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Negociación, personalidad, influencia

Dime tu orgullo y te diré quien eres

By | Human Behavior, Negociación, personalidad, influencia | Comentarios

Siempre ha tenido mala prensa. En muchas religiones y sabidurías como el budismo o el  cristianismo se trata de evitar a toda costa: el orgullo se relaciona con la vanidad. No hay nada que extraer de ahí.

Sin embargo en la cultura del Yo se fomenta, pero en muchas ocasiones desde unos lugares que tienen poco que ver con la emoción social que es. No es extraño, dado que en el mundo emocional, la insistencia es en alegría, tristeza, miedo y cólera, las llamadas emociones básicas. Toca ir más allá…

¿Quién tiene razón? ¿Orgullo sí, orgullo no? ¿Porqué la evolución humana fue creando determinadas emociones sociales, entre ellas el orgullo? ¿Qué utilidad o peligros ofrece?

Descubriremos las respuestas al analizar los diferentes tipos de orgullo y para ello basta mirar qué nos enorgullece y así sabremos quienes somos.

1. Orgullo por ser.

Es muy habitual, quizá porque no requiere esfuerzo. Uno nace italiano, francés o español y se siente orgulloso de ser italiano, francés o español. Sabemos que las personas no eligen a sus papás ni tampoco su lugar de nacimiento o nacionalidad sino que más bien nos encontramos naciendo en Pekín, en Fairbanks, en Alejandría o en Tomelloso. Nuestro lugar de nacimiento, y por extensión nuestro pueblo, provincia o incluso país, forma parte de nuestra temprana infancia y con cariño y afecto solemos recordar nuestro origen.

Socialmente este orgullo es útil: ¡¡qué bella es la ciudad, provincia, nación, familia o género de cada ser humano!! ¡Qué decir!

Pero por lógico que sea, no implica ningún esfuerzo o mérito o elección libre, el ser italiano, francés o español. El concepto orgullo surge aquí con la identificación. Es útil darse cuenta que con el mismo fervor que uno defiende un orgullo vinculado a un territorio, defendería el contrario o incluso el odiado si hubiera nacido en Trento en vez de en Lyon, o en Munich en vez de en Tordesillas.

Este tipo de orgullo se vincula también con géneros, apellidos, familias, etnias o incluso edades. Uno puede estar muy orgulloso de ser hombre, pero lo cierto es que ha hecho poco para ello conscientemente: nació así y fue culpa de un cromosoma. Conviene resaltar que cuando en ocasiones se «grita» demasiado sobre este orgullo se consigue el efecto contrario: el otro también lo está  de su otro pueblo, provincia, género, familia o apellido.

Aunque sea habitual este sentimiento, no siempre es el más adecuado si se muestra «en oposición a» en vez de «en colaboración con». No se trata de anular nuestra identidad de origen, ni el sentimiento y cariño hacia lo nuestro, sino de ver si esa emoción, cuando surge, contiene la superioridad moral hacia el contrario, o incluso el desdén y rechazo al diferente.

Un segundo peligro acecha porque si alguien quiere manipular a otros nada mejor que favorecer la identificación con algo y a la vez la oposición a lo contrario. De este modo se consiguen individuos con pensamientos uniformes, reactivos y predecibles, algo que resulta muy barato para el funcionamiento cerebral. Los políticos lo saben… o los que asesoran a los políticos al menos. Va a ser que el brainwashing y el adoctrinamiento es ubicuo.

Si eso ocurre, estaremos muy orgullosos pero somos muy poco inteligentes. Cada vez que te sientes italiano despreciando al francés, y te «calientas» con ello, cada vez que por ser Martínez miras con ridículo a los García, llenas tu preciado cerebro de stresores y agentes bioquímicos que desde tu propia fábrica interna van minando poco a poco tus capacidades de gozo, calma, sabiduría y también salud.

Una paradoja del ridículo del orgullo al endogrupo y odio al exogrupo se ve fácilmente en el deporte: el antes odiado es amado cuando se integra en un grupo mayor. Ejemplo: los tiffosi de la Juventus odian al Milán, pero se aman cuando juegan todos con Italia. ¿Cómo se puede amar a quien odiabas ayer y volverle a odiar el año que viene?

Curiosidad. Este orgullo es toda una intriga porque los humanos lo extienden incluso a sus mascotas, coches, ropa, abalorios y demás enseres.

 

2. Orgullo vicario

Sucede por aprovechamiento de una situación social. Es la situación contraria al «mal de muchos, consuelo de tontos».Mi compañero obtiene un premio y yo me siento orgulloso de ser científico. Si un individuo de mi grupo obtiene éxito, yo me siento orgulloso.  Lo normal sería acaso sentirse alegre pero no orgulloso, dado que el mérito le corresponde al otro.  Pero tiene un sentido evolutivo claro: me impulsa a seguir en la misma dirección para alcanzar una meta similar.

La clave en el orgullo vicario por tanto recae en el cómo más que en el qué y en si la afinidad es real o abstracta.

Si no juego al tenis pero me alegra la victoria de uno de los «míos» no moviliza igual mi conducta que si soy tenista. Si siento orgullo porque mi primo tiene un precioso deportivo conseguido a través de la venta de droga, no moviliza mi conducta igual que si lo ha conseguido trabajando en la empresa familiar que compartimos.

El orgullo vicario por tanto puede ser un excelente movilizador social, si a aquel que admiramos ha obtenido legal, justa y meritoriamente su reconocimiento.

 

3. Orgullo beta – auténtico

Es el que evolutivamente tiene más fuerza. Un individuo por su esfuerzo, mérito o destreza, consigue mejorar su condición, status y valoración social ante los demás. Los demás reconocen su esfuerzo y obtiene no solo un premio directo sino una consideración especial del grupo. De este modo el resto de individuos también se motivan para destinar sus recursos y habilidades a la mejora de su posición, que la sociedad reconocerá. Los niños lo entienden bien: se ilusionan con llegar a ser alguien y van descubriendo cómo varios de sus ídolos, entrenaron o estudiaron durante años para llegar a ese nivel.

El orgullo basado en el mérito tiene un severo problema: no todas las sociedades lo favorecen. Cuanto más inculta, menos inteligente y menos empática es una sociedad, cuanto menos valora a quien realmente se lo merece y cuanto más  adora la apariencia y el linaje en vez de el conocimiento y esfuerzo peor irá. En esas sociedades el pillaje, el ultraje, el robo o la picaresca se permite, o incluso se bromea sobre ello, pero rara vez se castiga, creando un clima social que al despreciar el esfuerzo favorece la desconfianza y desvaloración personal y colectiva.

Basta observar ejemplos de «pseudomúsicos»  convertidos en super politólogos y economistas, «semiactores hijos de» en tertulianos de geoestrategia mundial u «oportunistas de la farándula» dedicados a dar consejos sobre la psique humana, para entender cómo el orgullo basado en el mérito no siempre es la seda que entreteje la salud de una sociedad moderna. De hecho hasta hace bien poco, el que no defraudaba a la Hacienda pública era «tonto» por contribuir al bienestar de todos y todavía hoy en día, no es público en la mayoría de países quienes y cuánto defraudan a la sociedad de la que se aprovechan. Largo camino para el Homo Sapiens aún…

La solución social que intente favorecer el orgullo beta real no viene por aplicar el lecho de Procustro y cortar a todos a la misma medida. Hacernos «iguales» anula la motivación al logro. Se trata pues de estimular las diferencias para que todos al final crezcan, pero desde el mérito no desde la herencia, el ultraje o el amiguismo.

