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Negociación, personalidad, influencia

¿Sabes observar a los demás?

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¿Sabes observar a los demás? el amplio panorama del comportamiento humano

Los seres humanos poseen una desarrollada Teoría de la mente, es decir, la capacidad para inferir y atribuir intenciones y pensamientos a otras personas, por tanto comprender nuestro estado mental y del prójimo. De no poseer teoría de la mente, apenas podríamos socializar o relacionarnos.

Relacionarnos implica, entre otros factores, observar a nosotros, el prójimo y el entorno. Con mucha frecuencia creemos observar mucho y bien, o incluso intuir mágicamente el porqué de todo, sin embargo, sin metodología y rigor solemos caer en sesgos y errores de atribución constantemente. Lo visible en este caso, se escapa delante de nuestros ojos. Nuestro hijo nos pide atención y lo confundimos con un regalo. Nuestra pareja nos grita con su cuerpo y rostro y nos pasa desapercibido. Nuestros compañeros de trabajo nos muestran constantemente emociones y apenas captamos un 1% de ellas. 

Nuestro comportamiento en todo momento deja huella dado que es imposible no emitir información. Si estamos quietos, impávidos y silenciosos ya decimos mucho. Pero es tal la avalancha de información que transmitimos, como especie hipersocial que somos, que necesitamos ordenar la misma cara a codificarla.

Un canal de observación posible es el contenido verbal de los mensajes. A pesar del mito (falso) de que el 93% de una comunicación es no verbal, las palabras en su contenido muestran acciones, intenciones, omisiones, errores, lapsus y atribuciones. Escuchar bien al otro y ser capaces de realizar una análisis cualitativo de lo que se dice es una herramienta a estudiar.

No solo qué digo, sino cuanto digo es parte de mi comportamiento. Al igual que tenemos un patrón específico al teclear en nuestro ordenador, de forma que se usa ya como un reconocimiento de personas, utilizamos un determinado vocabulario y palabras en diferentes circunstancias. Podemos leer un texto de alguien y determinar si fue escrito por esa persona, e incluso entender su estado de ánimo.

La escritura por tanto también es motivo de análisis, dado que no escribe la mano… sino el cerebro. La persona impulsiva en sus acciones, lo es cuando escribe a mano o firma. Ante una situación emocional tensa o agitada, o por ejemplo al mentir, escribimos con diferente presión sobre el papel.

No solo lo verbal y lo escrito deja huella y es observable. Lo no verbal, con orígenes evolutivos muy profundos, es un río de datos e informaciones de nuestro comportamiento.

Uno de ellos es la expresión facial. El rostro humano, a través de 42 músculos puede realizar hasta 10000 expresiones diferentes. Con el rostro emitimos constantemente información, tanto emocional como cognitiva, que en gran parte escapa a nuestro control. ¿Quiere ello decir que uno podría entender en el otro información que no es consciente para esa persona? La respuesta es: SI. La hipersocialidad no es un mantra, sino una realidad. A nuestro cerebro le bastan 17 milisegundos para percibir miedo, interés, atracción o ira.

Los gestos, aunque son más culturales que la expresión facial que se considera universal e innata, son otro fascinante canal del comportamiento. Nuestras manos en gran medida, pero también el torso, piernas y pies reaccionan constantemente en las interacciones con los demás. De hecho, la mano es casi una extensión del cerebro. Ocupa una gran zona de la corteza somatosensorial, está muy cercana al área motora del lenguaje y se postula que hablar y gesticular es una acción casi conjunta.

Las posturas y capacidad de movimiento son otra rama del comportamiento no verbal. ¿Sabías que con solo 6 puntos visibles del cuerpo de una persona podemos determinar el género, la emoción y el estado de ánimo? Nuestra forma de caminar, estar de pie o moverse habla por sí misma.

El tacto es como sabemos uno de los sentidos más primarios y una característica vital de los mamíferos. La piel es un receptor sensorial enorme y su entrada al cerebro es importantísima porque nos vincula con nuestro sentido del Yo, la posición en el espacio y la sensación de estar aquí y ahora en este cuerpo. Como, cuando y cuanto tocamos puede cambiar la adherencia a un tratamiento médico, la receptividad de una terapia, la confianza en una negociación o la percepción de profesionalidad de un ingeniero. No fueron los conocimientos sobre aleaciones, fobias o virus, lo que elevó la percepción positiva de ese ingeniero, psicólogo o médico, sino como utiliza la háptica, que así se llama la ciencia que estudia el tacto como canal de comunicación no verbal.

El estudio de la distancia es igualmente vital. La proxémica marca parte de nuestra conducta y muchas de nuestro nivel de agresividad se relaciona en parte con la proximidad mayor o menor en nuestras relaciones. La proxémica es tan profunda que su conocimiento permite transformar no solo reuniones o lugares de trabajo y vida sino incluso ciudades que entienden como se comportan las personas y parten por tanto de ellas.

La apariencia, lejos de sesgos clasistas, influye en nuestra percepción de los demás en tanto con frecuencia esperamos que ésta sea acorde a la función social que ejercemos. Más allá de eso, el autocuidado nos informa claramente sobre los rasgos de personalidad del sujeto y en base a ello, qué podemos esperar y qué no.

La oculésica, lejos de los mitos de que quien mira para la izquierda miente y quien mira abajo recuerda, nos muestra nuestro grado de interés, atracción y atención como vemos en los modernos estudios de eyetracking en los que mediante la mirada inferimos el estado mental de las personas.

Por último la prosodia del lenguaje, es decir, la entonación que muestra la intención de nuestras palabras nos permite entender sarcasmos e ironías, metáforas y giros del lenguaje que sin ellos, no existiría la comunicación. De hecho aquellos que entiende literalmente el lenguaje suelen tener problemas en la comunicación y por ello abundan los malentendidos y riñas en redes sociales en donde no vemos ni escuchamos ni podemos apenas inferir las intenciones del otro.

Como decíamos al incio por la teoría de la mente, constantemente leemos y atribuimos pensamientos e intenciones a nosotros mismos y los demás. En tanto conocemos con rigor como mejorar nuestra capacidad de observación, profundizamos también en el conocimiento propio dado que seremos más conscientes del efecto de nuestros actos y expresiones en los otros. Este es el punto donde meditación y conducta se interrelacionan. En tanto conozco bien como soy y qué siento mediante la meditación puedo mejorar y entender que el otro siente y es de determinada forma. En tanto observa la riqueza de información de los otros, puedo facilitar a su vez lo que ocurre en mi. La atención en ambos casos es el ingrediente fundamental. Pero no es tanto atender… sino saber a qué, cuando y cómo atender.

Atención especializada por tanto al lenguaje cuali y cuantitativo, escritura, expresión facial, gestos, posturas, orientación, movimientos, proxémica, háptica, apariencia y oculésica…

¿Sabes observar a los demás?

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Leer el rostro (y V): la cara de la depresión y ansiedad

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¿como vemos a los demas cuando estamos depresivos? ¿a que caras tememos cuando estamos ansiosos?

