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Ciencia de la felicidad y bienestar

No tengo tiempo… ¡para mí!

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios
Explico semana tras semana que la agenda de Bill Gates o del directivo más ocupado es exactamente igual que la tuya.

Todos los humanos se duchan, comen, suben alguna escalera, van al WC, hablar por teléfono o zoom, recogen o están un rato con sus hijos, toman notas, trabajan, se reúnen, montan en el coche o autobús o metro para ir a trabajar o encienden un ordenador.

Si el día tuviera 26 en vez 24 horas sería lo mismo que si en vez de morir a los 85 lo hiciéramos a los 97. No cambiaría mucho porque no es la cantidad de tiempo lo que ejerce un cambio sino la atención.

En un día de 26 horas contestaríamos 25 en vez de 10 emails, gastaríamos 33 minutos de cotilleo en vez de 22, y profesaríamos 37 adjetivos descalificativos al político que no nos gusta en vez de solo 31 como actualmente.

Pero el mantra de no tengo tiempo se instaló en el software mental y como buen virus, habla por sí mismo.

La realidad es que gran parte de nuestra loca agenda viene dictada por nuestra memoria. Esta, como suelo decir, no es precisamente la de un santo, sino la de alguien con stress, ansiedad a ratos, proyecciones de futuro y mucha información de todos los colores, desde youtube a libros y cursos.

Quien manda, aunque algunos le llamen «fluir», es la memoria.
Las visualizaciones no pueden cambiarla, evidentemente. El cerebro no funciona así.

La imaginación y la ausencia relajan momentáneamente pero poco más. Al cerebro le da igual.

La esperanza es buena, pero en sí misma, es solo eso, esperanza y alivio. El futuro será mejor… o no lo será. Nuestro sesgo de optimismo nos permite lidiar con el día a día pero no soluciona mucho. El cerebro no funciona así insisto.

Meditar para pararse un rato es bueno, lo dice la ciencia y lo dicen las tradiciones, pero en el día a día de los practicantes  (bien lo sé después de enseñar a miles y recorrer esto más de 30 años) no suelen transformarse. Acaso aprenden a serenarse cuando meditan pero el resto del día… el software sigue vivo.

La atención se sigue sin comprender. Se llame atención plena o atención de toda la vida. El ahora se ha edulcorado como un presente que uno puede elegir… cuando resulta que está siendo elegido por la memoria.

Falta claridad, muchísima. Sin claridad, aunque puedas estar invitado en el Emirates Palace de Abu Dhabi 42 días a todo lujo… no sabrías qué hay que hacer para volver. Y para volver habría que haber ganado mucho dinero para pagarlo jeje.

No tienes tiempo… pero tienes el mismo que Bill Gates.
Tienes información e incluso conocimiento pero el software sigue vivo y hace de las suyas.

¿Dónde consigues claridad? ¿Cómo?

¿Dónde llega una voluntad que acaba siendo presa una y otra vez de la memoria? ¿Hasta la próxima charla TED motivadora? ¿Hasta el siguiente guru que te hable de lo importante de la actitud, como si ésta no tuviera nada que ver con la atención que uno construye?

En realidad uno siempre tiene para uno mismo, porque uno mismo vive en su mente-cerebro las 24 horas del día.

Ausente o automatizado por la memoria eres todo el rato. Cuando uno tiene tiempo para otros y no «prioriza» para sí, sigue ciego a una barrera ficticia entre otros y el sí mismo.

Si no se conoce la atención no hay claridad alguna.

Con claridad esta nube del no tengo tiempo se disipa. Uno siempre es y dedicar tiempo a los demás o a uno mismo es exactamente lo mismo. Ausentarse o agobiarse, ocupar o aligerar agenda… todo son caras externas de una mente que recorre el tiempo. De hecho quien domina la atención no ve una montaña de deberes y tareas que cumplir. Tan solo capta una: la que está haciendo en este instante. Es lo que yo llamo vacaciones diarias: encuentras centenares de momentos en el día a día para descansar, soltarse o abrirse y otros para hacer y enfocarse. Pero se viven como una eternidad en un solo instante. Difícil de explicar, y hasta de creer, si no se vive. 

Pero no es una opinión, ni hablar por hablar de lo consciente o de «elegir estar presente». Es una metodología precisa y  toda una ciencia.

Una ciencia para multiplicar, con claridad, el bienestar, felicidad y sabiduría.

La bondad es una fuerza… pero la rechazas

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios
La bondad es una fuerza pero quizá nos suena a nueva era y super flower power. Normal… Pero resulta que los flower power hacen imaginación cuántica, no bondad.

Parece que nos gustaría llorar de vez en cuando por frustración, tensión o impotencia, pero lo intentamos y no sale. Suele ocurrir.

Ya no compartimos emociones ni desgracias ni desesperaciones:  nos lo comemos sol@s. Quizá porque tememos dar lástima, vernos débiles o peor aún, creer que nadie podría ayudarnos, solo uno mismo, aunque luego no sepamos ayudarnos. Y el círculo continúa girando. ¿Samsara?

Si vemos bondad nos asustamos o nos parece light y ridículo. Creemos que el bondadoso va a ser saqueado y le van a robar. O le llamamos comunitario e iluso :).

Nos gustaría escribir una nota de agradecimiento sincero a aquellos que nos demuestran cada día afecto, a aquellos que siempre están ahí cuando se les pide algo, pero aparece un freno. Nos daría vergüenza sentirnos sinceros, abiertos o sencillos. Queda en la imaginación y no actuamos.

Estaría bien cerrar cada día dando gracias por tanto, pero eso sería actuar de apostólico romano o alternativo hortera y no nos lo permitimos. Es mejor creer las noticias de tu color y un mundo de buenos (los tuyos) y malos (los otros).

Competimos quizá demasiado y creemos que el que da no recibe, y por eso ya solo damos si recibimos y lo llamamos inteligencia en vez de escasez. No vemos que el que da selecciona y dirige, porque conoce al otro más allá de lo que espera.

Tememos que satisfacer las necesidades de algunos pocos, quiten a los nuestros de lo que tienen, porque todo son para uno juegos de suma cero. Qué pobreza madre mía y no lo vemos.