Si se promociona el orgullo beta los individuos muestran conductas pro sociales orientadas al logro y al beneficio de todos. A nivel individual suben sus rasgos y marcadores de responsabilidad, satisfacción con la vida, amabilidad y salud mental. Estas personas se esfuerzan por alcanzar prestigio y se vuelven confiables, energéticas, empáticas, no dogmáticas y fuente de inspiración para los demás que quieren emular sus acciones y logros.

Podemos pensar que debemos evitar la comparación con el otro y es cierto, pero como mamíferos sociales que somos, la comparación se realiza sanamente a nivel de oportunidades, recursos y logros. De hecho los individuos que pueden elevar su jerarquía dentro del grupo muestran niveles de serotonina más elevados. Aquellos que pierden su prestigio, como en una pérdida de trabajo, los niveles de serotonina caen instantáneamente. Recibir un feedback negativo e injusto por parte de tu jefe o compañeros hace que tus niveles desciendan a niveles críticos.

Si te sientes deprimido, enfadado o agresivo, antes de abrazar el positivismo sin control piensa si estás en un ambiente social o laboral injusto. Cuidado con los ERE´s, los traslados, los cambios de departamento, el bloqueo al ascenso y la promoción después de años, la plaza a la que optabas y se llevo el primo del director… porque la serotonina se fue, con toda lógica después de millones de años de evolución, al garete. No te castigues más, lo que sientes es lo que se debe sentir. No pudiste sentir auténtico orgullo, ese que se enraiza en justicia y derechos sociales.

 

4. Orgullo alfa

Se diferencia del primero en que la identidad no se basa en algo externo sino en el sí mismo, en un claro «porque yo lo valgo». Es un orgullo muy cercano al narcisismo, peligrosamente mal fomentado como autoestima, y en el que uno piensa que merece porque sí, porque es especial.

Se relaciona con la desmesura. El individuo cree llegar a mucho más de lo que alcanza y se atribuye méritos no por sus acciones sino por ser quien es. Abunda en las esferas de poder, donde determinadas personas llegan a valorarse tanto a sí mismas, que creen ser absolutos responsables del devenir de sus empresas, sociedades, países o familias. En estos casos uno está ciego a la realidad: entre todos hacemos incluso aquello que aparentemente nos pasa a uno mismo.

Aquí entra la manifestación del becerro de oro. Fíjate cuánto tengo, incluso fíjate que tú puedes también. Es un mensaje que aunque nazca con buena intención se centra más en el cuánto que en el cómo y el qué. Curiosamente, como la ciencia y tradiciones saben, por mucho que tengas y por mucho alfa que saques al respecto, tus índices de bienestar y felicidad apenas varían.

Los griegos, que andaban listos evitando el concepto del pecado, nos enseñaron como este Hybris, la desmesura, no es un pegamento social sino una lacra a evitar.

Tristemente el orgullo alfa es demasiado habitual. Uno ya no aspira a hacer fotos de la naturaleza, de rostros humanos, de templos y catedrales o de obras de arte, sino que se centra en hacerse fotos a sí mismo, para verse de nuevo, y para mostrarse a otros que también aspiran fundamentalmente a verse a sí mismos. Y es que el selfie, que no es malo por decreto, roza y anima tanto al orgullo alfa que merece reflexión.

 

¿Y cuál es el más sano?

Muy probablemente el usuario de los orgullos 1 y 4 grite que hace lo que le viene en gana y que es bueno sentirse orgulloso. Hace bien, porque uno debe decidir en la medida de su libertad lo que es mejor para sí mismo.

La cuestión es que la libertad llega más con el conocimiento, la renuncia o la sabiduría que con la impulsividad o la indolencia. Más allá de lo que diga la persona, que puede estar muy lejos de la realidad, el sentimiento de orgullo que nace porque tú mismo o alguien cercano logra un avance merecido estimula, refuerza y favorece tu cerebro mucho más que el alfa o el «por ser yo» (1).

De hecho los estudios nos enseñan que el orgullo auténtico correlaciona positivamente con la salud mental y las relaciones sociales exitosas, mientras que el orgullo Hybris se vincula a comportamientos antisociales, agresivos y a problemas de ansiedad y depresión a largo plazo (2).

En el apartado de atracción hacia el otro, a veces se ha considerado que las muestras de orgullo alfa narcisista, donde se muestra el poder,  ejercen un efecto magnético de atracción por parte del otro sexo. Nada más lejos de la realidad. Una serie de estudios nos muestran que el prestigio, obtenido por el esfuerzo y el mérito, se considera un valor mucho más estable y potente que las clásicas muestras de dominación y status clásicas del orgullo alfa (3).

En definitiva si no puedes sentir orgullo auténtico pon tu mirada en otras vías de bienestar pero no te desgastes con identidades o actitudes alfa.

De hecho otras emociones, como la compasión, muestran una inusitada activación en áreas cerebrales vinculadas al cuidado, el afecto, la reducción del dolor, el cuidado y la salud (4).

Va a ser que de lo más orgulloso que podemos estar, es de querer y amar de verdad a los seres humanos y de construir una mejor sociedad para todos.

 

Referencias

  1. Jessica L. Tracy, Joey T. Cheng, Richard W. Robins & Kali H. Trzesniewski (2009) Authentic and Hubristic Pride: The Affective Core of Self-esteem and Narcissism, Self and Identity, 8:2-3, 196-213, DOI: 10.1080/15298860802505053
  2. Jensen Campbell, L.A. & Graziano, WG & West, SG. (1995). Dominance, Prosocial Orientation, and Female Preferences: Do Nice Guys Really Finish Last?. Journal of Personality and Social Psychology.
  3. Graziano, Loreta. I, Mammal: How to Make Peace With the Animal Urge for Social Power
  4. Emiliana R. Simon-Thomas, Jakub Godzik, Elizabeth Castle, Olga Antonenko, Aurelie Ponz, Aleksander Kogan, Dacher J. Keltner, An fMRI study of caring vs self-focus during induced compassion and pride, Social Cognitive and Affective Neuroscience, Volume 7, Issue 6, August 2012, Pages 635–648,

Las emociones infectan a 5 personas

By | Ciencia de la felicidad y bienestar, Human Behavior, Negociación, personalidad, influencia | Comentarios

Las emociones a veces interfieren tanto que casi podríamos decir que infectan e invaden nuestra mente. En 5 situaciones clásicas las emociones se desbordan y más que movilizar nuestra conducta y adaptarnos al medio, nos destrozan minuto a minuto.

No se trata de hacer Mindfulness para reducir el stress (eso es matar el síntoma), sino de Ver desde la mirada genuina qué estructura sostiene nuestra vorágine emocional.

Hay muchas… ¡aquí cinco de ellas!

