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Ciencia de la felicidad y bienestar

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Por higiene: CERO Whatsapp´s y MUCHA ciencia

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Me encantan las redes sociales. Me parecen un avance porque permiten por primera vez conectar personas con una alta intensidad a lo largo del tiempo y del espacio sin los intermediarios habituales.

Además para lo que me yo dedico son brutales: puedo analizar mucho mejor el comportamiento humano.

Tienen sus peligros y sus adicciones: toda solución trae consigo un problema nuevo a resolver.

Me hace gracia el miedo exagerado que suscitan en algunos como si el poder estuviera en ellos y no en quien las usa. Es como ver en un cuchillo a un asesino y sangre, en una comunidad solo vecinos que molestan, en una sociedad solo personas que sobran y en una Play Station la pura alienación de la raza. Yo la verdad cuando veo un cuchillo veo un panadero preparando un lindo bocadillo para muchos niños.

El tema de hoy es: por higiene, CERO Whatsapp y MUCHA ciencia.

–  No hablo de los memes de mis amigos, bienvenidos sean.
– No hablo de cuando nos envíamos los buenos días chic@s mucho ánimo a todos.
– Tampoco hablo de los grupos de los cursos y a los que asisto cada día por Whatsapp cada día en horas precisas.

Hablo de las patatas calientes que se comparten y que dicen más de ti que del propio contenido.

Una gran parte de la confusión y ansiedad exacerbada (ya hablamos el otro día que hay una lógica) viene de dar pábulo a informaciones poco fiables.

Es el cerebro del chismorreo. Ya sabes que somos una especie hipersocial y que estamos preparados para influenciar y ser influenciados de una manera que ni imaginas.

Pero nuestro cerebro, como no ha sido diseñado por nadie, (basta ver sus imperfecciones jejeje), tiene ciertas limitaciones y características.

Hoy te quiero hablar del sesgo de veracidad.

Gracias a este sesgo nos creemos todo. 
Tendemos a creer a todos.
Partimos de que el otro dice la verdad y que lo que dice es verdad.

¿No te parece maravilloso? ¿Porqué es así?
Porque a lo largo de la evolución es más útil creer a los demás que sospechar y analizar si cada persona te está mintiendo.

En tanto los chorizos son minoría (lo que pasa es que salen como noticia y parece que son todos), el que te engañen algunas veces en la vida es menos costoso que parar todas las comunicaciones y relaciones por infinita sospecha. 

El problema del sesgo de veracidad en estos momentos es que tiendes a creer todas las informaciones. Y mucho más las que encajan en tus modelos previos… que pudieran estar afectados por sesgos menos amables, por decirlo suavemente.

Solución rápida. Por higiene CERO Whatsapp´s donde se hable de pandemias, crisis, orígenes, culpables, historias… ¿Podrías asegurar al 100% que son verdad? ¿O te creíste hace dos semanas que es inminente que se cierre Madrid?

ES más sano limitarse a la mañana y a la tarde buscar los datos de los científicos. 

De los científicos por favor: es su momento, igual que el tratamiento le corresponde a los médicos no a los abogados. 

Ya sé que nunca fueron invitados a tertulias y que una y otra vez se ha favorecido el ver la intelectualidad como aburrida (jejeje debe ser que la ignorancia es divertida). También sé que deben proporcionar soluciones AHORA aquellos que llevan años y años y años denunciando condiciones injustas para desarrollar su trabajo. 

No temas preguntarles qué es eso de una Odds ratio, una escala logarítmica, o porqué una vacuna tarda tanto tiempo. 

Pregunta incluso porqué menos muertos en un país no significa necesariamente que se hayan hecho las cosas mejor. 

Deja que ellos te enseñen a interpretar un dato, no a manipularlo. Podría ser un buen momento para aprender una habilidad que es rara avis: la capacidad analítica y de discernimiento entre tanta información.

No perdamos tiempo en odios interesados, en la simpleza del único culpable, ante un problema que supera e implica a todos los países más allá de sus gentes, sus credos, sus ideas y sus estrategias. 

Te podrán decepcionar porque no te darán soluciones simples ni rápidas te lo aseguro. De hecho dirán la famosa frase mágica: «aún no sabemos lo suficiente».

Pero lo cierto es que ya tenemos bastante dolor, ya sufrimos bastante incertidumbre, ya tienen muchos el sistema de stress en alerta como para alimentarse por el sesgo de veracidad en tu contra.

Usa ese tiempo para emocionarte con los que ayudan, con la disponibilidad del vecino amable, con el afecto del que se preocupa por ti, con el altruismo del que trata de poner su granito de ahora, con la mirada inocente del que aún confía en la vida y sus gentes.

Como decía Berthold Bretch: «esos son los imprescindibles».
 

Podemos olvidar peligrosamente todo esto

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

Sí claro que es posible.

Puedes olvidar peligrosamente este asunto en unos meses o quizá en un par de años.

«Esta vez no Jose, no puede ocurrir, ni como persona ni como sociedad».

Ojalá pero por si las moscas sigue leyendo…

Tengo muchos ejemplos.

– Recuerdo una persona en una situación post cirugía oncológica in extremis. «Quería aprender a vivir por fin» pero tras estar más cerca de la muerte que de la vida su máxima preocupación era garantizar su economía hasta el último de sus días. Solo que para la mayoría tenía ya garantizado hasta las vacaciones de sus tataranietos. ¿Porqué sucede esto?

– Conocemos a fumadores empedernidos que tras infarto no consiguen siquiera un día soltar su vicio. ¿Porqué sucede esto?