Los diferentes son sencillamente presuntos culpables. Si ponen el metro en nuestro flamante barrio seguro que se llena de yonkis y maleantes, maleantes a los que todavía no hemos tenido el placer o desgracia de conocer…, pero sí de juzgar. Si uno triunfa en nuestro humilde barrio seguro que fue por ser ladrón, nunca por mérito. Si uno asciende le limitamos. Nos encantaría felicitar al que se lo merece… pero no sale y se mira a otro lado. Si uno enferma creemos que es porque no fue positivo, que no bondadoso. Vemos codicia y manipulación allá donde miramos quizá porqué se basa en nuestros sesgos o en tanta pasión por telediarios sesgados. O bien sentimos enormes peligros futuros en algunos que pueden llegar y ni siquiera son personas, sino encarnaciones del mal puro, o sea, estereotipos.

Queremos querer pero parece que ya se ha olvidado. Los amigos se disipan y no les tocamos. Los que nos tocan con su autenticidad no queremos que nos enternezcan no sea que se vuelvan íntimos y nosotros a estas alturas no estamos para aventuras. Querer a estas edades se vuelve peligroso.

Confundimos bondad con romanticismo de Netflix, y así no lo vemos. Creemos que es perder el trasero por el otro, y no captamos que es saber cuidarse primero a uno mismo, en vez de machacarse, insultarse, hacerse daño o tomar las peores decisiones sobre nosotros. En la línea romanticona algunos 
lo confunden con dádiva, que suele estar bien visto. Quizá no necesites cobrar porque tengas otro sueldo… Sin embargo si cobraras serías igual de bondadoso. No va por ahí porque no es ayuda desinteresada ni dar por dar. De hecho empieza en uno mismo. Tampoco es igualación, porque no somos iguales, faltaría más. Es un estado de conciencia y está más allá de dar-recibir. Pero sí está en dar-se y en dar-ser porque solo se vive una vez y además se vive ahora.

De modo que de cápsula en cápsula aislada, la vida se va encogiendo y tornando difícil. La verdad que muy difícil. Esta y no la otra es la verdadera vejez.
Nos sentamos a meditar y no sentimos mucho jeje, o no sabemos enfocar la mente, o simplemente ser y estar. Pasan las 8 semanas mágicas y el Mindful state no cala como nos gustaría pero no nos importa porque al fin y al cabo hemos añadido una chapita en la solapa como las que aún necesitan lucir algunas profesiones. Al guru la verdad tampoco le importa que no llegues al centro verdadero: se trata de calmar el yo, no de sabiduría real.

​​Así que incluso «meditando» no sabemos encender por ti mismo eso que se nos da de niños. No solo eso, seguimos pensando que es ridículo, o que otros no lo tienen, o que son débiles si desarrollan esa capacidad. O peor aún creemos que eso del presente es simplemente una elección en vez de una práctica fina con miles de curvas. O no sé, igual hasta creemos que son 8 semanas y ya. No sería raro, lo hemos visto en alguna charla que confirmó nuestros sesgos.

A veces hasta triunfamos, por astucia, inteligencia, voluntad, suerte o incluso amiguismo oye. Pero si no somos queridos, si no tocamos vidas y si no sabemos ponernos en la piel y zapatos del otro nada sirve. Eso sería debilidad nos han contado.

Nuestros ídolos no son bondadosos. Critican e insultan, interrumpen y gritan, y además profesan «zascas», extraño artilugio para los que mediocres. Son pobres de espíritu pero son a ellos a los que dedicamos atención y amigo a lo que uno atiende es de lo que el cerebro se llena. Nuestra insensibilidad bañada en conocimiento es tal que no nos damos cuenta de que seguir ahí, atendiendo lo mediocre, atrofia neuronas. Poco importa decimos, la vida es… ¿otra cosa?

Las buenas personas deberían pagar menos a Hacienda, pero esto no lo vemos. Creemos que el mundo está muy mal, cada vez peor, pero el que está peor es aquel que es incapaz de ver y recabar todo lo que el mundo avanza… sobre todo en una bondad que cada vez lucha más por no excluir ni diferenciar.

Y así de cierre en cierre, de insensibilidad en insensibilidad, se van creando corazas. Que el corazón no cante por favor, eso está prohibido. Si canta que sea rosa pinkie cósmico, playback o DJ, para que se vea ridículo y desenraizado.

Da igual que venga de la prestigiosa Stanford que nos queda muy lejos o muy técnica y a nosotros nos gusta Jar-bar.

Da igual que venga de los sabios budistas, que si llevan túnica y se rapan, esos no saben vivir.

Da igual que leamos que el cerebro se construye y madura desde la bondad.

Da igual si nos dicen que hay formas de entrenarlo. Creemos que basta con saberlo, o acaso con negarlo.

Si lo anterior de alguna manera te refleja, ya creaste la red de la coraza: ésta piensa por ti.

Entonces la felicidad sigue siendo un asunto individual con tiempo y dinero con los tuyos en un futuro mágico. O momentitos puntuales en donde por lo que sea, las circunstancias encajan y hay placer sensorial. Sí, sí, esos minutitos mágicos de x, y, z que suceden en la siesta del sábado o la precomida del domingo.

​​De lapso en lapso futuro se va saltando porque tú ya sabes lo que es. No hay nada que aprender de las investigaciones modernas, de las líneas que se abren, de los ejercicios que se crean, de las posibilidades de modelar la mente humana que antes no estaban disponibles. 

Pero un día, tarde o temprano, se despierta. Nadie escapa a su memoria y a lo que cultiva. No solo el cuerpo da señales y avisos, la mente grita pero no lo vemos.

Un día lo pinkie flower se desvanece, porque la vida tiene giros y giros que se resisten a nuestras visualizaciones cósmicas.

Pero también se rompe la coraza… y uno se lamenta no haber tocado, mirado a los ojos, abrazado, dicho y entregado afecto sincero, ayuda genuina y vínculo más allá del círculo familiar genético.

Ese día la tierra no es un asunto hippie ni de ecologistas, la bondad no es un mantra de cuatro budistas ni de neurocientíficos progresistas de Stanford.