1. El ignorante sabio.

Asombra lo que sabemos hoy en día. Opinamos de absolutamente todo aunque, francamente, tengamos poca idea de algo. ¿Porqué «sabemos» tanto de todas las noticias y tenemos una posición tan abrumadoramente clara? Básicamente porque no opinamos en base a una razón sino que nos emocionamos en una dirección ya elegida por nuestra memoria para después argumentar una defensa. Somos ignorantes, pero muy sabios, porque entendemos de OPA´s hostiles, juicios, leyes, penas y sentencias, movimientos geopolíticos mundiales y medidas económicas, o incluso ambientales 🙁 🙁 , con las que defender nuestras emociones.

Solución:  si aprendo a no formar una opinión sobre lo que no sé, mis emociones se relajan. Sí, sí, es posible no posicionarse respecto a algo. ¡Existe! Del ignorante sabio al sabio ignorante. Solo este último sabe que no sabe. Hay una enorme paz en no posicionarse sobre lo que desconocemos.

2. El obsesivo.

Indeciso, ansioso, incluso insomne… con cierta obsesión las emociones vuelven, se repiten, rumian y vuelven y vuelven. Y cuanto más vuelven más cuesta decidirse. Resulta que las emociones predisponen a la acción y si no la tomo, lógicamente, su intensidad aumenta precisamente para ejecutar una acción. Si das vueltas el cerebro te trae aquello que NO ha sido ejecutado. Lo no dicho, lo reprimido, lo no expresado, lo no olvidado, lo no perdonado, lo enterrado… no son fosas para el olvido sino ave fénix que siempre resurge: ¡la biología es así!

Solución: Mejor acción y corrección, que parálisis por análisis. Mejor expresión y aprendizaje que enterrar a un muerto que resucita. Mejor hacer visible lo oculto y madurar con ello que mirar para otro lado.

3. El caprichoso.

Entre los deseos para que las cosas sean como quiere, los agobios para que lo sigan siendo y las frustraciones sobre lo que nunca puede conseguirse, el caprichoso genera miles de emociones, rara vez satisfactorias. De deseo en deseo, teme que la siguiente flor ande escasa de néctar. La vida gira sobre el caprichoso en un idilio narcisista sobre sí mismo. No aspira a ser fotógrafo de la naturaleza ni de personas ni de ciudades: solo pretender hacerse fotos de sí mismo, en un eterno selfie viviente. Salta de emoción en emoción aspirando a un bienestar y quietud que no puede llegar ¡saltando!

Solución: muy probablemente psicoterapia profesional, larga y de la buena. O psicoterapia de la vida, que le dará oportunidades para la humildad. Mientras espera un cielo perfecto con sus colegas la tierra le dará motivos para ser, simplemente ser, incluso estar, y no solo lograr.

4. El perfeccionista.

Nunca es suficiente para él. Más que amarse se castiga. El sabio busca la excelencia, observarse mientras ejecuta y pule su destreza, sin embargo el perfeccionista no se observa sino que más bien se comenta a sí mismo en el proceso. Anda tanto en el futuro que tropieza en el presente. La vida es eso que se le pasó ayer pensando en mañana. Genera miles de emociones, pocas de ellas satisfactorias.

Solución: Si eres su jefe ponle metas que no pueda alcanzar. Si no revienta aún anda apegado al idilio romántico con su Yo. Debe saber que una emoción por el fallo es mejor que miles por un supuesto éxito. Un día, agotado de buscar un fantasma, se atreve a ser humano.

5. El categórico. 

Vive binarios, tanto que solo atiende a ceros y unos, es decir, blancos y negros. No sabe que los días tristes tienen millones de matices de grises y los días alegres infinitos arcos iris. Sobresimplifica tanto la realidad porque le interesa mantener sus emociones ahí en los extremos. A veces no opina, directamente se posiciona y ni siquiera racionaliza, solo sentencia. Incluso a su apego emocional es capaz de llamarlo valores, de esos que distinguen entre los «buenos» y los «malos» a lo Batman y Joker. Ponle estímulo y encuentras respuesta inmediata emocional. No sabe que los enemigos se parecen mucho más de lo que desearían.

Solución: la diversidad, la pluralidad, lo complejo le mata. La mera existencia de opciones diferentes lo desestabiliza. A fuerza de ver se acostumbra a permitir. En dos generaciones sus nietos no solo permiten sino que ya toleran. En tres, son capaces de aceptar. En cinco, los genes categóricos se vuelven por fin deletéreos. Así que basta ver el devenir del mundo para saber que ciertas cosas «categóricas» ya nunca serán. Siento que la solución sea tan tardía.

Todos habitamos estas cinco y otras categorías de inyección emocional de vez en cuando. No se trata de apagarlas porque sí, con pastillas o Yogas, sino de autoconocernos de verdad.

Emoción viene del latín «movere» y nos impulsan al cambio, acción, transformación y aprendizaje.

Encender el motor emocional y acelerar gasta gasolina y eso en el siglo XXI es muy hortera: contamina mucho, hace ruido y resulta pomposo.

Si te emocionas mete la marcha y avanza hacia una dirección elegida por la razón.

Y si es con un eléctrico o haciendo running, incluso mejor.

Green emotions por favor :).

Emociones: ansiedad en la ansiedad

By | Ciencia de la felicidad y bienestar, Human Behavior, Negociación, personalidad, influencia | One Comment

Un reciente estudio nos habla sobre un marcado efecto beneficioso de la microbiota intestinal mediante el uso de pro y prebióticos en los síntomas de la ansiedad (1).

Unos días antes, leía otro sobre un posible efecto beneficioso de la acupuntura en la misma dirección (2).

Solemos leer estas noticias con agrado e ilusión. Algo que beneficia y disminuye el malestar. Sin embargo puede que confundamos el camino con la meta.

Porque el síntoma no es la enfermedad

Si el probiótico, o la aguja, o el medicamento o el remedio que fuera se aplica no significa que seamos capaces de distinguir el síntoma de la enfermedad.

Imagina que tienes una tos constante muy molesta. Es seguro que quieres que no moleste, pero por tu mente ronda la idea de que la tos está expresando algo, es la consecuencia de algo disfuncional. Si te quitan la tos de repente, muy probablemente preguntes ¿porqué sucedió? ¿A qué se debe?

Sin embargo en nuestro mundo mental, el síntoma, la ansiedad, se considera en sí mismo un trastorno de hecho el DSM-V nos habla de trastornos de ansiedad generalizados.

Pero si es una emoción, será para algo no?

No tiene sentido considerar un bajo estado de ánimo o una ansiedad siempre como un trastorno porque por selección natural no habrían aparecido a lo largo de la historia.

La ansiedad tiene un porqué claro desde el punto de vista evolutivo: los individuos con una capacidad para sentir ansiedad tienen más probabilidad de escapar de una situación peligrosa ahora y de evitarla en el futuro.

Como en cualquier respuesta del organismo, y no digamos las emocionales, hay respuestas por exceso y por defecto y tan peligrosa es la inmuno deficiencia como su exceso o la anemia como la eritrocitosis.

La ansiedad tiene mala fama, tanta que en ninguna ocasión podemos ver su lado positivo, en una visión moderna donde las emociones calificadas erróneamente como negativas, deben ser desterradas de la faz de la Tierra.