– Qué decir de ese fantástico alcohol socialmente tan bien visto, cuando alguien te anula una y otra vez un partido contigo porque tiene resaca y ya pasa de los 30 :)… y no consigue deshacer esa costumbre. ¿Porqué sucede esto?

– Lo podemos observar en ese que se enfada y se enfada con lo mal que está el barrio o la ciudad sin más motivos que una esporádica papelera rota o un repartidor en doble fila o un robo de lunas en uno de los miles de coches. ¿Es que no ve las flores, los niños sonriendo, la gente amable ni escucha los pájaros por Dios? ¿Porqué sucede esto?

– No hablemos ya de esos miles de intentos fracasados por estar más flaco y más guapo (sin medios externos 🙂 ), o estudiar y leer con más ahínco o regular algo mejor nuestras emociones. ¿Porqué sucede esto?

No me refiero ya a ser mejor persona o cultivarse o amar con más sabiduría sino a cosas básicas.

La respuesta es clara: Hábitos.

Esta tarde lo decía un vecino tras los aplausos. Igual esto se nos olvida porque los espa… somos la leche y tal.

Es decir que incluso sabiendo que se nos olvida, ya sabemos que va a suceder. No es pesimismo… sino que él ya reconoce la fuerza e intensidad de los hábitos.

¿Porqué sucede esto?

La clave está donde siempre: en cómo funciona tu cerebro.

Hemos evolucionado y sobrevivido para favorecer respuestas inmediatas.

Los aprendizajes instrumentales forman memorias procedimentales muy muy estables y poderosas. No olvidas montar en bici ¿verdad? Lo que se vuelve hábito no se deshace con planes, con charlas TED ni con visualizaciones cósmicas.

Estamos presos de nuestra mente reactiva…

Si tu mente reactiva ha sido cultivada durante muchos años para que responda con amor, paciencia y calma en una situación como esta ¡eso es lo que ocurre!

Después cuando todo esto acabe, volverás a tus hábitos, ¡¡a los que hayas cultivado en tu vida «anterior»!!

Y en tanto estos forman parte de las memorias más estables y fijas de tu cerebro, difícil será cambiarlos.

¿Entonces Jose, le das la razón a tu vecino?

Sí y no.

para quien se conforme con saberlo.

No para quien quiere aprender que hay algo más que la mente reactiva.

Existe una atención que se puede cultivar para aprender y acostumbrarse a nuevos modos.

Esta atención va mucho más allá del corto plazo, del placer inmediato, del egocentrismo como bandera y del narcisismo del postureo.

Esa atención te permite ir aprendiendo que la satisfacción vital siempre es a largo plazo. La sabiduría exige distancia, no hay otra.

Oye esto es ciencia: solo si apagas conscientemente tu red por defecto y la enfocas en la construcción de algo nuevo podrás deshacer esas reactividades, negatividades, pasividades y problemas varios.

Los que vuelvan a NO aprender mucho de esto harán bueno a Freud y sus mecanismos de defensa:

– Racionalización y proyección: «de algo hay que morir», «ahora toca disfrutar», «bueno como la culpa fue de X», «ahora no volverá a pasar».

Los que aprendan harán bueno a Hebb. Usarán su neuroplasticidad para construirse en la dirección que un problema global te sugiere. Y aviso: costará … no se construye en una hora.

Esos amarán mejor y a tod@s.
Sabrán que no solo existe un Yo sino también un nosotros.
Igual hasta aprenden que la Tierra es un ser vivo y que somos hijos de ella, no sus dueños.
Vivirán incluso cada momento como único y cada presente como un instante que saborear.
– Disfrutarán de un gozo que solo lo puede narrar quien lo vivencia y que supera la ansiedad por nimiedades.
– Conocerán lo que es una mente sin softwares instalados por otros.
– Pujarán por relacions, empresas y negocios win – win.
– Serán también más productivos, en tanto rinde más quien más clara tiene su mente.
– ¡¡Encontrarán maravilloso lo y a los diferentes!!

Algunos para conseguirlo tendrán que deshacer otro hábito y es que estas cosas no se hacen sol@, sino acompañad@s, guiad@s y sostenid@s.

Ojalá honres a Donald Hebb y te potencies a largo plazo.

Que así sea. No olvides por favor.

Excalibur y qué solos se quedan los muertos

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

¿Recuerdas estos versos del colegio?

 

«…y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron».

 

«…De la casa en hombros
lleváronla al templo,…»

«Dios mío que solos se quedan los muertos».

Estos versos de Bécquer hoy son imposibles. Ya somos muchos los que con el virus global hemos perdido a un familiar o a un amigo estos días.

Quizá es el momento de aterrizar a una realidad que pocas veces hablamos: el duelo y la despedida en una sociedad que a veces favorece en exceso valores de «juventud y belleza» como medida de todas las cosas.

El caso es que te puede haber ocurrido ya, que nadie salió de la triste alcoba, ni nadie ha podido, no ya coger en hombros, sino enterrar, acompañar y despedirse.

Profundicemos un poquito más en ello.

Este sentimiento de duelo lo encontramos en elefantes que acarician con su trompa al difunto y puede que con el paso de los años muy probablemente se pueda demostrar en otros animales.

Donde hay duelo es porque hubo lazos, unión y afecto, es evidente.

Donde no se respeta o entiende, es evidente que no se tiene esa mínima compasión humana que más allá de quien sea el otro, entiende que toda persona merece morir con dignidad y en compañía.

El cerebro es hipersocial así que no nos debe extrañar lo duro que resulta perder a alguien y lo importante que es honrar el último suspiro. Históricamente lo vemos: cuando por accidentes, raptos, pérdidas, guerras o dictaduras los seres humanos no han podido despedirse su dolor nunca se cierra.