Ese día, la bondad es todo aquello que has perdido, bien por duro o bien por bobo.

La bondad es una fuerza y ambos extremos la rechazan. Unos por necios con escudo y otros por etéreos sin raíces.

Que toques muchas vidas, no solo placeres y entretenimientos.

Que nunca te lamentes de no conocer tan grande fuerza.
 

Esta gente es muy atrevida

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios
En tan solo un mes la gente que está en la Comunidad Ciencia de la Felicidad es muy atrevida, lo cual me encanta, porque significa que están aprendiendo a construir hábitos de felicidad de verdad.
Fíjate que ya saben que para estar mejor NO deben utilizar esto:

OBLIGACION

QUIMERAS

AUTO EXIGENCIAS

CORTOPLACISMO

VOLUNTAD

DESEAR para «atraer»

ENTUSIASMO

ESFUERZO

FUTURO

PREMIOS

FLUIR

«EXPERIENCIA PERSONAL de alguien»

«SI YO PUEDO TU TAMBIEN»
 HACERLO SOLO


Se han cargado ellos solitos, numerosos pilares y mitos inamovibles del crecimiento personal, liderazgo y bienestar.

Han sido listos la verdad. No se tragan eso de reflejarse en un héroe, tipo Spud Webb que ganó el concurso de mates de la NBA midiendo solo 1.70 metros y por ello «tú también puedes». Como no les gusta que les llamen bobos saben que apenas hay jugadores de 1.70 en la NBA así que riegan en tierras más fértiles.

Tampoco se tragan lo de la voluntad hercúlea. Quizá es que les inspiran más las buenas historias griegas, como la de Sísifo
, que la frase motivadora de los lunes.

Tienen claro que «fluir» tampoco porque les lleva donde están sus memorias y condicionamientos, que no suele ser la santidad precisamente.

Y fíjate que lo de «hacerlo solo», ellos mismos reconocen en tan solo un mes, que de haber estado solos ni de lejos estarían donde están.

Es lo que tiene aproximarse al bienestar, felicidad, sabiduría y resiliencia desde cualquier óptica o desde una sólida, científica y bien fundamentada.
Me gusta la gente atrevida, que comprenden y que comprueban.

Estoy seguro que alguno te chocara.

«Vaya Jose no me digas que el entusiasmo o desear fuertemente algo no es la clave para obtenerlo».

Pues no amig@. Esas cosas que a todos nos importan y encantan al cerebro le resbalan bastante por efímeras y temporales.

Aquí abajo algunos de sus ejemplos.
Ya sabes…

Antes de lanzarte a por tus sueños, asegúrate de conocer el mejor camino.

Ayuda profesional, ayuda de corazón, ayuda oportunista

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | One Comment

La psicología, la neurociencia también, la medicina me temo y probablemente la sociología, filosofía y antropología, tienen un problema y es que hasta el más mundano de los Sapiens tiene una teoría propia de cómo funciona el mundo o la mente humana.

No la tenemos sobre cómo se genera un agujero negro, o cómo un metal se convierte en espada ni cómo el determinante de una matriz 3D es realmente el cálculo de su volumen.

A esa teoría propia se une que ante un trauma, un drama humano, una pandemia, una guerra, a la mayoría nos sale ese instinto de ayudar.

El problema es que hay ayudas profesionalesayudas de corazón y ayudas oportunistas. Añadiría que está la ayuda ignorante.

Hace poco me preguntaban por cómo el cerebro responde a respuestas con ansiedad en un momento dado, esa que todos podemos sentir de vez en cuando. Al rato me preguntaron por una persona con depresión profunda y mi respuesta fue clara: tiene que ir al profesional de la mente, por tanto, psicólogo o psiquiatra.

No quise que la ayuda de corazón, se convirtiera en ayuda ignorante.

Lo veo cada día con cientos de consejos para «subir la inmunidad». Estiro un brazo y subo la inmunidad, me atiborro de productos y subo la inmunidad, vibro con el cosmos y subo la inmunidad y visualizo tal punto del cuerpo y subo la inmunidad. La ayuda quizá sea de corazón, pero me temo que anda entre oportunista e ignorante, dado que si no tengo evidencia de ello más allá de que me lo creo o el «amimefuncionismo» mal vamos.

El problema es que ese «amimefuncionismo» bien exige un análisis de CD4, CD8, NK e interleucinas para decir que «sube» la inmunidad. Quizá conviene informar sobre que la inmunidad demasiado «alta» es también un severo problema. En fin…

Pero es que incluso saber mucho de algo no implica saber ayudar en ello. Un biólogo puede saber más de un tumor que un médico, un metodólogo puede saber más de un test de personalidad que un psicólogo e incluso una persona por las razones que sean puede conocer mucho sobre el trauma o el duelo… pero haría bien en ceder su espacio a quienes optaron por el camino clásico, tan denostado por la antiintelectualidad, de aprender la formación precisa.

Hace unos días veo, no es nada nuevo, cómo determinados expertos, justo los mismos que nos dicen que el éxito es una sencilla ecuación de habilidades y esfuerzo, y que nos incitan una y otra vez a perseguir nuestros sueños individuales fácilmente, se ofrecen a ayudar a la gente que está en el duelo, ahí es nada, en el trauma, ahí es nada, en la depresión profunda, ahí es nada, o en el trastorno de stress post-traumático, ese que en USA no consigue aún recuperar bien a gente que vino de Vietnam hace 50 años.

No hablo del inocente que no sabe que no sabe, hablo del que NO quiere saber que NO sabe, o peor aún, NO quiere aceptar que NO es el profesional adecuado para el problema que surge.

Te lo dejo a ti si es ayuda oportunista, ignorante, de corazón o profesional o si sencillamente es adecuada.

El mantra de «como a mí me sirvió» iguala mediante una tábula rasa a todos los humanos, como si no solo de partida, sino en el camino todos estuviéramos capacitados (y formados) para todo. No es cierto…

Entre ese y el «do it yourself» vamos apañados.

