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Neuromarketing

Dime tu orgullo y te diré quien eres

By | Human Behavior, Neuromarketing | Comentarios

Siempre ha tenido mala prensa. En muchas religiones y sabidurías como el budismo o el  cristianismo se trata de evitar a toda costa: el orgullo se relaciona con la vanidad. No hay nada que extraer de ahí.

Sin embargo en la cultura del Yo se fomenta, pero en muchas ocasiones desde unos lugares que tienen poco que ver con la emoción social que es. No es extraño, dado que en el mundo emocional, la insistencia es en alegría, tristeza, miedo y cólera, las llamadas emociones básicas. Toca ir más allá…

¿Quién tiene razón? ¿Orgullo sí, orgullo no? ¿Porqué la evolución humana fue creando determinadas emociones sociales, entre ellas el orgullo? ¿Qué utilidad o peligros ofrece?

Descubriremos las respuestas al analizar los diferentes tipos de orgullo y para ello basta mirar qué nos enorgullece y así sabremos quienes somos.

1. Orgullo por ser.

Es muy habitual, quizá porque no requiere esfuerzo. Uno nace italiano, francés o español y se siente orgulloso de ser italiano, francés o español. Sabemos que las personas no eligen a sus papás ni tampoco su lugar de nacimiento o nacionalidad sino que más bien nos encontramos naciendo en Pekín, en Fairbanks, en Alejandría o en Tomelloso. Nuestro lugar de nacimiento, y por extensión nuestro pueblo, provincia o incluso país, forma parte de nuestra temprana infancia y con cariño y afecto solemos recordar nuestro origen.

Socialmente este orgullo es útil: ¡¡qué bella es la ciudad, provincia, nación, familia o género de cada ser humano!! ¡Qué decir!

Pero por lógico que sea, no implica ningún esfuerzo o mérito o elección libre, el ser italiano, francés o español. El concepto orgullo surge aquí con la identificación. Es útil darse cuenta que con el mismo fervor que uno defiende un orgullo vinculado a un territorio, defendería el contrario o incluso el odiado si hubiera nacido en Trento en vez de en Lyon, o en Munich en vez de en Tordesillas.

Este tipo de orgullo se vincula también con géneros, apellidos, familias, etnias o incluso edades. Uno puede estar muy orgulloso de ser hombre, pero lo cierto es que ha hecho poco para ello conscientemente: nació así y fue culpa de un cromosoma. Conviene resaltar que cuando en ocasiones se «grita» demasiado sobre este orgullo se consigue el efecto contrario: el otro también lo está  de su otro pueblo, provincia, género, familia o apellido.

Aunque sea habitual este sentimiento, no siempre es el más adecuado si se muestra «en oposición a» en vez de «en colaboración con». No se trata de anular nuestra identidad de origen, ni el sentimiento y cariño hacia lo nuestro, sino de ver si esa emoción, cuando surge, contiene la superioridad moral hacia el contrario, o incluso el desdén y rechazo al diferente.

Un segundo peligro acecha porque si alguien quiere manipular a otros nada mejor que favorecer la identificación con algo y a la vez la oposición a lo contrario. De este modo se consiguen individuos con pensamientos uniformes, reactivos y predecibles, algo que resulta muy barato para el funcionamiento cerebral. Los políticos lo saben… o los que asesoran a los políticos al menos. Va a ser que el brainwashing y el adoctrinamiento es ubicuo.

Si eso ocurre, estaremos muy orgullosos pero somos muy poco inteligentes. Cada vez que te sientes italiano despreciando al francés, y te «calientas» con ello, cada vez que por ser Martínez miras con ridículo a los García, llenas tu preciado cerebro de stresores y agentes bioquímicos que desde tu propia fábrica interna van minando poco a poco tus capacidades de gozo, calma, sabiduría y también salud.

Una paradoja del ridículo del orgullo al endogrupo y odio al exogrupo se ve fácilmente en el deporte: el antes odiado es amado cuando se integra en un grupo mayor. Ejemplo: los tiffosi de la Juventus odian al Milán, pero se aman cuando juegan todos con Italia. ¿Cómo se puede amar a quien odiabas ayer y volverle a odiar el año que viene?

Curiosidad. Este orgullo es toda una intriga porque los humanos lo extienden incluso a sus mascotas, coches, ropa, abalorios y demás enseres.

 

2. Orgullo vicario

Sucede por aprovechamiento de una situación social. Es la situación contraria al «mal de muchos, consuelo de tontos».Mi compañero obtiene un premio y yo me siento orgulloso de ser científico. Si un individuo de mi grupo obtiene éxito, yo me siento orgulloso.  Lo normal sería acaso sentirse alegre pero no orgulloso, dado que el mérito le corresponde al otro.  Pero tiene un sentido evolutivo claro: me impulsa a seguir en la misma dirección para alcanzar una meta similar.

