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Negociación, personalidad, influencia

La cara es el espejo del…

By | Negociación, personalidad, influencia | No hay comentarios

En el análisis cientifico del comportamiento humano el estudio de la cara resulta vital. Si recuperamos el viejo concepto griego de alma, conocido como “Psyque”, sin duda que la cara es espejo de nuestra psique. Pero ¿como ocurre? ¿porque es tan importante la cara? ¿Se podria decir que es una extension de nuestro cerebro? 


 Cara y cerebro son anverso y reverso de una misma moneda. El Homo Sapiens es ante todo, hipersocial y ésta característica exige una capacidad de comunicación y expresión fuera de lo común. Evolutivamente el cerebro de este primate peculiar que somos ha ido paralelo al desarrollo social y para ello la comunicación ha jugado un papel estelar. En ella, la expresión facial ha sido determinante.

Existen numerosos mecanismos para detectar y producir señales en la comunicación por los cuales nuestro cerebro es capaz de expresar emociones y sentidos, mediante canales verbales, faciales y gestuales. De hecho la cara contiene 42 músculos que combinados entre sí pueden generar ¡hasta 10.000 expresiones diferentes!

Muchas de estas expresiones son fundamentalmente emocionales y están controladas por músculos voluntarios pero también involuntarios. Esta dualidad posibilita  una realidad evidente y es que no podemos evitar no comunicar de alguna forma. Conocer cómo funcionan estas expresiones resulta vital para mejorar nuestras relaciones interpersonales y dotar de mayor credibilidad, fuerza, carisma y liderazgo a nuestros mensajes.

La cara y cerebro no son dos sino uno. Podemos imaginar la cara como el cerebro hacia fuera, y el cerebro ¡la cara hacia dentro!

No es exagerada esta concepción ya que en la cara se encuentran los ojos, que en el cerebro forman la corteza visual. Encontramos la nariz, por la que a través del nervio olfativo llegamos a la corteza olfativa. Aparecen las orejas y oídos, por los que desarrollamos nuestra capacidad auditiva. Sentimos el gusto, en la boca, lengua y paladar, que da lugar a nuestra corteza gustativa. Todas esas cortezas se unen para crear la multisensorialidad humana. No sólo vemos, sino que de lo que vemos hacemos inferencias directas sobre su peso, gusto, olor o sonido. No sólo oímos, sino que imaginamos como es, pesa, sabe o huele eso que escuchamos. La integración es la esencia del cerebro y los principales sentidos tienen sus ventanas al mundo en la cara. A su vez el lugar que ocupan en nuestra corteza es gigantesco.

Pero ¿qué ocurre hacia fuera? Algo parecido, ya que el cerebro produce emociones y pensamientos, que a través de las zonas motoras del lenguaje activan labios, lengua y cuerdas vocales para expresar, desde poesía y canto hasta palabrotas o gruñidos. Pero no sólo expresamos lenguaje de forma motora, sino un enorme elenco de signos no verbales mediante el silencio, o a través de expresiones faciales por las cuales podemos decir sí o no, aceptar o rechazar una propuesta, mostrar enfado, alegría o sorpresa, o simplemente sentir miedo literal que se refleja en nuestro semblante.

¿Y qué hay del efecto de los demás en nosotros? Sin darnos cuenta, las caras de otros activan zonas emocionales propias en tan sólo 17 ms. Nuestro cerebro es hiper reactivo ante los demás y si somos como somos es debido a este hiper desarrollo social-cerebral a la par. No nos debe extrañar por tanto la tendencia al chismorreo, el cotilleo, la envidia o el éxito de las redes sociales. Nos importan los demás y necesitamos saber de ellos, al menos, evolutivamente. Es humano, común y lógico, por raro que nos resulte.

Esta impresionante relación entre cara – cerebro – otros viene innata en nuestros programas. No sólo reaccionamos rápidamente, incluso sin ser conscientes a las expresiones de los demás, sino que hemos nacido para ver y atender a las caras, programa que viene incluido en nuestro genoma.