Hay quienes tienen diferentes perspectivas sobre este fenómeno, pero bastaría que conocieran esta hipersocialidad cerebral para caer a una compasión mamífera que nos muestra quienes somos. La compasión no es una técnica new age, sino una clave de quienes somos.

La situación de estas semanas nos invita, y lo sugiero, echar una mirada a la muerte. Siempre lo hago en las formaciones y cursos desde hace 20 años, insistiendo en el presente, en no dar nada por hecho y en que cada noche te hayas despedido para siempre de todos y del mundo. Pero no con palabras y promesas… sino con ejercicios y acciones concretas. Sé muy bien que así se vive despierto y sabiamente simple.

La incertidumbre que acecha ahora nos aconseja una visión que valore el verdadero sentido e importancia de la vida.

Están bien los memes…, de hecho el humor permite relativizar, soltar stress y tomar distancia, pero también se trata por fin, de profundizar .

Hoy quiero compartirte esta «foto» que es una de las señales de identidad en el laboratorio donde investigo. Estos Homo de Atapuerca (hace 400.000 años) lanzan Excalibur en la conocida Sima de los Huesos. Excalibur es una piedra bifaz encontrada en lo que podría ser un ritual, y que presumiblemente se lanzó para que los fallecidos en la sima se llevaran la bifaz y así poder cortar la piel de los animales en su metafórico viaje tras la vida. Excalibur (así la llamaron) sugiere un sentido de ajuar funerario, es decir que ya hace mucho, muchos antes que aparecieran las primeras civilizaciones y religiones, los primeros humanos tuvieron conciencia de la muerte.

Arte, lenguaje, muerte… fueron formando la mente humana.

Ni que decir tiene, que murieron acompañados y conocieron sus tumbas.

Por eso hoy quisiera:

– Que podamos siempre despedirnos del otro y tener un entierro digno.

– Que puedas hoy resolver lo pendiente, como si no hubiera un mañana.

– Que te sirva como guía para descartar lo superfluo y quedarte con lo vital.

– Que puedas desarrollar sin límite tu cerebro social, ese que nos hace humanos (e inteligentes).

VIRUS a toro pasado, la zorra y las uvas

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios

A toro pasado los expertos nacen como las setas de otoño. Antes del evento no tanto ¿verdad?

Me gusta casi más la fábula de Esopo, «Las uvas y la zorra». Cuando ésta intenta alcanzar las uvas y no lo consigue dice que no estaban maduras.

Los expertos aparecieron también con la victoria de Trump. El día después los mismos analistas que habían fallado estrepitosamente se atrevían a explicar los porqués… que no supieron predecir. Curioso…

Sucede en las crónicas del deporte. Narran la derrota del favorito ¡en términos que descartan la propia sorpresa!

Los hay quienes lo llevan al amor: «lo que podría haber sido aquel día, si en aquel momento, si…».

Con el virus sucede algo parecido. A la mayoría nos sale una vena de analista contrafactual y al parecer, me cuentan, en los medios y redes surge todo tipo de certezas de lo que se debería haber hecho y cómo haber evitado algo así. Es normal, pero pocos lo dijeron antes.

Las uvas y la zorra, a toro pasado…

Hoy quiero hablar de ese fenómeno, el pensamiento contrafactual que se traduce por un ¿y si? en referencia a otro curso de acción: «si se hubiera hecho X y no Y, habría sucedido algo diferente».

En estos días nos sucede y no es para menos. Activamos ese modo de pensamiento. Como la realidad es dura, poco agradable, nos gustaría retroceder al pasado y haber tomado otro curso de acción.

En principio esto no es malo, nos puede servir para en las ocasiones debidas y en su justa medida, generar culpa y arrepentimiento, ambas emociones sociales útiles.

Pero a veces el pensamiento contrafactual nos habla más de nuestras miserias que de nuestras luces y sobre todo nos daña… y bastante tenemos ya.

Un ejemplo. Tengo un conocido que cuando conseguí un cuarto Dan en artes marciales internas me dijo: «yo hacía Karate de pequeño hasta cinturón naranja. Si hubiera seguido ahora sería tercer o cuarto Dan». Yo también, si hubiera crecido hasta los 2.05 jugaría en la NBA.  En los Celtics concretamente :).

Es el pensamiento contrafactual ilusorio.

A veces nos aparece en modo gruñón. Insisto: esto no es inteligente por lógico que sea, acabarás quemado.

A veces nos surge desde el puro miedo. Si hubiera hecho esto, no estaría aquí muerto de angustia.

Lo contrafactual aparece sobre todo contra el otro. Es tan duro que es lógico proyectar de forma simple en un único culpable.

Recuerda: la peste negra y los judíos.
Recuerda también que la causa era más compleja: una bacteria que venía en barcos desde Asia. Y no olvides que ninguna de las soluciones que se hubieran tomado tenía que ver con ellos sino con la higiene.

Una buena solución a lo contrafactual, para que no nos haga tanto daño, es hablar en primera persona del plural.

Quizá sea más responsable decir:

– ¿Porqué nos ha ocurrido todo esto?
– ¿Qué sociedad estamos construyendo?
– ¿Qué valores son importantes?
– ¿Qué es un sistema sanitario?
– ¿Qué papel debe jugar la ciencia respecto a la salud?
– ¿Qué nivel tenemos como ciudadanos para seguir o saltarnos normas?
– ¿Qué nivel tienen los dirigentes de todos los colores de Europa (UK, Francia, Italia, España) que no han conseguido parar esto?
– ¿O está más allá de ellos e incluso de los expertos?
– ¿Qué tiene que ver la biodiversidad en todo esto?
– ¿Cómo podría evitarse algo así de nuevo?
– ¿Cómo podría yo poner un granito de arena para este nuevo mundo dentro de unos meses?

