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Ciencia de la felicidad y bienestar

Correlación no es causalidad (II). Sin Nicolas Cage

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Hace dos días exponíamos un cómico ejemplo pero real de cómo correlación no es causalidad. Sin embargo a todos nos pasa, que tendemos a inferir la causa, producto de nuestro cerebro mágico, ese que no sabemos encender para admirar atónitos y extasiados una puesta de sol o sentir una caricia o caer a una paz interna sin más a voluntad, y sin embargo se hiperactiva ante las relaciones espurias.

Como ayer comentaba es necesario una distinción primero y luego un entrenamiento adecuado para saber qué con qué. Fíjate que no estoy cayendo en la típica visión de anular porque sí el cerebro mágico, el religioso o el analítico sino proponiendo una integración coherente y aplicación inteligente de los mismos.

Nota: utilizo esta terminología, porque se parecen a los estadíos de desarrollo de la mente humana desde el niño al adulto y desde el origen del hombre hasta nuestros días. Es muy útil.

Seguimos.

Hoy toca NO correlación, NO causalidad, es decir un caso aún más extraño pero que se puede producir en nuestra mente.

Un ejemplo. En la figura de arriba, puedes ver el crecimiento exponencial del teléfono móvil en los últimos 30 años.  En la línea de abajo la tendencia estable de cáncer de cerebro en la población. Es evidente que una curva exponencial no correlaciona con una casi asíntota recta plana, luego si ni siquiera hay correlación aún menos existe causalidad. En palabras de hace dos días, «ya no hay ahogados en piscinas pero Nicolas Cage sigue haciendo películas». Afortunadamente la gráfica de la IARC, nos tranquiliza: no hay más tumores cerebrales aunque usemos mil veces más el móvil que nuestros padres.

Es solo un ejemplo para ilustrar los múltiples sesgos que la razón tiene, huecos por donde se cuela el pensamiento mágico.

Hay quienes resumen estos huecos con «somos irracionales». En absoluto es así. El que una decisión no sea todo lo racional que debería no implica que sea azarosa o demente. El cerebro toma rutas conocidas, (heurísticos) atajos fáciles, que en muchas ocasiones proporcionan salidas y resultados más que aceptables. Incluso ante la dificultad de replantearnos cosas, nos damos la razón y así mantenemos una estabilidad.

En estos días de confinamiento, lo más probable es que nuestro cerebro mágico haga de Nicolas Cage y las piscinas. Es normal. Y es lo que hoy quiero ilustrar.
– Va a querer buscar relaciones «Cage-piscinas» y las defenderá como certezas.
– Va a querer encontrar causas simples a problemas complejos.
– Va a activar cerebro religioso para pertenecer a algún grupo con el que comparta ideas y así estar acompañado.
Todo eso es natural, cerebralmente lógico, así que fíjate si lo entiendo, pero está muy desordenado.

Hay una posible alternativa si te interesa. Es más sana y constructiva:

Utiliza el cerebro mágico al jugar con tus hijos como si fueras un niño, con tu perro, con la planta de casa, el brillo de unos ojos. Deja que surja la poesía, el arrobamiento, el silencio, el gozo e inmersión en la experiencia perceptiva, sensorial y emocional. No le pongas límites ni razones. Siente. Accede al nivel perceptivo donde somos uno con todo. No es tontería, es estado cerebral (aunque cuesta) y ¡único te lo aseguro!

Utiliza el cerebro religioso para abrirte a un grupo mayor. Imagina cómo es el sufrimiento de alguien de otro país, de otra profesión, de otro credo, de otro género, de otra edad, de otro equipo… y siente. ¿Sufrimos parecido verdad? Compasión distal como se denomina técnicamente.

Utiliza el cerebro analítico para idear soluciones, bien a tu vida y trabajo, bien a la de los demás o las de la sociedad, que impliquen un win-win para todos. No olvides que esto cambiará y habrá que seguir planificando, creando, luchando por tu lugar y por un mundo más consciente.

Curiosamente estas 3 alternativas son los 3 pasos de la Ciencia de la felicidad y sabiduría. No me baso en relaciones espurias, ni en ideologías, sino en cómo se ha ido creando nuestro cerebro a lo largo de la evolución y cómo se ha desarrollado nuestra mente desde la concepción hasta la etapa adulta.

Practica estos 3 pasos y verás…

Nota 2: cerebro mágico, religioso y analítico no son divisiones anatómicas del mismo ni tienen que ver con el mito del cerebro triuno. Lee La Rama Dorada, el famoso libro de James Fraser (1922) y te dará un buen aroma de ello. Eso sí, ¡630 páginas!.

5G, Nicolas Cage, Virus y ahogamientos

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Antes del 5G y el virus te comento esto…

En la tabla de arriba ves una curiosa correlación. La línea roja marca el número de personas que mueren ahogadas cada año por caerse en una piscina. La línea negra el número de películas en las que Nicolas Cage aparece en cada año.

Como puedes ver la línea roja y la línea negra van muy parejas. Quiere decir que si Nicolas Cage hace más películas más gente muere ahogada en las piscinas, o bien que si mucha gente muere ahogada en las piscinas, Nicolas Cage resulta que hace más películas :).

Esto es una correlación sin más.

Pero evidentemente tú sabes que las películas de Cage y el que la gente se caiga a la piscina no tiene nada que ver, es decir, no hay causalidad.

Con el 5G y el virus pasa algo parecido. Se establece causalidad porque sí. En general se escuchan cosas verdaderamente locas, se confunden radiaciones ionizantes (que dañan el ADN) de las que no. Se extrapolan los resultados de las electromagnéticas en una rata a la que se le pega un móvil 10 horas al día, para justificar toda suerte de desgracias para ti si tienes un móvil y un largo etcétera.

Se valoran las teorías más raras posibles y se enfatiza en los poderes ocultos una gran parte de ellas (que se ponen todos de acuerdo a una: Trump, Putin, Soros, Gates, Zuckergerb, Kim y Merkel todos juntitos). No he incluido a Obama porque era reptiliano :).

Se teme al 5G con la misma fuerza que se ha temido antes al 4, 3 y 2G, con el mismo desparpajo con el que se falló en 2012 y los mayas, los microondas, los transgénicos (no confundir con los herbicidas), con la misma cerrazón allá en 1982 a la fecundación in vitro, que traería al mundo «seres sin alma». Es decir que lo nuevo en forma de ciencia y tecnología, es también un caldo de conspiracionistas aunque no ocurriera nada con el 4G, aunque gracias a los transgénicos no matemos miles de cerdos para obtener insulina o produzcamos bio-diesel menos contaminante, o aunque gracias a la FIV miles de padres son felices hoy en día en cada país.

La política, tristemente, es otro terreno de conspiraciones. Es impresionante (y doloroso) ver el nivel de dramatismo, desgracias y caos que la humanidad sufrirá cuando gana el contrario lo que probablemente perpetúa que la falta de ética ejercida sea invisible para los propios fieles.