Creo que en muchas ocasiones la mejor ayuda es el silencio, la presencia, la prudencia o el ceder espacio a otros. O hacerlo desde lo que uno es y conoce: el profesional del ejercicio con el ejercicio, el de Yoga con el Yoga, el enfermero con los enfermos y el que fabrica mascarillas, fabricando mascarillas.

Si es el momento de tu profesión dale fuerte.

El mío no es curar a los enfermos, ni tratar a los que tienen desórdenes mentales severos sean agudos o crónicos: es ayudar a relacionarnos, superarnos, influenciarnos, mejorarnos y liderarnos.

Por tanto, ni subo la immunidad ni curo las depresiones ni trato el duelo por mucho que sienta que conozco algo después de años, al menos intento con fuerza, la mente humana en primera y tercera persona.

Como siempre digo, la ayuda es un poliedro con muchas caras y matices.

Hay cerebros triunos, tertulianos varios y mancias parecidas que todavía no lo saben.

Vivan los profesionales cada uno en su campo: es su momento, es tu momento. Haz lo que sabes.

Felicidad social. ¿Ahora se entiende verdad?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

No hay muchas certezas… como puedes comprobar.
Ni tampoco la ecuación del mérito es precisamente muy matemática.
Así que parece que el bienestar se nos escurre entre los dedos. ¿A quién hacemos caso?

La felicidad happy flower nunca ha funcionado pero siempre ha tenido sus seguidores y proporcionalmente  a sus fantasías detractores en el otro extremo.

Las personas pueden soñar happy flower con un universo positivo en vibración y abundancia (normalmente económica), que éste se encargará de darte giros y ribetes insondables. No es posible evitar los días grises, ni los estados de ánimo cambiantes, ni la buena y mala suerte, ni todas las injusticias, ni conseguir todas «tus metas». Por mucho que lo «visualices», lo creas y te emociones con ello, la vida se encarga. Aterriza…

En el otro extremo, los negacionistas del bienestar humano. A veces nos posicionamos ahí, enfadados, quemados o incluso víctimas de todo. A cualquier intento sensato de construcción de bienestar humano le ponemos en ese caso el adjetivo de ridículo. A veces se critica la industria de la felicidad (como si las industrias fueran per se «malas») porque sí. Todo eso lo entiendo porque vamos acumulando frustraciones. Pero una cosa es que el happy flower no haya encontrado su San Martín y otra que seamos como Ebenezer Scrooge (Charles Dickens) siempre diciendo a todo: ¡paparruchas!

Vengo compartiendo durante años un camino medio.

Una felicidad social, porque siempre mostramos que el Yo es bastante ilusorio y que no podré ser muy muy muy feliz si mi vecina está muy muy muy triste, incluso aunque le caiga mal sin motivo.

Esta construcción precisa de sabiduría, palabra que su mera ausencia del lenguaje habitual, la convierte ya en un diagnóstico sospechoso.

Sabiduría porque el cerebro tiene un nivel inicial de felicidad basado en la dualidad placer – dolor. Hasta los que vociferan como Scrooge evitan dolor y buscan placer. Pero el recorrido de esta dualidad es tan corto, que hay que saltar de plano: construcción del largo plazo, toma de decisiones sabia y conocimiento preciso de dónde conviene invertir acciones, amores y energía en el camino de vida.

Felicidad social, que bien la añoramos en estas semanas, porque hay responsabilidades y necesidades grupales que no se resuelven ni visualizando tus metas ni negando la posibilidad de estar más satisfechos.

La neurociencia social, la psicología positiva de calidad, los nuevos modelos de liderazgo inclusivo, la filosofía perenne, el pensamiento complejo nos confirman, cada vez con más y mejores datos, que necesitamos una combinación de trabajo personal genuino y de vínculos de pertenencia y empatía sólidos. Datos, ¡dije datos!, solidez por tanto. ¿A qué esperamos?

– La nueva era no te va a traer resultados.
– Pero negarse y enfadarse con los intentos de mejora  en la postura anti-bienestar tampoco.
– El «consigue todos tus sueños tú solito» mucho menos.
– El aislamiento estoico o de algunas tradiciones meditativas me temo que es arcaico para el siglo XXI.

En las formaciones comparto esta idea al respecto. Espero que te sirva.

«Estas prácticas que entrenamos cada semana no son para tener días de 9,5 o 10 porque el examen ha sido fácil.

Son para cuando el día viene con un 3,9 consigas rascar hasta el 5,1.

Tampoco son para si tienes costumbres de notables, pararte ahí. Acaso será para que ayudes a otros a aprobar y salir de la agonía y el agobio».

Tenemos un tiempo virulento donde cada día viene con un 3,5 te guste o no, lo merezcas o no. Como mucho, si tenemos experiencia, si lo hacemos en grupo, llegaremos a un 5,1… pero suficiente.

No es tiempo de sobresalientes ni de estar en Flow ajeno a la vida y el sufrimiento de otros.

En resumen:

  • No hay bienestar sin sabiduría.
  • Sin sabiduría no hay compasión.
  • Sin compasión no hay sociedad.
  • Sin sociedad, no hay Sapiens.

¡Ánimo en este examen!

Bienestar psicológico y confinamiento. De la teoría a la realidad.

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Muchas personas me han pedido en estas semanas que comparta visiones, experiencias o consejos para el bienestar psicológico durante el confinamiento.

A su vez me preguntan algunos consejos habituales o estrategias que se suelen recomendar.

En los 15 artículos compartidos hasta ahora creo que se resume bien la estrategia que apoyo y manifiesto.

Pero quiero incidir en un aspecto que considero muy relevante en cuanto a «las cosas de la mente» y es que debemos diferenciar la teoría… de la realidad.

Estamos muy muy acostumbrados a leer lo que debemos hacer, incluso a que lo que debamos hacer esté validado o nos genere confianza. Pero no estamos tan acostumbrados a vivenciar y experimentar lo que viene en el papel.

Lo suelo explicar así: «el catedrático de las emociones, no necesariamente sabe regularlas». Es vital la cátedra, pero no suficiente.

Este es un primer punto de partida para «bienestar psicológico y confinamiento». Una buena teoría.