Esa realidad que creemos ver ahí afuera no es tal. Hacemos los colores al ver, los sonidos al oir y los olores al oler. No existen colores en el exterior sino que son construcciones cerebrales. La realidad social es en parte también constructivista. Eso que vemos en los demás, eso que pensamos de los otros, esas intenciones que atribuimos a otros… suelen estar muy sesgadas por nuestra propia percepión. En las relaciones humanas, la comunicación no verbal juega un papel fundamental y de todos los elementos que la componen, el rostro es uno de los más indicativos. Por ello, leer el rostro de otros, depende no de lo que ves, sino de como, cuando y quien lo ve.

Este factor es sencillo de entender en algunas patologías mentales. Todos entendemos que en un trastorno del ánimo como la depresión, el proceso emocional está claramente afectado con lo que muy probablemente veamos los rostros de los demás con un matiz diferente, coherente con aquello que estamos viviendo internamente. La realidad se pliega a nuestros pensamientos, es decir, nos damos la razón aunque suframos, antes que despertar a un cambio.

Los individuos con alto grado de neuroticismo, fruto del cual hay una alta reactividad e inestabilidad emocional, muestran una activación alta en el giro fusiforme derecho (donde se procesan los rostros) sugiriendo unas reacciones a los rostros diferentes tanto en su comportamiento que muestran como en la forma de procesarlo. En otro estudio con potenciales evocados, el componente P300 era más pequeño y lento en reacción a caras alegres en los individuos que tenían depresión respecto a los que no presentaban esta disfunción 1, lo que sugiere una incapacidad evidente para percibir la alegría.  Acaso necesitaban una intensidad facial exagerada para reconocer una cara de felicidad y alegría 2

SadMan¿Qué hay del reconocimiento de la felicidad para un depresivo? No solo la alegría, los pacientes con depresión tiene una disfunción para reconocer la ira comparados con pacientes control 3. A su vez su capacidad para reconocer caras neutras está alterada tanto en la exactitud como en el tiempo necesario para la detección 4. Muy probablemente indique que las personas que sufren depresión atribuyen estados emocionales a caras que simplemente son neutras.

En definitiva cuando tenemos depresión no solo nuestro mundo interno está afectado sino también el mundo perceptivo de los otros es muy diferente al de personas con un mundo emocional estable.

En personas que sufren de ansiedad social el reconocimiento de rostros está también alterado. De hecho vemos caras amenazantes en otros donde simplemente hay caras neutras o ambiguas 5. Al igual que los individuos depresivos, el reconocimiento de caras alegres en individuos que muestran ansiedad social es mucho más lento 6.

A la hora de mirar partes del rostro, los individuos con ansiedad social presentan tienden a no mirar los ojos, especialmente si la expresión facial es de enfado. Los tiempos de percepción del rostro muestran una hipervigilancia en la ansiedad social.

La conducta evitativa típica de la ansiedad social muestra una relación directa con la capacidad de ver el rostro y la expresión de las emociones, especialmente el enfado. Es curioso que la percepción del rostro y su expresión esté disminuida, encontrando hipoactivación en áreas donde registramos las caras (giro fusiforme izquierdo), y en cambio haya actividad en exceso en la amígdala izquierda y la ínsula, es decir que sentimos emociones “dentro” y somos incapaces de ver con claridad “fuera”.

Cómo procesamos las emociones no es por tanto un fenómeno unitario y general sino que está sujeto a múltiples factores. Además de la depresión y la ansiedad social, el síndrome de Down, el TDAH, el stress post traumático, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo y anorexia nerviosa presentan una elevada alteración en cómo vemos el rostro de los demás.

Independientemente de las patología en muchas ocasiones habituales, nosotros como individuos encontramos dificultades para interpretar correctamente el rostro de las personas, lo que implica que se dificultan nuestras relaciones y que a través de inferencias erróneas, creemos que los otros presentan intenciones, emociones y pensamientos que pueden estar muy lejos de la realidad.

La maestría de la vida se consigue a través de las relaciones genuinas, auténticas, sinceras. Aprender a leer e interpretar el rostro no es una tarea intuitiva, ocasional o innecesaria sino una verdadera herramienta para favorecer empatía, comunicación y compasión hacia nosotros y los demás.

Entender a los otros, no hacer inferencias falsas, descubrir al sospechoso, darnos cuenta de la recepción de nuestros mensajes en los demás, acompañar con sinceridad, empatizar desde un lugar profundo y relacionarse mejor son consecuencias de la habilidad para leer el rostro de forma científica y rigurosa.

Referencias

1 Cavanah and Geisler (2006). Mood effects on the ERP processing of emotional intensity in faces. Internal Journal of Psychophysiology, 27-33.

2 Mendlevic et al (2005). Decoding emotional facial expressions in depressed and anorexic patients. Journal of Affective disorders, 195-199.

3 Lepanne et al (2004). Depression biases the recognition of emotionally neutral faces. Psychiatry Research, 123-133.

4 Joorman and Gotlib (2006). Is this happiness I see? Journal of Abnormal Psychology, 705-714.

5 Yoon and Zimbarg (2007). Threat is in the eye of the beholder. Behavior Research and Therapy, 839-847.

6 Silvia et al (2006). Biased recognition of happy facial expressions in social anxiety. Journal of Social and Clinical Psychology, 585-602.

 

microexpresiones

Leer el rostro (III): las microexpresiones

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las microexpresiones faciales de las emociones no son controlables. ¿Son una verdadera nariz de pinocho? 

microexpresionesDéjame que te cuente cuando percibí por primera vez una microexpresión facial. En el año 2007 recibí el encargo de entrenar a los 152 árbitros de élite de todo el mundo cara al campeonato del mundo de Sudáfrica 2010. Además del control del stress y la focalización dentro del campo de juego, buena parte del programa que tenía que diseñar y ejecutar era implementar un protocolo de Lenguaje corporal que evitara las confrontaciones en masa, las peleas entre jugadores y la pérdida de control del partido por parte del árbitro.

Observando y observando partidos y entrenando a los árbitros me di cuenta por vez primera, de que en circunstancias de alta presión, gran parte del lenguaje no verbal cambiaba. Aunque el enfoque se dirigía más a la gestualidad, posturas, distancias y estilos de liderazgo que a la expresión facial, ésta no pasaba desapercibida. En ese trabajo percibí por primera vez las microexpresiones faciales, en este caso de miedo en un rostro que trataba de permanecer impasible y firme. Algo se me escapaba… así que decidí investigar sobre ello una vez finalizado el programa. Lo que más me sorprendió fue darme cuenta de que si uno no sabe lo que está buscando no lo puede encontrar. En definitiva, que lejos del mito popular de que cualquier puede saber lo que el otro expresa, hay que estar muy entrenado para precisamente verlo.