Hasta tal punto es así que ilusoriamente hay quien cree ver “espíritus” en árboles, rocas o nubes, por el simple hecho de que ¡parecen caras! ¿A qué es debido? A que un área conocida como giro fusiforme (A37) localizada en el giro temporal de nuestro cerebro, está hiperespecializada en el reconocimiento facial. Basta mostrar a un bebé un triángulo con dos cuadraditos que simulan ojos y un raya que simula una boca para desatar una respuesta emocional. Si invertimos el triángulo con la raya arriba y dos cuadraditos abajo no se produce reacción alguna. Vemos formas que asemejan caras en los coches y anuncios, y nos influye en nuestros gustos y compras. Vemos caras en numerosos objetos y se vuelven familiares.

Pero no acaba aquí la unidad cerebro – cara – otros. Si por alguna razón se dañara el giro fusiforme podríamos ver a las personas… pero no veríamos sus rostros, como en el caso de una curiosa condición patológica llamada prosopagnosia. Quizá lo más increíble resulte un ejemplo opuesto, el síndrome de Fregoli, donde en todas las personas vemos las caras de nuestros familiares, como si los hubieran clonado en el resto de la población.

Qué decir del síndrome de Capgras, en donde el sujeto ve las caras de sus familiares pero no los reconoce como tal y su cerebro, ante esa desconexión del giro fusiforme con la memoria emocional, crea una historia en la que el paciente se convence de que sus familiares son ¡dobles impostores!

¿Y al revés? El feedback facial existe, sin duda. Hoy en día sabemos, que las personas que utilizan botox entorpecen su capacidad no sólo para expresar, sino también para detectar emociones y no sólo al ver a otros, sino incluso leyendo literatura, junto a una mayor lentitud de procesamiento. Curiosa la acepción para algunos de lo bello. ¡Cuidado con manipular tu cara! Estás tocando tu cerebro…

La cara es sin duda el espejo del cerebro y punto de partida del análisis del comportamiento humano. Cara y cerebro, nuestro DNI, señales de nuestra más genuina identidad.

Quizá sea el momento de aprender, científicamente, sobre el rostro humano. Nuestras relaciones, emociones y pensamientos lo agradecerán.

By Jose Sánchez

 

Porqué me importa lo que piensen los demás

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Parece contraintuitivo, incluso transgresor, dudar de la aparente frescura y certeza con la que defendemos lo poco que nos importa lo que otros piensen, hagan o digan. Necesitamos repetirnos una y otra vez que el prójimo realmente nos afecta poco. En algunos casos establecemos un muro que en su interior acoge a quien nos importa y deja fuera a «los que no nos importan»

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Emoción y razón son uno

By | Negociación, personalidad, influencia | No hay comentarios

Conocer nuestras emociones ha preocupado a filósofos, pensadores, y médicos desde la antigüedad. En la vieja China, las emociones se ligaban a la función de algunos órganos vitales, los cuales según su hiper o hipometabolismo producirían una intensidad emocional diferente, es decir, observaron su aspecto biológico y somatico. En el mundo grecorromano, Hipócrates las vinculó a su teoría de los 4 humores, Aristóteles las clasificó como ingredientes esenciales de la virtud pero sujetas a control, mientras que para los estoicos eran un freno para la razón y el cultivo de sí. Aún con ese concepto, nuestro cercano Séneca tuvo toda la vida para domar la ira de Nerón, sin exito alguno.


Como bien sabemos, en ocasiones el conocimiento puede resultar velado ante la visceralidad emocional y hoy en día el bienestar depende tanto de nuestro EQ, inteligencia emocional, como del viejo IQ, inteligencia analítica (ambas son inteligencias no olvidemos).

No resulta extraño: establecer relaciones empáticas, saludables, sinceras y adaptadas es un verdadero arte, tanto como una mente ágil, creativa e inquisidora sobre la naturaleza de los fenómenos. Por importantes que sean las emociones no debemos caer en la trampa romántica, de creer que todo es emoción y que la razón es inútil y corta: una tesis de lavado de cerebro, nos resulta ciertamente peligrosa, debido a que por importantes que sean las emociones, aprender a pensar y reflexionar sigue siendo una asignatura bastante pendiente.