Quizá la confusión más grande que veo, es que en ocasiones el conspiranoico se siente más «espiritual«, «lleno de valores», «protector de la Tierra y sus gentes» en un mundo «material y deshumanizado» (ya comentado hace unos días). Va a ser que no, que lo espiritual anda más lejos cuantas más bobadas creas.

Cuando uno ve todo eso, lo que surge es que el ser humano no puede estar callado y que ante el no saber, prefiere inventar, delirar, parecer, pavonearse, conspirar en definitiva.

No vengo aquí a desmontar una a una las ideas conspiranoicas que sufrimos, sino a algo más interesante: ¿porqué existen? ¿qué dice de NOSOTROS si tendemos a ello?

1. Hiperagencia.
Hay personas que incluso en un juego de azar de ordenador, «dotan» al mismo de una agencia o sujeto, como si una entidad dirigiera ese azar. Se demuestra que estas personas tienden a creencias conspiranoicas más fácilmente. Va a ser que no son tan libres de elegir su idea mesiánica, más bien ya están dispuestos a ello (1).

2. Percepción diferente.
En la antigüedad veíamos una cara en una roca o en un árbol o en una nube y decíamos que ahí estaba el «espíritu» de esa persona (algunos todavía lo defienden 🙂 ). Hoy sabemos que el cerebro está precableado para percibir caras (giro fusiforme BA37 para ser más concretos), aspecto que utilizan las marcas de coches para crear coches para mamás (con ojos de bebé redonditos) y coches de corte agresivo (con ojos afilados como faros).

Donde tú ves una mancha en blanco y negro, las personas conspiracionistas ven caras, formas, entidades y un sinfín de detalles, es decir, esta tendencia parte ya desde un lugar de construcción de la realidad no solo cognitiva, sino perceptiva incluso (2).

3. Maquiavélicos y otros.
Cuando se intentan descubrir predictores que puedan anticipar quienes van a ser más seducidos por teorías conspiracionistas los resultados son concluyentes: aquellos con tendencia al narcisismo, maquiavelismo, psicopatías y diversos déficits cognitivos y emocionales. Se parte de un lugar concreto con el que después se justifica una opinión (3).

4. Necesidad de ser «diferentes».
Quizá el más claro. Es una de las tristes maneras en que alguien puede destacar o sentirse único: pensando algo «que nadie sabe y es muy evidente,» que circula entre tu gente, que «los mecanismos oficiales se encargan de censurar» (quizá debieran insistir jejeje) y victimizándose ante el poder o bien atribuyéndose un poder del que carecen como cuando se dice «nos quieren silenciar y eliminar» en vez de entender que es poco interesante, útil y fidedigno sus propuestas (4).

5. El mito del mal puro.
No quiero extenderme porque lo expliqué extensamente en este programa de radio El Efecto Lucifer pero las personas conspiracionistas hacen una distinción del bien y el mal de forma absolutista. Desde ahí, el otro, el diferente, es enemigo y cómo no, perverso diablo de Hollywood que hace el mal por el mal o que disponiendo del bien absoluto no lo comparte (tipo «las farmacéuticas tienen la cura de las enfermedades pero no la comparten» –> Nota: será que los hijos, sobrinos, primos, padres, parejas y amigos de los miles de directivos de Pzifer, GSK o Bayer nunca mueren de cáncer o infartos como los demás mortales).

6. Paranoia como evolución.
Todos tenemos cierto rasgo que nos predispone a un nivel mínimo de paranoia social. Magnificar una posible amenaza, ver más peligros de los habituales, tener una ansiedad por encima de la media, estar cerrado a los propios sesgos, confundir correlación con causalidad, tener dificultad para entender datos y números grandes, copiar el comportamiento de otros que son parecidos, tolerar mal la incertidumbre, preferir la confabulación al no saber, o tender a respuestas simplonas ante el esfuerzo del análisis lento nos llevan a entender que todos, en determinado grado, solemos caer en cierto grado de delirio explicativo de la realidad.

Ojo no confundamos conspiración con sentido crítico, que hay quien se jacta de analizar cuando conspira. Hablamos de una tendencia natural a ciertos sesgos que nos llevan a establecer relaciones espúreas y simplonas ante fenómenos complejos.

«Jose, conozco gente inteligente que es muy conspiranoica. ¿Puede ser?»
Sin duda. Simplemente en determinadas ocasiones utilizan la herramienta menos apropiada para el problema que tratan de explicar. No es cuestión de capacidades siempre, a veces es confusión de qué usar para qué situación.

«Ya Jose, pero ¿alguna vez acertarán no?»
En efecto. Si todos somos depresivos, alguna vez aciertas. Si todos somos hombres, aciertas hasta el 50%.

Soluciones (si sufres de ello en exceso):

Aprende a utilizar sabiamente cerebro mágico, cerebro religioso y cerebro analítico. Cada uno tiene su función y utilidad, pero con demasiada frecuencia se intenta percibir una flor o la calma de una respiración desde la rumiación o explicar la realidad compleja desde las correlaciones mágicas simplonas.

Hay mucho lío ahí… y sin ser nada patológico, convendría deshacer el entuerto.

Ganarás en felicidad y sabiduría, porque solo una mente clara puede construir bienestar.

Referencias (no leer si eres muy conspiranoico, reforzará tu posición a pesar de la evidencia y son estudios no independientes probablemente para ti :). Ah, hay muchísimos más, solo escoge algunos relevantes).

1. Van Elk, M. (2013). Paranormal believers are more prone to illusory agency detection than skeptics. Consciousness and cognition, 22(3), 1041-1046.
2. Van Elk, M. (2015). Perceptual biases in relation to paranormal and conspiracy beliefs. PloS one, 10(6).
3. March, E., & Springer, J. (2019). Belief in conspiracy theories: The predictive role of schizotypy, Machiavellianism, and primary psychopathy. PloS one, 14(12).
4. Imhoff, R., & Lamberty, P. K. (2017). Too special to be duped: Need for uniqueness motivates conspiracy beliefs. European Journal of Social Psychology, 47(6), 724-734.

¿Preocupados por el virus, asesinos con la Tierra?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Ayer trataba de ampliar la visión sobre esos mensajes que nos tachan de monos estúpidos deshumanizados.

Me enfocaba en demostrar con datos, como la sensación de que somos un desastre y vamos mal, no coincide con la realidad. Ello es debido a nuestros sesgos (nos llaman la atención las noticias negativas) y a los medios (interesados en propagar que una persona se saltó un semáforo y no tanto en decir que millones de ellas no se lo han saltado).

Hoy viene la segunda parte vinculada a la «Madre Tierra» y esa deshumanización.

Parecería que no tenemos empatía por el planeta, luego a pesar de lo dicho ayer entonces seríamos esos monos estúpidos deshumanizados.

Va a ser que no… así que le damos perspectiva de nuevo.

Empatía, empatía, empatía…

Parece que la «inteligencia emocional» y por tanto la empatía (si es que ese constructo realmente es válido) sería la solución a todo.

Lo que no solemos conocer es que la empatía se fue desarrollando en el cerebro en relación a la cercanía: 1. la espacial y 2. la temporal. De hecho la famosa oxitocina se vincula al endogrupo principalmente y la famosa testosterona ni es tan violenta ni tan agresiva (no entro aquí en la psicobiología de las mismas, ganas no me faltan :)).