Entender y vivir que las emociones son adaptativas cambia el panorama

Considerar que la selección natural favoreció la aparición de respuestas de ansiedad para alertarnos de peligros presentes y futuros permite avanzar hacia la solución.

Aceptar que como individuos tengamos una tendencia hacia la alza o hacia la baja en determinadas circunstancias y escenarios vitales nos ayuda a crecer organizadamente como personas.

Si entonces existen los cero ansiosos qué tal les va?

En general muy mal. No tienen miedo de animales peligrosos, pueden conducir demasiado rápido y flirtear con estupefacientes como nosotros atacamos las patatas fritas, a bocados. Algunos son valorados por su coraje, pero casualmente, cada año varios de ellos mueren. Otros provocan desastres empresariales, bancarios, gubernamentales, políticos y sociales: no tienen medida de sí mismos ni del otro.

Cuando el síntoma duele más que la realidad

En la ansiedad (por exceso) el síntoma duele más que la realidad. El miedo al supuesto oso es tal, que como dice el chiste “prefiero la muerte”. Sin embargo no había un oso, sino una roca con silueta peculiar. La evolución ha preferido que el cerebro interprete la roca como oso y no el oso como roca… para sobrevivir.

El individuo ansioso presenta una tendencia en parte innata y en parte adquirida (según casos) a considerar muchas rocas como osos, y así mantenerse con vida. Ve moscas como platillos volantes, escucha una lagartija y cree que es un dragón de Komodo, monta una historia de celos si su chico no le llama cada media hora y si recibe su nómina quince minutos más tarde se siente en bancarrota. Todo esa «exageración» para sobrevivir… dado que hay quienes no ven que el chico ya se ha ido o se juegan los ahorros en el casino… esos no sobreviven.

¿Entonces microbiota o qué?

Cada uno debe elegir.

Se llame microbiota o acupuntura o fármaco que desconecta el sistema de respuesta, toca entender hacia dónde apunta la solución.

Si arreglo la microbiota y me siento mejor pero en dos semanas sigo viendo rocas como osos, la microbiota en breve volverá a tener una población disfuncional de bacterias que apoyen la sensación ansiosa. Habré creado una dependencia hacia los probióticos que pasado un tiempo quizá no funcionen para tal fin.

Es mejor acercarse a la roca paso a paso (bajo guía profesional). De este modo las respuestas de ansiedad serán poco a poco menores ante eventos del ambiente que comprobarás son seguros. La terapia reforzará la capacidad de los lóbulos frontales del cerebro para disminuir la excesiva respuesta que llega a nuestra consciencia.

Estas personas que no se tiran sin paracaídas desde el avión ni conducen a 500 por hora en un patinete, sí son verdaderos héroes. Solo ellos saben lo que es poder salir a la calle ahora o hablar en público sin ver a cientos de osos en el público.

¿Y si no sé qué rocas son?

Tendrás que mirar dentro de verdad: meditación, un camino a largo plazo para una felicidad que incluye las emociones, adaptativas claro.

Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

Referencias

1. Yang, B., Wei, J., Ju, P., & Chen, J. (2019). Effects of regulating intestinal microbiota on anxiety symptoms: A systematic review. General Psychiatry32(2), e100056.

2. Tu, C. H., MacDonald, I., & Chen, Y. H. (2019). The effects of acupuncture on glutamatergic receptors in depression, anxiety, schizophrenia, and Alzheimer’s disease: a review of the literature. Frontiers in psychiatry10, 14.

La pobreza emocional: alegría, tristeza, ira, asco y miedo

By | Ciencia de la felicidad y bienestar, Human Behavior, Negociación, personalidad, influencia | No hay comentarios

Por mucho que lo intentemos no salimos de la pobreza emocional si nuestro principal repertorio de emociones consta solo de cuatro o cinco ingredientes: alegría, tristeza, ira, miedo y asco (las llamadas emociones básicas).

Vamos al grano: nos quedamos muy cortos si ese es nuestro único repertorio, tanto si es para regular tus propias emociones, como si es para interpretar o leer las de los demás.

¿Y si intento regular esas cinco básicas?

Si intentas regular desde esa esfera, podrás relajarte, hacer Mindfulness “alopático”, para el síntoma (que es el stress), pero al carecer de visión sobre tu propio proceso, este (stress y sufrimiento) continúa como si tal cosa.

Si desde ahí quieres explicar la conducta humana y adivinar las intenciones de otro a través de “incoherencias entre su mensaje verbal y no verbal” no funciona: acabas creyendo que la conducta se debe a las emociones, olvidando muchos otros parámetros y acabas encontrando lo que querías buscar, lo que se llama sesgo de autoconfirmación, es decir, que te das la razón de lo que encuentras.

¿Porqué nos quedamos cortos con este enfoque?

Porque en tu día a día no sueles sentir ira “pura”, sino frustración, amargura, resentimiento, rencor, envidia o celos que son mucho más complejas que una simple furia producto de una respuesta de supervivencia (ante el famoso león) y que hace que frunzas el ceño, tenses la cara y actives el simpático. Es más rico y complejo.

A lo largo del día tampoco sientes a menudo alegría simple. Me dirás: ¡Cómo que no! ¡Si me acabo de comprar un vestido, un bolso, un nuevo portátil o un nuevo coche! Pues no… porque sientes una mezcla de satisfacción, orgullo, identidad, sentido de pertenencia, incluso narcisismo o prepotencia y hasta vergüenza según en qué contextos.

¿Y si es interna que nada tiene que ver con adquirir algo?

Pues en ese caso será más gozo, ecuanimidad, sobriedad, éxtasis, paz, expansión, bondad, calma y bienestar… pero no alegría pura.

¿Y tristeza?

Rara vez. Aparece melancolía, pena, pesadumbre, decepción, sensación de traición, depresión, culpa, arrepentimiento. Vamos que por alguien diga en la tele “lo siento mucho” y veas que arquea las cejas hacia arriba, no significa en absoluto que se arrepienta de sus actos y sea consciente del daño producido.

¿Y qué hay de los miedos?

Sentimos alguno claro que sí, pero muchos de ellos son más bien vergüenza, otros son pura inteligencia, prevención y sensatez, otros congelación, terror, pánico, sumisión o susto. Lo siento pero la fórmula mágica: «no tengas miedos» no tiene ni pies ni cabeza.

¿Entonces cómo abordarlo?

Por importancia que demos a las emociones, que la tienen, no significa que podamos atribuir a ellas la génesis y el resultado de nuestras conductas.

Necesitamos comprender no solo emociones, sino también sentimientos, razones, contexto social, memoria, valores, personalidad e identidad.

¿Un ejemplo para captar esta magnitud?

Veamos tres:

  1. Un jugador no solo chuta para meter GOL, también corre, pasa, regatea, se desmarca y defiende. Además no juega solo :).
  2. Un meditador no observa o regula sus emociones sino su MENTE. ¡Entera!
  3. Un cerebro humano no solo se emociona ante 4-5 estímulos básicos innatos. Su conducta implica motivación, razón, sentimiento y necesidad, no solo emoción.

