conducta se debe a las emociones, olvidando muchos otros parámetros y acabas encontrando lo que querías buscar, lo que se llama sesgo de autoconfirmación, es decir, que te das la razón de lo que encuentras.

¿Porqué nos quedamos cortos con este enfoque?

Porque en tu día a día no sueles sentir ira “pura”, sino frustración, amargura, resentimiento, rencor, envidia o celos que son mucho más complejas que una simple furia producto de una respuesta de supervivencia (ante el famoso león) y que hace que frunzas el ceño, tenses la cara y actives el simpático. Es más rico y complejo.

A lo largo del día tampoco sientes a menudo alegría simple. Me dirás: ¡Cómo que no! ¡Si me acabo de comprar un vestido, un bolso, un nuevo portátil o un nuevo coche! Pues no… porque sientes una mezcla de satisfacción, orgullo, identidad, sentido de pertenencia, incluso narcisismo o prepotencia y hasta vergüenza según en qué contextos.

¿Y si es interna que nada tiene que ver con adquirir algo?

Pues en ese caso será más gozo, ecuanimidad, sobriedad, éxtasis, paz, expansión, bondad, calma y bienestar… pero no alegría pura.

¿Y tristeza?

Rara vez. Aparece melancolía, pena, pesadumbre, decepción, sensación de traición, depresión, culpa, arrepentimiento. Vamos que por alguien diga en la tele “lo siento mucho” y veas que arquea las cejas hacia arriba, no significa en absoluto que se arrepienta de sus actos y sea consciente del daño producido.

¿Y qué hay de los miedos?

Sentimos alguno claro que sí, pero muchos de ellos son más bien vergüenza, otros son pura inteligencia, prevención y sensatez, otros congelación, terror, pánico, sumisión o susto. Lo siento pero la fórmula mágica: «no tengas miedos» no tiene ni pies ni cabeza.

¿Entonces cómo abordarlo?

Por importancia que demos a las emociones, que la tienen, no significa que podamos atribuir a ellas la génesis y el resultado de nuestras conductas.

Necesitamos comprender no solo emociones, sino también sentimientos, razones, contexto social, memoria, valores, personalidad e identidad.

¿Un ejemplo para captar esta magnitud?

Veamos tres:

  1. Un jugador no solo chuta para meter GOL, también corre, pasa, regatea, se desmarca y defiende. Además no juega solo :).
  2. Un meditador no observa o regula sus emociones sino su MENTE. ¡Entera!
  3. Un cerebro humano no solo se emociona ante 4-5 estímulos básicos innatos. Su conducta implica motivación, razón, sentimiento y necesidad, no solo emoción.

En definitiva enfatizar o exaltar exageradamente un ingrediente de la mente y cerebro sobre el resto, convierte la riqueza emocional humana en pobreza emocional.

¿Qué podemos hacer?

Estudiar la mente en primera  y tercera persona en su conjunto sin separar emoción de razón, estímulos externos de internos, sentimientos de creencias, valores de motivación, identidad de contexto, y sociedad de individuo.

En definitiva meditación de verdad, la profunda, y modelos de neurociencia de vanguardia.


Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

Si sigues creyendo que hay EMOCIONES «buenas» y EMOCIONES «malas»…

Si sigues creyendo que hay EMOCIONES «buenas» y EMOCIONES «malas» quizá te convenga leer esto.

1. Es normal evitar lo desagradable

Parece lógico querer evitar las circunstancias desagradables: ¡que no existan, que no aparezcan, que no ocurran en nuestra vida! Al cerebro no le gusta el dolor así que con toda lógica tenderá a huir de ello.

El problema es cuando la negación trae más problemas de los que soluciona. Así le ocurre al cobarde que prefiere el silencio a explicar qué le molestó de otro, al que  mediante autoengaño cree que eso no existió o quien  vive en la racionalización freudiana justificando sus impulsos a posteriori en vez de poner a prueba su idoneidad.

Qué decir de la actitud espiritualoide que presa de la positividad y «vibración» cree mitigar las sombras que nos acechan porque sí, porque yo lo digo con “pensamientos”.

2. Y buscar lo agradable

Si un lado es rechazo y de ahí asco u odio, el otro es acercamiento y por tanto, posible apego. Queremos a toda cosa que existan emociones, sensaciones y circunstancias agradables. ¡Lógico!

Pero no nos damos cuenta que lo solemos hacer mirando fuera.

Tan así es que creemos que aquella pareja nos llenó de amor y no vemos que fuimos nosotros quienes con esa pareja nos permitimos sentir y desarrollar la ternura que llevamos dentro. Decimos que “aquel paisaje, aquella playa… ¿qué bonitas verdad?” sin tener muchas veces el menor atisbo de que fuiste tú, quien en ese momento te permitiste apreciar la belleza que estaba ahí fuera, pero que sólo conectando contigo y tu apreciación se enciende.

Hay una fábrica interna cerebral que es la que acepta o rechaza las experiencias, la que permite atender y amplificar lo que existe… no son las playas, las parejas o los dolores, no somos estímulo – respuesta. Tenemos capacidad de transformar aquello que entra por los sentidos. Lo agradable no solo está fuera, está en despertar lo que hay aquí dentro. 

3. Y aquí está la inteligencia

Aplicando entrenamiento atencional no caemos en bobadas tipo “no sientas miedo”, “no te sientas culpable”, “no sientas vergüenza”, “sé siempre positivo” o “no estés triste”.

No todos los miedos son irracionales, muchos son inteligencia en acción.

Sentirse culpable, implica en ocasiones, ser por fin responsable de los propios actos y empatizar con el otro.

Sentir vergüenza es en determinadas circunstancias un medio por el que al menos expresas respeto a la sociedad en la que vives.

Ser siempre positivo a toda costa es cultivar una visita al psiquiatra en cinco o diez años o quizá hundirse en alcohol y psicofármacos para evitarlo.

Estar triste puede ser una maravillosa experiencia de reconocer que la vida no es dulce para todos ni es eterna para los humanos.

Mediante la observación, sin rechazo ni apego, dejamos de ser estúpidos emocionales, como aquellos que se enfadan cada día al ver en la TV al político que no les gusta. ¡Y es que inyectarse cortisol en vena por alguien que no te cae bien no parece una actitud sabia!

Ni agradables ni desagradables, ante todo adaptativas.

Ni rechazo ni apego, sobre todo aceptación.

Ni “pensamiento positivo” ni “rumiación negativa”, simplemente aprendizaje.

Elegir apreciar la infinitud de lo pequeño, lo efímero de un suspiro, lo frágil y valioso de la vida.

Toca crear un espacio sobrio y solemne en el que Ver lo “agradable” y lo “desagradable”.

Solo ese espacio es por fin, sabiduría emocional.

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Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones