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Ciencia de la felicidad y bienestar

Practicar artes marciales falsas… y vidas evitativas

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Practicar artes marciales falsas… y vidas evitativas

 

Como probablemente sabes, he enseñado artes marciales internas durante 25 años.  Tengo cierta experiencia con ellas :).

En esos 25 años nunca me dejó de sorprender quienes buscaban afanosamente las artes marciales falsas.

Al principio mediante rumores, luego con leyendas de eremitas en montañas, después mediante libros que prometían poderes mágicos y finalmente con fraudulentos videos de Youtube. No importaba… si uno busca el maestro que le haga volar sin tocarle, lo acababa encontrando.

Así es el autoengaño y opera hasta en un terreno tan «real» como un arte marcial. Te puedes denominar guerrer@ y maestr@ y otros te lo pueden llamar, puedes confiar en que con tu energía mental puedes resistir hasta las balas (no es broma, sucedió en Pekín en 1901, con resultado de muerte), pero por mucho que creas… por mucho que uno insista, el trabajo está ahí, esperándote.

Escojo el ejemplo del arte marcial porque se entiende fácil. Cuando uno practica un arte así busca sí o sí comprobar su eficacia en la realidad.

En el fondo, por raro que parezca, no dista mucho de una ciencia: uno tiene una hipótesis, planea un ensayo, obtiene resultados, saca conclusiones, se abre a una discusión y genera nueva hipótesis.

Y sobre todo no lo hace solo, dado que uno mismo no puede ser juez y parte (atento si eres «amimefuncionista»).

Pero a veces caemos al cerebro del guerrer@ etéreo, con luchas imaginarias que solo suceden en nuestra cabeza y trajes de seda verde satinada que esconden nuestras lordosis.

Lo hacemos cuando insistimos en huir a toda costa de la prueba de realidad, siendo tozudos en nuestro camino, rechazando toda «confrontación» en nombre de lo puro o de lo que toque en ese momento como coartada.

La vida evitativa es posible, pero con alto precio.

Con frecuencia defendemos:

  • magias que no nos vuelven Harry Potter,
  • dietas que no nos funcionan,
  • terapias que no nos curan,
  • prácticas que no nos transforman,
  • filias que no nos calman,
  • libros que no nos ilustran,
  • dispersiones que no nos centran,
  • entretenimientos que nos embotan,
  • «influencers» que nunca dieron un palo al agua,
  • y corrientes de pensamiento casi terraplanistas.

El bienestar no llega por creencias ni por habitar el reino de lo ilusorio.

No va siendo más feliz el que se lo cree, sino el que lo cultiva, en toda circunstancia.

Hay que abrirse a despertar porque 25 años de práctica ilusa no te convierten en maestro.

25 años de prácticas que no transforman,
25 años de filias que no calman,
25 años de…

te pueden dejar exactamente en el mismo lugar.

Como un guerrer@ etéreo con su traje satinado.

Hace falta práctica despierta, reflexiva, ágil, imbricada en el día a día y enraizada en lo concreto, lo práctico y lo real.

Dale vueltas a si verdaderamente eres alguien mucho más feliz y sabio que el año pasado.

Dale vueltas a si tienes herramientas para superarte año tras año o para elevar tu vitalidad y motivación más allá del ginseng y la vitamina C.

Que sepas que ES posible avanzar sin éter.

Confundir bondad con no tener conflictos… 

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Voy directo:

Si uno es muy bondadoso tendrá con el paso del tiempo menos conflictos (que no ninguno).

¡Pero al revés no funciona!

Si uno no tiene conflictos no implica que sea bondadoso.

¿Por qué?

Porque nos aterra, nos bloquea, nos hace perder el centro el conflicto. Como somos de un «buen barrio» no estamos acostumbrados a la pelea, la gresca, la defensa legítima, la prevención y protección de lo nuestro, la provocación del otro o el mantenerse fuerte ante la adversidad.

Incluso nos suena rara la reconciliación y el perdón, o el crecimiento personal genuino, o la amistad entre antaño contrincantes.

En nuestro «buen barrio» cualquier mínimo atisbo de conflicto desestabiliza tanto, genera una emoción tan desagradable, que subimos a la cabeza y regalamos amabilidad, ayuda, condescendencia, «comprensión»…  que son bellas palabras pero inútiles si en vez de brotar de su lugar original son consecuencias de no poder enfrentarse a una verdad incómoda. 

No nos deben impresionar las personas que huyen de los conflictos, con ausencia o buenas palabras, y por lo tanto no tienen ninguno. No es sinónimo de bondad y es difícil tener una mirada profunda sobre ello: suelen colársela al grupo.

Los que nos deben impresionar son aquellos que saben reconducir un conflicto hacia un buen fin, que saben que habrá que comunicarse al inicio hasta con el diablo para que «deje» de serlo (o nosotros de verle tan demonio :)) y que en esa negociación, el que tiene tablas, ni pierde su dignidad, ni se rebaja ni se pone por encima. 

La bondad comienza con uno mismo, y a quien debo atender es a mí mismo si algo me impide enfrentarme a un hecho. 

Lo que no puede ser es que en mi intimidad Pepito sea un golfo y en su presencia es un megacrack. Demasiada distancia…

Lo que no puede ser es que tenga las mismas palabras y gestos para el que me engaña que para el que me cuida, porque soy «muy educado». 

Esta disociación, tarde o temprano, nos puede quemar… y un día ya no sabré quien soy: si el que siente inquietud, el que la tapa o el que dice «todos sois muy majos».