Hoy conocemos que las emociones contienen tres componentes: uno mental en el que se incluyen sentimientos, otro comportamental que atañe a la conducta y otro fisiológico que mueve corazón, sistema nervioso y entrañas. Nos emocionamos en el cuerpo, en la mente y en la conducta observable, por tanto nada nuestro escapa a su efecto. Las emociones son rápidas en producirse y, si lo permitimos, rápidas en marcharse: rara vez una emoción dura minutos. ¡Hay que esforzarse mucho para estar siempre enfadado! Mantenidas en el tiempo, las emociones disminuyen su intensidad aguda, pero nos pueden vincular a estados afectivos y anímicos. A veces de tanto repetirse esos estados acaban formando rasgos que construyen nuestra personalidad e identidad.

Al estudiar el cerebro encontramos que las emociones son literalmente disparadas por estructuras que se alojan en el diencéfalo, cerebro medio, para producir el componente somático y fisiológico, relegando la experiencia mental, en ese instante, a un segundo plano. El amplio rango emocional que presenta el ser humano nos lleva a pensar que sin duda gracias a esa enorme variabilidad, supuso una ventaja adaptiva. Si algo o alguien nos afecta, la emoción aparece, influyendo por tanto en las relaciones y estructuras sociales que establecemos  en funcionamientos moldeados por  la evolución y la experiencia individual, con objeto de realizar acciones concretas, y habitualmente, urgentes.

Tan intensos y urgentes que tendemos a considerar las emociones como el propio Séneca: un estorbo para la razón, quizá porque somos pocos conscientes de su manejo y tememos su reconocimiento. Y es que evitamos las emociones… porque sencillamente, molestan y sobrecogen.

La visión antigua que separa la emoción de la razón, o que las anula, o que las vincula románticamente al corazón, hoy no se sostiene: las emociones no son del corazón y la razón no corresponde a la cabeza. Lo que la neurociencia nos demuestra, es que cognición y emoción están íntimamente ligadas, no son dos sino UNO. Incluso en el propio cerebro delimitar zonas y áreas como cerebro emocional o cerebro racional es complejo. Basta ver los miles de estudios de neuroimagen en donde vemos la interconectividad funcional como mecanismo imperante. Pero como resulta popular y simple, y preferimos  a veces simpleza a rigor, todavía creemos que existe un cerebro instintivo, un cerebro emocional y un cerebro racional. No le des vueltas: es un mito falso popular.

En nuestra observación de los demás, podemos percibir que lo que nos mueve sobrepasa en muchas ocasiones todo razonamiento y que si existe una emoción intensa en la que se nos dificulta el consenso, el respeto o la compasión por el otro, siempre hay una idea subyaciente que la sostiene.

Basta mirar como funcionan nuestros sesgos para entenderlo: no nos importa la corrupción cuando es de nuestro grupo y disimulamos, generalizamos o no miramos y nos volvemos fieros cuando parece que existe en el grupo externo. Emoción y razón entretejidas una y otra vez.

En el cerebro como un todo es difícil separar como decíamos la cognición y la emoción, como antaño se pretendía. La neurociencia nos muestra que regiones consideradas como cognitivas, como el córtex prefrontal dorsolateral, presentan funciones emocionales, con hipoactivación en individuos depresivos. A su vez, una estructura puramente emocional como la amígdala, es indispensable para la integración de la información sensorial, no necesariamente emocional y muchos de sus núcleos responden a funciones perceptivas o asociativas.

Para nuestro bienestar esta unión es un apoyo: las emociones positivas nos predisponen y motivan a tomar decisiones que favorecen la cohesión social y el riesgo.  Las negativas nos impulsan a tomar decisiones sistemáticas y analíticas. Ambas nos impulsan a colocar la atención sobre el proceso emocional. Cognición y emoción son dos caras de una misma moneda.

Busquemos por tanto la emoción que hay debajo de cada pensamiento y razón. Podremos así reconocer que eso que nos ocupa está bañado de aquello que nos impulsa, no siempre conscientemente, y de esta manera encontraremos respuestas más profundas a nuestras ideas y preferencias.

En esa búsqueda rara vez encontraremos emociones básicas sino sociales. Culpa, orgullo, vergüenza, celos, envidia son mitad emociones mitad cogniciones, no en vano activan áreas diversas: desde la ínsula para vincularlas al cuerpo, la amígdala para su valencia o el córtex orbitofrontal y el cingulado para el conflicto moral que nos suponen.

