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Ciencia de la felicidad y bienestar

Ayuda profesional, ayuda de corazón, ayuda oportunista

By | Ciencia de la felicidad y bienestar, Human Behavior | One Comment

La psicología, la neurociencia también, la medicina me temo y probablemente la sociología, filosofía y antropología, tienen un problema y es que hasta el más mundano de los Sapiens tiene una teoría propia de cómo funciona el mundo o la mente humana.

No la tenemos sobre cómo se genera un agujero negro, o cómo un metal se convierte en espada ni cómo el determinante de una matriz 3D es realmente el cálculo de su volumen.

A esa teoría propia se une que ante un trauma, un drama humano, una pandemia, una guerra, a la mayoría nos sale ese instinto de ayudar.

El problema es que hay ayudas profesionalesayudas de corazón y ayudas oportunistas. Añadiría que está la ayuda ignorante.

Hace poco me preguntaban por cómo el cerebro responde a respuestas con ansiedad en un momento dado, esa que todos podemos sentir de vez en cuando. Al rato me preguntaron por una persona con depresión profunda y mi respuesta fue clara: tiene que ir al profesional de la mente, por tanto, psicólogo o psiquiatra.

No quise que la ayuda de corazón, se convirtiera en ayuda ignorante.

Lo veo cada día con cientos de consejos para «subir la inmunidad». Estiro un brazo y subo la inmunidad, me atiborro de productos y subo la inmunidad, vibro con el cosmos y subo la inmunidad y visualizo tal punto del cuerpo y subo la inmunidad. La ayuda quizá sea de corazón, pero me temo que anda entre oportunista e ignorante, dado que si no tengo evidencia de ello más allá de que me lo creo o el «amimefuncionismo» mal vamos.

El problema es que ese «amimefuncionismo» bien exige un análisis de CD4, CD8, NK e interleucinas para decir que «sube» la inmunidad. Quizá conviene informar sobre que la inmunidad demasiado «alta» es también un severo problema. En fin…

Pero es que incluso saber mucho de algo no implica saber ayudar en ello. Un biólogo puede saber más de un tumor que un médico, un metodólogo puede saber más de un test de personalidad que un psicólogo e incluso una persona por las razones que sean puede conocer mucho sobre el trauma o el duelo… pero haría bien en ceder su espacio a quienes optaron por el camino clásico, tan denostado por la antiintelectualidad, de aprender la formación precisa.

Hace unos días veo, no es nada nuevo, cómo determinados expertos, justo los mismos que nos dicen que el éxito es una sencilla ecuación de habilidades y esfuerzo, y que nos incitan una y otra vez a perseguir nuestros sueños individuales fácilmente, se ofrecen a ayudar a la gente que está en el duelo, ahí es nada, en el trauma, ahí es nada, en la depresión profunda, ahí es nada, o en el trastorno de stress post-traumático, ese que en USA no consigue aún recuperar bien a gente que vino de Vietnam hace 50 años.

No hablo del inocente que no sabe que no sabe, hablo del que NO quiere saber que NO sabe, o peor aún, NO quiere aceptar que NO es el profesional adecuado para el problema que surge.

Te lo dejo a ti si es ayuda oportunista, ignorante, de corazón o profesional o si sencillamente es adecuada.

El mantra de «como a mí me sirvió» iguala mediante una tábula rasa a todos los humanos, como si no solo de partida, sino en el camino todos estuviéramos capacitados (y formados) para todo. No es cierto…

Entre ese y el «do it yourself» vamos apañados.

Creo que en muchas ocasiones la mejor ayuda es el silencio, la presencia, la prudencia o el ceder espacio a otros. O hacerlo desde lo que uno es y conoce: el profesional del ejercicio con el ejercicio, el de Yoga con el Yoga, el enfermero con los enfermos y el que fabrica mascarillas, fabricando mascarillas.

Si es el momento de tu profesión dale fuerte.

El mío no es curar a los enfermos, ni tratar a los que tienen desórdenes mentales severos sean agudos o crónicos: es ayudar a relacionarnos, superarnos, influenciarnos, mejorarnos y liderarnos.

Por tanto, ni subo la immunidad ni curo las depresiones ni trato el duelo por mucho que sienta que conozco algo después de años, al menos intento con fuerza, la mente humana en primera y tercera persona.

Como siempre digo, la ayuda es un poliedro con muchas caras y matices.

Hay cerebros triunos, tertulianos varios y mancias parecidas que todavía no lo saben.

Vivan los profesionales cada uno en su campo: es su momento, es tu momento. Haz lo que sabes.

Felicidad social. ¿Ahora se entiende verdad?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

No hay muchas certezas… como puedes comprobar.
Ni tampoco la ecuación del mérito es precisamente muy matemática.
Así que parece que el bienestar se nos escurre entre los dedos. ¿A quién hacemos caso?

La felicidad happy flower nunca ha funcionado pero siempre ha tenido sus seguidores y proporcionalmente  a sus fantasías detractores en el otro extremo.

Las personas pueden soñar happy flower con un universo positivo en vibración y abundancia (normalmente económica), que éste se encargará de darte giros y ribetes insondables. No es posible evitar los días grises, ni los estados de ánimo cambiantes, ni la buena y mala suerte, ni todas las injusticias, ni conseguir todas «tus metas». Por mucho que lo «visualices», lo creas y te emociones con ello, la vida se encarga. Aterriza…

En el otro extremo, los negacionistas del bienestar humano. A veces nos posicionamos ahí, enfadados, quemados o incluso víctimas de todo. A cualquier intento sensato de construcción de bienestar humano le ponemos en ese caso el adjetivo de ridículo. A veces se critica la industria de la felicidad (como si las industrias fueran per se «malas») porque sí. Todo eso lo entiendo porque vamos acumulando frustraciones. Pero una cosa es que el happy flower no haya encontrado su San Martín y otra que seamos como Ebenezer Scrooge (Charles Dickens) siempre diciendo a todo: ¡paparruchas!