Pero no solo eso, la disociación «persona que siente – máscara que se muestra» va a generar desconfianza en los demás. Pasado el tiempo captarán que tienes las mismas palabras para las infinitas personas y situaciones… y no te creerán.

Y uno creía que era bondadoso por no tener conflictos…

Cuando uno está fragmentado debe abrazarse con afecto en vez de huir de la propia rotura. Es el primer paso.

La bondad es un tema estrella en uno de los módulos de nuestro curso La Ciencia de la Felicidad y la Sabiduría

En este módulo nos construimos desde una bondad genuina, que no es buenismo, ni adulación, ni «educación». Es la construcción de una ruta cerebral práctica de dignidad y amor propio de verdad.

Es una poderosa práctica que necesita ser entendida desde su lugar correcto. No es solo una semilla, sino también la Tierra donde se planta y el agua con la que se riega.

Concentrarse exclusivamente en la semilla, en la «técnica de la bondad o la compasión» porque es buena es errar el tiro.

Lo que veo que brota en los asistentes son buenos tallos, genuinos, auténticos, que no temen el picor del sol, el viento, el frío, o el calor extremo. 

No buscan sombra ni cobijo… sino crecer a la Vida por difícil que se ponga ésta en algunos momentos y circunstancias.

¿Dónde estabas el 1 de enero de 2010? ¿Cómo era tu vida?

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¿Dónde estabas el 1 de enero de 2010?
¿Cómo era tu vida?

¿Podías adivinar exactamente el lugar en el que estarías el 1 de enero de 2020?

Difícilmente ¿verdad?

– El 1 de enero de 2010 yo pensaba en que en unos meses estaría cerrando un ciclo de trabajo exitoso en el Mundial de Sudáfrica 2010.

Así fu. Pero pensábamos además que estaríamos para el Mundial de FIFA Brasil 2014. Reflexionaba ya con posibles progresos en mi área, quiénes podrían ser mis ayudantes y en cómo mejorar aún más ese análisis del comportamiento que allí realizaba.

Pero hubo un vuelco y eso no ocurrió. Justo cuando lo pierdes empiezas a valorarlo más: un jefe magnífico y abierto, unas condiciones de trabajo óptimas, un equipo humano excepcional.

– El 1 de enero de 2010 tenía claro que quería seguir haciendo lo de siempre: enseñar y acompañar a personas y equipos a su mejor versión, pero desde un lugar donde la ciencia fuera más visible, dado que por mucho que insistiera había un porcentaje de credulidad que no me satisfacía. Pero en ese momento no había pensado el nombre, Neuroleader (que se le ocurrió a un amigo) ni que habría un día en que tener un local físico sería un símbolo de atraso en vez de modernidad.

– El 1 de enero de 2010 suponía que mi tercer trabajo, vinculado a un laboratorio médico, sería el más seguro de los tres. Las circunstancias me empujaban a dedicar más y más horas… cuando otro vuelco colocó la decisión de salir como la más sabia.

– Pero aún hay más. El 1 de enero de 2010 no podría imaginar que un día investigaría en el centro prestigioso en el que estoy o que podría publicar artículos en revistas Q1 de ciencia o que el premio príncipe de Asturias iba a ser el director. Qué decir de amigos y conocidos, viajes, casas o familia…

Podría seguir y seguir con ejemplos de lo que uno podría esperar el 1/1/2010 y lo que no imaginaba ese mismo día.

Así que la solución no es «vivir el presente» entendido pobremente, esto es, sin planificar.

La cuestión es que no podemos controlar ni «conseguir» nuestras metas cuando el mundo es en red, complejo, interdependiente y sujeto a incertidumbre (cada vez más lógicamente).

Las mancias y los adivinos siguen fallando, como a lo largo de la historia, aunque a jefes de Estado aún les sirvan de consejeros 🙂 (ej. Brasil), por lo que no es la vía más aconsejable.

Los gurus del «tú puedes si te esfuerzas» todavía no han bebido de la marmita de la sociedad: siguen viendo a individuos aislados y evitan comentar sobre circunstancias sociales.

¿Entonces qué Jose? te preguntarás.

Aquí la solución:

La mayor certeza y es más bien escasa, nos la da la estadística, la cual lo que hace es incrementar probabilidades.

¡Pero a veces lo hace drásticamente!

Quien sabe dónde estaremos el 1/1/2030…

Si quieres darte falsa seguridad con mancias, credos y gurus, adelante.

A lo que te animo es a quien inviertas en tus recursos… que son, para las personas honestas, las únicas oportunidades que puedes abrir.

  • Puedes construir una década de hábitos saludables incrementando probabilidades de enfermar menos.
  • Puedes mejorar tu resiliencia y capacidad de afrontar el stress, aumentando tu poder de perseverar en un camino.
  • Puedes abrir tu mente al espacio de no juicios, no dramas, no líos, no cotilleos, no odios, no mofas y multiplicar la estadística de los días donde el gozo surge… de tu propio cerebro.
  • Puedes aprender y aprender y aprender de los que más saben, por duro que resulte ser alumno y empezar de cero en algo, en vez de parecer que sabes, dominas y controlas. 10 años después la probabilidad de hablar con criterio en vez de suponer, será muy alta.
  • Puedes ir oliendo ya que el Estado nunca traerá las soluciones y que lo moderno, la tecnología, el siglo XXI, están llenos también de magia y posibilidades. Reducir el victimismo, la simpleza histórica y abandonar el orgullo de la ignorancia aumentará el intervalo de confianza para tus proyectos.
  • Puedes ampliar tus habilidades personales hasta límites insospechados si te dejas ayudar y asesorar por quienes las dominan, lejos del low cost youtubero curalotodo terraplanista.