Y es que envidiar o ignorar al exitoso, que incluso puede ser nuestro amigo, no se puede reducir ni a una idea ni a una emoción. Mantener orgullo por algo que sabemos equivocado es mucho más que una emoción de supervivencia de un depredador acorralado. Sentirse culpable por haber transgredido una normal moral es más complejo que la reflexión que nos sugiere la tristeza por la pérdida de algo.

La clave está por tanto en aprender del cerebro. Aprendamos a emocionarnos con nuestras razones, sin necesidad de separar… esa manía humana. Expresemos un lenguaje no verbal coherente evitando la disonancia que provoca la incongruencia interna y mostrémonos auténticos ante nuestros congéneres porque ser auténticos y no perfectos, es lo que en este momento está a nuestro alcance.  Todas estas claves no son palabras sino experiencias y entrenamientos tanto cognitivos como emocionales.

Ser auténtico, coherente, uno, es un entrenamiento de nuestro verdadero bienestar, símil del funcionamiento de nuestro cerebro.

Uno por tanto, no dos.

By Jose Sánchez

Amigos de verdad o crisis de amigos

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Esta es la HISTORIA DE ANA, CARMEN, maria, CARLOS Y JUAN en la que trato de ESTRUCTURAR basado en sus experiencias ALGUNOS CONFLICTOS RELATIVOS A la amistad. NO PRETENDE SER UNA LISTA EXHAUSTIVA PERO SÍ DESCRIPTIVA DESDE LA PERSPECTIVA DE MINDFULNESS Y LA COMPASION. el caso es que Cuando nuestros recursos se ven amenazados cabría esperar un mayor altruismo entre las personas que fomentara soluciones grupales, pero no siempre es así, como ellos comprobaban. con frecuencia nos metemos hacia dentro, lA SUPERVIVENCIA MANDA y Muchos cimientos se tambalean, incluido el de las relaciones, amistades y amigos. Como cerebro hipersocial que somos, los mecanismos que ponemos en acción reflejan funcionamientos y programas bien adheridos a genes y conducta. No está de más conocer estos programas y aplicarlos a la amistad. Nos puede servir para detectar rápidamente EL grado de fidelidad y compromiso, esa distancia tan lejana entre valores, palabras y acciones. 

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Sobre libertad consciente y cerebro

By | Negociación, personalidad, influencia | No hay comentarios

Lo que puedes saber de ti, lo que puedes saber de mi, se relaciona con la capacidad personal de elección sobre los contenidos de nuestra mente. Nuestra libertad se vincula, en apariencia, con nuestra propia decisión sobre la misma.

Esta mente con gran potencial creativo permite el ejercicio único de la intimidad del individuo. Ninguno de sus contenidos necesita ser revelado hacia fuera a menos que sea una decisión propia. Incluso bajo coacción extrema, nadie podría comprobar que eso que hemos exteriorizado es el único elemento que mora en nuestro interior. Somos por tanto libres en nuestro pensamiento, en todo momento, porque podemos cerrar o abrir la puerta del mismo y éste permanece secreto. ¿Seguro? Al menos, podemos aseverar que la impresión es cierta por lo que resulta ridículo dudar de ello.

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Confundimos realización con abundancia

By | Negociación, personalidad, influencia | No hay comentarios

Sabemos bastantes cosas acerca del funcionamiento del cerebro pero no hay evidencia alguna de que existan circuitos, redes o áreas por las que adquirir deseos a medida.

A pesar de ello es fácil confundir realización con abundancia cediendo a la tentación de sucumbir al mundo de los deseos personales cumplidos, esa proyección infantil no terminada, que nunca cesa de poblar nuestra mente.

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¿Quien es la persona más importante de tu vida?

By | Negociación, personalidad, influencia | No hay comentarios

Solemos contestar, los padres, la pareja o los hijos. Incluimos en ocasiones a algún amigo. Es una respuesta lógica, pero más allá de la familia o un buen amigo, ¿quién podría ser la persona más importante de tu vida?

En mi caso, más allá de la familia, la respuesta es clara: mis mentores. Utilizo la palabra mentor, independientemente de la profesión de la persona, refiriéndome a alguien con gran experiencia, en este caso en el bienestar y conocimiento humano, que no sólo me acompaña o ayuda a obtener respuestas, sino que también participa, se implica y en ocasiones, incluso aconseja sobre el proceso.

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