Las microexpresiones faciales son movimientos espontáneos, no controlables de algunos músculos de la cara, que duran en torno a 1/20 segundos y que aparecen en momentos y circunstancias muy emocionales 1,2. En ese momento intentamos reprimir esta expresión por considerarla no adecuada pero a pesar de nuestros intentos de control, aparece una respuesta fisiológica evidente. En tanto son rapidísimas nos pasan desapercibidas aunque para un ojo entrenado suceden y son visibles.

microexpression2Las emociones tienen un porqué y se generan en áreas del cerebro que no están sujetas a una cómoda regulación. Las emociones ayudan a la motivación, a la comunicación y a la adaptación al entorno. Por mucho que en ocasiones intentemos reprimirlas, son como volcanes y terremotos en la Tierra: escapan a la superficie. Las microexpresiones son esos pequeños terremotos y volcanes.

Un ejemplo clásico es el enfado. Valoramos un daño con indignación, como en el caso de una sugerencia de un compañero de trabajo que no nos gusta, pero no podemos dentro del contexto de una reunión expresar y decir lo que de verdad sentimos. Esa ira contenida escapa en forma de microexpresión.

El miedo aparece cuando nuestro bienestar se ve amenazado. Pero en tanto ese bienestar puede implicar nuestra costumbre, comodidad e incluso egoísmo, miles de estímulos que atentan nuestras rutinas pueden desencadenar miedo, que no queremos hacer visible, sin poder evitarlo: microexpresión.

El desprecio es muy habitual e la expresión emocional. Representa una sensación de superioridad, normalmente intelectual ante hechos, eventos u opiniones sobre los demás. En muchas ocasiones alguien te da la razón, te da las gracias o te dice que está encantado contigo y a la vez muestra desprecio. En ocasiones aparece el asco, una emoción muy visceral, con origen evolutivo para evitar contagios, contaminaciones y venenos, pero que culturalmente se desarrolla igualmente en contextos de interacción social. Es muy habitual que se escapen expresiones de asco, cuando nos preguntan sobre grupos sociales concretos, ideologías o representantes de movimientos que no encajan en nuestras ideas. Literalmente nos producen asco. Junto al miedo, asco, desprecio y enfado viajan la ansiedad, la penosa envidia, los celos, la alegría, la culpa y la vergüenza en nuestro día a día. En ocasiones, sobre todo las emociones básicas, escapan a la superficie y muestran una realidad interna que no podemos esconder.

Las microexpresiones han llegado a ser muy famosas por los trabajos de Paul Ekman 3 aunque fueron descubiertas años antes 4. Con un exagerado perfil comercial parecieran mostrar por fin una nariz de Pinocho por la cual pudiéramos conocer qué hay dentro de la cabeza del otro. De este modo tendríamos acceso a eso que la persona quiere ocultar y que nosotros queremos saber. Nada más lejos de la realidad.

micro3El problema es que esa aproximación no refleja la actitud correcta. No es extraño que partiendo de ese lugar, poco ético y compasivo, muchas personas crean que con las microexpresiones se detectan mentiras. O se entrenan para detectar microexpresiones a nivel profesional sin antes mejorar su habilidad de escucha o de empatía. Incluso podemos llegar a ser expertos en microexpresiones para ver microexpresiones por todos los sitios y no llegar a conclusión alguna. O sin darnos cuenta partir de nuestras propias ideologías sesgadas a lo que queremos interpretar, aspecto que no escapa ni siquiera a los profesionales del derecho: no es tan fácil ser objetivo si uno está enamorado de sus filias. En ese caso comprobamos lo que ya buscábamos en vez de deducir de forma seria y honesta.

Siento decepcionar: la realidad es que una microexpresión es una entre mil detalles que expresamos en una conversación y no implica sí o sí, engaño deliberado. Corremos un serio riesgo de enfocarnos en ellas y perder el bosque, no atender lo verbal y juzgar en vez de acompañar. Por conocidas, comerciales y atractivas que resulten, analizar el comportamiento humano requiere de la observación atenta de muchos más canales, no sólo el rostro y no solo la microexpresión.

Las microexpresiones no detectan al mentiroso, sino que en ocasiones sacan a la superficie algo sospechoso. Pero esa sospecha no necesariamente implica una actitud deshonesta del otro. En muchos casos implica que nosotros hemos actuado de forma impulsiva o poco empática, provocando en el otro una emoción incómoda.

En otros casos puede querer decir que esa persona que nos parece sospechosa, no maneja en absoluto sus emociones, las desterra, le incomodan y prefiere una filosofía fría o racional antes que ponerse en contacto con ellas. Cualquier estímulo provoca una incoherencia en su lenguaje no verbal, y sin embargo no siempre nos está engañando o mintiendo.

En definitiva: sin trabajar hacia dentro buscar la microexpresión en el rostro del otro provoca el llamado error de Otelo 5, como en la novela de Shapeskeare, en el que al final uno comprueba lo que ha creado.

Leer el rostro no es juzgar al otro sino detectar una posible incongruencia. Leer el rostro de los demás es aprender cómo estamos comunicando para modular y ajustar mejor nuestro mensaje. Las microexpresiones son una herramienta más entre muchas de nuestro comportamiento no verbal. No son la panacea, ni la solución, ni representan en absoluto, la ansiada nariz de Pinocho. Son una maravillosa herramienta dentro del extenso mundo del comportamiento no verbal.

Y si las microexpresiones nos pueden servir para investigar incoherencias… ¿qué sucede cuando vemos un rostro y lo nos provoca es admiración?

Sobre rostros bellos… (en la cuarta parte).

Referencias

1 Kring, A.M. y Sloan, D.M.(2007).The Facial Expression Coding System (FACES): Development, Validation, and Utility. Psychological Assessment, 19(2), 210–224.

2 Wehrle,   T. , Kaiser,S. , Schmidt,S. Y Scherer, K.R. (2000). Studying the dynamics of emotional expression via synthesized facial muscle movements. Journal of Personality and Social Psychology.

3 Ekman,P.(1997).What the Face Reveals: Basic and Applied Studies of Spontaneous Expression. New York: Oxford University Press.

4 Haggard, E. A., & Isaacs, K. S. (1966). Micro-momentary facial expressions as indicators of ego mechanisms in psychotherapy. In L. A. Gottschalk & A. H. Auerbach (Eds.), Methods of Research in Psychotherapy (pp. 154-165). New York: Appleton-Century-Crofts.

5 Bembibre, J. y Higueras, L. (2010). A vueltas con el error de Otelo: aplicación del modelo de fuentes a la credibilidad del testimonio y su afectación por la carga emocional. Psicothema, 22, 1, 125-130.

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Leer el rostro (IV): una cara bonita

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¿Porqué nos parece alguien atractivo? ¿Cómo ve el cerebro este asunto?

¿Es algo exclusivamente cultural? ¿Existe algún componente innato?

No hablamos hoy de identificar y distinguir personas a través del rostro (Leer el rostro I), o de cómo se expresan las emociones (Leer el rostro II), ni de cómo se escapan a nuestro control las microexpresiones (Leer el rostro III), sino de cómo y porqué detectamos rostros bellos.

beauty2Aunque sintamos impulsivamente como una gran verdad la belleza de alguien, lo cierto es que hemos sido educados en determinados indicadores y tendencias que nos influencian.