Te confieso que no aspiro a tener respuestas pronto…

La segunda estrategia que animo a seguir para no quemarnos en el ¿Y si? es que la realidad manda.

Spinoza la seguía: el actualismo, es decir, lo que ocurre, es lo que Es y no pudo ser de otro modo, de hecho está ocurriendo ahora. Y los que hemos dedicado gran parte de nuestra existencia a la introspección, amamos este presente, porque sabemos que es la oportunidad para la acción.

Así que hay algo muy claro, esto está sucediendo, es real, vamos a hacerlo lo mejor posible.

Nosotros, nosotros y nosotros: Homo Sapiens Sapiens.

Animo y paz-ciencia para tod@s.

PD: por cierto Spinoza era hijo de judíos sefardíes que habían huido de país en país. El mismo abandonó toda creencia hasta alcanzar la independencia intelectual, esa que nos permite avanzar hacia la felicidad y sabiduría.

Gallardía, épica y honor contra el VIRUS

By | Ciencia de la felicidad y bienestar | No hay comentarios
Me hace gracia el vocabulario que usamos cuando nos enfrentamos a diversos problemas.

Aparecen las palabras: venceremos, conquista, victoria, guerra,  gallardía contra el «virus», enemigo «microscópico», resistencia, batalla, «virus chino»…

Parece por este lenguaje que fuera necesario un orgullo especial, un sentimiento peculiar de pertenencia, una osadía nada habitual para solucionar el problema.

Ya se hablaba así cuando la peste bubónica asoló Europa.
– Se acusó a gatos negros y judíos de ello.
– Se animaba al pueblo ¡a vencer al enemigo!
– Se acusaba al que la contraía de no ser buen creyente y haber sucumbido a la tentación del demonio.
– Se incitaba a rezar más alto, más fuerte y más claro.

Normal, era lo que se sabía hacer.

Pero al final la solución fue menos bélica. Bastaba, en contra de la opinión generalizada, aumentar la higiene, la distancia social con los contagiados o el poder enterrar a los muertos y quemar azufre en las casas o limpiar con vinagre.

Como ves, medidas muy tranquilitas, sencillas, poco épicas la verdad. Daba igual que estuvieras orgulloso o no de quemar azufre, la cuestión es que lo quemaras :).

El lenguaje y las palabras en el cerebro tienen muchas peculiaridades. De hecho nuestra voz interior, esa que no para de decirte cosas (muchas no elegidas por si no te habías dado cuenta) y  técnicamente llamada el bucle fonológico activa áreas y redes precisas según su uso.

Hay lenguajes y lenguajes… unos transforman el cerebro y otros lo queman, lo inundan de cortisol y entorpecen nuestras funciones mentales. Además el lenguaje no vence al enemigo, la inteligencia probablemente.

No es cierto que cambiando el lenguaje cambie nuestra realidad (cero evidencia científica de ello), hace falta mucho más jejeje, pero sin duda nos influye.

Por eso hoy me propongo hablar de dos lenguajes que aparecen estos días. Elige después tú el más apropiado para tu confinamiento.

Empezamos por preguntarnos porqué tendemos a usar lenguajes bélicos y qué se desprende de ello.

Recordemos que ha habido una reducción drástica de la violencia en los seres humanos hasta niveles históricos ridículos (pero aún mejorables claro) en los últimos 200 años.

El mundo ha avanzando muchísimo (lo siento por estos pesimistas agoreros que nunca ven nada bueno en el humano). Me evito inundar de datos para no extenderme.

La violencia ha sido tan ubicua, tan descarnada, tan brutal, que nos encantan aún las historias de Homero, las gestas bíblicas, el cine negro, las películas de terror, acción y superhéroes, el western y los videojuegos de Call of Duty o Tekken :).

Es como si el cerebro a pesar de que la sociedad ya no sonríe a los duelos de honor (como los que más de un vicepresidente americano participó) ni a la quema pública de brujas, ni a la caza indiscriminada de animales (hay tristes excepciones), ni a la esclavitud y el maltrato, ni a poner bustos en las plazas de la ciudad a militares que vencieron a enemigos, nos siguen gustando escenas imaginadas, leídas o en películas donde hay cierta tensión, violencia, guerra y épica.

Aunque para algunos les parezca un suavizado social excesivo el no poder ejercer el poder de aquella manera, el movimiento es imparable y no es debido a un político especial, de un lado u otro, sino a un humanismo y progreso que decidió apostar por la razón y los derechos hace un par de siglos (léase Stuart Mill, Jefferson, Locke, Kant y otros).

Pero ¿tiene sentido este lenguaje bélico tan reactivo ahora?

Ya expliqué hace unos días que ni los virus (ni los anticuerpos) entienden de países. Se sobreentiende (espero) que tus heces y esputos no son italianas germanas o españolas, sino heces al fin y al cabo.

El caso es que al virus no hay que «vencerle y exterminarle», sino dejarle entrar en nosotros los sanos, pero mucho más despacio de lo habitual, para que así podamos atender con mayor calidad a los que no están tan sanos.

De este modo además protegemos a los que ajenos al virus sufrirán esta semana un infarto, un ictus, un accidente o una apendicitis y necesitarán una UCI.

Esta visión bélica tan curiosa olvida a veces que vivimos en simbiosis.

De hecho un exceso de belicismo contras las bacterias (mal uso de antibióticos) está creando las superbacterias multiresistentes (un serio problema en ciernes).

Recordemos que en tus intestinos hay ahora mismo del orden de billones de bacterias en una proporción 10 a 1 respecto de tus células.