El segundo por tanto es la experiencia real. Si no has mirado tu mente antes, si nunca has buscado bienestar psicológico o si lo has buscado a través del éxito, la dispersión o los estímulos acrecentados, muy probablemente ahora falten herramientas.

Muchas katas en el gimnasio y pocas peleas de calle.
Muchos tiros a canasta solo y pocos partidos contra otros.

Por ello creo que es clave no solo recibir consejos técnicos, sino haberlos vivido.

El tercero es el confinamiento propiamente dicho.
Nunca pensé que el llamado «entierro del guerrero» que practicaba intensamente durante años, o los retiros de oscuridad o las experiencias de aislamiento o la costumbre de practicar y dirigir numerosos retiros, me pudieran ayudar también para algo que 18 años después iba a desatar un pequeño virus. Pero lo cierto es que lo hacen: uno ya ha pasado su mente por extremos y así es más fácil acompañar a otros.

Abro aquí un inciso para agradecer a todos aquellos que han tenido en cuenta estos 3 puntos y me han solicitado ayuda para sus grupos, clases o entornos. ¡Gracias!

Así que voy al grano hoy.

NO es tiempo de LOGRAR bienestar psicológico. Paren ya las metas por favor.

Repito:

NO es tiempo de LOGRAR bienestar psicológico. Paren ya las metas por favor.

«¿Jose estás loco?»

No amigo. Basta ya de logros…

  • Es tiempo de compasión y de observación.
  • Es tiempo de no añadir letra a la música.
  • Es tiempo de aceptar que tendremos días tristes, contentos, aburridos o estresados o incluso con cierta ansiedad… ¡y no pasa nada!
  • Es tiempo de silencio (siempre lo es jejeje).
  • Es tiempo de no saber tanto.
  • Es tiempo de no hacer hueco al odio ni a la ilusión retrospectiva tipo «doctores tiene la iglesia».
  • Es tiempo de seguir luchando por tu gente, tu familia, tu trabajo y tu vida como hacías hasta ahora.
  • Es tiempo de ayudar a quien lo necesite (como siempre).


El bienestar psicológico no se logra, como una meta más, tras escuchar la charla de la superabundancia cuántica. La felicidad no se compra ni se alcanza, se construye y no con ansia, exigencia o logro precisamente.

El bienestar psicológico APARECE, BROTA, (y no obstante tiene cierta inestabilidad) cuando uno incide sí o sí, en los arriba citados.

Comparto sin vanidad ni heroicidades que nunca pude generar ni un solo gramo de bienestar psicológico cuando durante años dormía, voluntariamente, en una tumba cavada por mí mismo en el jardín para explorar mi mente, miedos y «certezas». El cerebro se investiga desde la ciencia pero también en primera persona. No solo hay que ser catedrático recuerda.

Y sin embargo apareció muchas veces ese bienestar psicológico, ¿pero cuándo?

Cuando aprendí a soltar el logro, la exigencia, y el «debería estar así o asá», cuando era más importante observar que conseguir, cuando no te quedaba otra que aceptar, cuando soltabas pretensiones y te permitías respirar de una en una sin más.

Con esto termino hoy.

No te preocupes tanto del bienestar a alcanzar.

Preocúpate más de ser, simplemente ser y sonreír a ello.

Consejos de nuevo 🙂

  • Es tiempo de compasión y de observación.
  • Es tiempo de no añadir letra a la música.
  • Es tiempo de aceptar que tendremos días tristes, contentos, aburridos o estresados o incluso con cierta ansiedad.
  • Es tiempo de silencio (siempre lo es jejeje).
  • Es tiempo de no saber tanto.
  • Es tiempo de no hacer hueco al odio ni a la ilusión retrospectiva.
  • Es tiempo de seguir luchando por tu gente, tu familia, tu trabajo y tu vida como hacías hasta ahora.

O si lo prefieres en formato Fiodor Dostoyevski:

«Ojalá pueda ser digno de mis sufrimientos».

Los niños son los maestros

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Al menos los que veo de 6 a 12 años son claramente los maestros.

Hay una parte fisiológica en ello: su prefrontal, área donde analizamos, elegimos información, tomamos decisiones complejas, evaluamos coste – beneficio no está tan madura como en nosotros.

Otra parte es que ellos desconocen el funcionamiento real de los trabajos, los bancos, las hipotecas, los contratos, los estados y las leyes, de modo que no se pueden preocupar por aquello que no existe aún en sus cerebros.

Pero hay otra parte esencial de la que podemos aprender.

Pueden hacer del presente una aventura. Es tan intenso para ellos la mirada sostenida del padre, el abrazo de la madre, el valor de este instante de juego o de compartir, que no hay lugar para un mañana, pero sobre todo, no hay sensación de ahogo, de confinado, de limitación.

Nos pueden recordar lo que hoy se hace evidente. No era tanto de competir y resaltar, ni mucho menos del «y tú más», sino de valorar lo importante: tiempo consciente, relaciones de calidad, hacer de tres objetos cualesquiera un juego infinito, caricias, cosquillas y besos, dormir como un lirón y estirar el cuerpo con espontaneidad.

Los adultos no somos niños, tenemos miles de responsabilidades pero sí podemos silenciar, conscientemente, nuestro prefrontal.

Para ello no hace falta «meditar» como si fuera la herramienta única o «mágica» que nos «despierta» (lo dice un amante de esta técnica). Es justo al revés, cuando somos maduros, vivimos en la serenidad y cierto estado acaso aparece, no siempre de forma técnica. Por eso estos días no me escucharás decir que aprendas meditación. Soy más de que tires de recursos ya cultivados. Si ya lo hacías, eso sí, ¡aprovecha!

La vida es sabiduría en acción y es seguro que tienes momentos, por desastre que te sientas, que has creado cierta paz y sosiego en tu interior a pesar de las circunstancias.

No hace falta esperar a ser abuelos, para por fin valorar el tiempo (o la atención) que no se tuvo con los hijos, el placer de un paseo, el captar la puesta de sol o el emprender por fin el aprendizaje de un instrumento o la compañía de un libro o el valor de cultivar una amistad.