En definitiva enfatizar o exaltar exageradamente un ingrediente de la mente y cerebro sobre el resto, convierte la riqueza emocional humana en pobreza emocional.

¿Qué podemos hacer?

Estudiar la mente en primera  y tercera persona en su conjunto sin separar emoción de razón, estímulos externos de internos, sentimientos de creencias, valores de motivación, identidad de contexto, y sociedad de individuo.

En definitiva meditación de verdad, la profunda, y modelos de neurociencia de vanguardia.


Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

Si sigues creyendo que hay EMOCIONES «buenas» y EMOCIONES «malas»…

By | Ciencia de la felicidad y bienestar, Human Behavior, Negociación, personalidad, influencia | Comentarios

Si sigues creyendo que hay EMOCIONES «buenas» y EMOCIONES «malas» quizá te convenga leer esto.

1. Es normal evitar lo desagradable

Parece lógico querer evitar las circunstancias desagradables: ¡que no existan, que no aparezcan, que no ocurran en nuestra vida! Al cerebro no le gusta el dolor así que con toda lógica tenderá a huir de ello.

El problema es cuando la negación trae más problemas de los que soluciona. Así le ocurre al cobarde que prefiere el silencio a explicar qué le molestó de otro, al que  mediante autoengaño cree que eso no existió o quien  vive en la racionalización freudiana justificando sus impulsos a posteriori en vez de poner a prueba su idoneidad.

Qué decir de la actitud espiritualoide que presa de la positividad y «vibración» cree mitigar las sombras que nos acechan porque sí, porque yo lo digo con “pensamientos”.

2. Y buscar lo agradable

Si un lado es rechazo y de ahí asco u odio, el otro es acercamiento y por tanto, posible apego. Queremos a toda cosa que existan emociones, sensaciones y circunstancias agradables. ¡Lógico!

Pero no nos damos cuenta que lo solemos hacer mirando fuera.

Tan así es que creemos que aquella pareja nos llenó de amor y no vemos que fuimos nosotros quienes con esa pareja nos permitimos sentir y desarrollar la ternura que llevamos dentro. Decimos que “aquel paisaje, aquella playa… ¿qué bonitas verdad?” sin tener muchas veces el menor atisbo de que fuiste tú, quien en ese momento te permitiste apreciar la belleza que estaba ahí fuera, pero que sólo conectando contigo y tu apreciación se enciende.

Hay una fábrica interna cerebral que es la que acepta o rechaza las experiencias, la que permite atender y amplificar lo que existe… no son las playas, las parejas o los dolores, no somos estímulo – respuesta. Tenemos capacidad de transformar aquello que entra por los sentidos. Lo agradable no solo está fuera, está en despertar lo que hay aquí dentro. 

3. Y aquí está la inteligencia

Aplicando entrenamiento atencional no caemos en bobadas tipo “no sientas miedo”, “no te sientas culpable”, “no sientas vergüenza”, “sé siempre positivo” o “no estés triste”.

No todos los miedos son irracionales, muchos son inteligencia en acción.

Sentirse culpable, implica en ocasiones, ser por fin responsable de los propios actos y empatizar con el otro.

Sentir vergüenza es en determinadas circunstancias un medio por el que al menos expresas respeto a la sociedad en la que vives.

Ser siempre positivo a toda costa es cultivar una visita al psiquiatra en cinco o diez años o quizá hundirse en alcohol y psicofármacos para evitarlo.

Estar triste puede ser una maravillosa experiencia de reconocer que la vida no es dulce para todos ni es eterna para los humanos.

Mediante la observación, sin rechazo ni apego, dejamos de ser estúpidos emocionales, como aquellos que se enfadan cada día al ver en la TV al político que no les gusta. ¡Y es que inyectarse cortisol en vena por alguien que no te cae bien no parece una actitud sabia!

Ni agradables ni desagradables, ante todo adaptativas.

Ni rechazo ni apego, sobre todo aceptación.

Ni “pensamiento positivo” ni “rumiación negativa”, simplemente aprendizaje.

Elegir apreciar la infinitud de lo pequeño, lo efímero de un suspiro, lo frágil y valioso de la vida.

Toca crear un espacio sobrio y solemne en el que Ver lo “agradable” y lo “desagradable”.

Solo ese espacio es por fin, sabiduría emocional.

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Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

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Porqué NECESITAS saber cuanto dura una EMOCION

By | Ciencia de la felicidad y bienestar, Human Behavior, Negociación, personalidad, influencia | One Comment

Porqué NECESITAS saber cuánto dura una EMOCION

Damos mucha importancia a las emociones. Intuimos que juegan un papel vital en la vida pero a la hora de precisar nos perdemos un poco.

¿Pero cuánto dura una emoción?

Conocer cuánto dura una emoción nos permitirá, paradójicamente, aprender mucho más sobre ellas.

Las emociones son fugaces, duran tan solo unos segundos (1)… y sus efectos en la sangre apenas llegan a 90 segundos. Son rápidas porque están ahí para ayudarnos en una decisión que requiera salvarnos, huir, pelear o comunicarnos con el otro.

¿Qué consecuencias se derivan de ello?

  • Que una emoción que dura mucho, suele ser fingida o exagerada. Todos lo hemos visto en niños…
  • Que un proceso de compra en el que ves ese coche o zapatos o teléfono móvil y lo miras, lo comparas con otros, te imaginas a ti mism@ con tu objeto de deseo, no se realiza en 4 segundos sino en minutos, horas o días. Es decir, que las emociones no “venden” por sí mismas, el cerebro y el proceso es mucho más.
  • Que a menos que renueves el estímulo una y otra vez, o sea, rumiación, tu emoción tiende a desaparecer.
  • Que las emociones que en general son muy incómodas no son para tanto si simplemente las permites.

¿Y qué dura más de 4 segundos?

Los sentimientos. Son los grandes olvidados del mundo emocional y se confunden con emociones pero tienen diferente origen e intensidad.

¿Y semanas o meses?

Los estados de ánimo, los cuales tienen menor intensidad que las emociones.

¿Y si siempre me mantengo en esos estados de ánimo… qué me ocurre?

  • Que irás formando una patología o enfermedad al persistir el estado emocional durante meses.
  • Que verás el mundo del color que has creado dentro de ti.
  • Que te será cada vez más difícil alcanzar estados de bienestar.
  • Que pierdes sabiduría y felicidad, atención, memoria y capacidad de análisis.

 ¿Y si tengo razones para enfadarme, entristecerme y frustrarme? 

Hazlo sin duda porque estás vivo… y negar o reprimir las emociones «negativas» porque sí o creer que el mundo es Happy flower trae desastrosas consecuencias a medio y largo plazo.

Toma las acciones correspondientes, pero no te permitas quemarte en tu propio fuego.

Muchas emociones generan sustancias que elevan radicalmente los marcadores de stress e inflamación en el cuerpo.