Vengo compartiendo durante años un camino medio.

Una felicidad social, porque siempre mostramos que el Yo es bastante ilusorio y que no podré ser muy muy muy feliz si mi vecina está muy muy muy triste, incluso aunque le caiga mal sin motivo.

Esta construcción precisa de sabiduría, palabra que su mera ausencia del lenguaje habitual, la convierte ya en un diagnóstico sospechoso.

Sabiduría porque el cerebro tiene un nivel inicial de felicidad basado en la dualidad placer – dolor. Hasta los que vociferan como Scrooge evitan dolor y buscan placer. Pero el recorrido de esta dualidad es tan corto, que hay que saltar de plano: construcción del largo plazo, toma de decisiones sabia y conocimiento preciso de dónde conviene invertir acciones, amores y energía en el camino de vida.

Felicidad social, que bien la añoramos en estas semanas, porque hay responsabilidades y necesidades grupales que no se resuelven ni visualizando tus metas ni negando la posibilidad de estar más satisfechos.

La neurociencia social, la psicología positiva de calidad, los nuevos modelos de liderazgo inclusivo, la filosofía perenne, el pensamiento complejo nos confirman, cada vez con más y mejores datos, que necesitamos una combinación de trabajo personal genuino y de vínculos de pertenencia y empatía sólidos. Datos, ¡dije datos!, solidez por tanto. ¿A qué esperamos?

– La nueva era no te va a traer resultados.
– Pero negarse y enfadarse con los intentos de mejora  en la postura anti-bienestar tampoco.
– El «consigue todos tus sueños tú solito» mucho menos.
– El aislamiento estoico o de algunas tradiciones meditativas me temo que es arcaico para el siglo XXI.

En las formaciones comparto esta idea al respecto. Espero que te sirva.

«Estas prácticas que entrenamos cada semana no son para tener días de 9,5 o 10 porque el examen ha sido fácil.

Son para cuando el día viene con un 3,9 consigas rascar hasta el 5,1.

Tampoco son para si tienes costumbres de notables, pararte ahí. Acaso será para que ayudes a otros a aprobar y salir de la agonía y el agobio».

Tenemos un tiempo virulento donde cada día viene con un 3,5 te guste o no, lo merezcas o no. Como mucho, si tenemos experiencia, si lo hacemos en grupo, llegaremos a un 5,1… pero suficiente.

No es tiempo de sobresalientes ni de estar en Flow ajeno a la vida y el sufrimiento de otros.

En resumen:

  • No hay bienestar sin sabiduría.
  • Sin sabiduría no hay compasión.
  • Sin compasión no hay sociedad.
  • Sin sociedad, no hay Sapiens.

¡Ánimo en este examen!

Bienestar psicológico y confinamiento. De la teoría a la realidad.

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Muchas personas me han pedido en estas semanas que comparta visiones, experiencias o consejos para el bienestar psicológico durante el confinamiento.

A su vez me preguntan algunos consejos habituales o estrategias que se suelen recomendar.

En los 15 artículos compartidos hasta ahora creo que se resume bien la estrategia que apoyo y manifiesto.

Pero quiero incidir en un aspecto que considero muy relevante en cuanto a «las cosas de la mente» y es que debemos diferenciar la teoría… de la realidad.

Estamos muy muy acostumbrados a leer lo que debemos hacer, incluso a que lo que debamos hacer esté validado o nos genere confianza. Pero no estamos tan acostumbrados a vivenciar y experimentar lo que viene en el papel.

Lo suelo explicar así: «el catedrático de las emociones, no necesariamente sabe regularlas». Es vital la cátedra, pero no suficiente.

Este es un primer punto de partida para «bienestar psicológico y confinamiento». Una buena teoría.

El segundo por tanto es la experiencia real. Si no has mirado tu mente antes, si nunca has buscado bienestar psicológico o si lo has buscado a través del éxito, la dispersión o los estímulos acrecentados, muy probablemente ahora falten herramientas.

Muchas katas en el gimnasio y pocas peleas de calle.
Muchos tiros a canasta solo y pocos partidos contra otros.

Por ello creo que es clave no solo recibir consejos técnicos, sino haberlos vivido.

El tercero es el confinamiento propiamente dicho.
Nunca pensé que el llamado «entierro del guerrero» que practicaba intensamente durante años, o los retiros de oscuridad o las experiencias de aislamiento o la costumbre de practicar y dirigir numerosos retiros, me pudieran ayudar también para algo que 18 años después iba a desatar un pequeño virus. Pero lo cierto es que lo hacen: uno ya ha pasado su mente por extremos y así es más fácil acompañar a otros.

Abro aquí un inciso para agradecer a todos aquellos que han tenido en cuenta estos 3 puntos y me han solicitado ayuda para sus grupos, clases o entornos. ¡Gracias!

Así que voy al grano hoy.

NO es tiempo de LOGRAR bienestar psicológico. Paren ya las metas por favor.

Repito:

NO es tiempo de LOGRAR bienestar psicológico. Paren ya las metas por favor.

«¿Jose estás loco?»

No amigo. Basta ya de logros…

  • Es tiempo de compasión y de observación.
  • Es tiempo de no añadir letra a la música.
  • Es tiempo de aceptar que tendremos días tristes, contentos, aburridos o estresados o incluso con cierta ansiedad… ¡y no pasa nada!
  • Es tiempo de silencio (siempre lo es jejeje).
  • Es tiempo de no saber tanto.
  • Es tiempo de no hacer hueco al odio ni a la ilusión retrospectiva tipo «doctores tiene la iglesia».
  • Es tiempo de seguir luchando por tu gente, tu familia, tu trabajo y tu vida como hacías hasta ahora.
  • Es tiempo de ayudar a quien lo necesite (como siempre).