En medio del stress y la incertidumbre, en medio del dolor por el sufrimiento propio o de otros, es posible y necesario, encender el botón de lo importante.

Quizá no recuerdes donde está,
quizá es un botón muy débil todavía,
quizá vendiste seguridad, stress y economía por sabiduría,
quizá te perdiste momentos inolvidables,
quizá seguiste como oveja las ideas de los tuyos,

pero seguro que tienes capacidad hoy para respirar, agradecer y sonreír a lo bueno que hay en ti y en los demás.

Que no te atrapen los que gritan, los que insultan, los que odian, los que tienen numerosos enemigos, los que crean muros (que luego los virus atraviesan con facilidad), los que se creen autosuficientes, los que solo ven lo negativo.

Abre los ojos, mira a un chiquillo en la terraza y aprende.
Basta con dejarte emocionar por ello y expandir esa sensación.
Un día, te aseguro, no estarás para esa práctica. Hazlo.

No es debilidad, sino fuerza.

La fuerza de ser tan listo como para saber quererse bajo toda circunstancia.

Sobre la ayuda, mascarillas, filantropía y generosidad

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

La ayuda tiene, poco a poco, buena prensa. Exige superarse contra las tendencias egoístas, narcisistas y el individualismo en exceso.

En contra de la idea de la supervivencia de los más fuertes, la ayuda nos muestra la verdadera traducción de «the survival of the fittest», los más aptos, que son aquellos que aprendieron a colaborar juntos.

Algunos lo han asociado a la debilidad, al «buenismo» (que no es peor que el «malismo» que conste) e históricamente de Platón a Kant pasando por Hobbes, se ha considerado en parte así. Sin embargo la compasión está profundamente grabada en nuestro cerebro. No es impulso bobo ni una emoción irracional, sino una parte indispensable de la naturaleza humana, enraizada en nuestra biología.

Ayudar elicita la misma actividad cerebral en el núcleo accumbens y en el cingulado anterior (asociados comúnmente a las posibles recompensas) que recibir. No solo eso, regula nuestro sistema nervioso autónomo, produce oxitocina y además se puede cultivar y expandir. ¿Acaso te extraña ahora porqué nos movilizamos también para ayudar?

Sin embargo hay ayudas y ayudas y se confunden, tanto que se igualan todas como si nacieran del mismo lugar, merecieran el mismo prestigio y causaran las mismas consecuencias.

La ayuda genuina (1) es la espontánea y anónima, la que no reclama para sí mérito especial y la que se siente como «es lo que hay que hacer».

La estamos viendo en estos días. Sin lugar a dudas en sanitarios que no solo ejercen su profesión, sino que la extienden más allá, en policías, UME, bomberos, profesores y miles y miles de voluntarios y personas que sin nombre, sin cara, sin repercusión hacen lo que hay que hacer, cada uno poniendo su granito de arena.

Pierden poco tiempo en quejas, en insultos, en odios, en críticas y en dar soluciones mágicas a problemas complejos: prefieren pasar a la acción porque hay mucho que hacer. En vez de sentarse se ofrecen a construir un mundo mejor, cada uno desde su lugar.

Son héroes silenciosos, aunque ellos rechazan el término y nos dicen que solo son humanos ayudando a humanos. Hemos confundido al héroe con las pelis de Marvel, y el torpe de Star Wars que necesita 4 películas para volverse a hablar con su padre y decirle te quiero.

Pero sí lo son, a tenor de lo que la ciencia nos muestra sobre qué es heroico y cómo se ejerce. En contra de lo que pueda parecer, lo heroico no es analítico, no se piensa, se hace, como el  parisino que escaló cuatro pisos por la terraza para salvar a un niño y dice: «no sé, solo sé que subí». Lo heroico destaca por la capacidad de altruismo asumiendo un peligro personal en vez de diluirse en el comportamiento medio.

Los héroes hoy llevan mascarilla, casco, guantes. Hacen espontáneamente lo que sienten que hay que hacer y no son especialmente conocidos o reconocidos. No necesitan togas, ni galones en la solapa para indicar status y distinción, sus ropas destilan sudor, grasa y esputos.

La ayuda filantrópica (2) es otro nivel. Desata posiciones extremas, tristemente habitual en sociedad polarizadas que tienen fronteras todavía muy rígidas entre el bien y el mal. Los que la critican plantean el rechazo a la misma desde los juegos de suma cero: si hay alguien que tiene es porque otros no. No puede haber alguien que suba si no es por medios ilícitos. Ambos supuestos son falsos y hacen un flaco favor al mantenerlos vivos porque nos llevaría a una igualación no solo de resultados sino también de méritos. Este planteamiento olvida (o le cuesta creer) que mucha gente cuando tiene mucho reparte considerablemente y que aunque no sean los más visibles en los medios, es natural dar.

Pero los del otro lado también tienen sus sesgos. Ven a los filántropos como seres de luz estilo Ghandi y olvidan que la filantropía a veces otorga beneficios, desde los fiscales hasta los sociales del marketing. Al revés que la genuina, que es silenciosa y sin apellidos, ésta tiene nombre. Sobre ella recae siempre cierta sospecha y se diferencia claramente de la donación anónima, que subiría en ese caso al escalón 1. Se ve muy sospechosa cuando la filantropía va paralela al fotoreportaje en revistas del «corazón».

Si la filantropía esconde necesidad de reconocimiento, intercambio de favores y prebendas o beneficios de otra índole, no activa el cerebro ni la biología en los términos citados arriba. Sería un comercio, probablemente justo, necesario, loable y no rechazable, pero no compasión cerebral.

La ayuda contagiosa (3) es aquella que surge porque los demás lo hacen. Se ejerce porque la ejerce el vecino y nos sumamos a la causa. No importa el detonante, todos despertamos a veces porque otro nos despierta, pero es un buen momento para sentirla… en vez de copiarla. Si paso a sentirla me doy cuenta cuán genuina se siente, cuán bien nos hace a todos (también a ti) y subes al (1). Si la copio a modo oveja y rebaño, sirve a otros pero poco a ti. A nivel social sin embargo es bienvenida: que vengan mascarillas ahora, más allá de porqué y dónde. Tiempo habrá de análisis y reflexiones.