No sé dónde estaré en 2030. Pero es que ya no lo quiero saber… quiero caminar consciente y tras larga marcha, sé cómo se hace.

De lo que estoy seguro es que al llegar lo haré a un espacio más seguro de buenas probabilidades.

y tú, ¿cómo vas a crecer en esta década?

Qué le vas a DAR (no pedir) al 2020

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2020. ¿Qué le vas a DAR (no pedir) al año que entra?

Cuando era jovencito pedía con fuerza al año que me diera cosas. 

Madurando, madurando uno se da cuenta de que esas mancias no funcionan.

Así que cambié por una mejor: qué voy a DAR en vez de qué voy a PEDIR.

Me he acostumbrado a dar a cada año que entra compromiso, foco, esfuerzo y afecto. Son herramientas cultivadas por muchos años así que sé que van conmigo.

– Me comprometo con seguir aprendiendo, investigando y enseñando sobre el comportamiento humano y el cerebro por duro que resulte estar a la última con calidad en esta ciencia.

– Me enfoco en dar solidez y expansión a los proyectos que están en marcha, sin arrastrarme por otras ideas porque no es momento aún de nuevos cometidos, sino de ir cerrando y terminando todo lo sembrado. 

– Me esfuerzo en lo que menos domino, que es donde más margen tengo de mejora y donde más apertura y paz-ciencia necesito.

– Mi afecto sereno este año va hacia todo lo que ocurra, lo desagradable que va a venir y lo agradable que aparecerá. Sé que podré querer un poquito más y mejor cada día.

Estoy seguro que al final del año estará en mi mano ser más sabio, más abierto y más feliz. 

Espero que le puedas DAR al año 2020 y sus gentes todo eso que has cultivado en ti en los años anteriores.

¡Feliz Navidad y feliz 2020! esperando tenerte con nosotros una vez más en Neuroleader.

Jose, solo tengo tiempo para sufrir

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Quizá con otras palabras, casi siempre con otra intención, pero en muchas ocasiones lo que se traduce de la conversación sobre el tiempo, es que los individuos en muchas ocasiones solo tienen tiempo para… sufrir.
«No tengo tiempo, no tengo tiempo, voy a mil, mi agenda no da más» es un mantra común.
Mirar con lupa el día a día y analizar en qué se va el tiempo no es tan común.
Pero sobre todo, cuando planeamos una mejor versión de nosotros mismos una de las objeciones que nuestra propia mente va a contar es esa: «no tengo tiempo».
Es como si una vocecilla interna se encargara antes de que lo intentes, recomendarte que no es posible.
Esa misma vocecilla te dice que lo vas a dejar, que tú no vas a llegar y que ya habrá su momento.
Esta «esquizofrenia interna» tiene cura. No puede haber tantas voces en el cerebro con instrucciones contrarias:
  • «tienes que adelgazar» y a la vez «come esa palmera de chocolate hasta reventar».
  • «persigue tus sueños» y a la vez «no los conseguirás».
  • «quiero cambiar mis hábitos» y a la vez «no tengo tiempo para implementar nada».

 

Si hay muchas voces es seguro que el autoengaño aparece en alguna de ellas…
Como un policía que busca el autor del crimen en donde no pueden coexistir versiones contradictorias.
Una de las cosas que se pueden resolver para siempre es el tema de las voces internas.
No lo resolvemos porque haya una que gane sino porque descubrimos, tras los ejercicios, que tú no eres ninguna de ellas.
Llega un momento donde las voces son como los que te tienen envidia: «ladran pero cabalgamos».
Pero eso no se puede hacer solo. Lo tienes que hacer con alguien que ya haya pasado por ahí. Y con gente que está en tu mismo punto: el de superarse, no el de justificarse, machacarse y convertir su vida en fuente de stress.
Curiosamente muchos meditadores y más si están preocupados por «8 semanas» o «21 días» o su «linaje» no resuelven el tema de las voces.
Quieren que una sea la verdadera y todo sigue igual.
No se trataba de bajar el volumen sino de autoindagar de verdad.
Resulta que no lleva mucho tiempo… sino mucha actitud.
Y ésta la tienes que poner tú de antemano.

Open Arms… Closed Hearts, Silly Minds, Poor Mankind. ¡Avalokitesvara!

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Open Arms… Closed Hearts, Silly Minds, Poor Mankind. ¡Avalokitesvara!

Avalokitesvara tiene mil brazos, para ayudar y llegar a cada rincón de cada persona que sufre, más allá de su condición.
Tiene un ojo en cada mano, para actuar desde la visión y claridad.

La compasión no es patrimonio budista. Aparece, con matices algo distintos, en el cristianismo, el judaísmo y el Islam. Y estas grandes nunca le llamaron buenismo… Los creyentes practicantes de estas religiones anteponen la compasión al rechazo. 

Para quienes no somos tan dados a la fe porque sí, encontramos nuestra Avalokitesvara en la propia biología y evolución de la vida. Miles de años antes de que cualquier religión fuera creada por los hombres, éstos ya se comportaban empática y compasivamente con su grupo. Nadie sabe más de altruismo recíproco que los homínidos.

La enfermedad del odio se instala en un cerebro que desde millones de años le asusta lo diferente. Y debe ver al diferente como tal para honrar un cerebro viejo que le maneja. Solo lo conocido es confiable, incluso aunque sea nocivo. 