Con una amplia mirada histórica reconocemos que lo que es bello para unos puede resultar muy diferente para otros. Las mujeres Ainu japonesas del siglo XIX se tatuaban líneas azules como mostachos, los hombres maoríes de Nueva Zelanda tradicionalmente se tatúan el rostro y algunas tribus de Brasil acostumbran a insertar un plato en el labio inferior. Para Darwin, ejemplos de este tipo instaban a considerar la belleza como algo cultural.

Sin embargo, a pesar de las culturas hay acuerdos sobre el atractivo de ciertas caras. Varios de estos estudios se realizan en bebés, los que pasan más tiempo mirando caras atractivas que no atractivas

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¿Qué es lo que marca que un rostro sea más atractivo? Solemos creer que lo que marca es que es único, por tanto más diferente a los demás. Parecería intuitivamente lógico pensar así. Sin embargo no lo es dado que un rostro bello es el que más se acerca a la media. Si recordamos que ver un rostro activa una unidad de reconocimiento facial (FRU) a la que después se asocia un contenido semántico y biográfico de la persona, y que esta FRU se basa en mediciones de distancias habituales entre ojos, longitud de nariz y anchura de boca, los rostros que se asemejan más a la media son los que se consideran más bellos. De hecho si cogemos 15 rostros y por ordenador creamos uno que sea la media de todos sus rasgos, éste es el que resulta más atractivo 2, siempre que sea de la propia cultura.

La simetría es otro aspecto a tener en cuenta. Aunque los lados del rostro son levemente diferentes, cuanto más simétrico es una cara más bella nos parece 3. No debemos confundir con esos dibujos que parten el rostro en dos y juntan por superposición las dos mitades en espejo. Un tercer aspecto tiene que ver con el género de la cara. Cuanto más masculina sea una cara de hombre y más femenina una cara de mujer, más atractivas resultan 4. Ambos aspectos, simetría y género están vinculados entre sí como factores indicadores de belleza.

El último factor para calificar una cara como bella tiene que ver con la condición de la piel, que quizá expliqué la obsesión por la belleza del rostro para muchas personas. Y es que al presentar diferentes fotografías en las que se manipula las texturas de la piel, las caras con un color y distribución más homogénea resultan más jóvenes, saludables y atractivas 5.

beauty3Muy probablemente estos factores se relacionan con respuestas evolutivas en las que rostros aparentemente saludables, simétricos y bien característicos del sexo que representan mostraran una ventaja selectiva para la descendencia y la progenie así como una predisposición menor a enfermedades y contagios. Sin embargo en tanto el rostro presenta numerosas funciones (identidad, expresión facial, comunicación, receptores sensoriales, masticación, lenguaje) no es sencillo aceptar la hipótesis de la selección natural por respuesta. En la actualidad no procede este tipo de relación dado que la apariencia del rostro, sujeta a miles de intervenciones estéticas, productos y “cuidados” no encuentra una relación directa con la salud, la capacidad inmune o la resistencia a las enfermedades. De hecho conocemos bien los efectos del botox sobre la cognición y las emociones, enlenteciendo estos procesos, por lo que quizá valga la pena eso de que «la arruga es bella».

Un aspecto no evolutivo de la atracción puede tener su origen en el llamado efecto de mera exposición. Numerosos estudios muestran algo que todos hemos comprobado y es que cuando conocemos más a algunas personas las encontramos cada vez más atractivas mientras que el primer día al no ser familiares no lo consideramos así 6. Este fenómeno daría paso a estudiar porqué y cómo reconocemos a hermanos y familiares con los que compartimos genes.

Pero no siempre somos capaces de percibir – crear belleza en nuestra mirada. Cuando sufrimos ansiedad, depresión o patologías específicas como autismo y esquizofrenia nuestra forma de percibir caras es muy diferente. Es sin duda un fenómeno muy curioso (lo veremos en la quinta parte…)

 

Referencias

1 Slater et al. (2000). Newborn infants preference for attractive faces: the role of internal and external facial features. Infancy, 1 (2), 265-274.

2 Rubenstein et al. (2002). What makes a face attractive and why: the role of averageness in defining facial beauty. Westport, CT: Ablex.

3 Little and Hancock (2002). The role of masculinity and distinctiveness in judgments of human male facial attractiveness. British Journal of Psychology, 93, 451-464.

4 Rhodes, G. (2006). The evolutionary psychology of facial beauty. Annual REview of Psychology 57, 199-236.

5 Jones et al. (2006). When facial attractiveness is only skin deep. Perception, 33(5), 569-576.

6 Bornstein, R.F. (1989). Exposure and affect: overview and meta analysis of research, 1968-1987. Psychological Bulletin, 106, 265-289.

 

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Leer el rostro (II): las emociones

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la expresion facial de las emociones es quiza uno de los aspectos mas importante y conocidas en la observacion  del rostro de las personas. 

darwin3Y es que no sólo la identidad es lo que descubrimos al leer el rostro. Otra habilidad importante para nuestra vida cotidiana es descodificar la expresión emocional. Desde hace años se insiste en que las habilidades emocionales deben viajar paralelamente al resto de habilidades cognitivas si queremos desarrollar una vida plena y unas relaciones con sentido. Tan cierto es que entender las emociones de los demás y expresar adecuadamente las propias son la clave de la comunicación humana.

Pero ¿cuántas emociones puede expresar el rostro? ¿Son las expresiones faciales controlables? ¿Nacemos con esa capacidad o se desarrolla con la cultura? ¿Hasta donde se puede leer el rostro de los demás? ¿Son estas expresiones más importantes que la palabra? ¿Cuáles son las emociones que más nos cuesta interpretar?

El pionero del estudio de las emociones fue Charles Darwin. Como todos sabemos, Darwin fue el primer humano en explicarnos de forma clara, quienes somos y de donde venimos, ¡casi nada! Archiconocido por su teoría de la evolución (aunque más que una teoría en sentido popular es un hecho incuestionable), en su ensayo de 1872 “La expresión de las emociones en el hombre y los animales” 1 trataba de comprender cuan lejos o cerca están de los estados mentales las expresiones faciales y los gestos. Como buen investigador, apasionado no sólo de la biología sino también del comportamiento, observó detenidamente la expresión facial de niños, enfermos, personas de diferentes culturas y diversos animales y recopiló datos de más de 2000 viajeros y misioneros a los que aplicó su encuesta de reconocimiento. 

darwinLa investigación de la expresión de las emociones continúa muchos años después con el psicólogo Paul Ekman, quien trata de responder la cuestión de si las emociones son universales y por tanto innatas o bien son adquiridas. Ampliando la visión de Darwin, Ekman examinó la habilidad para detectar expresiones faciales emocionales en diversas culturas. A través de la investigación descubren una serie de unidades de acción musculares que se activan con distintas expresiones emocionales. Una sonrisa genuina, por ejemplo, requiere de la activación del Orbicularis Oris y del Zigomático mayor. Las primeras investigaciones de Ekman se realizaron sobre participantes de USA, Japón, Brasil, Chile y Argentina, que presentaron un alto reconocimiento de la expresión facial de la ira, asco, miedo, alegría, tristeza y sorpresa. Otros autores replicaron y comprobaron estas tesis, por lo que Ekman decidió intentarlo en culturas más aisladas, comprobando en grupos culturales de Papúa Nueva Guinea su propuesta de universalidad de las emociones básicas de la alegría, enfado, miedo, sorpresa, asco y tristeza, tesis bastante robusta hoy en día.