La ayuda controladora (4) es aquella que te compra a través de la ayuda. El otro necesita de ti para sus fines y te «da», «da» y «da» aparentemente… mientras te ata, te ata y te ata. Crea una relación desigual donde uno da y el otro recibe, y de este modo nace en ti la emoción social de la culpa: «qué bueno es, cuanto da», «qué generoso, mira lo que me ha dado». No es una ayuda genuina, de hecho a veces es perversa. El ayudador siempre está por encima: no te deja que le devuelvas la deuda, y te da doble. Ahora ya te tiene en su red y solo espera que le des toda tu atención, energía y alabanzas. Muchas relaciones personales y laborales se basan en la ayuda controladora. Cuando te das cuenta te tienen en sus redes. Como te hizo un gran favor que no puedes devolver, tienes que aguantar ahora sus desvaríos y manipulaciones. Está muy lejos de la genuina… pero no todo el mundo lo ve. Hasta que no la sufres no la ves. Si no la ves lee libros sobre la mafia y te darás cuenta como funciona.

La ayuda mártir (5) nace opuesta a la anterior. Te sientes menos, así que alargas la sesión con el paciente, el cliente y el alumno. Le das mucho más de lo que merece y creas deuda. El otro te valora por fin y te llenas con un gramito de autoestima. El mártir mendiga, sin darse cuenta, subir a través de otros lo que solo consigo mismo puede cultivar. A veces se vuelve yonki de una ayuda partiendo de un interior que se siente mal. Curiosamente es el centro de algún modelo religioso: ayude a los demás pero usted parta por favor de sentirse mal. Ni que decir tiene que bloquea el acceso al bienestar auténtico.

La ayuda vanidosa (6) necesita mostrarse ante los demás cuán bueno es uno. Es la versión negativa citada de la filantropía sospechosa, pero a nivel de familia, barrio y amigos. Si nace de un sentimiento genuino se empaña por obcecarse en meter el «Yo miradme» en la ecuación. Olvida que lo heroico no es la persona sino el acto. Es inteligente que no te conmueva lo más mínimo.

La clasificación no es exhaustiva sino genérica y pretende simplemente dar luz sobre el proceso general de «ayudar».

Muy probablemente todos hemos practicado y recibido estos tipos de ayudas, de la 1 a la 6, en algún momento de nuestras vidas y sería bueno aspirar siempre a la genuina.

¿Cómo se hace eso?

Muy sencillo. La bondad comienza en uno mismo. El entrenamiento consiste por tanto, en ser capaz de recuperar ese amor propio (que no es voluntad ni autoestima), que nace de la propia noción de ser y el valor inherente de toda vida.

Cuando cultivamos bondad en uno mismo, nuestro modo de ejercer ayuda se va depurando paso a paso hacia la genuina. Damos porque hay que dar, aprendemos también a recibir, disfrutamos del proceso y nos centramos en el acto, no en nuestro Yo. No sólo eso, ni el mártir ni el vanidoso nos atrapan, lo que nos ahorra disgustos, rupturas y dependencias. Si lo contagioso nos despierta aprovechamos para crecer en vez de repetir. Si lo filántropo aparece lo recibimos pero estamos atentos al comercio y demanda que nos puede exigir.

La bondad o compasión no es una debilidad sino una fuerza. No es algo que los «machotes» no puedan ejercer sino que más les valdría soltar tanta tensión y certeza.

Tampoco es la puerta al engaño, porque uno no riega cien veces (como el mártir) en tierras sin semilla. Hay tanto que ayudar y recibir que la reciprocidad es la medida de toda relación.

Tampoco es perder lo que tienes material, porque la más genuina suele ser con palabras, sonrisas, caricias, miradas y tiempos 100% para ese que lo necesita.

Y aunque está en nosotros, a veces se olvida, a veces se confunde y a veces se contamina, es entrenable.

De hecho para quien no lo sepa, los estados cerebrales que se generan al practicar, activar y elicitar sensaciones de compasión son, científicamente, los más poderosos para la felicidad genuina.

Aquí lo sabemos y por eso es parte integral de nuestras formaciones.

Que puedas ayudar y ser ayudado, amigo Sapiens.

¿Oiga puedo sentir miedo o es histeria colectiva?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | One Comment
Es una pregunta sabia porque también nos hablan de «la pandemia del miedo», «el miedo escénico» y «la histeria colectiva».
Tienen parte de razón sin duda y al final lo recorro. Pero una  gran parte NO, especialmente la actitud desde la que se habla o el lugar desde el que pueden afirmar eso.
En el medio, la virtud, y en el conocimiento, el modo.

1. Si lo sientes, lo sientes.

Animar a no sentir miedo a un miedoso o decirle que forma parte de la histeria colectiva, es como decirle a un borracho que analice fríamente el asunto, a un psicópata que empatice o a una narcisista que por favor no hable siempre de sí misma.