El bienestar psicológico no se logra, como una meta más, tras escuchar la charla de la superabundancia cuántica. La felicidad no se compra ni se alcanza, se construye y no con ansia, exigencia o logro precisamente.

El bienestar psicológico APARECE, BROTA, (y no obstante tiene cierta inestabilidad) cuando uno incide sí o sí, en los arriba citados.

Comparto sin vanidad ni heroicidades que nunca pude generar ni un solo gramo de bienestar psicológico cuando durante años dormía, voluntariamente, en una tumba cavada por mí mismo en el jardín para explorar mi mente, miedos y «certezas». El cerebro se investiga desde la ciencia pero también en primera persona. No solo hay que ser catedrático recuerda.

Y sin embargo apareció muchas veces ese bienestar psicológico, ¿pero cuándo?

Cuando aprendí a soltar el logro, la exigencia, y el «debería estar así o asá», cuando era más importante observar que conseguir, cuando no te quedaba otra que aceptar, cuando soltabas pretensiones y te permitías respirar de una en una sin más.

Con esto termino hoy.

No te preocupes tanto del bienestar a alcanzar.

Preocúpate más de ser, simplemente ser y sonreír a ello.

Consejos de nuevo 🙂

  • Es tiempo de compasión y de observación.
  • Es tiempo de no añadir letra a la música.
  • Es tiempo de aceptar que tendremos días tristes, contentos, aburridos o estresados o incluso con cierta ansiedad.
  • Es tiempo de silencio (siempre lo es jejeje).
  • Es tiempo de no saber tanto.
  • Es tiempo de no hacer hueco al odio ni a la ilusión retrospectiva.
  • Es tiempo de seguir luchando por tu gente, tu familia, tu trabajo y tu vida como hacías hasta ahora.

O si lo prefieres en formato Fiodor Dostoyevski:

«Ojalá pueda ser digno de mis sufrimientos».

Los niños son los maestros

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Al menos los que veo de 6 a 12 años son claramente los maestros.

Hay una parte fisiológica en ello: su prefrontal, área donde analizamos, elegimos información, tomamos decisiones complejas, evaluamos coste – beneficio no está tan madura como en nosotros.

Otra parte es que ellos desconocen el funcionamiento real de los trabajos, los bancos, las hipotecas, los contratos, los estados y las leyes, de modo que no se pueden preocupar por aquello que no existe aún en sus cerebros.

Pero hay otra parte esencial de la que podemos aprender.

Pueden hacer del presente una aventura. Es tan intenso para ellos la mirada sostenida del padre, el abrazo de la madre, el valor de este instante de juego o de compartir, que no hay lugar para un mañana, pero sobre todo, no hay sensación de ahogo, de confinado, de limitación.

Nos pueden recordar lo que hoy se hace evidente. No era tanto de competir y resaltar, ni mucho menos del «y tú más», sino de valorar lo importante: tiempo consciente, relaciones de calidad, hacer de tres objetos cualesquiera un juego infinito, caricias, cosquillas y besos, dormir como un lirón y estirar el cuerpo con espontaneidad.

Los adultos no somos niños, tenemos miles de responsabilidades pero sí podemos silenciar, conscientemente, nuestro prefrontal.

Para ello no hace falta «meditar» como si fuera la herramienta única o «mágica» que nos «despierta» (lo dice un amante de esta técnica). Es justo al revés, cuando somos maduros, vivimos en la serenidad y cierto estado acaso aparece, no siempre de forma técnica. Por eso estos días no me escucharás decir que aprendas meditación. Soy más de que tires de recursos ya cultivados. Si ya lo hacías, eso sí, ¡aprovecha!

La vida es sabiduría en acción y es seguro que tienes momentos, por desastre que te sientas, que has creado cierta paz y sosiego en tu interior a pesar de las circunstancias.

No hace falta esperar a ser abuelos, para por fin valorar el tiempo (o la atención) que no se tuvo con los hijos, el placer de un paseo, el captar la puesta de sol o el emprender por fin el aprendizaje de un instrumento o la compañía de un libro o el valor de cultivar una amistad.

En medio del stress y la incertidumbre, en medio del dolor por el sufrimiento propio o de otros, es posible y necesario, encender el botón de lo importante.

Quizá no recuerdes donde está,
quizá es un botón muy débil todavía,
quizá vendiste seguridad, stress y economía por sabiduría,
quizá te perdiste momentos inolvidables,
quizá seguiste como oveja las ideas de los tuyos,

pero seguro que tienes capacidad hoy para respirar, agradecer y sonreír a lo bueno que hay en ti y en los demás.

Que no te atrapen los que gritan, los que insultan, los que odian, los que tienen numerosos enemigos, los que crean muros (que luego los virus atraviesan con facilidad), los que se creen autosuficientes, los que solo ven lo negativo.

Abre los ojos, mira a un chiquillo en la terraza y aprende.
Basta con dejarte emocionar por ello y expandir esa sensación.
Un día, te aseguro, no estarás para esa práctica. Hazlo.

No es debilidad, sino fuerza.

La fuerza de ser tan listo como para saber quererse bajo toda circunstancia.

Sobre la ayuda, mascarillas, filantropía y generosidad

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

La ayuda tiene, poco a poco, buena prensa. Exige superarse contra las tendencias egoístas, narcisistas y el individualismo en exceso.