Aunque reconocemos las emociones básicas universales existen ligeras diferencias en el reconocimiento entre culturas. Los japoneses reconocen algo peor las expresiones de alegría que la media, los chilenos eran buenos reconociendo la tristeza y los argentinos la sorpresa 2.  Algunas de las críticas que se pueden realizar sobre Ekman parten del sesgo intracultural en la aplicación de los estímulos, dado que en sus experimentos mostraba fotos de expresiones faciales de su propia cultura. Si se tiene en cuenta este aspecto entendemos la leve variabilidad en el reconocimiento entre las diferentes culturas 3.

Pero ¿qué hay de los animales? ¿Son capaces de reconocer las expresiones faciales? Muchas investigaciones así lo confirman 4. Los monos Rhesus son capaces de distinguir diversas expresiones emocionales y también ¡las ovejas! 5, que no solo reconocen expresiones faciales de otras ovejas sino también humanas. Al observar este tipo de estudios con animales sobre emociones, aprendizaje o autoconsciencia vemos cuan lejos queda la visión cartesiana de animales sin «alma». 

De todas las emociones que humanos y animales reconocen, la más sencilla de detectar es la alegría. Percibimos una sonrisa ¡a casi 25 metros de distancia! Al ser una emoción netamente positiva, difícilmente se confunde con otras. Sin embargo existen hasta 25 tipos de sonrisas y en ocasiones otras emociones se pueden solapar, enmascarar y mezclar con una sonrisa. No en vano encontramos sonrisas miedosas, sonrisas tristes, sonrisas envidiosas y sonrisas despreciativas. Nuestra habilidad para detectar sonrisas genuinas o simuladas se desarrolla ya a una temprana edad. A los 4 años los niños son sensibles a las sonrisas falsas 6. Incluso aunque no atendamos a la expresión facial ésta nos influye: una sonrisa genuina o falsa previa a una tarea posterior verbal, posibilita un mejor reconocimiento de las palabras presentadas. Sonrisas genuinas o falsas en una modelo facilitan o disminuyen la percepción de calidad de la ropa que presenta 7.

darwin2Todo ello nos sirve para certificar que la sonrisa genuina, producto de la alegría, abre puertas y conversaciones, disuelve conflictos y favorece relaciones. No es extraño por tanto imaginar que los grupos humanos evolucionaran con mecanismos de expresión y reconocimiento facial que garantizara la estabilidad del endogrupo: la alegría permitía, desde lejos, mostrar nuestras verdaderas intenciones. A diferencia de la alegría, nuestro reconocimiento de las emociones negativas es más complicado. Sin un entrenamiento específico no distinguimos bien el miedo de la sorpresa, el asco del enfado y apenas nos percatamos de la expresión emocional del desprecio. A su vez no todo son expresiones emocionales en el rostro dado que determinados aspectos cognitivos como la concentración u otros pueden confundirse con emociones básicas.

Si las emociones básicas son universales y se expresan con precisas unidades de acción en el rostro, las emociones sociales son aún más complejas y su detección es muy elaborada. ¿Cómo es la cara de la culpa, la vergüenza, la envidia, los celos o el orgullo? Aunque presentan características que podemos codificar, no muestran la uniformidad de las emociones básicas. Es necesario atender a muchos más canales de información que meramente el rostro.

¿Es necesario entonces decodificar el rostro? ¿Interfiere esta habilidad con la comprensión del discurso? ¿Hasta qué punto es fiable? 

darwin4En numerosos estudios, a pesar de nuestro exceso de confianza, no es sencillo en cada instante entender las emociones de nuestro interlocutor. De hecho, si no estamos entrenados, no podemos atender al contenido verbal y no verbal a la vez, dado que nuestra memoria de trabajo (la RAM de nuestro cerebro) se satura fácilmente. Las expresiones faciales de las emociones son muy fiables, dado que muchos de los músculos del rostro no se pueden activar de forma voluntaria y su puesta en marcha depende de circuitos subcorticales vinculados a áreas cerebrales que no están bajo nuestro control. Por ello, ante un experto difícilmente podremos simular una emoción sin ser vistos.

Por eso la mejor estrategia es simplemente ser genuinos y claros en todas nuestras exposiciones y relaciones. Por un lado nuestro cerebro sufrirá menos incertidumbre, desgaste y stress. Por otro lado elevaremos día a día la confianza percibida por los demás, valor escaso en tiempos de mentiras, narcisismos y postverdades. Por último, para estar en uno mismo hay que acercarse a la versión más sobria y auténtica.

Si no lo hacemos… podemos intentar controlar hasta cierto punto el discurso y el rostro ¿verdad? Pero aparece un aspecto sutil que merece una explicación aparte: el fenómeno de las microexpresiones faciales. Algunos incluso postulan que son la clave para dar el clavo en la detección de la mentira. ¿Será que en el rostro existe una nariz de Pinocho? (Lo veremos en la tercera parte… )

Referencias

1 Darwin, Charles (1872), The expression of the emotions in man and animals. London: John Murray.

2 Ekman, P. and Friesen, W.V. (1971). Constant across cultures in the face and emotion. Journal of Personality and Social Psychology 17, 124-129.

3 Wickline V.B. and Bailey, W. (2009). Cultural in group advantage: emotion recognition in African American an american faces and voices. Journal of Genetic Psychology, 170(1), 5-28.

4 Tate, A.J. et al. (2006). Behavioral and neurophysiological evidence for face identity and face emotion processing in animals. Philosophical Transactions of the Royal Society of London. Series B, Biological Sciences, 361 (1476), 2155-2172.

5 Knolle, F., Goncalves, R. P., & Morton, A. J. (2017). Sheep recognize familiar and unfamiliar human faces from two-dimensional images. Royal Society open science, 4 (11), 171228.

6 Thibault et al, 2009. Children´s and adolescents perception of authenticity of smiles. Journal of Experimental Child Psychology, 102 (3), 360-367.

7 Miles L. and Johnston L. (2007). Detecting happiness: perceiver sensitivity to enjoyment and non enjoyment smiles. Journal of non verbal Behavior, 31(4), 259-275.

 

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Leer el rostro (I): la identidad

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Día a día observamos el rostro de numerosas personas. Necesitamos mirarnos para identificarnos, determinar el género y la edad, expresar emociones y cognición, así como ayudar a comprender el lenguaje.