Es decir, que empatizo con los de mi grupo y con el presente y futuro inmediato principalmente.

Con los del exogrupo y con el futuro lejano tenemos problemas, pero no por malos o deshumanizados, sino porque nuestro cerebro necesita mucho esfuerzo para ese cambio. El medio ambiente se percibe como futuro lejano, aunque no lo sea.

Esta es la razón, insisto, lejos de la deshumanización, por la que fácilmente caemos al pánico del papel higiénico por un microorganismo (que nos han aniquilado siempre), tenemos miedo a las serpientes y no a los coches (aunque éstos provocan más muertes que las víboras) y por la que un problemón como el cambio climático nos cuesta, ¡o nos costaba!, mucho más.

Creer que una civilización antigua indígena, que personalmente forman parte de mis más profundas memorias, eran todos uno con la Tierra y ahora nosotros no, es una falacia que no se sostiene, simplificada en el ayer citado mito del buen salvaje de Rousseau. Basta ver cómo veían las tribus al exogrupo…

El budismo aboga por esta vía de compasión con todos los seres sintientes. Parece que tampoco tiene en cuenta ese aspecto temporal y espacial. Al menos marca una dirección de partida interesante: tú mismo.

Pero no siempre se usa: uno habla y habla a veces del amor a los demás, los animales o el medio ambiente sin pasar por el propio centro.

No vale que por exceso de empatía con el otro, con todos los seres e incluso con el planeta, hayas olvidado cuales son tus emociones, cómo las reprimes y cómo suenan. Y créeme que este patrón es más común de lo que uno imagina. A veces el mesías de la ayuda a los 10.000 seres no sabe aún ayudarse a sí mismo. Sobre los tipos de ayuda ya hemos hablado estos días…

La re-construcción no obstante es clara y tiene sentido cerebral.

Comencemos por el amor propio. ¿Nada fácil verdad? Tratemos después de extender a nuestros seres queridos en el espacio y el tiempo esa bondad. Cultivemos la cultura, la educación, la apertura, el conocimiento de otros mundos, pueblos y modos de vida, de forma que te des cuenta de que no somos tan diferentes, o mejor dicho de que la diversidad es riqueza y no amenaza. Reconozcamos por fin esa gran madre que nos sostiene.

La razón, tan denostada, necesita ser ampliada. Hagamos caso a lo urgente, incluso aunque las tripas tribales todavía estén en el Pleistoceno medio.

– Si te cuesta empatizar, aprende a entrenarla.
– Si empatizas con lo de fuera y poco con tu amor propio y dignidad, aprende a entrenarla.
En ambos casos necesitarás mucho más que «inteligencia emocional»… tienes que ampliar al cerebro social.

En definitiva no somos monos estúpidos ni sociedades asquerosas llenas de vecinos y seres «materialistas», sino cerebros esculpidos por la evolución.

Aunque para tus tripas solo existan miedo a los virus, esfuérzate para que tu cabeza sea cada vez más responsable  contigo, con todos y con todo.

Va a ser que sí, que somos grandes.

El cerebro social es uno de los módulos clave que enseño en La Ciencia de la Felicidad y Sabiduría.

Indispensable para no caer en trampas empáticas como las citadas y en la construcción real desde la base del bienestar y rendimiento de las personas.

Indispensable para no caer en la trampa del «do it yourself».

Y sí, un cerebro social puesto en práctica, te permite vivir en un espacio mucho más allá que una mente limitada a los «tuyos» o a «los buenos y malos», a «los espirituales y los materiales» y a los «monos estúpidos y los monos responsables».

Mucho más allá… por fin.

Leñe, ¡la humanidad va bien! ¡Vale ya!

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Ayer leía esto: «Vivimos una realidad caleidoscópica donde múltiples factores (la contaminación atmosférica, ambiental y electromagnética son de los más potentes, causa y consecuencia) se entrelazan dando como resultado el desequilibrio, una humanidad deshumanizada que va en una loca y destructiva carrera en pos de metas materiales alejándose cada vez más de lo esencial, de lo que realmente la nutre, de la Madre Tierra…
Monos estúpidos jugando a ser dioses».

Y pensé dentro de mí: ¡basta ya leñe! ¡Será posible!

Crecen los mensajes insultantes de los humanos sobre los propios humanos, siempre desde ese lugarcito tan especial donde el autor es prístino, puro y concienciado porque no juega a la Play Station acaso. ¿O porque tiene una moral superior al resto? Espiritualidad confundida me temo.

Como el basta ya leñe tiene más de emoción que de argumento, aquí van:

La humanidad progresa adecuadamente, somos unos gigantes, hacemos muchísimas cosas cada vez mejor, y en el camino lógicamente creamos problemas, pero de deshumanizados poco. Vamos con los datos.

1. Esperanza de vida.
73 años. Más de 80 años en casi 30 países. Aumentando en todos (por desigual que sea entre continentes aún, todos mejoran).
Al empezar el siglo XX, 50 – 60 años.
Al empezar el siglo XIX, 30-40 años.

2. Muertes por guerras al año por cada 100.000 personas.
1000 veces menor en el siglo XXI que en el siglo XIX y anteriores.

3. Homicidios al año por cada 100.000 personas en Europa.
Desde el año 1200, en que había unos 100 de cada cien mil, en pleno descenso.
En el año 2000 apenas 1 de cada cien mil.

4. Tortura judicial. Abolida desde 1775 en la mayoría de los países. Sin posibilidad de retorno a la barbarie.

5. Ejecuciones anuales en USA por pena capital.
En 1625, 3,5 por cada cien mil habitantes.
En 2000, menos de un 0,01 por cada cien mil habitantes.

6. Abolición de la esclavitud.
Cero países abogaban por ello en 1600.
En el año 2000, más del 80% y en franco crecimiento.
Es razonable pensar que llegaremos al 100%.

7. Número de libros y alfabetización.
Creciente exponencialmente desde 1600.

8. Países donde el servicio militar no es obligatorio.
19% en 1970. Más del 55% en 2010. También menor duración del servicio cada vez.

9. Democracias y dictaduras.
Número de democracias en 1950: 20.
En 2010: casi 100.
Número de dictaduras en 1970: 80.
En 2010: menos de 20.

10. Proporción de libros que citan los términos «derechos civiles», «derechos de las mujeres», «derechos de los niños», «derechos de los gays».

100 veces superior en el año 2000 respecto a 1950.

11. Aumento del cociente intelectual medio en la población.
De hasta un 30% (de 1950 al año 2000).

12. Areas terrestres y marinas protegidas.

5-7% en 1990. 10-15% en 2015. In crescendo.