Aplicaciones prácticas de todo ello

  • Simplemente observa y espera sin juzgar, esto es, medita de verdad (más allá de 8 semanas 🙂 ), para permitir que el mundo emocional se equilibre.
  • Para sentirte mal horas, días o semanas sobre un tema necesitas alimentarlo a través de pensamientos que te generan y recuerdan sentimientos que producen respuestas somáticas incómodas de nuevo instalando un círculo vicioso sinfín (2).
  • Cuando las emociones surgen ocupan nuestra atención y capacidad para manipular la información, de modo que no es un buen momento para razonar, pensar, decidir, sopesar, o analizar nada.
  • Reflexiona sobre si una vez cesado el estímulo que nos irrita, la foto que nos mueve y el “ataque” que nos inquietó, somos nosotros quienes le damos fuerza, sentido, importancia y dolor.
  • Por último, dado que el cerebro tiende hacia un sesgo de negatividad, te trae y recuerda emociones negativas por doquier (3). Si te interesa vivir con bienestar, tienes que cultivar conscientemente emociones más sabias.

Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

 

Referencias

1 Oatley, K., & Johnson-Laird, P. N. (2014). Cognitive approaches to emotions. Trends in cognitive sciences, 18(3), 134-140.

2 Verduyn, P., & Lavrijsen, S. (2015). Which emotions last longest and why: The role of event importance and rumination. Motivation and Emotion, 39(1), 119-127.

3 Harris, C. R. (2018). Understudied Negative Emotions: What They Can Tell Us About the Nature of Emotions.

No hay tantas personas maduras… 5 ejemplos que lo demuestran

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Jung decía que el proceso de individuación, ese camino hacia el despertar profundo, exigía ir cerrando aspectos aún infantiles o adolescentes de nuestra psique y que esto llevaba una vida de trabajo.

Richard Wilheim, el conocido sinólogo comentaba que para estudiar el I-Ching como libro de sabiduría había que tener al menos 40 años porque antes no estariamos maduros.

La neurociencia nos dice que el cerebro, concretamente la corteza prefrontal completa su maduración en torno a los 21 años. Últimamente se postula que incluso puede ser mucho más tarde, los 30 años.

Caminar por la vida sin madurez implica mantenerse con rasgos que evocan más bien a un chiquillo rabioso, un orgulloso adolescente o un joven algo mal criado con reacciones desorbitadas, desadaptadas y poco prosociales. Es posible encontrar en cuerpos de hombres y mujeres «adult@s»  estos esquemas en sus mentes y actitudes. Comparto cinco casos que me resultan curiosos.

El primero podría relacionarse con los nuevos aprendizajes. El otro día en la universidad me sorprendía la facilidad de juicio respecto a las lecciones del catedrático. Unos decían «tienen que ser más cortas o más largas», otros que «son aburridas porque eran incapaces de mantener la atención» (¿sin darse cuenta que reconocían su torpeza?), otros que «por internet no son tan adecuadas y lo prefieren en presencia» (pero no van a clase porque está lejos o cuesta más dinero y tiempo) o que su método de investigación, ¡el que le lleva a ser catedrático! no sirve (y lo decían un par de novatos). 

Y es que nos ofrecen formación y nuevos aprendizajes en el trabajo, incluso gratuita, y ya hemos decidido con dispersión, vaguería y suposiciones cómo debe ser esta formación. Inmadurez.

El segundo sector serían las nuevas tecnologías con las que en su reacción algunas personas muestran en ocasiones la inmadurez de su psique. Algunos arremeten contra los jóvenes por usarlas, con el mismo estilo y formato que hace 20 años nos atacaron por los Tamagochi y los auriculares portátiles, o hace 30 por aquel Walkman que usábamos en el metro y que nos iba a aislar del mundo. 

Me ofrecen una App, un software, un programa y si no funciona, monto un drama emocional conspiranoico por el cual el mundo o los docentes o la empresa de turno viven pensando en cómo bloquearme a mi y solo a mi el video. Si te piden explicaciones montas en cólera, como un@ chiquill@ adolescente, y eres capaz de todo con tal de no reconocer que no tenías enchufado el router, por decirlo suavemente. Crecemos en orgullo cuando curiosamente, queríamos aprender  bienestar o un simple software para tu puesto de trabajo. Como aquel chiste del que se quedó sin gasolina, antes de pedir nada ya he insultado a quien me iba a ayudar. Y todo por no reconocer «el router apagado». Soberbia e incomunicación. De ahí a demonizar las nuevas tecnologías va un paso. Inmadurez.

El tercer bloque  lo veo cada día en tanto se confunde aplicación con facilidad. Quiero algo práctico dicen una y otra vez algunas personas. Pero no dicen eso de verdad sino que suplican que sea fácil, que esté ya hecho o que les funcione sin sudar. Crecepelos, batidos detox, dietas milagro y leyes de la atracción universal positiva les espera. Todo es posible, menos contactar con atención la propia indolencia, la pereza enraizada en los genes y el eterno parloteo mental de «esto me gusta – esto no me gusta», como si uno tuviera que ir por la vida evaluando cada cosa que ve. Hay quienes lo extienden hasta el clima: qué asco de frío en invierno, qué horror de calor en verano, que desapacible el otoño, que alérgica es la primavera. Luego buscan terapias o nuevos credos, lo que haga falta, con tal de evitar «lo difícil». Incluimos en lo fácil que sea barato o gratis, y le pedimos al que ya hace una oferta o esfuerzo un descuento mayor, desvalorizando con nuestra actitud lo que queremos adquirir. O aplicamos ese famoso sesgo donde lo que ganamos nosotros es merecido y lo del otro es jeta. El que algo sea práctico y aplicable no implica siempre que sea fácil, gratuito o con descuento. Tampoco significa que me lo den hecho, que las cosas vayan como yo quiera y el mundo aparte que se apañe. Inmadurez.

El cuarto bloque es la mentira, las fake news, ese horroroso eufemismo de la post verdad. Hay quien miente hasta delante del especialista en detección de mentiras sin vergüenza alguna. Lo conozco bien: el cerebro sabe que la mentira es barata, aparca conflictos, los deja para la reencarnación, y ahorra recursos neuronales. No lo justifico sino que me sirve para no personalizar el hecho: su cerebro no da más. La capacidad de autoengaño consciente es altísima en la inmadurez. El mentiroso se reinventa, pero no para progresar sino para no hacer frente a sus palabras y acciones pasadas dado que estas exigen compromiso, esfuerzo, coherencia y valores en acción. Algún día, como buen corrupto, el sistema le pilla. Inmadurez.

El quinto y último es la anti intelectualidad, el azote de la razón, la ridiculización de lo complejo y la banalización del saber. En cualquier campo ocurre. Por ejemplo en el cerebro hacen más ruidos los expertos en neuroburbujas que el resto y ¡díles algo! Es un movimiento peligroso y muy común: como no propongas soluciones a todas las situaciones de la vida en formato «Madrid-Barsa», los buenos y los malos, mi equipo y el resto enemigos, estás perdido. Te tachan de científico enrevesado o de filósofo como si fuera eso un insulto. Hay quien mira como un misionero al que es curioso: «fíjate, tan mayor y aún lee libros en vez de tomar cañas». Pueden ser tus propios amigos quienes están dispuestos a morir por filias y fobias, pertenencias y tribalismos varios pero no por el que sufre a la vuelta de la esquina. Muchos van más allá y nos venden ahora que las emociones son todo e incluso si piensas con escepticismo o sentido crítico, te consideran perdido… como si la vida fuera creer en cuentos de hadas en vez de atender aquí y ahora en cada instante a esto que está sucediendo. El caso es no pensar, no razonar y así recuperar lo impulsivo, lo mágico y lo banal a toda costa. Pobre cerebro, se quedó en los 7 años de edad, justo cuando el niño pregunta sobre la enfermedad, la muerte y el sentido de todo esto. Inmadurez.