La enfermedad de la ceguera se instala en un cerebro tan acostumbrado a la escasez que cree que otro le puede quitar lo que tiene. Y debe creer que quien nos quita las migajas y no quien nos da migajas es el enemigo.

La enfermedad del miedo se instala en un cerebro que generaliza y extiende el comportamiento de un individuo a todo un grupo, credo, filia, clase, forma, etnia, raza o país. Ese cerebro está programado para ver osos en todas las rocas, no sea que un día viera un oso como una roca y te muerda por no haber escapado. 

La enfermedad de la ignorancia se instala en un cerebro más preparado para sobrevivir que para buscar datos, hechos y objetividad, lo que implica esfuerzo y recursos neuronales, ¡no siempre disponibles! Y así vemos injusticias en un lado, puede que razonables, pero a la vez somos cómplice de otras y no damos para más.

La enfermedad del olvido se instala en un cerebro donde la memoria nunca es fidedigna, porque no está al servicio de la verdad sino de darnos la razón. Y así no recordamos los movimientos de nuestros propios ancestros en busca de pan o paz, o lo inestable y cambiante que ha sido cualquier frontera no digamos ya imperios.

Ciego, pequeño, olvidadizo y aterrorizado es nuestro cerebro ancestral, anestesiado por sus propios contenidos y agotado por defenderse de atacantes imaginarios.

Avalokitesvara sí.

Todavía hay quien no sabe que la compasión es una práctica y como tal, para un cerebro nuevo, requiere entrenarse.

Todavía hay quien no sabe que Avalokitesvara no es buenismo, sino Sabiduría.

superacion personal

Roberto me ha hecho un regalo

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El mes pasado estuvimos en el Valle del Jerte en un bello entorno para el curso «La Ciencia y práctica de las emociones».

Roberto me ha hecho un regalo que te comparto: su testimonio en video.

No se lo he pedido sino que ha surgido de él, por lo que doblemente agradecido.

Le conozco desde el año 2001 y le he visto buscar y probar herramientas para su bienestar una y otra vez a lo largo de diferentes formatos. No ha escatimado esfuerzos… es capaz de cogerse un autobús nocturno desde Granada, llegar a un encuentro de domingo y volverse a casa. Destaco su apertura a la experiencia, que le lleva a recorrer numerosas vías de crecimiento y vida, entre ella el Teatro o diversas terapias.

Este enfoque de las emociones que hemos enseñado vincula su sentido evolutivo, su cultivo y su modulación desde la neurociencia y las tradiciones. Forma parte de La Ciencia de la Felicidad y Sabiduría que comenzamos en octubre.

Porque no hay bienestar sin cultivo emocional CONSCIENTE, algo que todavía muchas personas desconocen.

Gracias Roberto 🙂

ENLACE

superacion personal

Ideas «mejorables» sobre la felicidad

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Un mecanismo cerebral que me apasiona estudiar es el llamado «el intérprete». Es esa vocecilla, a veces demonio a veces ángel, que nos habla sobre las cosas y que incluso creemos ser.

Es la causa del proceso de Racionalización, donde justificamos nuestras acciones, pensamientos y realidad. Muy a menudo lo confundimos con la razón… y nada que ver. Esa voz nos dice también cosas sobre nuestro bienestar y felicidad.

Te comparto algunas ideas «mejorables» que la vocecilla nos cuenta sobre este tema:

 

  • La felicidad es eterna, para siempre y estable.

Más bien es aquí y ahora, en este momento y en gran parte, según tu nivel, dependiente de cuan libre seas de tu entorno externo.

 

  • Se trata de un estado que YO conseguiré solo, con mi esfuerzo heroico, sin ayuda ni apoyo de nadie.

Los héroes, como ves en las películas (desde Nicolas Cage a Liam Neelson :), o Braveheart y Star Wars), son la verdad más bobos que sabios y la verdad, poco felices. Lo hacen todo solos… y así les va.

 

  • La felicidad es algo que tiene que ver conmigo y muy poco con los demás y su devenir.

Gran error. El cerebro se alegra de los demás tanto como de ti, pero no todo el mundo sabe hacer eso. ¡Se aprende claro!

 

  • Si tengo pensamientos positivos el universo vibrará y me traerá lo deseado.

El universo pasa de nuestros pensamientos. Empieza por observarlos…

 

  • Ya el año que viene me centro en trabajar mi felicidad.

El año que viene no existe, ¿qué estás haciendo hoy por tu bienestar genuino?

 

  • La felicidad no tiene sentido buscarla, la vida es difícil siempre.

Justo al revés. La vida es muy difícil y lo será, por eso más nos vale construirnos con sabiduría para ser más felices a pesar de las circunstancias.

  • La felicidad no se planifica, se decide.

Solo se decide lo que uno puede decidir y para eso hay que saber qué grado de libertad tiene. Libertad implica tener autonomía sobre algunas circunstancias y sabiduría sobre las que no podemos modular. Ni la felicidad se decide ni se planifica. Se planifica construirse hacia ella.

 

  • Me creo muy feliz y con eso basta.

Creer o no creer siempre es secundario a la realidad. Mira si hay dureza, chisme, exceso de juicio o falta de silencio en tu existencia.

 

  • La felicidad es un cuento actual de la sociedad moderna.

En absoluto: Aristóteles, Confucio o John Stuart Mill hablaban de ella. Lo que sí es cierto es que la sociedad lo puede plantear en nuestro tiempo como un derecho. Antes era un designio «divino». Ahora una construcción tuya.