 

Aunque usemos el rostro para todas esas funciones, el cerebro las trabaja de forma relativamente independiente, reconociendo un rostro a través de diferentes etapas consecutivas. Intuitivamente comprendemos que este reconocimiento es secuencial ya que con frecuencia pensamos: “esta cara me suena”, “se parece a alguien pero no se a quien”, “no recuerdo su nombre pero le conozco”, “aunque ha cambiado mucho tengo claro que era ella” y otros similares. Todos estos ejemplos nos muestran que reconocer una cara no es un proceso todo-nada, contiene muchos matices y no siempre llegamos a reconocer a una persona al 100%.

distortionfaceConocer y mejorar cómo vemos un rostro permite interpretar mejor sus gestos, favorecer la comunicación y empatía y disminuir radicalmente los conflictos.

Pero ¿cómo ve el cerebro una cara? ¿Igual que cualquier otro objeto? ¿Como un todo? ¿Como suma de partes? ¿Cómo lee las emociones?

Al ver un rostro familiar o conocido se despierta una unidad de reconocimiento facial (FRU). El cerebro crea una unidad específica de este tipo para cada persona conocida. Al observar ese rostro, se activa de forma secuencial la información personal y semántica asociada a esa persona (PIN-SIU). Este no es un proceso pasivo ya que con frecuencia a través de la lógica y el contexto inferimos si puede ser o no la persona que creemos, algo así como “se parece a mi abuela pero no puede ser ella porque no vive en esta ciudad”.

La identificación del rostro se basa en los valores de determinadas dimensiones faciales siendo las más importantes la distancia entre los ojos, el tamaño de la nariz y la anchura de la boca. El cerebro valora esas distancias para cada persona, las compara con una media poblacional y desde ahí reconocemos a una persona. Por ello reconocemos más fácilmente caras muy diferentes a la media y nos cuestan más las caras que son muy parecidas.

Numerosos efectos curiosos se producen al leer la identidad de una persona en el rostro.

Uno de ellos es el Efecto Caricatura. Cuando los dibujantes realizan simulaciones sobre un rostro conocido, varían sus tamaños, exageran proporciones y resaltan algunas facciones, sin embargo, los reconocemos perfectamente 1. Ello es debido a que el efecto caricatura exagera las diferencias entre la cara media y la original de modo que aún siendo diferentes se facilita el reconocimiento.

carUn segundo fenómeno es el Efecto otras razas. Somos mejores reconociendo caras de nuestra raza que de otras distintas. El cerebro se ha desarrollado visualmente desde temprana edad. Al nacer apenas distinguimos un cara muy borrosa y difuminada de nuestra madre en la que resalta un leve triángulo formado por los ojos y la boca. Asociamos a esa imagen la prosodia del lenguaje de la mamá, mediante la entonación precisa y no las palabras. A medida que madura el cerebro visual vamos reconociendo otras caras que se parecen entre sí porque forman parte de nuestra cultura. Al ver caras de otras razas nuestro reconocimiento es menor ya que se salen de un modelo normativo como el nuestro. Basta citar como ejemplo las dificultades que tenemos para distinguir entre asiáticos sus rasgos distintivos. A nuestro cerebro les parecen iguales, aunque no lo son 2.

El fenómeno de la negación fotográfica parte de que el ojo humano, fruto de la evolución, suele tener los focos de luz arriba, con el Sol como principal fuente. Por ello los contrastes y sombras que surgen de esta fuente de luz son bien conocidos para el cerebro. Basta iluminar un rostro desde la barbilla hacia arriba para generar una reacción novedosa y a menudo temerosa sobre el mismo rostro, fenómeno que conocen bien cineastas para generar miedo en el público. Esta característica explica bien el porqué reconocer el rostro es un proceso en 3D y no en 2D, ya que para reconocer necesitamos ver luces y sombras. Si aplicamos la negación fotográfica total, nos resulta muy complicado reconocer un rostro 3.

La inversión del rostro provoca en nosotros un enlentecimiento en el reconocimiento que no se produce con otros objetos. Pasamos de ver el rostro de forma holística a procesarlo analíticamente. La capacidad para distinguir entre dos caras cuando se dan la vuelta se reduce drásticamente. Ello implica que el cerebro ve diferente un rostro que cualquier otro objeto. Invertidos dos rostros que parecen iguales resultan ser muy diferentes en su disposición vertical habitual 4.

obamaLa ilusión de Thatcher es un ejemplo extendido del caso anterior. En esta ilusión tomamos por correcta una imagen que después resulta grotesca y en la que parte de sus componentes se muestran verticalmente de forma habitual 5. La inversión reduce la sensibilidad espacial que relaciona los rasgos de la cara con el resto de componentes.

Los efectos de distorsión nos muestran hasta qué punto podemos alterar el tamaño relativo de nuestra cara 6. En la medida que lo hagamos globalmente por ejemplo doblando su longitud o triplicando su anchura, el reconocimiento no se verá afectado, al revés que en los fenómenos de inversión.

Los rostros familiares o desconocidos se procesan de forma diferente. Somos muy buenos para recordar caras conocidas y realmente pobres en el procesamiento de rostros que nos resultan ajenos. Consideramos un rostro familiar no el de aquella persona que hemos visto en los medios (por tanto en 2D) sino el de rostros de personas con las que hemos interactuado en numerosas ocasiones durante largos periodos. Si observamos las caras familiares con cambios en la pose o expresión o incluso con imágenes de mala calidad como las obtenidas por cámaras CCTV, el reconocimiento es muy alto 7. Mediante diversos estudios sabemos que reconocemos el rostro familiar por la parte interior de la cara (ojos, nariz y boca) mientras que las caras no familiares las procesamos principalmente por la línea exterior de la cara y el pelo.

¿Qué hay del movimiento de la cara? Nuestra percepción del rostro rara vez es fija. Las personas mueven ojos, nariz, boca y a su vez giran y mueven el cuello y la cabeza. Percibimos en 3D y además en movimiento, por lo que la forma de mover la cabeza y expresar el rostro puede formar parte del reconocimiento. De hecho cuando los investigadores presentan caras familiares irreconocibles salvo en su aspecto de movimiento, los sujetos no presentan dificultades en el reconocimiento 8.

Leer el rostro de las personas para determinar su identidad es un proceso por tanto complejo para el que el cerebro ha evolucionado de forma específica: verticalidad, proporciones, dinamismo, patrones normativos, luz y cultura son algunas de sus más peculiares características.

Pero no sólo la identidad es lo que nos proporciona leer el rostro.

Otra habilidad importante para nuestra vida cotidiana es decodificar la expresión emocional (segunda parte).

Referencias

1 Peterson, M. and Rhodes G. (2003). Perception of faces, objects and scenes. Oxford University Press.

2 Valentine T. and Endo M. (1992). Towards an exemplar model of face processing: the effects of race and distinctiveness. Quarterly journal of experimental psychology, 671-703.

3 Galper, R.E. (1970). Recognition of faces in photographic negative. Psychonomic Science, 207-208.

4 Freire, A., Lee, K. and Symons L.A. (2000). The face inversion effect as a deficit in the encoding of configural information. Perception, 159-170.