Si lo sientes, lo sientes. No te juzgues ni dejes que te juzguen. Esto no va de gallardía y arrojo (menos épica lo siento) sino más de inteligencia.
Si te obligan a no sentir miedo o si te juzgan por ello, empezamos mal. Se empieza por la aceptación no por la reparación.
2. Es lógico sentirlo.
Sin lugar a dudas y por varias razones.
La primera es que viene de base y en unas personas más que en otras. Tengo amig@s ansiosos y yo soy lo contrario, pero no es mi virtud, sino una característica con aspectos positivos y negativos (de hecho debería haberme agobiado algo más en muchos instantes de mi vida para tomar mejores decisiones). Así que juzgar al que le viene por genes, educación y personalidad (esta última no cambia por cierto, no banalicemos) es ridículo.
3. Es solo un 3% la mortalidad
Esto es lo más gracioso 🙂 :). Utilizar un número para intentar apagar algo que viene de las entrañas.- ¿Tienes miedo a las serpientes? Sí probablemente.
– ¿Cuánta gente muere de ellas? Muy poca.
– ¿Te sirve que el número de fallecidos por serpientes sea bajo para superar ese miedo? No.– ¿Tienes miedo a los coches? No.
– ¿Cuánta gente muere en accidentes? Mucha.
– ¿Te vuelve eso fóbico a tu deportivo rojo? No.
– ¿Se tiene miedo al cambio climático? (y mira que es peligroso). No mucho. Basta ver a los políticos de turno que se reían de ello desde su torpeza. Y sin embargo la contaminación causa muertes directas cada año, pero no da sensación de miedo.
– ¿Se tiene miedo a un virus, a un contagio, a una bacteria? ¡¡Sí!!  Repito: ¡¡ Sí !!
– ¿Porqué? Porque ha sido primera causa de muerte a lo largo de miles de años y hasta hace apenas 200 lo ocupaba todo (benditos Pasteur, Koch, Fleming y Jenner).
Está grabado en tus genes y cerebro hasta en el más minúsculo rincón.
– ¿De dónde crees que vienen muchas de las prohibiciones, rituales y dogmas de numerosas tradiciones y religiones?
De la simple posibilidad de infectarse por comida, personas, hacinamiento, prácticas sexuales, viajes y animales. Otra cosa es que luego la gente las siga porque «hay que seguirlas».
Así que es lógico que la palabra virus o bacteria remueva miedos ancestrales. Que no te juzguen por ello…
4. La mayoría, sin embargo, no tienen miedo al virus.

Un gran porcentaje no son unos histéricos la verdad. Tienen muy claro que lo que temen es perder sus trabajos, su economía, sus pequeños ahorros, su viaje, su congreso, su curso, sus clases, su hipoteca, su alquiler, su nuevo negocio, su nuevo proyecto, sus clientes, sus proveedores, su empresa, sus trabajadores con sus familias, sus oportunidades, su nueva estabilidad por fin, sus sueños y su descanso, es decir, sus motivos y razones de vida. Y también temen perder a sus papás de 70 u 80 años… vaya un padre y una madre, casi nada.

Va a resultar que es lógico ¿no?

 

5. ¿Esto último es histórico, se repite?

Sí. La historia de la humanidad no es la historia de la justicia social sino de lo contrario. Hemos reducido muchísimo la violencia, gracias al humanismo y el progreso, pero ¡aún queda para la equidad y el mérito!

Dado el ejemplo que nos dan las instituciones y sus representantes de todos los colores no es fácil confiar en lo que propongan, de modo que va a ser que sí hay motivos para determinado nivel de ansiedad.

Ahora bien… vamos con el lado B.

¿Te interesa con un nivel lógico de ansiedad hacer que crezca exponencialmente hacia el pánico?

– No, porque te lleva a anular la razón, la inteligencia y el bienestar.

– No tardarás ni cinco minutos en buscar culpables (siempre el que era antes tu enemigo claro, ¡pedazo de análisis!) y siempre con soluciones simplonas.

NOTA: como simplona es generalizar una histeria colectiva si miras el punto 4.

– Vas a necesitar medicación o terapia (no pasaría nada, no es malo) y vas a entorpecer sí o sí tu cerebro.

– Vas a ver como real lo que «crees que podría ocurrir» y se va a escurrir entre los dedos lo que está sucediendo ahora. En definitiva vas a activar en tu cerebro las áreas que ven monstruos en vez de molinos de viento.

¿Te interesa ver cada día 30 veces en los medios que cobran de aumentar el miedo y el borreguismo de la gente para así impregnarte más y caer en la histeria?

Tú verás… Mis «influencers» nunca están en las revistas del corazón ni en la cháchara ni en el amarillismo.

¿Te interesa no reflexionar y seguir a la masa que se adoctrina sola?

Espero que no… o caerás a la histeria.

¿Te interesa hablar, compartir y defender opiniones con pocos datos y así convertir la leve ansiedad lógica en esa histeria que se cita?

Tú verás…

¿Te interesa, como ejemplo, no saber que había problemas de sarampión en Africa (siguen) hace unos meses y «no se hace nada» pero te pilla lejos u olvidar en unos meses que la bella Australia fue arrasada hace nada por el fuego?

Espero que no… Los problemas son globales no solo de mi barrio.

En resumen:

1. Si sientes ansiedad, te entiendo y te abrazo.
2. No te juzgues ni que te juzguen. Que nadie se ría de que temas tener que buscar trabajo de nuevo o no poder pagar tu casa. Eso no es histeria.
3. Acoge, en vez de huir, tu emoción y tu estado.
4. Evita sensacionalismos, odios, explicaciones fáciles y rumores. No aportan nada a los datos.
5. Evita también a machotes que se jactan de salir el fin de semana a la sierra.
6. Evita los que hablan más de culpables que de cómo ayudar a quien sufre.
7. Honra a los que se arriesgan por todos nosotros y llevan una vida haciéndolo. No les olvides cuando todo esto haya pasado.
8. Escucha a los pocos que saben de esto.
9. Únete a la gente noble, bonita y sencilla.
10. Aprende a vivir y discernir: una mente clara es un tesoro.

Sin salir por la puerta…

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios
Sin salir por la puerta
se conoce el mundo.
Sin mirar por la ventana
se ve el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
menos se aprende.

Poema 47 del Tao Te King.
Lao Tsé, s. IV a.C.

Parece HOY más apropiado que nunca este viejo libro de cabecera de mi adolescencia.Y es que todos los viajes llevan a uno mismo.

Quizá hoy, «confinado», uno por fin entiende:

que la vida no son solo experiencias, sino conocer esa capacidad que nos permite darnos cuenta, procesarlas, inventarlas, manipularlas o sencillamente vivirlas como tal…

sin poner letra a la música,
en lo que es ES.

  • Aunque vamos apresurados, el aprendizaje está en lo lento (bien lo saben los maestros de Tai Chi 🙂 ).
  • Aunque ansiamos futuros a medida, las lecciones están en el presente.
  • Aunque buscamos fuera y fuera experiencias, las lecciones están en nuestra cabecita.
  • Aunque anhelamos más, el gozo está en muchas ocasiones en desear menos.

Estamos a tiempo para construirnos en el cerebro de la felicidad y sabiduría. 

No es flowerpower, ¡pura ciencia!