Como dice Sarkis K. Mazmanian, del Instituto de Tecnología de California: «Nuestro narcisismo nos ha impedido avanzar; hemos tendido a pensar que disponíamos de todas las  funciones necesarias para nuestra salud en nosotros».

Por raro que te parezca dependes de esos 3.3 millones de genes bacterianos (tú tienes 22.000) para sobrevivir.

Los necesitas para sintetizar vitaminas o metabolizar glucosa y no podemos matarlos sino vivir en armonía y equilibrio.

Vamos sabiendo que numerosas enfermedades y desequilibrios parten de una desarmonía entre estos hospedadores y huéspedes.

Por eso muchos alzan la voz serena y saben que no hace falta un lenguaje bélico para lograr lo que teníamos: cierta estabilidad y armonía.

– Hay que aplanar la curva señores, no cortarla de cuajo con una katana.

– No hay virus chinos, hay microorganismos que necesitan biodiversidad (¿te suena cambio climático?).

– No hay batallas épicas con orgullos de dominación, sino tiempo que ganar para una inmunidad de grupo y un sistema sanitario que no colapse.

– Hay que quedarse en casa, pero no solo por los de tu barrio, tu ciudad o tu país sino por toda la humanidad. ¿O el virus entiende de fronteras?

– Hay que recuperar la economía pronto, pero no solo la tuya, también la china, la americana, la de todos. ¿O nos basta con la de nuestro barrio?

En definitiva que aunque a todos nos sale ese lenguaje bélico de película de cierto exgobernador de California, es maravilloso darse cuenta que:

– Esto no va de belicismo sino de ciencia e inteligencia.

– No hay nada independiente… sino que todo es interdependiente (¡siempre lo fue!).

– La armonía permite la vida, atentar contra ella, incluso biológicamente no consigue mucho a largo plazo.

– Atento al agente (virus), pero no olvides el terreno (biodiversidad). Recuerda que Pasteur en su lecho de muerte dijo exactamente eso: «Bernard tenía razón, el terreno lo es todo».

Abonemos pues el cerebro de palabras habitadas como:

armonía,
paciencia,
biodiversidad,
cooperación,
compasión con el otro,
paz-ciencia,
humanidad compartida y
esperanza.

Estas, te aseguro, no generan cortisol.

¿Oiga puedo sentir miedo o es histeria colectiva?

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Es una pregunta sabia porque también nos hablan de «la pandemia del miedo», «el miedo escénico» y «la histeria colectiva».
Tienen parte de razón sin duda y al final lo recorro. Pero una  gran parte NO, especialmente la actitud desde la que se habla o el lugar desde el que pueden afirmar eso.
En el medio, la virtud, y en el conocimiento, el modo.

1. Si lo sientes, lo sientes.

Animar a no sentir miedo a un miedoso o decirle que forma parte de la histeria colectiva, es como decirle a un borracho que analice fríamente el asunto, a un psicópata que empatice o a una narcisista que por favor no hable siempre de sí misma.

Si lo sientes, lo sientes. No te juzgues ni dejes que te juzguen. Esto no va de gallardía y arrojo (menos épica lo siento) sino más de inteligencia.
Si te obligan a no sentir miedo o si te juzgan por ello, empezamos mal. Se empieza por la aceptación no por la reparación.
2. Es lógico sentirlo.
Sin lugar a dudas y por varias razones.
La primera es que viene de base y en unas personas más que en otras. Tengo amig@s ansiosos y yo soy lo contrario, pero no es mi virtud, sino una característica con aspectos positivos y negativos (de hecho debería haberme agobiado algo más en muchos instantes de mi vida para tomar mejores decisiones). Así que juzgar al que le viene por genes, educación y personalidad (esta última no cambia por cierto, no banalicemos) es ridículo.
3. Es solo un 3% la mortalidad
Esto es lo más gracioso 🙂 :). Utilizar un número para intentar apagar algo que viene de las entrañas.- ¿Tienes miedo a las serpientes? Sí probablemente.
– ¿Cuánta gente muere de ellas? Muy poca.
– ¿Te sirve que el número de fallecidos por serpientes sea bajo para superar ese miedo? No.– ¿Tienes miedo a los coches? No.
– ¿Cuánta gente muere en accidentes? Mucha.
– ¿Te vuelve eso fóbico a tu deportivo rojo? No.
– ¿Se tiene miedo al cambio climático? (y mira que es peligroso). No mucho. Basta ver a los políticos de turno que se reían de ello desde su torpeza. Y sin embargo la contaminación causa muertes directas cada año, pero no da sensación de miedo.
– ¿Se tiene miedo a un virus, a un contagio, a una bacteria? ¡¡Sí!!  Repito: ¡¡ Sí !!
– ¿Porqué? Porque ha sido primera causa de muerte a lo largo de miles de años y hasta hace apenas 200 lo ocupaba todo (benditos Pasteur, Koch, Fleming y Jenner).
Está grabado en tus genes y cerebro hasta en el más minúsculo rincón.
– ¿De dónde crees que vienen muchas de las prohibiciones, rituales y dogmas de numerosas tradiciones y religiones?
De la simple posibilidad de infectarse por comida, personas, hacinamiento, prácticas sexuales, viajes y animales. Otra cosa es que luego la gente las siga porque «hay que seguirlas».
Así que es lógico que la palabra virus o bacteria remueva miedos ancestrales. Que no te juzguen por ello…
4. La mayoría, sin embargo, no tienen miedo al virus.