5 Murray, J.e., Yong, E. and Rhodes (2000). Revisiting the perception of upside-down faces. Psychological science 498-502.

6 Hole G.J., George P.A, Eaves, K. (2002). Effects of geometric distortions on face recognition performance. Perception 1221-1240.

7 Liu C.H. (2003). Face recognition is robust with incongruent image resolution. Journal of Experimental psychology, 33-41.

8 Steedy L.L. (2007). I can´t recognize your face but I can recognize its movement. Cognitive Neuropsychology, 451-466.

 

 

 

La cara es el espejo del…

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En el análisis cientifico del comportamiento humano el estudio de la cara resulta vital. Si recuperamos el viejo concepto griego de alma, conocido como “Psyque”, sin duda que la cara es espejo de nuestra psique. Pero ¿como ocurre? ¿porque es tan importante la cara? ¿Se podria decir que es una extension de nuestro cerebro? 


 Cara y cerebro son anverso y reverso de una misma moneda. El Homo Sapiens es ante todo, hipersocial y ésta característica exige una capacidad de comunicación y expresión fuera de lo común. Evolutivamente el cerebro de este primate peculiar que somos ha ido paralelo al desarrollo social y para ello la comunicación ha jugado un papel estelar. En ella, la expresión facial ha sido determinante.

Existen numerosos mecanismos para detectar y producir señales en la comunicación por los cuales nuestro cerebro es capaz de expresar emociones y sentidos, mediante canales verbales, faciales y gestuales. De hecho la cara contiene 42 músculos que combinados entre sí pueden generar ¡hasta 10.000 expresiones diferentes!

Muchas de estas expresiones son fundamentalmente emocionales y están controladas por músculos voluntarios pero también involuntarios. Esta dualidad posibilita  una realidad evidente y es que no podemos evitar no comunicar de alguna forma. Conocer cómo funcionan estas expresiones resulta vital para mejorar nuestras relaciones interpersonales y dotar de mayor credibilidad, fuerza, carisma y liderazgo a nuestros mensajes.

La cara y cerebro no son dos sino uno. Podemos imaginar la cara como el cerebro hacia fuera, y el cerebro ¡la cara hacia dentro!

No es exagerada esta concepción ya que en la cara se encuentran los ojos, que en el cerebro forman la corteza visual. Encontramos la nariz, por la que a través del nervio olfativo llegamos a la corteza olfativa. Aparecen las orejas y oídos, por los que desarrollamos nuestra capacidad auditiva. Sentimos el gusto, en la boca, lengua y paladar, que da lugar a nuestra corteza gustativa. Todas esas cortezas se unen para crear la multisensorialidad humana. No sólo vemos, sino que de lo que vemos hacemos inferencias directas sobre su peso, gusto, olor o sonido. No sólo oímos, sino que imaginamos como es, pesa, sabe o huele eso que escuchamos. La integración es la esencia del cerebro y los principales sentidos tienen sus ventanas al mundo en la cara. A su vez el lugar que ocupan en nuestra corteza es gigantesco.

Pero ¿qué ocurre hacia fuera? Algo parecido, ya que el cerebro produce emociones y pensamientos, que a través de las zonas motoras del lenguaje activan labios, lengua y cuerdas vocales para expresar, desde poesía y canto hasta palabrotas o gruñidos. Pero no sólo expresamos lenguaje de forma motora, sino un enorme elenco de signos no verbales mediante el silencio, o a través de expresiones faciales por las cuales podemos decir sí o no, aceptar o rechazar una propuesta, mostrar enfado, alegría o sorpresa, o simplemente sentir miedo literal que se refleja en nuestro semblante.

¿Y qué hay del efecto de los demás en nosotros? Sin darnos cuenta, las caras de otros activan zonas emocionales propias en tan sólo 17 ms. Nuestro cerebro es hiper reactivo ante los demás y si somos como somos es debido a este hiper desarrollo social-cerebral a la par. No nos debe extrañar por tanto la tendencia al chismorreo, el cotilleo, la envidia o el éxito de las redes sociales. Nos importan los demás y necesitamos saber de ellos, al menos, evolutivamente. Es humano, común y lógico, por raro que nos resulte.

Esta impresionante relación entre cara – cerebro – otros viene innata en nuestros programas. No sólo reaccionamos rápidamente, incluso sin ser conscientes a las expresiones de los demás, sino que hemos nacido para ver y atender a las caras, programa que viene incluido en nuestro genoma.

Hasta tal punto es así que ilusoriamente hay quien cree ver “espíritus” en árboles, rocas o nubes, por el simple hecho de que ¡parecen caras! ¿A qué es debido? A que un área conocida como giro fusiforme (A37) localizada en el giro temporal de nuestro cerebro, está hiperespecializada en el reconocimiento facial. Basta mostrar a un bebé un triángulo con dos cuadraditos que simulan ojos y un raya que simula una boca para desatar una respuesta emocional. Si invertimos el triángulo con la raya arriba y dos cuadraditos abajo no se produce reacción alguna. Vemos formas que asemejan caras en los coches y anuncios, y nos influye en nuestros gustos y compras. Vemos caras en numerosos objetos y se vuelven familiares.

Pero no acaba aquí la unidad cerebro – cara – otros. Si por alguna razón se dañara el giro fusiforme podríamos ver a las personas… pero no veríamos sus rostros, como en el caso de una curiosa condición patológica llamada prosopagnosia. Quizá lo más increíble resulte un ejemplo opuesto, el síndrome de Fregoli, donde en todas las personas vemos las caras de nuestros familiares, como si los hubieran clonado en el resto de la población.

Qué decir del síndrome de Capgras, en donde el sujeto ve las caras de sus familiares pero no los reconoce como tal y su cerebro, ante esa desconexión del giro fusiforme con la memoria emocional, crea una historia en la que el paciente se convence de que sus familiares son ¡dobles impostores!

¿Y al revés? El feedback facial existe, sin duda. Hoy en día sabemos, que las personas que utilizan botox entorpecen su capacidad no sólo para expresar, sino también para detectar emociones y no sólo al ver a otros, sino incluso leyendo literatura, junto a una mayor lentitud de procesamiento. Curiosa la acepción para algunos de lo bello. ¡Cuidado con manipular tu cara! Estás tocando tu cerebro…

La cara es sin duda el espejo del cerebro y punto de partida del análisis del comportamiento humano. Cara y cerebro, nuestro DNI, señales de nuestra más genuina identidad.

Quizá sea el momento de aprender, científicamente, sobre el rostro humano. Nuestras relaciones, emociones y pensamientos lo agradecerán.