Por no hacerlo eterno añado un listado de mejoras:

  • Menores muertes por accidentes de aviación, desastres naturales, accidentes laborales, peatones, trabajo infantil…
  • Menor tiempo dedicado a tareas domésticas, mayor acceso a información, tecnología y comunicación con personas cercanas y lejanas.
  • Mayor alfabetización, acceso a educación básica, años de escolarización… y muchísimas más que no cito por extensión.
  • Creación de organismos supranacionales como la ONU, OIT, UNESCO y OMS que lejos de ser perfectos (o de que consigan que se cumplan sus criterios) han aportado, bajo evidencia, numerosa ayuda y progreso a los seres humanos.

Vaya ¡qué deshumanizados estamos!

Pues mira para ser tan desastres tú y yo, resulta que progresamos adecuadamente.

– ¿Significa que no hay problemas que resolver o que esté todo perfecto? NO.

– ¿Significa que no haya nuevos problemas que hemos creado como el cambio climático? NO.

Estamos en ello y debemos luchar para ello, cada uno paso a paso y grano a grano, como hemos hecho siempre.

– ¿Es esto felicidad flower power? NO, es construcción social labrada contra nuestra propia historia y tendencias.

– ¿Tenemos un nuevo problema con posibles pandemias? SI

– ¿Son tan devastadoras a pesar de la globalización como lo fue la peste negra o la viruela? Evidentemente NO.

– ¿Somos monos estúpidos? Los monos para empezar no son estúpidos (basta observarlos jejeje) y nosotros aún menos. Pero no somos perfectos ni los cambios que nos gustarían son instantáneos. Muchos exigen de décadas, por razones que escapan a este artículo y que se basan en nuestro cerebro.

– ¿Jugamos a ser dioses? NO. Simplemente nos adaptamos y co-creamos una realidad cada vez más social, cada vez más democrática, cada vez más pacífica, cada vez con más bienestar y libertades y muy probablemente, cada vez más ecológica.

Del super peligro del 5G, me remito al 4G, 3G, los microondas, el fin del mundo del 2012, los chemtrails, los terraplanistas y lo mala que es la Play Station :).

Vuelvo a la emoción: ¡Basta ya leñe!

Que estamos viviendo una ola inmensa de inteligencia, humanidad y compasión.

Gente que se toma un Vermout online con sus amigos (¡olé!), gente que comparte sus tiernas fotos de niño y juventud en las redes, videollamadas diarias con los seres queridos, voluntarios que se ofrecen a quitar chapapote sin guantes hace años y coronavirus sin mascarillas, personal médico, de emergencias, de seguridad, de educación, de casi cualquier sector haciendo lo que saben, autoorganización silenciosa más allá de políticos en tu comunidad autónoma y en tu país cuando éstos no saben o no pueden, paciencia inmensa de la población, 90% de opiniones no bañadas en odio, super red científica transnacional de investigaciones y bases de datos abiertas de lo que el virus implica y un muy largo etcétera.

Va a ser que no, que la única estupidez sigue siendo la ignorancia, el dramatismo y creer todavía el mito del buen salvaje de Rousseau.

Dicho de otra manera:

«Abominad la boca que predice desgracias eternas / abominad los ojos que ven sólo zodiacos funestos / abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres». Rubén Darío

¡Somos grandes leñe y nos esforzamos en ello!

Y lo vamos a seguir haciendo, humanizados cada vez más.

Ayuda profesional, ayuda de corazón, ayuda oportunista

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La psicología, la neurociencia también, la medicina me temo y probablemente la sociología, filosofía y antropología, tienen un problema y es que hasta el más mundano de los Sapiens tiene una teoría propia de cómo funciona el mundo o la mente humana.

No la tenemos sobre cómo se genera un agujero negro, o cómo un metal se convierte en espada ni cómo el determinante de una matriz 3D es realmente el cálculo de su volumen.

A esa teoría propia se une que ante un trauma, un drama humano, una pandemia, una guerra, a la mayoría nos sale ese instinto de ayudar.

El problema es que hay ayudas profesionalesayudas de corazón y ayudas oportunistas. Añadiría que está la ayuda ignorante.

Hace poco me preguntaban por cómo el cerebro responde a respuestas con ansiedad en un momento dado, esa que todos podemos sentir de vez en cuando. Al rato me preguntaron por una persona con depresión profunda y mi respuesta fue clara: tiene que ir al profesional de la mente, por tanto, psicólogo o psiquiatra.

No quise que la ayuda de corazón, se convirtiera en ayuda ignorante.

Lo veo cada día con cientos de consejos para «subir la inmunidad». Estiro un brazo y subo la inmunidad, me atiborro de productos y subo la inmunidad, vibro con el cosmos y subo la inmunidad y visualizo tal punto del cuerpo y subo la inmunidad. La ayuda quizá sea de corazón, pero me temo que anda entre oportunista e ignorante, dado que si no tengo evidencia de ello más allá de que me lo creo o el «amimefuncionismo» mal vamos.

El problema es que ese «amimefuncionismo» bien exige un análisis de CD4, CD8, NK e interleucinas para decir que «sube» la inmunidad. Quizá conviene informar sobre que la inmunidad demasiado «alta» es también un severo problema. En fin…

Pero es que incluso saber mucho de algo no implica saber ayudar en ello. Un biólogo puede saber más de un tumor que un médico, un metodólogo puede saber más de un test de personalidad que un psicólogo e incluso una persona por las razones que sean puede conocer mucho sobre el trauma o el duelo… pero haría bien en ceder su espacio a quienes optaron por el camino clásico, tan denostado por la antiintelectualidad, de aprender la formación precisa.

Hace unos días veo, no es nada nuevo, cómo determinados expertos, justo los mismos que nos dicen que el éxito es una sencilla ecuación de habilidades y esfuerzo, y que nos incitan una y otra vez a perseguir nuestros sueños individuales fácilmente, se ofrecen a ayudar a la gente que está en el duelo, ahí es nada, en el trauma, ahí es nada, en la depresión profunda, ahí es nada, o en el trastorno de stress post-traumático, ese que en USA no consigue aún recuperar bien a gente que vino de Vietnam hace 50 años.

No hablo del inocente que no sabe que no sabe, hablo del que NO quiere saber que NO sabe, o peor aún, NO quiere aceptar que NO es el profesional adecuado para el problema que surge.

Te lo dejo a ti si es ayuda oportunista, ignorante, de corazón o profesional o si sencillamente es adecuada.

El mantra de «como a mí me sirvió» iguala mediante una tábula rasa a todos los humanos, como si no solo de partida, sino en el camino todos estuviéramos capacitados (y formados) para todo. No es cierto…

Entre ese y el «do it yourself» vamos apañados.

Creo que en muchas ocasiones la mejor ayuda es el silencio, la presencia, la prudencia o el ceder espacio a otros. O hacerlo desde lo que uno es y conoce: el profesional del ejercicio con el ejercicio, el de Yoga con el Yoga, el enfermero con los enfermos y el que fabrica mascarillas, fabricando mascarillas.

Si es el momento de tu profesión dale fuerte.

El mío no es curar a los enfermos, ni tratar a los que tienen desórdenes mentales severos sean agudos o crónicos: es ayudar a relacionarnos, superarnos, influenciarnos, mejorarnos y liderarnos.