 

  • Prefiero fluir para obtenerla.

El cerebro no fluye, sobre todo tira de memoria y nuestra memoria es de supervivencia no de felicidad.

 

  • No voy a invertir en ella, prefiero invertir en «zumos detox».

Solemos invertir en aquello que sabemos que no funciona pero que no estamos dispuestos a no creerlo. ¡Qué cosas!

 

  • La felicidad es interior.

Y también exterior y grupal no lo olvides.

 

  • Como medito ya la voy a conseguir.

Decir que medito no es decir mucho. Meditar bien es otra cosa. Bien encaminada puede ser uno de los ingredientes de la misma.

 

  • La felicidad implica que no haya días malos y que todo fluya por fin.

Más bien implica no jorobarla en los días malos y aumentar razonadamente el número de momentos buenos a lo largo del día.

 

  • Justo cuando mi hijo saque la carrera, mi pareja cambie un poco y me suban en la oficina voy a ser muy feliz.

Los que consiguen la Bonoloto no manifiestan subidas en sus índices de felicidad al año de tener el premio. ¿Lo sabías?

 

  • Esta sociedad es una KK. Cada vez vamos a peor. Que no me vengan con pamplinas de la felicidad.

Cada vez vamos a mejor, pero hay que leer los datos científicos que lo demuestran y superar el sesgo de negatividad del cerebro. Toca estudiar y poner en práctica muchas cosas.

 

  • La felicidad es perpetuar vacaciones y placeres.

Dolor, enfermedad y muerte también nos esperan en el camino propio y ajeno. Hay tantos gozos que te pasan desapercibidos que si los vivieras, justo en este instante «normal», alucinarías.

 

  • No siento gozo en el día a día, digo poco te quiero, doy pocos abrazos y no respiro nunca profundo pero soy muy feliz.

Esto es quizá autoengaño ¿no?.

 

  • Felicidad es no tener nada que hacer ni nada en qué preocuparse.

Eso más bien es una desgracia. Al menos ayudar a quien esté peor que nosotros es una noble ocupación.

 

  • Un yogui en el Himalaya me instruirá sobre la felicidad eterna.

¿Nadie te enseña nunca nada verdad?

 

  • Me falta un nuevo coche para la felicidad completa.

¿Sabes cuales son los índices por debajo y por encima de los cuales el dinero NO influye ni un ápice sobre la felicidad de las personas?

 

  • Tengo traumas y rencores varios del pasado, pero soy feliz.

Aireando raíces se mejora el sabor de los frutos…

Dime tu orgullo y te diré quien eres

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Siempre ha tenido mala prensa. En muchas religiones y sabidurías como el budismo o el  cristianismo se trata de evitar a toda costa: el orgullo se relaciona con la vanidad. No hay nada que extraer de ahí.

Sin embargo en la cultura del Yo se fomenta, pero en muchas ocasiones desde unos lugares que tienen poco que ver con la emoción social que es. No es extraño, dado que en el mundo emocional, la insistencia es en alegría, tristeza, miedo y cólera, las llamadas emociones básicas. Toca ir más allá…

¿Quién tiene razón? ¿Orgullo sí, orgullo no? ¿Porqué la evolución humana fue creando determinadas emociones sociales, entre ellas el orgullo? ¿Qué utilidad o peligros ofrece?

Descubriremos las respuestas al analizar los diferentes tipos de orgullo y para ello basta mirar qué nos enorgullece y así sabremos quienes somos.

1. Orgullo por ser.

Es muy habitual, quizá porque no requiere esfuerzo. Uno nace italiano, francés o español y se siente orgulloso de ser italiano, francés o español. Sabemos que las personas no eligen a sus papás ni tampoco su lugar de nacimiento o nacionalidad sino que más bien nos encontramos naciendo en Pekín, en Fairbanks, en Alejandría o en Tomelloso. Nuestro lugar de nacimiento, y por extensión nuestro pueblo, provincia o incluso país, forma parte de nuestra temprana infancia y con cariño y afecto solemos recordar nuestro origen.

Socialmente este orgullo es útil: ¡¡qué bella es la ciudad, provincia, nación, familia o género de cada ser humano!! ¡Qué decir!

Pero por lógico que sea, no implica ningún esfuerzo o mérito o elección libre, el ser italiano, francés o español. El concepto orgullo surge aquí con la identificación. Es útil darse cuenta que con el mismo fervor que uno defiende un orgullo vinculado a un territorio, defendería el contrario o incluso el odiado si hubiera nacido en Trento en vez de en Lyon, o en Munich en vez de en Tordesillas.

Este tipo de orgullo se vincula también con géneros, apellidos, familias, etnias o incluso edades. Uno puede estar muy orgulloso de ser hombre, pero lo cierto es que ha hecho poco para ello conscientemente: nació así y fue culpa de un cromosoma. Conviene resaltar que cuando en ocasiones se «grita» demasiado sobre este orgullo se consigue el efecto contrario: el otro también lo está  de su otro pueblo, provincia, género, familia o apellido.

Aunque sea habitual este sentimiento, no siempre es el más adecuado si se muestra «en oposición a» en vez de «en colaboración con». No se trata de anular nuestra identidad de origen, ni el sentimiento y cariño hacia lo nuestro, sino de ver si esa emoción, cuando surge, contiene la superioridad moral hacia el contrario, o incluso el desdén y rechazo al diferente.