Anti intelectualidad, mentira sostenida, búsqueda de facilidad, crítica al progreso y soberbia con los aprendizajes son posturas a evitar en un auténtico líder maduro, ese que está para dar servicio y eficacia a sí mismo y los demás.

Si topas con cerebros inmaduros no te afanes, solo el tiempo tiene la capacidad de transformar ciertas neuronas… o atrofiarlas para siempre.

Rodéate profesional y personalmente por tanto de personas maduras, ¡no hay tantas!, capaces de abrirse a la incertidumbre, abrazar la dificultad, mostrarse humildes, resistir con valores, cooperar juntos transversalmente y adaptarse a los nuevos tiempos que ya están aquí. 

Los líderes no son lo que piensan

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Donde enfocamos nuestra esencia cambia nuestra forma de liderar en cualquier ámbito. Hay quien siente que su esencia se basa en que el conocido somos lo que pensamos.

De este modo si nos interesa la transformación, llega cuando cambiamos unos pensamientos por otros. Esta versión es la más aceptada, lo cual no significa que sea más cierta. Nos encontramos día tras día mensajes que nos animan a instalar mejores palabras en nuestra mente confiando en que las nuevas piezas del puzzle encajen mejor y se produzca el avance.

Sin embargo como todo buen meditador conoce cambiar el pensamiento con el pensamiento por otro pensamiento implica establecer un comisario central que decide que una parte del pensamiento es corrupta y otra no tanto, y además cree que la parte que decide es la incorruptible, para mañana darse cuenta que la promesa incumplida debió tomarse por la parte corrupta. Se puede atisbar el grado de locura ¿verdad?

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¿Sabes observar a los demás?

By | Negociación, personalidad, influencia | No hay comentarios

¿Sabes observar a los demás? el amplio panorama del comportamiento humano

Los seres humanos poseen una desarrollada Teoría de la mente, es decir, la capacidad para inferir y atribuir intenciones y pensamientos a otras personas, por tanto comprender nuestro estado mental y del prójimo. De no poseer teoría de la mente, apenas podríamos socializar o relacionarnos.

Relacionarnos implica, entre otros factores, observar a nosotros, el prójimo y el entorno. Con mucha frecuencia creemos observar mucho y bien, o incluso intuir mágicamente el porqué de todo, sin embargo, sin metodología y rigor solemos caer en sesgos y errores de atribución constantemente. Lo visible en este caso, se escapa delante de nuestros ojos. Nuestro hijo nos pide atención y lo confundimos con un regalo. Nuestra pareja nos grita con su cuerpo y rostro y nos pasa desapercibido. Nuestros compañeros de trabajo nos muestran constantemente emociones y apenas captamos un 1% de ellas. 

Nuestro comportamiento en todo momento deja huella dado que es imposible no emitir información. Si estamos quietos, impávidos y silenciosos ya decimos mucho. Pero es tal la avalancha de información que transmitimos, como especie hipersocial que somos, que necesitamos ordenar la misma cara a codificarla.

Un canal de observación posible es el contenido verbal de los mensajes. A pesar del mito (falso) de que el 93% de una comunicación es no verbal, las palabras en su contenido muestran acciones, intenciones, omisiones, errores, lapsus y atribuciones. Escuchar bien al otro y ser capaces de realizar una análisis cualitativo de lo que se dice es una herramienta a estudiar.

No solo qué digo, sino cuanto digo es parte de mi comportamiento. Al igual que tenemos un patrón específico al teclear en nuestro ordenador, de forma que se usa ya como un reconocimiento de personas, utilizamos un determinado vocabulario y palabras en diferentes circunstancias. Podemos leer un texto de alguien y determinar si fue escrito por esa persona, e incluso entender su estado de ánimo.

La escritura por tanto también es motivo de análisis, dado que no escribe la mano… sino el cerebro. La persona impulsiva en sus acciones, lo es cuando escribe a mano o firma. Ante una situación emocional tensa o agitada, o por ejemplo al mentir, escribimos con diferente presión sobre el papel.

No solo lo verbal y lo escrito deja huella y es observable. Lo no verbal, con orígenes evolutivos muy profundos, es un río de datos e informaciones de nuestro comportamiento.

Uno de ellos es la expresión facial. El rostro humano, a través de 42 músculos puede realizar hasta 10000 expresiones diferentes. Con el rostro emitimos constantemente información, tanto emocional como cognitiva, que en gran parte escapa a nuestro control. ¿Quiere ello decir que uno podría entender en el otro información que no es consciente para esa persona? La respuesta es: SI. La hipersocialidad no es un mantra, sino una realidad. A nuestro cerebro le bastan 17 milisegundos para percibir miedo, interés, atracción o ira.

Los gestos, aunque son más culturales que la expresión facial que se considera universal e innata, son otro fascinante canal del comportamiento. Nuestras manos en gran medida, pero también el torso, piernas y pies reaccionan constantemente en las interacciones con los demás. De hecho, la mano es casi una extensión del cerebro. Ocupa una gran zona de la corteza somatosensorial, está muy cercana al área motora del lenguaje y se postula que hablar y gesticular es una acción casi conjunta.

Las posturas y capacidad de movimiento son otra rama del comportamiento no verbal. ¿Sabías que con solo 6 puntos visibles del cuerpo de una persona podemos determinar el género, la emoción y el estado de ánimo? Nuestra forma de caminar, estar de pie o moverse habla por sí misma.

El tacto es como sabemos uno de los sentidos más primarios y una característica vital de los mamíferos. La piel es un receptor sensorial enorme y su entrada al cerebro es importantísima porque nos vincula con nuestro sentido del Yo, la posición en el espacio y la sensación de estar aquí y ahora en este cuerpo. Como, cuando y cuanto tocamos puede cambiar la adherencia a un tratamiento médico, la receptividad de una terapia, la confianza en una negociación o la percepción de profesionalidad de un ingeniero. No fueron los conocimientos sobre aleaciones, fobias o virus, lo que elevó la percepción positiva de ese ingeniero, psicólogo o médico, sino como utiliza la háptica, que así se llama la ciencia que estudia el tacto como canal de comunicación no verbal.

El estudio de la distancia es igualmente vital. La proxémica marca parte de nuestra conducta y muchas de nuestro nivel de agresividad se relaciona en parte con la proximidad mayor o menor en nuestras relaciones. La proxémica es tan profunda que su conocimiento permite transformar no solo reuniones o lugares de trabajo y vida sino incluso ciudades que entienden como se comportan las personas y parten por tanto de ellas.

La apariencia, lejos de sesgos clasistas, influye en nuestra percepción de los demás en tanto con frecuencia esperamos que ésta sea acorde a la función social que ejercemos. Más allá de eso, el autocuidado nos informa claramente sobre los rasgos de personalidad del sujeto y en base a ello, qué podemos esperar y qué no.