Un gran porcentaje no son unos histéricos la verdad. Tienen muy claro que lo que temen es perder sus trabajos, su economía, sus pequeños ahorros, su viaje, su congreso, su curso, sus clases, su hipoteca, su alquiler, su nuevo negocio, su nuevo proyecto, sus clientes, sus proveedores, su empresa, sus trabajadores con sus familias, sus oportunidades, su nueva estabilidad por fin, sus sueños y su descanso, es decir, sus motivos y razones de vida. Y también temen perder a sus papás de 70 u 80 años… vaya un padre y una madre, casi nada.

Va a resultar que es lógico ¿no?

 

5. ¿Esto último es histórico, se repite?

Sí. La historia de la humanidad no es la historia de la justicia social sino de lo contrario. Hemos reducido muchísimo la violencia, gracias al humanismo y el progreso, pero ¡aún queda para la equidad y el mérito!

Dado el ejemplo que nos dan las instituciones y sus representantes de todos los colores no es fácil confiar en lo que propongan, de modo que va a ser que sí hay motivos para determinado nivel de ansiedad.

Ahora bien… vamos con el lado B.

¿Te interesa con un nivel lógico de ansiedad hacer que crezca exponencialmente hacia el pánico?

– No, porque te lleva a anular la razón, la inteligencia y el bienestar.

– No tardarás ni cinco minutos en buscar culpables (siempre el que era antes tu enemigo claro, ¡pedazo de análisis!) y siempre con soluciones simplonas.

NOTA: como simplona es generalizar una histeria colectiva si miras el punto 4.

– Vas a necesitar medicación o terapia (no pasaría nada, no es malo) y vas a entorpecer sí o sí tu cerebro.

– Vas a ver como real lo que «crees que podría ocurrir» y se va a escurrir entre los dedos lo que está sucediendo ahora. En definitiva vas a activar en tu cerebro las áreas que ven monstruos en vez de molinos de viento.

¿Te interesa ver cada día 30 veces en los medios que cobran de aumentar el miedo y el borreguismo de la gente para así impregnarte más y caer en la histeria?

Tú verás… Mis «influencers» nunca están en las revistas del corazón ni en la cháchara ni en el amarillismo.

¿Te interesa no reflexionar y seguir a la masa que se adoctrina sola?

Espero que no… o caerás a la histeria.

¿Te interesa hablar, compartir y defender opiniones con pocos datos y así convertir la leve ansiedad lógica en esa histeria que se cita?

Tú verás…

¿Te interesa, como ejemplo, no saber que había problemas de sarampión en Africa (siguen) hace unos meses y «no se hace nada» pero te pilla lejos u olvidar en unos meses que la bella Australia fue arrasada hace nada por el fuego?

Espero que no… Los problemas son globales no solo de mi barrio.

En resumen:

1. Si sientes ansiedad, te entiendo y te abrazo.
2. No te juzgues ni que te juzguen. Que nadie se ría de que temas tener que buscar trabajo de nuevo o no poder pagar tu casa. Eso no es histeria.
3. Acoge, en vez de huir, tu emoción y tu estado.
4. Evita sensacionalismos, odios, explicaciones fáciles y rumores. No aportan nada a los datos.
5. Evita también a machotes que se jactan de salir el fin de semana a la sierra.
6. Evita los que hablan más de culpables que de cómo ayudar a quien sufre.
7. Honra a los que se arriesgan por todos nosotros y llevan una vida haciéndolo. No les olvides cuando todo esto haya pasado.
8. Escucha a los pocos que saben de esto.
9. Únete a la gente noble, bonita y sencilla.
10. Aprende a vivir y discernir: una mente clara es un tesoro.

Volver a la A-normalidad

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Volver a la A-normalidad…

Nos avisan, con buenas intenciones, (la esperanza tiene su sentido) que volveremos a la normalidad.

Espero que no, que no volvamos a esa «normalidad«.

Yo prefiero llamarla la A-normalidad y no contiene ningún matiz despectivo sino profundo.

Porque sería a-normal dejar de aplaudir a sanitarios que cobran siempre menos de lo que merecen.

Sería a-normal volver a prescindir o limitar un servicio tan importante para una sociedad o peor aún ¡creer que es gratis!

Más a-normal sería de nuevo no tener en cuenta a la ciencia, o no valorarla una vez más y alejarla del mundo real donde solo hablan periodistas venidos a menos, tertulianos huecos e influencers sin filosofía.

Sería a-normal olvidar que es ella y no otras disciplinas quien traerá 1. respuestas y 2. soluciones. Otra cosa es quien las implementa y a quienes llegan, pero eso no será labor del virólogo o el biólogo.

Sería muy a-normal volver a criticar y criticar la tecnología que usamos porque sí y que hoy permite a esa abuela apunto de morir sola enviar un video grabado en una tablet a su nieto… de despedida. Casi nada…

Sería muy a-normal olvidar que Tierra y vida son uno de forma global y que no es «cool» ni «buenista» ni «naive» cuidar o preocuparte por ella.

No imagino volver a la normalidad del cansino desarrollo personal que se centra en el individuo, olvidando lo social o que cree que el «éxito», ese palabra, puede ser conjugada en primera persona.

Tampoco quisiera volver a ver modelos de liderazgo personal y social con la visión pobre del «si tú quieres puedes» como modelo de comprensión de la sutil mente humana.

Sería extraño seguir ciego viviendo en un mundo de certezas ilusorias, que derivan en una salud mental frágil y para las que se abusa de benzodiacepinas y analgésicos de la vida.

No soportaríamos, espero, una sociedad que vuelva a olvidar la filosofía, la cultura o el arte y vibre con el borreguismo y el sacar pecho por ser anti-intelectual.

Sería de nuevo muy aburrido escuchar los eternos debates del y tu más, o la pueril creencia de que el problema es el enemigo.