Por tanto, ni subo la immunidad ni curo las depresiones ni trato el duelo por mucho que sienta que conozco algo después de años, al menos intento con fuerza, la mente humana en primera y tercera persona.

Como siempre digo, la ayuda es un poliedro con muchas caras y matices.

Hay cerebros triunos, tertulianos varios y mancias parecidas que todavía no lo saben.

Vivan los profesionales cada uno en su campo: es su momento, es tu momento. Haz lo que sabes.

Felicidad social. ¿Ahora se entiende verdad?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

No hay muchas certezas… como puedes comprobar.
Ni tampoco la ecuación del mérito es precisamente muy matemática.
Así que parece que el bienestar se nos escurre entre los dedos. ¿A quién hacemos caso?

La felicidad happy flower nunca ha funcionado pero siempre ha tenido sus seguidores y proporcionalmente  a sus fantasías detractores en el otro extremo.

Las personas pueden soñar happy flower con un universo positivo en vibración y abundancia (normalmente económica), que éste se encargará de darte giros y ribetes insondables. No es posible evitar los días grises, ni los estados de ánimo cambiantes, ni la buena y mala suerte, ni todas las injusticias, ni conseguir todas «tus metas». Por mucho que lo «visualices», lo creas y te emociones con ello, la vida se encarga. Aterriza…

En el otro extremo, los negacionistas del bienestar humano. A veces nos posicionamos ahí, enfadados, quemados o incluso víctimas de todo. A cualquier intento sensato de construcción de bienestar humano le ponemos en ese caso el adjetivo de ridículo. A veces se critica la industria de la felicidad (como si las industrias fueran per se «malas») porque sí. Todo eso lo entiendo porque vamos acumulando frustraciones. Pero una cosa es que el happy flower no haya encontrado su San Martín y otra que seamos como Ebenezer Scrooge (Charles Dickens) siempre diciendo a todo: ¡paparruchas!

Vengo compartiendo durante años un camino medio.

Una felicidad social, porque siempre mostramos que el Yo es bastante ilusorio y que no podré ser muy muy muy feliz si mi vecina está muy muy muy triste, incluso aunque le caiga mal sin motivo.

Esta construcción precisa de sabiduría, palabra que su mera ausencia del lenguaje habitual, la convierte ya en un diagnóstico sospechoso.

Sabiduría porque el cerebro tiene un nivel inicial de felicidad basado en la dualidad placer – dolor. Hasta los que vociferan como Scrooge evitan dolor y buscan placer. Pero el recorrido de esta dualidad es tan corto, que hay que saltar de plano: construcción del largo plazo, toma de decisiones sabia y conocimiento preciso de dónde conviene invertir acciones, amores y energía en el camino de vida.

Felicidad social, que bien la añoramos en estas semanas, porque hay responsabilidades y necesidades grupales que no se resuelven ni visualizando tus metas ni negando la posibilidad de estar más satisfechos.

La neurociencia social, la psicología positiva de calidad, los nuevos modelos de liderazgo inclusivo, la filosofía perenne, el pensamiento complejo nos confirman, cada vez con más y mejores datos, que necesitamos una combinación de trabajo personal genuino y de vínculos de pertenencia y empatía sólidos. Datos, ¡dije datos!, solidez por tanto. ¿A qué esperamos?

– La nueva era no te va a traer resultados.
– Pero negarse y enfadarse con los intentos de mejora  en la postura anti-bienestar tampoco.
– El «consigue todos tus sueños tú solito» mucho menos.
– El aislamiento estoico o de algunas tradiciones meditativas me temo que es arcaico para el siglo XXI.

En las formaciones comparto esta idea al respecto. Espero que te sirva.

«Estas prácticas que entrenamos cada semana no son para tener días de 9,5 o 10 porque el examen ha sido fácil.

Son para cuando el día viene con un 3,9 consigas rascar hasta el 5,1.

Tampoco son para si tienes costumbres de notables, pararte ahí. Acaso será para que ayudes a otros a aprobar y salir de la agonía y el agobio».

Tenemos un tiempo virulento donde cada día viene con un 3,5 te guste o no, lo merezcas o no. Como mucho, si tenemos experiencia, si lo hacemos en grupo, llegaremos a un 5,1… pero suficiente.

No es tiempo de sobresalientes ni de estar en Flow ajeno a la vida y el sufrimiento de otros.

En resumen:

  • No hay bienestar sin sabiduría.
  • Sin sabiduría no hay compasión.
  • Sin compasión no hay sociedad.
  • Sin sociedad, no hay Sapiens.

¡Ánimo en este examen!

Bienestar psicológico y confinamiento. De la teoría a la realidad.

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Muchas personas me han pedido en estas semanas que comparta visiones, experiencias o consejos para el bienestar psicológico durante el confinamiento.

A su vez me preguntan algunos consejos habituales o estrategias que se suelen recomendar.

En los 15 artículos compartidos hasta ahora creo que se resume bien la estrategia que apoyo y manifiesto.

Pero quiero incidir en un aspecto que considero muy relevante en cuanto a «las cosas de la mente» y es que debemos diferenciar la teoría… de la realidad.

Estamos muy muy acostumbrados a leer lo que debemos hacer, incluso a que lo que debamos hacer esté validado o nos genere confianza. Pero no estamos tan acostumbrados a vivenciar y experimentar lo que viene en el papel.

Lo suelo explicar así: «el catedrático de las emociones, no necesariamente sabe regularlas». Es vital la cátedra, pero no suficiente.

Este es un primer punto de partida para «bienestar psicológico y confinamiento». Una buena teoría.

El segundo por tanto es la experiencia real. Si no has mirado tu mente antes, si nunca has buscado bienestar psicológico o si lo has buscado a través del éxito, la dispersión o los estímulos acrecentados, muy probablemente ahora falten herramientas.

Muchas katas en el gimnasio y pocas peleas de calle.
Muchos tiros a canasta solo y pocos partidos contra otros.

Por ello creo que es clave no solo recibir consejos técnicos, sino haberlos vivido.

El tercero es el confinamiento propiamente dicho.
Nunca pensé que el llamado «entierro del guerrero» que practicaba intensamente durante años, o los retiros de oscuridad o las experiencias de aislamiento o la costumbre de practicar y dirigir numerosos retiros, me pudieran ayudar también para algo que 18 años después iba a desatar un pequeño virus. Pero lo cierto es que lo hacen: uno ya ha pasado su mente por extremos y así es más fácil acompañar a otros.

Abro aquí un inciso para agradecer a todos aquellos que han tenido en cuenta estos 3 puntos y me han solicitado ayuda para sus grupos, clases o entornos. ¡Gracias!

Así que voy al grano hoy.

NO es tiempo de LOGRAR bienestar psicológico. Paren ya las metas por favor.

Repito:

NO es tiempo de LOGRAR bienestar psicológico. Paren ya las metas por favor.

«¿Jose estás loco?»