La oculésica, lejos de los mitos de que quien mira para la izquierda miente y quien mira abajo recuerda, nos muestra nuestro grado de interés, atracción y atención como vemos en los modernos estudios de eyetracking en los que mediante la mirada inferimos el estado mental de las personas.

Por último la prosodia del lenguaje, es decir, la entonación que muestra la intención de nuestras palabras nos permite entender sarcasmos e ironías, metáforas y giros del lenguaje que sin ellos, no existiría la comunicación. De hecho aquellos que entiende literalmente el lenguaje suelen tener problemas en la comunicación y por ello abundan los malentendidos y riñas en redes sociales en donde no vemos ni escuchamos ni podemos apenas inferir las intenciones del otro.

Como decíamos al incio por la teoría de la mente, constantemente leemos y atribuimos pensamientos e intenciones a nosotros mismos y los demás. En tanto conocemos con rigor como mejorar nuestra capacidad de observación, profundizamos también en el conocimiento propio dado que seremos más conscientes del efecto de nuestros actos y expresiones en los otros. Este es el punto donde meditación y conducta se interrelacionan. En tanto conozco bien como soy y qué siento mediante la meditación puedo mejorar y entender que el otro siente y es de determinada forma. En tanto observa la riqueza de información de los otros, puedo facilitar a su vez lo que ocurre en mi. La atención en ambos casos es el ingrediente fundamental. Pero no es tanto atender… sino saber a qué, cuando y cómo atender.

Atención especializada por tanto al lenguaje cuali y cuantitativo, escritura, expresión facial, gestos, posturas, orientación, movimientos, proxémica, háptica, apariencia y oculésica…

¿Sabes observar a los demás?

SadMan

Leer el rostro (y V): la cara de la depresión y ansiedad

By | Negociación, personalidad, influencia | No hay comentarios

¿como vemos a los demas cuando estamos depresivos? ¿a que caras tememos cuando estamos ansiosos?

Esa realidad que creemos ver ahí afuera no es tal. Hacemos los colores al ver, los sonidos al oir y los olores al oler. No existen colores en el exterior sino que son construcciones cerebrales. La realidad social es en parte también constructivista. Eso que vemos en los demás, eso que pensamos de los otros, esas intenciones que atribuimos a otros… suelen estar muy sesgadas por nuestra propia percepión. En las relaciones humanas, la comunicación no verbal juega un papel fundamental y de todos los elementos que la componen, el rostro es uno de los más indicativos. Por ello, leer el rostro de otros, depende no de lo que ves, sino de como, cuando y quien lo ve.

Este factor es sencillo de entender en algunas patologías mentales. Todos entendemos que en un trastorno del ánimo como la depresión, el proceso emocional está claramente afectado con lo que muy probablemente veamos los rostros de los demás con un matiz diferente, coherente con aquello que estamos viviendo internamente. La realidad se pliega a nuestros pensamientos, es decir, nos damos la razón aunque suframos, antes que despertar a un cambio.

Los individuos con alto grado de neuroticismo, fruto del cual hay una alta reactividad e inestabilidad emocional, muestran una activación alta en el giro fusiforme derecho (donde se procesan los rostros) sugiriendo unas reacciones a los rostros diferentes tanto en su comportamiento que muestran como en la forma de procesarlo. En otro estudio con potenciales evocados, el componente P300 era más pequeño y lento en reacción a caras alegres en los individuos que tenían depresión respecto a los que no presentaban esta disfunción 1, lo que sugiere una incapacidad evidente para percibir la alegría.  Acaso necesitaban una intensidad facial exagerada para reconocer una cara de felicidad y alegría 2

SadMan¿Qué hay del reconocimiento de la felicidad para un depresivo? No solo la alegría, los pacientes con depresión tiene una disfunción para reconocer la ira comparados con pacientes control 3. A su vez su capacidad para reconocer caras neutras está alterada tanto en la exactitud como en el tiempo necesario para la detección 4. Muy probablemente indique que las personas que sufren depresión atribuyen estados emocionales a caras que simplemente son neutras.

En definitiva cuando tenemos depresión no solo nuestro mundo interno está afectado sino también el mundo perceptivo de los otros es muy diferente al de personas con un mundo emocional estable.

En personas que sufren de ansiedad social el reconocimiento de rostros está también alterado. De hecho vemos caras amenazantes en otros donde simplemente hay caras neutras o ambiguas 5. Al igual que los individuos depresivos, el reconocimiento de caras alegres en individuos que muestran ansiedad social es mucho más lento 6.

A la hora de mirar partes del rostro, los individuos con ansiedad social presentan tienden a no mirar los ojos, especialmente si la expresión facial es de enfado. Los tiempos de percepción del rostro muestran una hipervigilancia en la ansiedad social.

La conducta evitativa típica de la ansiedad social muestra una relación directa con la capacidad de ver el rostro y la expresión de las emociones, especialmente el enfado. Es curioso que la percepción del rostro y su expresión esté disminuida, encontrando hipoactivación en áreas donde registramos las caras (giro fusiforme izquierdo), y en cambio haya actividad en exceso en la amígdala izquierda y la ínsula, es decir que sentimos emociones “dentro” y somos incapaces de ver con claridad “fuera”.

Cómo procesamos las emociones no es por tanto un fenómeno unitario y general sino que está sujeto a múltiples factores. Además de la depresión y la ansiedad social, el síndrome de Down, el TDAH, el stress post traumático, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo y anorexia nerviosa presentan una elevada alteración en cómo vemos el rostro de los demás.

Independientemente de las patología en muchas ocasiones habituales, nosotros como individuos encontramos dificultades para interpretar correctamente el rostro de las personas, lo que implica que se dificultan nuestras relaciones y que a través de inferencias erróneas, creemos que los otros presentan intenciones, emociones y pensamientos que pueden estar muy lejos de la realidad.

La maestría de la vida se consigue a través de las relaciones genuinas, auténticas, sinceras. Aprender a leer e interpretar el rostro no es una tarea intuitiva, ocasional o innecesaria sino una verdadera herramienta para favorecer empatía, comunicación y compasión hacia nosotros y los demás.

Entender a los otros, no hacer inferencias falsas, descubrir al sospechoso, darnos cuenta de la recepción de nuestros mensajes en los demás, acompañar con sinceridad, empatizar desde un lugar profundo y relacionarse mejor son consecuencias de la habilidad para leer el rostro de forma científica y rigurosa.

Referencias

1 Cavanah and Geisler (2006). Mood effects on the ERP processing of emotional intensity in faces. Internal Journal of Psychophysiology, 27-33.

2 Mendlevic et al (2005). Decoding emotional facial expressions in depressed and anorexic patients. Journal of Affective disorders, 195-199.

3 Lepanne et al (2004). Depression biases the recognition of emotionally neutral faces. Psychiatry Research, 123-133.

4 Joorman and Gotlib (2006). Is this happiness I see? Journal of Abnormal Psychology, 705-714.

5 Yoon and Zimbarg (2007). Threat is in the eye of the beholder. Behavior Research and Therapy, 839-847.

6 Silvia et al (2006). Biased recognition of happy facial expressions in social anxiety. Journal of Social and Clinical Psychology, 585-602.