Sería bobo por nuestra parte caer de nuevo a la mente errática, automatizada, aprendida, tan fácilmente predecible en su conducta y sus neurosis.

Sería absurdo perder una oportunidad única y no abrazar el presente y la existencia desde un lugar más auténtico y tranquilo.

Lo cierto es que la llamada distribución normal solo aparece en la estadística y muy pocas veces (y mira que joroba 🙂 ).

Lo habitual es un sistema complejo, en red, vivo, hiperconexionado… no lineal… donde las explicaciones de buenos y malos, win – lose, son ya de la Edad Media.

No, espero NO volver a esa «normalidad».

De hecho ciertas normalidades causan anormalidades posteriores.

Espero como siempre, valorar incluso más, aprender, respirar este segundo y mirar a los ojos sin tiempo o abrazar la piel sin prisa varias veces cada día.

Estudié VIROLOGIA pero no sé nada…

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Estudié en la universidad virología y también inmunología en Biotecnología con un magnífico profesor del Instituto Carlos III (practicante de meditación) que por cierto fue compañero de Mathieu Ricard («el hombre más feliz del mundo») en París cuando estaban en el Instituto Pasteur. 

Todavía recuerdo lo que es un virión, una cápside, la envuelta, un retrovirus, un vector, una enzima de restricción, un parvo, un circo, un irido, un astro, un picorna, un calici y por supuesto un corona. 

En las prácticas de ingeniería genética jugábamos con todo eso en una apasionante cita con la vida y la responsabilidad humana faltaría más.

Pero si me preguntas por lo que ocurre ahora te diré muy probablemente: NO SE.

No es mi especialidad, no tengo suficiente experiencia, no tengo datos fiables siempre, no se sabe aún cómo es este minúsculo ser vivo, no soy quien, necesito leer a los expertos del CSIC y eso lleva tiempo y análisis, hay que ver cómo evoluciona todo… luego la verdad es que NO SE, ¡no me corresponde a mí!

Es más no quiero que esta situación refleje mis neuras sino mis silencios. Prefiero escuchar de los que saben más.

El mensaje de hoy es que es posible NO SABER y no pasa nada por reconocerlo. De hecho hay un espacio interesante ahí.

– ​​Hay quienes tienen muy muy claro que es una conspiración, en algún caso reptiliana, en otros Annunaki, en otros anti China, en otros pro China para acabar con su gente «mayor» y otros chemtrails diversos. Por supuesto no falta el laboratorio maléfico que quiere acabar con la humanidad, y para otros es George Soros y su filantropía. Hay conspiraciones para todos… Yo NO estoy tan seguro como para afirmarlo.

– ​​
Hay quienes tienen muy claro que los gobiernos lo han hecho fatal, pero si hubiera sido su partido haciendo lo mismo lo hubiera hecho muy bien. Vaya pedazo de análisis. 

– ​​
Hay quienes tienen muy claro que los gobiernos lo han hecho muy bien, pero si hubiera sido el partido contrario haciendo lo mismo lo hubiera hecho muy mal. Vaya pedazo de análisis. Yo desde luego no tengo la información real de primera mano ni el conocimiento para juzgar. Así que NO lo SE.

– ​​
Hay quienes con afán oportunista o narcisista, o ambos, conocen las soluciones. Dicen que tenemos que tomar regaliz para este COVID19. Suelen tener éxito entre los seguidores de «la cura del cáncer a través del limón exprimido» y mancias parecidas. Si ni sabemos cómo evoluciona el virus no estoy tan seguro como para proponer soluciones. ¿YO? ¿Quién me he creído?

– ​​
Peor aún. Hay nuevos «especialistas» en inmunidad, que creen que ésta es algo que se sube y se sube y se sube hasta fortalecerse, porque estaba muy baja muy baja y si tomas algo o haces determinado ejercicio o postura entonces «sube» tu inmunidad. ¿De verdad sabe quien dice eso algo sobre lo que es la inmunidad? Yo la estudié y no sé nada de ella. Lleva una vida.

​​
El cerebro, como decía hace unos días, no soporta la incertidumbre. Tanto que es una máquina de confabulación: lo que no sabe se lo inventa y luego te das la razón. 

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Lo comprobamos en la visión, con el punto ciego del ojo, o en cómo inventa y rellena huecos. 

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También en los sueños y en la memoria, ¡qué decir en las creencias! 

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Está función del cerebro ya la intuyó Becquer, al «confundir» su amada con un rayo de luna. 

El cerebro no calla, y antes que callar, inventa, pero no sobre la realidad, sino sobre todo sobre la propia memoria , tan cargadita de sesgos y preferencias no siempre ecuánimes.

Sin duda reflejar nuestras neurosis es una posibilidad, una tentación y una costumbre. De hecho como puedes ver se hace extrayendo el mensaje que más nos autodiagnostica.

Esto tiene un peligro que ya me lo decía en 2002 un gran profesor Alain: «Jose, la certeza nos vuelve idiotas».

¿Es todo lo que podemos hacer entonces?​​

Pues no…​​


Otra posibilidad que te comparto es abrazar el NO SABER.

Curiosamente es el paso a un gran silencio, a abrazar una realidad que no siempre comprendemos.

Se parece mucho al amor y éste merece la pena.

Abrazar el NO SABER es un ingrediente de la felicidad y la sabiduría tan importante como «meditar» o «ser positivo».

Además sirve para no hacer el ridículo.

Así que no sé tú, pero yo hay cosas de las que no sé lo suficiente y ésta es una de ellas.

Sin salir por la puerta…

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Sin salir por la puerta
se conoce el mundo.
Sin mirar por la ventana
se ve el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
menos se aprende.