En contra de la idea de la supervivencia de los más fuertes, la ayuda nos muestra la verdadera traducción de «the survival of the fittest», los más aptos, que son aquellos que aprendieron a colaborar juntos.

Algunos lo han asociado a la debilidad, al «buenismo» (que no es peor que el «malismo» que conste) e históricamente de Platón a Kant pasando por Hobbes, se ha considerado en parte así. Sin embargo la compasión está profundamente grabada en nuestro cerebro. No es impulso bobo ni una emoción irracional, sino una parte indispensable de la naturaleza humana, enraizada en nuestra biología.

Ayudar elicita la misma actividad cerebral en el núcleo accumbens y en el cingulado anterior (asociados comúnmente a las posibles recompensas) que recibir. No solo eso, regula nuestro sistema nervioso autónomo, produce oxitocina y además se puede cultivar y expandir. ¿Acaso te extraña ahora porqué nos movilizamos también para ayudar?

Sin embargo hay ayudas y ayudas y se confunden, tanto que se igualan todas como si nacieran del mismo lugar, merecieran el mismo prestigio y causaran las mismas consecuencias.

La ayuda genuina (1) es la espontánea y anónima, la que no reclama para sí mérito especial y la que se siente como «es lo que hay que hacer».

La estamos viendo en estos días. Sin lugar a dudas en sanitarios que no solo ejercen su profesión, sino que la extienden más allá, en policías, UME, bomberos, profesores y miles y miles de voluntarios y personas que sin nombre, sin cara, sin repercusión hacen lo que hay que hacer, cada uno poniendo su granito de arena.

Pierden poco tiempo en quejas, en insultos, en odios, en críticas y en dar soluciones mágicas a problemas complejos: prefieren pasar a la acción porque hay mucho que hacer. En vez de sentarse se ofrecen a construir un mundo mejor, cada uno desde su lugar.

Son héroes silenciosos, aunque ellos rechazan el término y nos dicen que solo son humanos ayudando a humanos. Hemos confundido al héroe con las pelis de Marvel, y el torpe de Star Wars que necesita 4 películas para volverse a hablar con su padre y decirle te quiero.

Pero sí lo son, a tenor de lo que la ciencia nos muestra sobre qué es heroico y cómo se ejerce. En contra de lo que pueda parecer, lo heroico no es analítico, no se piensa, se hace, como el  parisino que escaló cuatro pisos por la terraza para salvar a un niño y dice: «no sé, solo sé que subí». Lo heroico destaca por la capacidad de altruismo asumiendo un peligro personal en vez de diluirse en el comportamiento medio.

Los héroes hoy llevan mascarilla, casco, guantes. Hacen espontáneamente lo que sienten que hay que hacer y no son especialmente conocidos o reconocidos. No necesitan togas, ni galones en la solapa para indicar status y distinción, sus ropas destilan sudor, grasa y esputos.

La ayuda filantrópica (2) es otro nivel. Desata posiciones extremas, tristemente habitual en sociedad polarizadas que tienen fronteras todavía muy rígidas entre el bien y el mal. Los que la critican plantean el rechazo a la misma desde los juegos de suma cero: si hay alguien que tiene es porque otros no. No puede haber alguien que suba si no es por medios ilícitos. Ambos supuestos son falsos y hacen un flaco favor al mantenerlos vivos porque nos llevaría a una igualación no solo de resultados sino también de méritos. Este planteamiento olvida (o le cuesta creer) que mucha gente cuando tiene mucho reparte considerablemente y que aunque no sean los más visibles en los medios, es natural dar.

Pero los del otro lado también tienen sus sesgos. Ven a los filántropos como seres de luz estilo Ghandi y olvidan que la filantropía a veces otorga beneficios, desde los fiscales hasta los sociales del marketing. Al revés que la genuina, que es silenciosa y sin apellidos, ésta tiene nombre. Sobre ella recae siempre cierta sospecha y se diferencia claramente de la donación anónima, que subiría en ese caso al escalón 1. Se ve muy sospechosa cuando la filantropía va paralela al fotoreportaje en revistas del «corazón».

Si la filantropía esconde necesidad de reconocimiento, intercambio de favores y prebendas o beneficios de otra índole, no activa el cerebro ni la biología en los términos citados arriba. Sería un comercio, probablemente justo, necesario, loable y no rechazable, pero no compasión cerebral.

La ayuda contagiosa (3) es aquella que surge porque los demás lo hacen. Se ejerce porque la ejerce el vecino y nos sumamos a la causa. No importa el detonante, todos despertamos a veces porque otro nos despierta, pero es un buen momento para sentirla… en vez de copiarla. Si paso a sentirla me doy cuenta cuán genuina se siente, cuán bien nos hace a todos (también a ti) y subes al (1). Si la copio a modo oveja y rebaño, sirve a otros pero poco a ti. A nivel social sin embargo es bienvenida: que vengan mascarillas ahora, más allá de porqué y dónde. Tiempo habrá de análisis y reflexiones.

La ayuda controladora (4) es aquella que te compra a través de la ayuda. El otro necesita de ti para sus fines y te «da», «da» y «da» aparentemente… mientras te ata, te ata y te ata. Crea una relación desigual donde uno da y el otro recibe, y de este modo nace en ti la emoción social de la culpa: «qué bueno es, cuanto da», «qué generoso, mira lo que me ha dado». No es una ayuda genuina, de hecho a veces es perversa. El ayudador siempre está por encima: no te deja que le devuelvas la deuda, y te da doble. Ahora ya te tiene en su red y solo espera que le des toda tu atención, energía y alabanzas. Muchas relaciones personales y laborales se basan en la ayuda controladora. Cuando te das cuenta te tienen en sus redes. Como te hizo un gran favor que no puedes devolver, tienes que aguantar ahora sus desvaríos y manipulaciones. Está muy lejos de la genuina… pero no todo el mundo lo ve. Hasta que no la sufres no la ves. Si no la ves lee libros sobre la mafia y te darás cuenta como funciona.