No amigo. Basta ya de logros…

  • Es tiempo de compasión y de observación.
  • Es tiempo de no añadir letra a la música.
  • Es tiempo de aceptar que tendremos días tristes, contentos, aburridos o estresados o incluso con cierta ansiedad… ¡y no pasa nada!
  • Es tiempo de silencio (siempre lo es jejeje).
  • Es tiempo de no saber tanto.
  • Es tiempo de no hacer hueco al odio ni a la ilusión retrospectiva tipo «doctores tiene la iglesia».
  • Es tiempo de seguir luchando por tu gente, tu familia, tu trabajo y tu vida como hacías hasta ahora.
  • Es tiempo de ayudar a quien lo necesite (como siempre).


El bienestar psicológico no se logra, como una meta más, tras escuchar la charla de la superabundancia cuántica. La felicidad no se compra ni se alcanza, se construye y no con ansia, exigencia o logro precisamente.

El bienestar psicológico APARECE, BROTA, (y no obstante tiene cierta inestabilidad) cuando uno incide sí o sí, en los arriba citados.

Comparto sin vanidad ni heroicidades que nunca pude generar ni un solo gramo de bienestar psicológico cuando durante años dormía, voluntariamente, en una tumba cavada por mí mismo en el jardín para explorar mi mente, miedos y «certezas». El cerebro se investiga desde la ciencia pero también en primera persona. No solo hay que ser catedrático recuerda.

Y sin embargo apareció muchas veces ese bienestar psicológico, ¿pero cuándo?

Cuando aprendí a soltar el logro, la exigencia, y el «debería estar así o asá», cuando era más importante observar que conseguir, cuando no te quedaba otra que aceptar, cuando soltabas pretensiones y te permitías respirar de una en una sin más.

Con esto termino hoy.

No te preocupes tanto del bienestar a alcanzar.

Preocúpate más de ser, simplemente ser y sonreír a ello.

Consejos de nuevo 🙂

  • Es tiempo de compasión y de observación.
  • Es tiempo de no añadir letra a la música.
  • Es tiempo de aceptar que tendremos días tristes, contentos, aburridos o estresados o incluso con cierta ansiedad.
  • Es tiempo de silencio (siempre lo es jejeje).
  • Es tiempo de no saber tanto.
  • Es tiempo de no hacer hueco al odio ni a la ilusión retrospectiva.
  • Es tiempo de seguir luchando por tu gente, tu familia, tu trabajo y tu vida como hacías hasta ahora.

O si lo prefieres en formato Fiodor Dostoyevski:

«Ojalá pueda ser digno de mis sufrimientos».

Los niños son los maestros

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Al menos los que veo de 6 a 12 años son claramente los maestros.

Hay una parte fisiológica en ello: su prefrontal, área donde analizamos, elegimos información, tomamos decisiones complejas, evaluamos coste – beneficio no está tan madura como en nosotros.

Otra parte es que ellos desconocen el funcionamiento real de los trabajos, los bancos, las hipotecas, los contratos, los estados y las leyes, de modo que no se pueden preocupar por aquello que no existe aún en sus cerebros.

Pero hay otra parte esencial de la que podemos aprender.

Pueden hacer del presente una aventura. Es tan intenso para ellos la mirada sostenida del padre, el abrazo de la madre, el valor de este instante de juego o de compartir, que no hay lugar para un mañana, pero sobre todo, no hay sensación de ahogo, de confinado, de limitación.

Nos pueden recordar lo que hoy se hace evidente. No era tanto de competir y resaltar, ni mucho menos del «y tú más», sino de valorar lo importante: tiempo consciente, relaciones de calidad, hacer de tres objetos cualesquiera un juego infinito, caricias, cosquillas y besos, dormir como un lirón y estirar el cuerpo con espontaneidad.

Los adultos no somos niños, tenemos miles de responsabilidades pero sí podemos silenciar, conscientemente, nuestro prefrontal.

Para ello no hace falta «meditar» como si fuera la herramienta única o «mágica» que nos «despierta» (lo dice un amante de esta técnica). Es justo al revés, cuando somos maduros, vivimos en la serenidad y cierto estado acaso aparece, no siempre de forma técnica. Por eso estos días no me escucharás decir que aprendas meditación. Soy más de que tires de recursos ya cultivados. Si ya lo hacías, eso sí, ¡aprovecha!

La vida es sabiduría en acción y es seguro que tienes momentos, por desastre que te sientas, que has creado cierta paz y sosiego en tu interior a pesar de las circunstancias.

No hace falta esperar a ser abuelos, para por fin valorar el tiempo (o la atención) que no se tuvo con los hijos, el placer de un paseo, el captar la puesta de sol o el emprender por fin el aprendizaje de un instrumento o la compañía de un libro o el valor de cultivar una amistad.

En medio del stress y la incertidumbre, en medio del dolor por el sufrimiento propio o de otros, es posible y necesario, encender el botón de lo importante.

Quizá no recuerdes donde está,
quizá es un botón muy débil todavía,
quizá vendiste seguridad, stress y economía por sabiduría,
quizá te perdiste momentos inolvidables,
quizá seguiste como oveja las ideas de los tuyos,

pero seguro que tienes capacidad hoy para respirar, agradecer y sonreír a lo bueno que hay en ti y en los demás.

Que no te atrapen los que gritan, los que insultan, los que odian, los que tienen numerosos enemigos, los que crean muros (que luego los virus atraviesan con facilidad), los que se creen autosuficientes, los que solo ven lo negativo.

Abre los ojos, mira a un chiquillo en la terraza y aprende.
Basta con dejarte emocionar por ello y expandir esa sensación.
Un día, te aseguro, no estarás para esa práctica. Hazlo.

No es debilidad, sino fuerza.

La fuerza de ser tan listo como para saber quererse bajo toda circunstancia.

Sobre la ayuda, mascarillas, filantropía y generosidad

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

La ayuda tiene, poco a poco, buena prensa. Exige superarse contra las tendencias egoístas, narcisistas y el individualismo en exceso.

En contra de la idea de la supervivencia de los más fuertes, la ayuda nos muestra la verdadera traducción de «the survival of the fittest», los más aptos, que son aquellos que aprendieron a colaborar juntos.

Algunos lo han asociado a la debilidad, al «buenismo» (que no es peor que el «malismo» que conste) e históricamente de Platón a Kant pasando por Hobbes, se ha considerado en parte así. Sin embargo la compasión está profundamente grabada en nuestro cerebro. No es impulso bobo ni una emoción irracional, sino una parte indispensable de la naturaleza humana, enraizada en nuestra biología.

Ayudar elicita la misma actividad cerebral en el núcleo accumbens y en el cingulado anterior (asociados comúnmente a las posibles recompensas) que recibir. No solo eso, regula nuestro sistema nervioso autónomo, produce oxitocina y además se puede cultivar y expandir. ¿Acaso te extraña ahora porqué nos movilizamos también para ayudar?

Sin embargo hay ayudas y ayudas y se confunden, tanto que se igualan todas como si nacieran del mismo lugar, merecieran el mismo prestigio y causaran las mismas consecuencias.

La ayuda genuina (1) es la espontánea y anónima, la que no reclama para sí mérito especial y la que se siente como «es lo que hay que hacer».