Poema 47 del Tao Te King.
Lao Tsé, s. IV a.C.

Parece HOY más apropiado que nunca este viejo libro de cabecera de mi adolescencia.Y es que todos los viajes llevan a uno mismo.

Quizá hoy, «confinado», uno por fin entiende:

que la vida no son solo experiencias, sino conocer esa capacidad que nos permite darnos cuenta, procesarlas, inventarlas, manipularlas o sencillamente vivirlas como tal…

sin poner letra a la música,
en lo que es ES.

  • Aunque vamos apresurados, el aprendizaje está en lo lento (bien lo saben los maestros de Tai Chi 🙂 ).
  • Aunque ansiamos futuros a medida, las lecciones están en el presente.
  • Aunque buscamos fuera y fuera experiencias, las lecciones están en nuestra cabecita.
  • Aunque anhelamos más, el gozo está en muchas ocasiones en desear menos.

Estamos a tiempo para construirnos en el cerebro de la felicidad y sabiduría. 

No es flowerpower, ¡pura ciencia!

Las consecuencias del virus y la felicidad genuina

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A veces paseas con amigos y te dicen «si es que se nos pasa la vida», «no nos damos cuenta», «no valoramos las cosas», «con tanto stress»

No sé si te pasa pero yo suelo sonreír y por dentro pienso «¡¡será a ti!!» y después inevitablemente creo que bien vendría un camino introspectivo serio para quien se siente así.

Otro día te encuentras con quien te dice «es que tenemos que decir más veces te quiero, dar más besos a nuestros hijos», «estar con los nuestros», «no olvidar a los amigos» y vuelvo a pensar lo mismo que en el párrafo anterior.

No se trata de personas sino de dónde está puesta la atención y de cómo procesamos.

El cerebro, por defecto, la atención la tiene en el futuro o en el pasado. La sociedad en general lo favorece. Serás en el futuro… cuando te cases, encuentres pareja, tengas hijos, tengas perro, éxito, segunda casa en la playa, trabajo estable, o en los tiempos que corren cuando tengas 100.000 followers, sin necesariamente saber porqué te siguen :).

La vida evidentemente transcurre en el presente pero no vale con saberlo ni con decirlo ni con proponérselo, como no vale querer jugar como Messi, decirlo o proponérselo: hay que entrenar 30 años y comprobar.

El presente por ubicuo que sea, se entrena y de ahí deviene presencia, que es muy distinto.

En la presencia uno no necesita esforzarse para sentir que la muerte acecha cada segundo, que cada instante es único y que aquí no es cuestión de contenidos… sino de continente.

«¿Qué es eso Jose?»

Pues que si un día estuvieras muy malito, muy malito, al borde del otro lado, te aseguro, doy fe, que lo único que querrías es tener la capacidad de darte cuenta, de estar y de ser. Te importarían un rábano los contenidos, es decir, dónde, cómo y qué. Te valdría la M-30 igual que el Emirates Palace de Abu Dhabi.

Las consecuencias de un confinamiento por un virus se asemejan levemente, son un curso introductorio :), a una posible felicidad sin éxito, sin futuro, sin control de un Yo caprichoso.

– Y es que no necesitas la trampa de la autoestima para estar lleno en un futuro, sino que te toca en casita, apañarte con la incertidumbre ahora.

Si ésta nos produce ansiedad… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco necesitas muchos viajes ni posesiones ni salir de casa para encontrarte bien. Está en tu interior la capacidad del bienestar con más bien poco.

Si esto no ocurre… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta que sufras por estar en «cuarentena» y proteger a los enfermos de tu propia salud. Sería kafkiano que el sano sufriera y no el enfermo. Los que sufrirán serán los de la UCI, los que dan el callo y los cuidan y los que mantienen el orden. Ah bueno los autónomos también: esos además no pueden enfermar.

Si sufres… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta aburrirse y pasarlo mal por ello y buscar entretenimiento como un yonki cuando no hay NBA ni Champions. Solo se aburre en una habitación blanca y vacía el que no conoce la farmacia de su cerebro.

Si te aburres… ¿en qué sueño vivíamos hasta ahora? Podemos ponernos en marcha cuando todo pase…

– Tampoco hace falta que hagas Mindfulness para soportar el stress de la nueva vida cotidiana. Oiga que hasta hace poco pasábamos meses en una casa porque había nieve todo el invierno. Seamos maduros.

Si necesitas convertir la vía en una técnica para tu stress, bueno, quizá sea un comienzo, pero no tiene buena pinta.

«¿Y esto del continente también es cerebro?»

¡Faltaría más! Basta soltar la red por defecto que rumia y rumia sobre nosotros mismos, para caer a áreas y redes en donde uno es y percibe tanto, tanto, tanto el presente, que se llena del mismo. Hasta cuando planifica lo siente ahora. Hasta cuando recuerda lo percibe como un ahora.

Quizá un día todo esto pase, en un mes, en dos o en tres. No se sabe…

Pero pase lo que pase, cuando el exterior vuelva a brotar de flores, pájaros que cantan, mates de la NBA y Champions quizá blaugranas quizá rojiblancas :), y nuevos problemas y retos, nada habrá cambiado para el continente.

Serán solo eventos que seguirán ocurriendo, como contenidos en un espacio, momentos que se perderán como lágrimas en la lluvia como decía Roy Batty, aquel Nexus 6 que se hacía preguntas inteligentes sin descanso.

Que puedas cultivar tu Continente, no solo contenidos y «experiencias».

Podemos ponernos en marcha YA.

Verás lo que pasa después con tu felicidad y sabiduría.