La ayuda mártir (5) nace opuesta a la anterior. Te sientes menos, así que alargas la sesión con el paciente, el cliente y el alumno. Le das mucho más de lo que merece y creas deuda. El otro te valora por fin y te llenas con un gramito de autoestima. El mártir mendiga, sin darse cuenta, subir a través de otros lo que solo consigo mismo puede cultivar. A veces se vuelve yonki de una ayuda partiendo de un interior que se siente mal. Curiosamente es el centro de algún modelo religioso: ayude a los demás pero usted parta por favor de sentirse mal. Ni que decir tiene que bloquea el acceso al bienestar auténtico.

La ayuda vanidosa (6) necesita mostrarse ante los demás cuán bueno es uno. Es la versión negativa citada de la filantropía sospechosa, pero a nivel de familia, barrio y amigos. Si nace de un sentimiento genuino se empaña por obcecarse en meter el «Yo miradme» en la ecuación. Olvida que lo heroico no es la persona sino el acto. Es inteligente que no te conmueva lo más mínimo.

La clasificación no es exhaustiva sino genérica y pretende simplemente dar luz sobre el proceso general de «ayudar».

Muy probablemente todos hemos practicado y recibido estos tipos de ayudas, de la 1 a la 6, en algún momento de nuestras vidas y sería bueno aspirar siempre a la genuina.

¿Cómo se hace eso?

Muy sencillo. La bondad comienza en uno mismo. El entrenamiento consiste por tanto, en ser capaz de recuperar ese amor propio (que no es voluntad ni autoestima), que nace de la propia noción de ser y el valor inherente de toda vida.

Cuando cultivamos bondad en uno mismo, nuestro modo de ejercer ayuda se va depurando paso a paso hacia la genuina. Damos porque hay que dar, aprendemos también a recibir, disfrutamos del proceso y nos centramos en el acto, no en nuestro Yo. No sólo eso, ni el mártir ni el vanidoso nos atrapan, lo que nos ahorra disgustos, rupturas y dependencias. Si lo contagioso nos despierta aprovechamos para crecer en vez de repetir. Si lo filántropo aparece lo recibimos pero estamos atentos al comercio y demanda que nos puede exigir.

La bondad o compasión no es una debilidad sino una fuerza. No es algo que los «machotes» no puedan ejercer sino que más les valdría soltar tanta tensión y certeza.

Tampoco es la puerta al engaño, porque uno no riega cien veces (como el mártir) en tierras sin semilla. Hay tanto que ayudar y recibir que la reciprocidad es la medida de toda relación.

Tampoco es perder lo que tienes material, porque la más genuina suele ser con palabras, sonrisas, caricias, miradas y tiempos 100% para ese que lo necesita.

Y aunque está en nosotros, a veces se olvida, a veces se confunde y a veces se contamina, es entrenable.

De hecho para quien no lo sepa, los estados cerebrales que se generan al practicar, activar y elicitar sensaciones de compasión son, científicamente, los más poderosos para la felicidad genuina.

Aquí lo sabemos y por eso es parte integral de nuestras formaciones.

Que puedas ayudar y ser ayudado, amigo Sapiens.

¿Oiga puedo sentir miedo o es histeria colectiva?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | One Comment
Es una pregunta sabia porque también nos hablan de «la pandemia del miedo», «el miedo escénico» y «la histeria colectiva».
Tienen parte de razón sin duda y al final lo recorro. Pero una  gran parte NO, especialmente la actitud desde la que se habla o el lugar desde el que pueden afirmar eso.
En el medio, la virtud, y en el conocimiento, el modo.

1. Si lo sientes, lo sientes.

Animar a no sentir miedo a un miedoso o decirle que forma parte de la histeria colectiva, es como decirle a un borracho que analice fríamente el asunto, a un psicópata que empatice o a una narcisista que por favor no hable siempre de sí misma.

Si lo sientes, lo sientes. No te juzgues ni dejes que te juzguen. Esto no va de gallardía y arrojo (menos épica lo siento) sino más de inteligencia.
Si te obligan a no sentir miedo o si te juzgan por ello, empezamos mal. Se empieza por la aceptación no por la reparación.
2. Es lógico sentirlo.
Sin lugar a dudas y por varias razones.
La primera es que viene de base y en unas personas más que en otras. Tengo amig@s ansiosos y yo soy lo contrario, pero no es mi virtud, sino una característica con aspectos positivos y negativos (de hecho debería haberme agobiado algo más en muchos instantes de mi vida para tomar mejores decisiones). Así que juzgar al que le viene por genes, educación y personalidad (esta última no cambia por cierto, no banalicemos) es ridículo.
3. Es solo un 3% la mortalidad
Esto es lo más gracioso 🙂 :). Utilizar un número para intentar apagar algo que viene de las entrañas.- ¿Tienes miedo a las serpientes? Sí probablemente.
– ¿Cuánta gente muere de ellas? Muy poca.
– ¿Te sirve que el número de fallecidos por serpientes sea bajo para superar ese miedo? No.– ¿Tienes miedo a los coches? No.
– ¿Cuánta gente muere en accidentes? Mucha.
– ¿Te vuelve eso fóbico a tu deportivo rojo? No.
– ¿Se tiene miedo al cambio climático? (y mira que es peligroso). No mucho. Basta ver a los políticos de turno que se reían de ello desde su torpeza. Y sin embargo la contaminación causa muertes directas cada año, pero no da sensación de miedo.
– ¿Se tiene miedo a un virus, a un contagio, a una bacteria? ¡¡Sí!!  Repito: ¡¡ Sí !!
– ¿Porqué? Porque ha sido primera causa de muerte a lo largo de miles de años y hasta hace apenas 200 lo ocupaba todo (benditos Pasteur, Koch, Fleming y Jenner).
Está grabado en tus genes y cerebro hasta en el más minúsculo rincón.
– ¿De dónde crees que vienen muchas de las prohibiciones, rituales y dogmas de numerosas tradiciones y religiones?
De la simple posibilidad de infectarse por comida, personas, hacinamiento, prácticas sexuales, viajes y animales. Otra cosa es que luego la gente las siga porque «hay que seguirlas».
Así que es lógico que la palabra virus o bacteria remueva miedos ancestrales. Que no te juzguen por ello…
4. La mayoría, sin embargo, no tienen miedo al virus.