La estamos viendo en estos días. Sin lugar a dudas en sanitarios que no solo ejercen su profesión, sino que la extienden más allá, en policías, UME, bomberos, profesores y miles y miles de voluntarios y personas que sin nombre, sin cara, sin repercusión hacen lo que hay que hacer, cada uno poniendo su granito de arena.

Pierden poco tiempo en quejas, en insultos, en odios, en críticas y en dar soluciones mágicas a problemas complejos: prefieren pasar a la acción porque hay mucho que hacer. En vez de sentarse se ofrecen a construir un mundo mejor, cada uno desde su lugar.

Son héroes silenciosos, aunque ellos rechazan el término y nos dicen que solo son humanos ayudando a humanos. Hemos confundido al héroe con las pelis de Marvel, y el torpe de Star Wars que necesita 4 películas para volverse a hablar con su padre y decirle te quiero.

Pero sí lo son, a tenor de lo que la ciencia nos muestra sobre qué es heroico y cómo se ejerce. En contra de lo que pueda parecer, lo heroico no es analítico, no se piensa, se hace, como el  parisino que escaló cuatro pisos por la terraza para salvar a un niño y dice: «no sé, solo sé que subí». Lo heroico destaca por la capacidad de altruismo asumiendo un peligro personal en vez de diluirse en el comportamiento medio.

Los héroes hoy llevan mascarilla, casco, guantes. Hacen espontáneamente lo que sienten que hay que hacer y no son especialmente conocidos o reconocidos. No necesitan togas, ni galones en la solapa para indicar status y distinción, sus ropas destilan sudor, grasa y esputos.

La ayuda filantrópica (2) es otro nivel. Desata posiciones extremas, tristemente habitual en sociedad polarizadas que tienen fronteras todavía muy rígidas entre el bien y el mal. Los que la critican plantean el rechazo a la misma desde los juegos de suma cero: si hay alguien que tiene es porque otros no. No puede haber alguien que suba si no es por medios ilícitos. Ambos supuestos son falsos y hacen un flaco favor al mantenerlos vivos porque nos llevaría a una igualación no solo de resultados sino también de méritos. Este planteamiento olvida (o le cuesta creer) que mucha gente cuando tiene mucho reparte considerablemente y que aunque no sean los más visibles en los medios, es natural dar.

Pero los del otro lado también tienen sus sesgos. Ven a los filántropos como seres de luz estilo Ghandi y olvidan que la filantropía a veces otorga beneficios, desde los fiscales hasta los sociales del marketing. Al revés que la genuina, que es silenciosa y sin apellidos, ésta tiene nombre. Sobre ella recae siempre cierta sospecha y se diferencia claramente de la donación anónima, que subiría en ese caso al escalón 1. Se ve muy sospechosa cuando la filantropía va paralela al fotoreportaje en revistas del «corazón».

Si la filantropía esconde necesidad de reconocimiento, intercambio de favores y prebendas o beneficios de otra índole, no activa el cerebro ni la biología en los términos citados arriba. Sería un comercio, probablemente justo, necesario, loable y no rechazable, pero no compasión cerebral.

La ayuda contagiosa (3) es aquella que surge porque los demás lo hacen. Se ejerce porque la ejerce el vecino y nos sumamos a la causa. No importa el detonante, todos despertamos a veces porque otro nos despierta, pero es un buen momento para sentirla… en vez de copiarla. Si paso a sentirla me doy cuenta cuán genuina se siente, cuán bien nos hace a todos (también a ti) y subes al (1). Si la copio a modo oveja y rebaño, sirve a otros pero poco a ti. A nivel social sin embargo es bienvenida: que vengan mascarillas ahora, más allá de porqué y dónde. Tiempo habrá de análisis y reflexiones.

La ayuda controladora (4) es aquella que te compra a través de la ayuda. El otro necesita de ti para sus fines y te «da», «da» y «da» aparentemente… mientras te ata, te ata y te ata. Crea una relación desigual donde uno da y el otro recibe, y de este modo nace en ti la emoción social de la culpa: «qué bueno es, cuanto da», «qué generoso, mira lo que me ha dado». No es una ayuda genuina, de hecho a veces es perversa. El ayudador siempre está por encima: no te deja que le devuelvas la deuda, y te da doble. Ahora ya te tiene en su red y solo espera que le des toda tu atención, energía y alabanzas. Muchas relaciones personales y laborales se basan en la ayuda controladora. Cuando te das cuenta te tienen en sus redes. Como te hizo un gran favor que no puedes devolver, tienes que aguantar ahora sus desvaríos y manipulaciones. Está muy lejos de la genuina… pero no todo el mundo lo ve. Hasta que no la sufres no la ves. Si no la ves lee libros sobre la mafia y te darás cuenta como funciona.

La ayuda mártir (5) nace opuesta a la anterior. Te sientes menos, así que alargas la sesión con el paciente, el cliente y el alumno. Le das mucho más de lo que merece y creas deuda. El otro te valora por fin y te llenas con un gramito de autoestima. El mártir mendiga, sin darse cuenta, subir a través de otros lo que solo consigo mismo puede cultivar. A veces se vuelve yonki de una ayuda partiendo de un interior que se siente mal. Curiosamente es el centro de algún modelo religioso: ayude a los demás pero usted parta por favor de sentirse mal. Ni que decir tiene que bloquea el acceso al bienestar auténtico.

La ayuda vanidosa (6) necesita mostrarse ante los demás cuán bueno es uno. Es la versión negativa citada de la filantropía sospechosa, pero a nivel de familia, barrio y amigos. Si nace de un sentimiento genuino se empaña por obcecarse en meter el «Yo miradme» en la ecuación. Olvida que lo heroico no es la persona sino el acto. Es inteligente que no te conmueva lo más mínimo.

La clasificación no es exhaustiva sino genérica y pretende simplemente dar luz sobre el proceso general de «ayudar».

Muy probablemente todos hemos practicado y recibido estos tipos de ayudas, de la 1 a la 6, en algún momento de nuestras vidas y sería bueno aspirar siempre a la genuina.

¿Cómo se hace eso?

Muy sencillo. La bondad comienza en uno mismo. El entrenamiento consiste por tanto, en ser capaz de recuperar ese amor propio (que no es voluntad ni autoestima), que nace de la propia noción de ser y el valor inherente de toda vida.

Cuando cultivamos bondad en uno mismo, nuestro modo de ejercer ayuda se va depurando paso a paso hacia la genuina. Damos porque hay que dar, aprendemos también a recibir, disfrutamos del proceso y nos centramos en el acto, no en nuestro Yo. No sólo eso, ni el mártir ni el vanidoso nos atrapan, lo que nos ahorra disgustos, rupturas y dependencias. Si lo contagioso nos despierta aprovechamos para crecer en vez de repetir. Si lo filántropo aparece lo recibimos pero estamos atentos al comercio y demanda que nos puede exigir.

La bondad o compasión no es una debilidad sino una fuerza. No es algo que los «machotes» no puedan ejercer sino que más les valdría soltar tanta tensión y certeza.

Tampoco es la puerta al engaño, porque uno no riega cien veces (como el mártir) en tierras sin semilla. Hay tanto que ayudar y recibir que la reciprocidad es la medida de toda relación.