Un segundo peligro acecha porque si alguien quiere manipular a otros nada mejor que favorecer la identificación con algo y a la vez la oposición a lo contrario. De este modo se consiguen individuos con pensamientos uniformes, reactivos y predecibles, algo que resulta muy barato para el funcionamiento cerebral. Los políticos lo saben… o los que asesoran a los políticos al menos. Va a ser que el brainwashing y el adoctrinamiento es ubicuo.

Si eso ocurre, estaremos muy orgullosos pero somos muy poco inteligentes. Cada vez que te sientes italiano despreciando al francés, y te «calientas» con ello, cada vez que por ser Martínez miras con ridículo a los García, llenas tu preciado cerebro de stresores y agentes bioquímicos que desde tu propia fábrica interna van minando poco a poco tus capacidades de gozo, calma, sabiduría y también salud.

Una paradoja del ridículo del orgullo al endogrupo y odio al exogrupo se ve fácilmente en el deporte: el antes odiado es amado cuando se integra en un grupo mayor. Ejemplo: los tiffosi de la Juventus odian al Milán, pero se aman cuando juegan todos con Italia. ¿Cómo se puede amar a quien odiabas ayer y volverle a odiar el año que viene?

Curiosidad. Este orgullo es toda una intriga porque los humanos lo extienden incluso a sus mascotas, coches, ropa, abalorios y demás enseres.

 

2. Orgullo vicario

Sucede por aprovechamiento de una situación social. Es la situación contraria al «mal de muchos, consuelo de tontos».Mi compañero obtiene un premio y yo me siento orgulloso de ser científico. Si un individuo de mi grupo obtiene éxito, yo me siento orgulloso.  Lo normal sería acaso sentirse alegre pero no orgulloso, dado que el mérito le corresponde al otro.  Pero tiene un sentido evolutivo claro: me impulsa a seguir en la misma dirección para alcanzar una meta similar.

La clave en el orgullo vicario por tanto recae en el cómo más que en el qué y en si la afinidad es real o abstracta.

Si no juego al tenis pero me alegra la victoria de uno de los «míos» no moviliza igual mi conducta que si soy tenista. Si siento orgullo porque mi primo tiene un precioso deportivo conseguido a través de la venta de droga, no moviliza mi conducta igual que si lo ha conseguido trabajando en la empresa familiar que compartimos.

El orgullo vicario por tanto puede ser un excelente movilizador social, si a aquel que admiramos ha obtenido legal, justa y meritoriamente su reconocimiento.

 

3. Orgullo beta – auténtico

Es el que evolutivamente tiene más fuerza. Un individuo por su esfuerzo, mérito o destreza, consigue mejorar su condición, status y valoración social ante los demás. Los demás reconocen su esfuerzo y obtiene no solo un premio directo sino una consideración especial del grupo. De este modo el resto de individuos también se motivan para destinar sus recursos y habilidades a la mejora de su posición, que la sociedad reconocerá. Los niños lo entienden bien: se ilusionan con llegar a ser alguien y van descubriendo cómo varios de sus ídolos, entrenaron o estudiaron durante años para llegar a ese nivel.

El orgullo basado en el mérito tiene un severo problema: no todas las sociedades lo favorecen. Cuanto más inculta, menos inteligente y menos empática es una sociedad, cuanto menos valora a quien realmente se lo merece y cuanto más  adora la apariencia y el linaje en vez de el conocimiento y esfuerzo peor irá. En esas sociedades el pillaje, el ultraje, el robo o la picaresca se permite, o incluso se bromea sobre ello, pero rara vez se castiga, creando un clima social que al despreciar el esfuerzo favorece la desconfianza y desvaloración personal y colectiva.

Basta observar ejemplos de «pseudomúsicos»  convertidos en super politólogos y economistas, «semiactores hijos de» en tertulianos de geoestrategia mundial u «oportunistas de la farándula» dedicados a dar consejos sobre la psique humana, para entender cómo el orgullo basado en el mérito no siempre es la seda que entreteje la salud de una sociedad moderna. De hecho hasta hace bien poco, el que no defraudaba a la Hacienda pública era «tonto» por contribuir al bienestar de todos y todavía hoy en día, no es público en la mayoría de países quienes y cuánto defraudan a la sociedad de la que se aprovechan. Largo camino para el Homo Sapiens aún…

La solución social que intente favorecer el orgullo beta real no viene por aplicar el lecho de Procustro y cortar a todos a la misma medida. Hacernos «iguales» anula la motivación al logro. Se trata pues de estimular las diferencias para que todos al final crezcan, pero desde el mérito no desde la herencia, el ultraje o el amiguismo.

Si se promociona el orgullo beta los individuos muestran conductas pro sociales orientadas al logro y al beneficio de todos. A nivel individual suben sus rasgos y marcadores de responsabilidad, satisfacción con la vida, amabilidad y salud mental. Estas personas se esfuerzan por alcanzar prestigio y se vuelven confiables, energéticas, empáticas, no dogmáticas y fuente de inspiración para los demás que quieren emular sus acciones y logros.

Podemos pensar que debemos evitar la comparación con el otro y es cierto, pero como mamíferos sociales que somos, la comparación se realiza sanamente a nivel de oportunidades, recursos y logros. De hecho los individuos que pueden elevar su jerarquía dentro del grupo muestran niveles de serotonina más elevados. Aquellos que pierden su prestigio, como en una pérdida de trabajo, los niveles de serotonina caen instantáneamente. Recibir un feedback negativo e injusto por parte de tu jefe o compañeros hace que tus niveles desciendan a niveles críticos.