Un gran porcentaje no son unos histéricos la verdad. Tienen muy claro que lo que temen es perder sus trabajos, su economía, sus pequeños ahorros, su viaje, su congreso, su curso, sus clases, su hipoteca, su alquiler, su nuevo negocio, su nuevo proyecto, sus clientes, sus proveedores, su empresa, sus trabajadores con sus familias, sus oportunidades, su nueva estabilidad por fin, sus sueños y su descanso, es decir, sus motivos y razones de vida. Y también temen perder a sus papás de 70 u 80 años… vaya un padre y una madre, casi nada.

Va a resultar que es lógico ¿no?

 

5. ¿Esto último es histórico, se repite?

Sí. La historia de la humanidad no es la historia de la justicia social sino de lo contrario. Hemos reducido muchísimo la violencia, gracias al humanismo y el progreso, pero ¡aún queda para la equidad y el mérito!

Dado el ejemplo que nos dan las instituciones y sus representantes de todos los colores no es fácil confiar en lo que propongan, de modo que va a ser que sí hay motivos para determinado nivel de ansiedad.

Ahora bien… vamos con el lado B.

¿Te interesa con un nivel lógico de ansiedad hacer que crezca exponencialmente hacia el pánico?

– No, porque te lleva a anular la razón, la inteligencia y el bienestar.

– No tardarás ni cinco minutos en buscar culpables (siempre el que era antes tu enemigo claro, ¡pedazo de análisis!) y siempre con soluciones simplonas.

NOTA: como simplona es generalizar una histeria colectiva si miras el punto 4.

– Vas a necesitar medicación o terapia (no pasaría nada, no es malo) y vas a entorpecer sí o sí tu cerebro.

– Vas a ver como real lo que «crees que podría ocurrir» y se va a escurrir entre los dedos lo que está sucediendo ahora. En definitiva vas a activar en tu cerebro las áreas que ven monstruos en vez de molinos de viento.

¿Te interesa ver cada día 30 veces en los medios que cobran de aumentar el miedo y el borreguismo de la gente para así impregnarte más y caer en la histeria?

Tú verás… Mis «influencers» nunca están en las revistas del corazón ni en la cháchara ni en el amarillismo.

¿Te interesa no reflexionar y seguir a la masa que se adoctrina sola?

Espero que no… o caerás a la histeria.

¿Te interesa hablar, compartir y defender opiniones con pocos datos y así convertir la leve ansiedad lógica en esa histeria que se cita?

Tú verás…

¿Te interesa, como ejemplo, no saber que había problemas de sarampión en Africa (siguen) hace unos meses y «no se hace nada» pero te pilla lejos u olvidar en unos meses que la bella Australia fue arrasada hace nada por el fuego?

Espero que no… Los problemas son globales no solo de mi barrio.

En resumen:

1. Si sientes ansiedad, te entiendo y te abrazo.
2. No te juzgues ni que te juzguen. Que nadie se ría de que temas tener que buscar trabajo de nuevo o no poder pagar tu casa. Eso no es histeria.
3. Acoge, en vez de huir, tu emoción y tu estado.
4. Evita sensacionalismos, odios, explicaciones fáciles y rumores. No aportan nada a los datos.
5. Evita también a machotes que se jactan de salir el fin de semana a la sierra.
6. Evita los que hablan más de culpables que de cómo ayudar a quien sufre.
7. Honra a los que se arriesgan por todos nosotros y llevan una vida haciéndolo. No les olvides cuando todo esto haya pasado.
8. Escucha a los pocos que saben de esto.
9. Únete a la gente noble, bonita y sencilla.
10. Aprende a vivir y discernir: una mente clara es un tesoro.

Sin salir por la puerta…

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Sin salir por la puerta
se conoce el mundo.
Sin mirar por la ventana
se ve el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
menos se aprende.

Poema 47 del Tao Te King.
Lao Tsé, s. IV a.C.

Parece HOY más apropiado que nunca este viejo libro de cabecera de mi adolescencia.Y es que todos los viajes llevan a uno mismo.

Quizá hoy, «confinado», uno por fin entiende:

que la vida no son solo experiencias, sino conocer esa capacidad que nos permite darnos cuenta, procesarlas, inventarlas, manipularlas o sencillamente vivirlas como tal…

sin poner letra a la música,
en lo que es ES.

  • Aunque vamos apresurados, el aprendizaje está en lo lento (bien lo saben los maestros de Tai Chi 🙂 ).
  • Aunque ansiamos futuros a medida, las lecciones están en el presente.
  • Aunque buscamos fuera y fuera experiencias, las lecciones están en nuestra cabecita.
  • Aunque anhelamos más, el gozo está en muchas ocasiones en desear menos.

Estamos a tiempo para construirnos en el cerebro de la felicidad y sabiduría. 