Tampoco es perder lo que tienes material, porque la más genuina suele ser con palabras, sonrisas, caricias, miradas y tiempos 100% para ese que lo necesita.

Y aunque está en nosotros, a veces se olvida, a veces se confunde y a veces se contamina, es entrenable.

De hecho para quien no lo sepa, los estados cerebrales que se generan al practicar, activar y elicitar sensaciones de compasión son, científicamente, los más poderosos para la felicidad genuina.

Aquí lo sabemos y por eso es parte integral de nuestras formaciones.

Que puedas ayudar y ser ayudado, amigo Sapiens.

Virus: de Virgo y Capricornio a la inteligencia artificial

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Tenía un conocido hace años que me decía: somos Virgo y los Virgo somos…

El caso es a mí me encanta hacer deporte, a él no, le gusta la política, a mí la ciencia y la filosofía, le encanta la música latina y a mí el rock y la clásica, ve la botella medio vacía, yo medio llena, no pisa la montaña y yo la añoro y sobre todo, cree en horóscopos y mancias, y yo sé muy bien a qué tipo de mente enganchan.

Quiero decir con esta introducción que la causalidad, los porqués de las cosas, las relaciones espúreas, tradicional e históricamente se han atribuido a causas ajenas, divinas, demoniacas o mágicas.
Hasta hace no mucho los sueños, el lenguaje, la música, la intuición por supuesto y el arte eran manifestaciones del «alma». Y la epilepsia, las infecciones, los infartos, los abortos, el síndrome premenstrual, las afasias y apoplejías, las discapacidades, es decir todo lo que sorprendía, eran castigos divinos o demoniacos.

Este pensamiento mágico queda en el cerebro, y tiene su utilidad práctica ¡sin duda!, pero evidentemente no para ciertos asuntos :).

Así de sencillo. Es lógico ese proceder, porque como vengo insistiendo el cerebro no tolera la incertidumbre y qué  mejor bálsamo para esa ansiedad que una solución simple. Esto es por esto y punto.
Así lo vemos en el laboratorio: cuando a una persona ante un conflicto personal o moral, le pedimos que apele a una fuerza etérica en la que cree, el cingulado anterior, área que monitoriza el error, el dolor y el conflicto, reduce su actividad.

Pero Virgo y Capricornio, por simples y azarosas que resulten sus explicaciones no han podido frenar ni un ápice el intento humano de aproximarse mejor a la incertidumbre, a las tendencias y a las previsiones. Afortunadamente hemos buscado e investigado más.

El caso es que los humanos para acercarse a la probabilidad inventaron la estadística. La ciencia a la que se acusa injustamente de rígida (cambia cada mes) y de categórica (adapta sus conclusiones una y otra vez) nos propone no tanto certezas sino espacios de probabilidades.  Nos compramos un coche y nos fiamos de él porque existe 1 probabilidad entre un billón que no funcionen los frenos. Confiamos en la casa porque damos por hecho que el hormigón resiste al menos 150 años en el 99,99999% de casos.

Para investigar la causalidad de las cosas, se crean modelos. Los más conocidos son los lineales en donde A se relaciona con B a través de un peso fijo. Están tan lejanos a la realidad que se llaman después múltiples porque suele haber muchas variables más implicadas. Y aún así se quedan cortos…Cada vez más observamos que los modelos de predicción, el cerebro es uno de ellos, no funcionan de manera lineal, tipo causa A implica efecto B ni siquiera múltiple tipo A1, A2, A3, A4 causan B.
Los modelos son NO lineales, los sistemas son complejos (del latín com-plexus, o sea, en red).
Un ejemplo son las redes neuronales artificiales, que emulan en parte las biológicas. Se parecen más a la realidad nuestra: una sola neurona es influenciada por otras 10000 para formar una respuesta y su salida representa 1/10000 del peso que ejerce sobre la siguiente.
Con inteligencia artificial, porque el consciente no puede manejar esos datos, intentamos ver dentro de esa complejidad de causas y efectos, relaciones que nunca se nos habrían ocurrido, intuido o captado. Nunca es nunca por cierto.

¿Cómo aplicamos todo esto a este momento, no solo a lo técnico?

Muchas tradiciones de introspección nos instan a vivir desde la interdependencia. No hay causas simples nunca. Los Shuar me hablaban de la inteligencia global de la selva y de cómo un disparo de un cazador desata una interminable secuencia de eventos a partir de un sonido, efectos que se le pueden volver en su contra. O de cómo sobrevivir en la noche solitaria y minimizar las probabilidades de ser atacado por los animales. Luego se pasan a comprobar que sigues vivo que conste :), no hablo de «teoría».

Parte de nuestra cultura está basada en la obstinación del individuo y su éxito. He defendido durante años cómo esa visión es corta y miope. Se nos ha hablado tanto de un liderazgo individual, de la actitud como garantía de resultados en vez de modo de afrontamiento, del esfuerzo + talento como ecuación, o de la visualización de un yo exitoso… que ha dejado su impronta: no vemos lo interdependiente. Es más lo hemos despreciado y ahora comprobamos que era vital.

La biología es un sistema NO lineal y complejo, ciertamente interdependiente. No vivo sin aire ni alimento, que es alimento de otros. Hay simbiosis y equilibrio, tanto como depredación. Los virus son seres vivos y aquí llevan millones de años antes que nosotros.

El cerebro, y por tanto la mente, es un sistema NO lineal y complejo. Ningún área causa nada. Todas participan en todos los procesos. No existe una sola neurona (de 86 mil millones) que sea la jefa, la que decide, la que manda sobre las demás. Es como suelo decir, una jam session.

Encontrar causas en estos asuntos vitales es una tarea harto compleja. Para empezar habría que disminuir el infinito número de variables y en estas semanas, no se hace, ni se puede hacer. De hecho no se conocen muchas de las variables y si se conocen no se pueden cuantificar fácilmente. Ayer leía un magnífico análisis por parte de un físico… pero olvidaba al menos cuantificar 12 – 15, quien sabe, variables.

Estoy seguro que mi conocido del horóscopo ya lo tiene claro: los Virgo tendremos la inmunidad alta y los Capricornio baja, ¡olé!

Probablemente lo que más le importe sea apagar su cingulado anterior, encontrar la causa y los porqués y quedarse tranquilito. Es más estoy seguro que en su explicación de los porqués, como siempre quedará fuera, protegido de toda responsabilidad.

Yo opto por resistir esa tentación y créeme que me cuesta no dormir al cingulado. Pero aguanto y se lo dejo a la inteligencia artificial para que me enseñe una vez más mi limitada condición de humano.

Ante esa pequeñez, ante el misterio, solo me queda una cosa:

amar a los semejantes,
aplaudir de corazón a las 20.00,
confinarme con responsabilidad,
ayudar en todo lo que pueda,
ponerme en marcha
y abrazar en cada instante el regalo de la Vida.

Un día no estaré, quién sabe porqué variables.
Así que antes de que muera, gracias por leerme en estas direcciones tan neuronalmente imbricadas.