Si te sientes deprimido, enfadado o agresivo, antes de abrazar el positivismo sin control piensa si estás en un ambiente social o laboral injusto. Cuidado con los ERE´s, los traslados, los cambios de departamento, el bloqueo al ascenso y la promoción después de años, la plaza a la que optabas y se llevo el primo del director… porque la serotonina se fue, con toda lógica después de millones de años de evolución, al garete. No te castigues más, lo que sientes es lo que se debe sentir. No pudiste sentir auténtico orgullo, ese que se enraiza en justicia y derechos sociales.

 

4. Orgullo alfa

Se diferencia del primero en que la identidad no se basa en algo externo sino en el sí mismo, en un claro «porque yo lo valgo». Es un orgullo muy cercano al narcisismo, peligrosamente mal fomentado como autoestima, y en el que uno piensa que merece porque sí, porque es especial.

Se relaciona con la desmesura. El individuo cree llegar a mucho más de lo que alcanza y se atribuye méritos no por sus acciones sino por ser quien es. Abunda en las esferas de poder, donde determinadas personas llegan a valorarse tanto a sí mismas, que creen ser absolutos responsables del devenir de sus empresas, sociedades, países o familias. En estos casos uno está ciego a la realidad: entre todos hacemos incluso aquello que aparentemente nos pasa a uno mismo.

Aquí entra la manifestación del becerro de oro. Fíjate cuánto tengo, incluso fíjate que tú puedes también. Es un mensaje que aunque nazca con buena intención se centra más en el cuánto que en el cómo y el qué. Curiosamente, como la ciencia y tradiciones saben, por mucho que tengas y por mucho alfa que saques al respecto, tus índices de bienestar y felicidad apenas varían.

Los griegos, que andaban listos evitando el concepto del pecado, nos enseñaron como este Hybris, la desmesura, no es un pegamento social sino una lacra a evitar.

Tristemente el orgullo alfa es demasiado habitual. Uno ya no aspira a hacer fotos de la naturaleza, de rostros humanos, de templos y catedrales o de obras de arte, sino que se centra en hacerse fotos a sí mismo, para verse de nuevo, y para mostrarse a otros que también aspiran fundamentalmente a verse a sí mismos. Y es que el selfie, que no es malo por decreto, roza y anima tanto al orgullo alfa que merece reflexión.

 

¿Y cuál es el más sano?

Muy probablemente el usuario de los orgullos 1 y 4 grite que hace lo que le viene en gana y que es bueno sentirse orgulloso. Hace bien, porque uno debe decidir en la medida de su libertad lo que es mejor para sí mismo.

La cuestión es que la libertad llega más con el conocimiento, la renuncia o la sabiduría que con la impulsividad o la indolencia. Más allá de lo que diga la persona, que puede estar muy lejos de la realidad, el sentimiento de orgullo que nace porque tú mismo o alguien cercano logra un avance merecido estimula, refuerza y favorece tu cerebro mucho más que el alfa o el «por ser yo» (1).

De hecho los estudios nos enseñan que el orgullo auténtico correlaciona positivamente con la salud mental y las relaciones sociales exitosas, mientras que el orgullo Hybris se vincula a comportamientos antisociales, agresivos y a problemas de ansiedad y depresión a largo plazo (2).

En el apartado de atracción hacia el otro, a veces se ha considerado que las muestras de orgullo alfa narcisista, donde se muestra el poder,  ejercen un efecto magnético de atracción por parte del otro sexo. Nada más lejos de la realidad. Una serie de estudios nos muestran que el prestigio, obtenido por el esfuerzo y el mérito, se considera un valor mucho más estable y potente que las clásicas muestras de dominación y status clásicas del orgullo alfa (3).

En definitiva si no puedes sentir orgullo auténtico pon tu mirada en otras vías de bienestar pero no te desgastes con identidades o actitudes alfa.

De hecho otras emociones, como la compasión, muestran una inusitada activación en áreas cerebrales vinculadas al cuidado, el afecto, la reducción del dolor, el cuidado y la salud (4).

Va a ser que de lo más orgulloso que podemos estar, es de querer y amar de verdad a los seres humanos y de construir una mejor sociedad para todos.

 

Referencias

  1. Jessica L. Tracy, Joey T. Cheng, Richard W. Robins & Kali H. Trzesniewski (2009) Authentic and Hubristic Pride: The Affective Core of Self-esteem and Narcissism, Self and Identity, 8:2-3, 196-213, DOI: 10.1080/15298860802505053
  2. Jensen Campbell, L.A. & Graziano, WG & West, SG. (1995). Dominance, Prosocial Orientation, and Female Preferences: Do Nice Guys Really Finish Last?. Journal of Personality and Social Psychology.
  3. Graziano, Loreta. I, Mammal: How to Make Peace With the Animal Urge for Social Power
  4. Emiliana R. Simon-Thomas, Jakub Godzik, Elizabeth Castle, Olga Antonenko, Aurelie Ponz, Aleksander Kogan, Dacher J. Keltner, An fMRI study of caring vs self-focus during induced compassion and pride, Social Cognitive and Affective Neuroscience, Volume 7, Issue 6, August 2012, Pages 635–648,

Las emociones infectan a 5 personas

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | Comentarios

Las emociones a veces interfieren tanto que casi podríamos decir que infectan e invaden nuestra mente. En 5 situaciones clásicas las emociones se desbordan y más que movilizar nuestra conducta y adaptarnos al medio, nos destrozan minuto a minuto.