No es flowerpower, ¡pura ciencia!

Las consecuencias del virus y la felicidad genuina

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

A veces paseas con amigos y te dicen «si es que se nos pasa la vida», «no nos damos cuenta», «no valoramos las cosas», «con tanto stress»

No sé si te pasa pero yo suelo sonreír y por dentro pienso «¡¡será a ti!!» y después inevitablemente creo que bien vendría un camino introspectivo serio para quien se siente así.

Otro día te encuentras con quien te dice «es que tenemos que decir más veces te quiero, dar más besos a nuestros hijos», «estar con los nuestros», «no olvidar a los amigos» y vuelvo a pensar lo mismo que en el párrafo anterior.

No se trata de personas sino de dónde está puesta la atención y de cómo procesamos.

El cerebro, por defecto, la atención la tiene en el futuro o en el pasado. La sociedad en general lo favorece. Serás en el futuro… cuando te cases, encuentres pareja, tengas hijos, tengas perro, éxito, segunda casa en la playa, trabajo estable, o en los tiempos que corren cuando tengas 100.000 followers, sin necesariamente saber porqué te siguen :).

La vida evidentemente transcurre en el presente pero no vale con saberlo ni con decirlo ni con proponérselo, como no vale querer jugar como Messi, decirlo o proponérselo: hay que entrenar 30 años y comprobar.

El presente por ubicuo que sea, se entrena y de ahí deviene presencia, que es muy distinto.

En la presencia uno no necesita esforzarse para sentir que la muerte acecha cada segundo, que cada instante es único y que aquí no es cuestión de contenidos… sino de continente.

«¿Qué es eso Jose?»

Pues que si un día estuvieras muy malito, muy malito, al borde del otro lado, te aseguro, doy fe, que lo único que querrías es tener la capacidad de darte cuenta, de estar y de ser. Te importarían un rábano los contenidos, es decir, dónde, cómo y qué. Te valdría la M-30 igual que el Emirates Palace de Abu Dhabi.

Las consecuencias de un confinamiento por un virus se asemejan levemente, son un curso introductorio :), a una posible felicidad sin éxito, sin futuro, sin control de un Yo caprichoso.

– Y es que no necesitas la trampa de la autoestima para estar lleno en un futuro, sino que te toca en casita, apañarte con la incertidumbre ahora.

Si ésta nos produce ansiedad… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco necesitas muchos viajes ni posesiones ni salir de casa para encontrarte bien. Está en tu interior la capacidad del bienestar con más bien poco.

Si esto no ocurre… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta que sufras por estar en «cuarentena» y proteger a los enfermos de tu propia salud. Sería kafkiano que el sano sufriera y no el enfermo. Los que sufrirán serán los de la UCI, los que dan el callo y los cuidan y los que mantienen el orden. Ah bueno los autónomos también: esos además no pueden enfermar.

Si sufres… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta aburrirse y pasarlo mal por ello y buscar entretenimiento como un yonki cuando no hay NBA ni Champions. Solo se aburre en una habitación blanca y vacía el que no conoce la farmacia de su cerebro.

Si te aburres… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta que hagas Mindfulness para soportar el stress de la nueva vida cotidiana. Oiga que hasta hace poco pasábamos meses en una casa porque había nieve todo el invierno. Seamos maduros.

Si necesitas convertir la vía en una técnica para tu stress, bueno, quizá sea un comienzo, pero no tiene buena pinta.

«¿Y esto del continente también es cerebro?»

¡Faltaría más! Basta soltar la red por defecto que rumia y rumia sobre nosotros mismos, para caer a áreas y redes en donde uno es y percibe tanto, tanto, tanto el presente, que se llena del mismo. Hasta cuando planifica lo siente ahora. Hasta cuando recuerda lo percibe como un ahora.

Quizá un día todo esto pase, en un mes, en dos o en tres. No se sabe…

Pero pase lo que pase, cuando el exterior vuelva a brotar de flores, pájaros que cantan, mates de la NBA y Champions quizá blaugranas quizá rojiblancas :), y nuevos problemas y retos, nada habrá cambiado para el continente.

Serán solo eventos que seguirán ocurriendo, como contenidos en un espacio, momentos que se perderán como lágrimas en la lluvia como decía Roy Batty, aquel Nexus 6 que se hacía preguntas inteligentes sin descanso.

Que puedas cultivar tu Continente, no solo contenidos y «experiencias».

Podemos ponernos en marcha YA.

Verás lo que pasa después con tu felicidad y sabiduría.

Estar presente ¿incluye el pasado y el futuro?

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Estar presente ¿incluye el pasado y el futuro?

En meditación uno se entrena encarecidamente en estar presente… dado que en la mayoría de las ocasiones la vida ocurre aquí y uno está allí, en sus mundos, ajeno a lo que está sucediendo, y a veces presa de la ansiedad futura o el remordimiento del pasado.

Se enfatiza que lo único que existe es el AHORA, lo cual en un sentido literal es 100% cierto. El ayer no está físicamente y el mañana no ha llegado aún. De hecho esa simple práctica genera extraordinarios beneficios.

Esta práctica, que es uno de los ingredientes que enseñamos en Ciencia de la felicidad y sabiduría, es central en el autoconocimiento y desarrollo de uno mismo.

Con frecuencia, en el aprendizaje empezamos a estar presos del presente y lejanos de donde apunta, la presencia.

Uno se siente forzado a recordarse estar presente y otra, sin embargo la presencia implica conciencia espontánea de un estado atemporal. No desarrollo este punto, no tendría sentido aquí, pero sí quiero recalcar una confusión habitual.

«Jose, pero si entonces estoy presente y no existe el pasado y el futuro… no sé… ¿eso no es bueno no?»