By Jose Sánchez

 

Porqué me importa lo que piensen los demás

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Parece contraintuitivo, incluso transgresor, dudar de la aparente frescura y certeza con la que defendemos lo poco que nos importa lo que otros piensen, hagan o digan. Necesitamos repetirnos una y otra vez que el prójimo realmente nos afecta poco. En algunos casos establecemos un muro que en su interior acoge a quien nos importa y deja fuera a «los que no nos importan»

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Emoción y razón son uno

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Conocer nuestras emociones ha preocupado a filósofos, pensadores, y médicos desde la antigüedad. En la vieja China, las emociones se ligaban a la función de algunos órganos vitales, los cuales según su hiper o hipometabolismo producirían una intensidad emocional diferente, es decir, observaron su aspecto biológico y somatico. En el mundo grecorromano, Hipócrates las vinculó a su teoría de los 4 humores, Aristóteles las clasificó como ingredientes esenciales de la virtud pero sujetas a control, mientras que para los estoicos eran un freno para la razón y el cultivo de sí. Aún con ese concepto, nuestro cercano Séneca tuvo toda la vida para domar la ira de Nerón, sin exito alguno.


Como bien sabemos, en ocasiones el conocimiento puede resultar velado ante la visceralidad emocional y hoy en día el bienestar depende tanto de nuestro EQ, inteligencia emocional, como del viejo IQ, inteligencia analítica (ambas son inteligencias no olvidemos).

No resulta extraño: establecer relaciones empáticas, saludables, sinceras y adaptadas es un verdadero arte, tanto como una mente ágil, creativa e inquisidora sobre la naturaleza de los fenómenos. Por importantes que sean las emociones no debemos caer en la trampa romántica, de creer que todo es emoción y que la razón es inútil y corta: una tesis de lavado de cerebro, nos resulta ciertamente peligrosa, debido a que por importantes que sean las emociones, aprender a pensar y reflexionar sigue siendo una asignatura bastante pendiente.

Hoy conocemos que las emociones contienen tres componentes: uno mental en el que se incluyen sentimientos, otro comportamental que atañe a la conducta y otro fisiológico que mueve corazón, sistema nervioso y entrañas. Nos emocionamos en el cuerpo, en la mente y en la conducta observable, por tanto nada nuestro escapa a su efecto. Las emociones son rápidas en producirse y, si lo permitimos, rápidas en marcharse: rara vez una emoción dura minutos. ¡Hay que esforzarse mucho para estar siempre enfadado! Mantenidas en el tiempo, las emociones disminuyen su intensidad aguda, pero nos pueden vincular a estados afectivos y anímicos. A veces de tanto repetirse esos estados acaban formando rasgos que construyen nuestra personalidad e identidad.

Al estudiar el cerebro encontramos que las emociones son literalmente disparadas por estructuras que se alojan en el diencéfalo, cerebro medio, para producir el componente somático y fisiológico, relegando la experiencia mental, en ese instante, a un segundo plano. El amplio rango emocional que presenta el ser humano nos lleva a pensar que sin duda gracias a esa enorme variabilidad, supuso una ventaja adaptiva. Si algo o alguien nos afecta, la emoción aparece, influyendo por tanto en las relaciones y estructuras sociales que establecemos  en funcionamientos moldeados por  la evolución y la experiencia individual, con objeto de realizar acciones concretas, y habitualmente, urgentes.

Tan intensos y urgentes que tendemos a considerar las emociones como el propio Séneca: un estorbo para la razón, quizá porque somos pocos conscientes de su manejo y tememos su reconocimiento. Y es que evitamos las emociones… porque sencillamente, molestan y sobrecogen.

La visión antigua que separa la emoción de la razón, o que las anula, o que las vincula románticamente al corazón, hoy no se sostiene: las emociones no son del corazón y la razón no corresponde a la cabeza. Lo que la neurociencia nos demuestra, es que cognición y emoción están íntimamente ligadas, no son dos sino UNO. Incluso en el propio cerebro delimitar zonas y áreas como cerebro emocional o cerebro racional es complejo. Basta ver los miles de estudios de neuroimagen en donde vemos la interconectividad funcional como mecanismo imperante. Pero como resulta popular y simple, y preferimos  a veces simpleza a rigor, todavía creemos que existe un cerebro instintivo, un cerebro emocional y un cerebro racional. No le des vueltas: es un mito falso popular.

En nuestra observación de los demás, podemos percibir que lo que nos mueve sobrepasa en muchas ocasiones todo razonamiento y que si existe una emoción intensa en la que se nos dificulta el consenso, el respeto o la compasión por el otro, siempre hay una idea subyaciente que la sostiene.

Basta mirar como funcionan nuestros sesgos para entenderlo: no nos importa la corrupción cuando es de nuestro grupo y disimulamos, generalizamos o no miramos y nos volvemos fieros cuando parece que existe en el grupo externo. Emoción y razón entretejidas una y otra vez.

En el cerebro como un todo es difícil separar como decíamos la cognición y la emoción, como antaño se pretendía. La neurociencia nos muestra que regiones consideradas como cognitivas, como el córtex prefrontal dorsolateral, presentan funciones emocionales, con hipoactivación en individuos depresivos. A su vez, una estructura puramente emocional como la amígdala, es indispensable para la integración de la información sensorial, no necesariamente emocional y muchos de sus núcleos responden a funciones perceptivas o asociativas.

Para nuestro bienestar esta unión es un apoyo: las emociones positivas nos predisponen y motivan a tomar decisiones que favorecen la cohesión social y el riesgo.  Las negativas nos impulsan a tomar decisiones sistemáticas y analíticas. Ambas nos impulsan a colocar la atención sobre el proceso emocional. Cognición y emoción son dos caras de una misma moneda.

Busquemos por tanto la emoción que hay debajo de cada pensamiento y razón. Podremos así reconocer que eso que nos ocupa está bañado de aquello que nos impulsa, no siempre conscientemente, y de esta manera encontraremos respuestas más profundas a nuestras ideas y preferencias.

En esa búsqueda rara vez encontraremos emociones básicas sino sociales. Culpa, orgullo, vergüenza, celos, envidia son mitad emociones mitad cogniciones, no en vano activan áreas diversas: desde la ínsula para vincularlas al cuerpo, la amígdala para su valencia o el córtex orbitofrontal y el cingulado para el conflicto moral que nos suponen.

Y es que envidiar o ignorar al exitoso, que incluso puede ser nuestro amigo, no se puede reducir ni a una idea ni a una emoción. Mantener orgullo por algo que sabemos equivocado es mucho más que una emoción de supervivencia de un depredador acorralado. Sentirse culpable por haber transgredido una normal moral es más complejo que la reflexión que nos sugiere la tristeza por la pérdida de algo.

La clave está por tanto en aprender del cerebro. Aprendamos a emocionarnos con nuestras razones, sin necesidad de separar… esa manía humana. Expresemos un lenguaje no verbal coherente evitando la disonancia que provoca la incongruencia interna y mostrémonos auténticos ante nuestros congéneres porque ser auténticos y no perfectos, es lo que en este momento está a nuestro alcance.  Todas estas claves no son palabras sino experiencias y entrenamientos tanto cognitivos como emocionales.

Ser auténtico, coherente, uno, es un entrenamiento de nuestro verdadero bienestar, símil del funcionamiento de nuestro cerebro.

Uno por tanto, no dos.

By Jose Sánchez