No se trata de hacer Mindfulness para reducir el stress (eso es matar el síntoma), sino de Ver desde la mirada genuina qué estructura sostiene nuestra vorágine emocional.

Hay muchas… ¡aquí cinco de ellas!

1. El ignorante sabio.

Asombra lo que sabemos hoy en día. Opinamos de absolutamente todo aunque, francamente, tengamos poca idea de algo. ¿Porqué «sabemos» tanto de todas las noticias y tenemos una posición tan abrumadoramente clara? Básicamente porque no opinamos en base a una razón sino que nos emocionamos en una dirección ya elegida por nuestra memoria para después argumentar una defensa. Somos ignorantes, pero muy sabios, porque entendemos de OPA´s hostiles, juicios, leyes, penas y sentencias, movimientos geopolíticos mundiales y medidas económicas, o incluso ambientales 🙁 🙁 , con las que defender nuestras emociones.

Solución:  si aprendo a no formar una opinión sobre lo que no sé, mis emociones se relajan. Sí, sí, es posible no posicionarse respecto a algo. ¡Existe! Del ignorante sabio al sabio ignorante. Solo este último sabe que no sabe. Hay una enorme paz en no posicionarse sobre lo que desconocemos.

2. El obsesivo.

Indeciso, ansioso, incluso insomne… con cierta obsesión las emociones vuelven, se repiten, rumian y vuelven y vuelven. Y cuanto más vuelven más cuesta decidirse. Resulta que las emociones predisponen a la acción y si no la tomo, lógicamente, su intensidad aumenta precisamente para ejecutar una acción. Si das vueltas el cerebro te trae aquello que NO ha sido ejecutado. Lo no dicho, lo reprimido, lo no expresado, lo no olvidado, lo no perdonado, lo enterrado… no son fosas para el olvido sino ave fénix que siempre resurge: ¡la biología es así!

Solución: Mejor acción y corrección, que parálisis por análisis. Mejor expresión y aprendizaje que enterrar a un muerto que resucita. Mejor hacer visible lo oculto y madurar con ello que mirar para otro lado.

3. El caprichoso.

Entre los deseos para que las cosas sean como quiere, los agobios para que lo sigan siendo y las frustraciones sobre lo que nunca puede conseguirse, el caprichoso genera miles de emociones, rara vez satisfactorias. De deseo en deseo, teme que la siguiente flor ande escasa de néctar. La vida gira sobre el caprichoso en un idilio narcisista sobre sí mismo. No aspira a ser fotógrafo de la naturaleza ni de personas ni de ciudades: solo pretender hacerse fotos de sí mismo, en un eterno selfie viviente. Salta de emoción en emoción aspirando a un bienestar y quietud que no puede llegar ¡saltando!

Solución: muy probablemente psicoterapia profesional, larga y de la buena. O psicoterapia de la vida, que le dará oportunidades para la humildad. Mientras espera un cielo perfecto con sus colegas la tierra le dará motivos para ser, simplemente ser, incluso estar, y no solo lograr.

4. El perfeccionista.

Nunca es suficiente para él. Más que amarse se castiga. El sabio busca la excelencia, observarse mientras ejecuta y pule su destreza, sin embargo el perfeccionista no se observa sino que más bien se comenta a sí mismo en el proceso. Anda tanto en el futuro que tropieza en el presente. La vida es eso que se le pasó ayer pensando en mañana. Genera miles de emociones, pocas de ellas satisfactorias.

Solución: Si eres su jefe ponle metas que no pueda alcanzar. Si no revienta aún anda apegado al idilio romántico con su Yo. Debe saber que una emoción por el fallo es mejor que miles por un supuesto éxito. Un día, agotado de buscar un fantasma, se atreve a ser humano.

5. El categórico. 

Vive binarios, tanto que solo atiende a ceros y unos, es decir, blancos y negros. No sabe que los días tristes tienen millones de matices de grises y los días alegres infinitos arcos iris. Sobresimplifica tanto la realidad porque le interesa mantener sus emociones ahí en los extremos. A veces no opina, directamente se posiciona y ni siquiera racionaliza, solo sentencia. Incluso a su apego emocional es capaz de llamarlo valores, de esos que distinguen entre los «buenos» y los «malos» a lo Batman y Joker. Ponle estímulo y encuentras respuesta inmediata emocional. No sabe que los enemigos se parecen mucho más de lo que desearían.

Solución: la diversidad, la pluralidad, lo complejo le mata. La mera existencia de opciones diferentes lo desestabiliza. A fuerza de ver se acostumbra a permitir. En dos generaciones sus nietos no solo permiten sino que ya toleran. En tres, son capaces de aceptar. En cinco, los genes categóricos se vuelven por fin deletéreos. Así que basta ver el devenir del mundo para saber que ciertas cosas «categóricas» ya nunca serán. Siento que la solución sea tan tardía.

Todos habitamos estas cinco y otras categorías de inyección emocional de vez en cuando. No se trata de apagarlas porque sí, con pastillas o Yogas, sino de autoconocernos de verdad.

Emoción viene del latín «movere» y nos impulsan al cambio, acción, transformación y aprendizaje.

Encender el motor emocional y acelerar gasta gasolina y eso en el siglo XXI es muy hortera: contamina mucho, hace ruido y resulta pomposo.

Si te emocionas mete la marcha y avanza hacia una dirección elegida por la razón.

Y si es con un eléctrico o haciendo running, incluso mejor.

Green emotions por favor :).