Buena inquisición dado que el entendimiento literal no encaja en la realidad de nuestro cerebro.

El pasado ya pasó, pero está bien grabadito en tu memoria autobiográfica del cerebro condicionando tus acciones. Podemos con mucho mucho esfuerzo y estrategia limitar o incluso reducir al mínimo la tendencia a fortalecer (en vez de debilitar) la memoria autobiográfica. Normalmente esto sobrepasa el objetivo del 98% de practicantes e incluso de la práctica de Mindfulness (que es un primer nivel del camino).

Pero no podemos perder un aspecto del pasado que nos ha permitido… aprender. Si el pasado no existe tal como a veces se malentiende en meditación tendrías que re-aprender todo de nuevo.

El futuro no ha llegado, y por tanto solo existe el presente. Pero de nuevo, creer que nuestro transitar en la vida no precisa de futuro, implica anular otra gran función cerebral: la capacidad de planificación.

«¿Entonces Jose? ¿Presente con pasado y futuro, o presente sin ellos?»

Aquí aparece la clave. De lo que se trata es de darse cuenta en el presente, porque no te puedes dar cuenta en otro momento, de que el pensamiento se vincula al pasado, como recuerdo, como proyección, o bien que se vincula al futuro, como hipótesis, como planificación, como ansiedad, como creación, como sueño o imaginación.

  • No hay nada malo en pensar en el pasado, mientras te des cuenta de que estás pensando en el pasado ahora.
  • No hay nada erróneo en pensar en el futuro, mientras te des cuenta de estás planeando o angustiándote con el futuro, en este preciso instante.
  • Es la capacidad de darse cuenta la que hay que cultivar… no el estar presente porque sí.
  • Es la capacidad de darse cuenta entrenada durante años, cuando el sentir ocupa un espacio mayor que el pensar, sin esfuerzo apenas por cierto.


Ese espacio de darse cuenta es el continente… y ocupa por fin mucho más que los contenidos.

El continente es tan grande que uno recuerda o proyecta o incluso no hace nada, pero siempre habita y percibe dentro de ese gran territorio.

La felicidad y sabiduría tienen una parte que ver con ese espacio y menos con pelear presentes, pasados y futuros entre sí.

Otra parte de ellas no es meditativa ni «individual» sino 100% social, pero de eso hablaremos otro día.

De momento, darse cuenta, darse cuenta, darse cuenta… en vez de estar presente por estar presente.

Practicar artes marciales falsas… y vidas evitativas

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Practicar artes marciales falsas… y vidas evitativas

 

Como probablemente sabes, he enseñado artes marciales internas durante 25 años.  Tengo cierta experiencia con ellas :).

En esos 25 años nunca me dejó de sorprender quienes buscaban afanosamente las artes marciales falsas.

Al principio mediante rumores, luego con leyendas de eremitas en montañas, después mediante libros que prometían poderes mágicos y finalmente con fraudulentos videos de Youtube. No importaba… si uno busca el maestro que le haga volar sin tocarle, lo acababa encontrando.

Así es el autoengaño y opera hasta en un terreno tan «real» como un arte marcial. Te puedes denominar guerrer@ y maestr@ y otros te lo pueden llamar, puedes confiar en que con tu energía mental puedes resistir hasta las balas (no es broma, sucedió en Pekín en 1901, con resultado de muerte), pero por mucho que creas… por mucho que uno insista, el trabajo está ahí, esperándote.

Escojo el ejemplo del arte marcial porque se entiende fácil. Cuando uno practica un arte así busca sí o sí comprobar su eficacia en la realidad.

En el fondo, por raro que parezca, no dista mucho de una ciencia: uno tiene una hipótesis, planea un ensayo, obtiene resultados, saca conclusiones, se abre a una discusión y genera nueva hipótesis.

Y sobre todo no lo hace solo, dado que uno mismo no puede ser juez y parte (atento si eres «amimefuncionista»).

Pero a veces caemos al cerebro del guerrer@ etéreo, con luchas imaginarias que solo suceden en nuestra cabeza y trajes de seda verde satinada que esconden nuestras lordosis.

Lo hacemos cuando insistimos en huir a toda costa de la prueba de realidad, siendo tozudos en nuestro camino, rechazando toda «confrontación» en nombre de lo puro o de lo que toque en ese momento como coartada.

La vida evitativa es posible, pero con alto precio.

Con frecuencia defendemos:

  • magias que no nos vuelven Harry Potter,
  • dietas que no nos funcionan,
  • terapias que no nos curan,
  • prácticas que no nos transforman,
  • filias que no nos calman,
  • libros que no nos ilustran,
  • dispersiones que no nos centran,
  • entretenimientos que nos embotan,
  • «influencers» que nunca dieron un palo al agua,
  • y corrientes de pensamiento casi terraplanistas.

El bienestar no llega por creencias ni por habitar el reino de lo ilusorio.

No va siendo más feliz el que se lo cree, sino el que lo cultiva, en toda circunstancia.

Hay que abrirse a despertar porque 25 años de práctica ilusa no te convierten en maestro.

25 años de prácticas que no transforman,
25 años de filias que no calman,
25 años de…

te pueden dejar exactamente en el mismo lugar.

Como un guerrer@ etéreo con su traje satinado.

Hace falta práctica despierta, reflexiva, ágil, imbricada en el día a día y enraizada en lo concreto, lo práctico y lo real.

Dale vueltas a si verdaderamente eres alguien mucho más feliz y sabio que el año pasado.

Dale vueltas a si tienes herramientas para superarte año tras año o para elevar tu vitalidad y motivación más allá del ginseng y la vitamina C.

Que sepas que ES posible avanzar sin éter.