La clave en el orgullo vicario por tanto recae en el cómo más que en el qué y en si la afinidad es real o abstracta.

Si no juego al tenis pero me alegra la victoria de uno de los «míos» no moviliza igual mi conducta que si soy tenista. Si siento orgullo porque mi primo tiene un precioso deportivo conseguido a través de la venta de droga, no moviliza mi conducta igual que si lo ha conseguido trabajando en la empresa familiar que compartimos.

El orgullo vicario por tanto puede ser un excelente movilizador social, si a aquel que admiramos ha obtenido legal, justa y meritoriamente su reconocimiento.

 

3. Orgullo beta – auténtico

Es el que evolutivamente tiene más fuerza. Un individuo por su esfuerzo, mérito o destreza, consigue mejorar su condición, status y valoración social ante los demás. Los demás reconocen su esfuerzo y obtiene no solo un premio directo sino una consideración especial del grupo. De este modo el resto de individuos también se motivan para destinar sus recursos y habilidades a la mejora de su posición, que la sociedad reconocerá. Los niños lo entienden bien: se ilusionan con llegar a ser alguien y van descubriendo cómo varios de sus ídolos, entrenaron o estudiaron durante años para llegar a ese nivel.

El orgullo basado en el mérito tiene un severo problema: no todas las sociedades lo favorecen. Cuanto más inculta, menos inteligente y menos empática es una sociedad, cuanto menos valora a quien realmente se lo merece y cuanto más  adora la apariencia y el linaje en vez de el conocimiento y esfuerzo peor irá. En esas sociedades el pillaje, el ultraje, el robo o la picaresca se permite, o incluso se bromea sobre ello, pero rara vez se castiga, creando un clima social que al despreciar el esfuerzo favorece la desconfianza y desvaloración personal y colectiva.

Basta observar ejemplos de «pseudomúsicos»  convertidos en super politólogos y economistas, «semiactores hijos de» en tertulianos de geoestrategia mundial u «oportunistas de la farándula» dedicados a dar consejos sobre la psique humana, para entender cómo el orgullo basado en el mérito no siempre es la seda que entreteje la salud de una sociedad moderna. De hecho hasta hace bien poco, el que no defraudaba a la Hacienda pública era «tonto» por contribuir al bienestar de todos y todavía hoy en día, no es público en la mayoría de países quienes y cuánto defraudan a la sociedad de la que se aprovechan. Largo camino para el Homo Sapiens aún…

La solución social que intente favorecer el orgullo beta real no viene por aplicar el lecho de Procustro y cortar a todos a la misma medida. Hacernos «iguales» anula la motivación al logro. Se trata pues de estimular las diferencias para que todos al final crezcan, pero desde el mérito no desde la herencia, el ultraje o el amiguismo.

Si se promociona el orgullo beta los individuos muestran conductas pro sociales orientadas al logro y al beneficio de todos. A nivel individual suben sus rasgos y marcadores de responsabilidad, satisfacción con la vida, amabilidad y salud mental. Estas personas se esfuerzan por alcanzar prestigio y se vuelven confiables, energéticas, empáticas, no dogmáticas y fuente de inspiración para los demás que quieren emular sus acciones y logros.

Podemos pensar que debemos evitar la comparación con el otro y es cierto, pero como mamíferos sociales que somos, la comparación se realiza sanamente a nivel de oportunidades, recursos y logros. De hecho los individuos que pueden elevar su jerarquía dentro del grupo muestran niveles de serotonina más elevados. Aquellos que pierden su prestigio, como en una pérdida de trabajo, los niveles de serotonina caen instantáneamente. Recibir un feedback negativo e injusto por parte de tu jefe o compañeros hace que tus niveles desciendan a niveles críticos.

Si te sientes deprimido, enfadado o agresivo, antes de abrazar el positivismo sin control piensa si estás en un ambiente social o laboral injusto. Cuidado con los ERE´s, los traslados, los cambios de departamento, el bloqueo al ascenso y la promoción después de años, la plaza a la que optabas y se llevo el primo del director… porque la serotonina se fue, con toda lógica después de millones de años de evolución, al garete. No te castigues más, lo que sientes es lo que se debe sentir. No pudiste sentir auténtico orgullo, ese que se enraiza en justicia y derechos sociales.

 

4. Orgullo alfa

Se diferencia del primero en que la identidad no se basa en algo externo sino en el sí mismo, en un claro «porque yo lo valgo». Es un orgullo muy cercano al narcisismo, peligrosamente mal fomentado como autoestima, y en el que uno piensa que merece porque sí, porque es especial.

Se relaciona con la desmesura. El individuo cree llegar a mucho más de lo que alcanza y se atribuye méritos no por sus acciones sino por ser quien es. Abunda en las esferas de poder, donde determinadas personas llegan a valorarse tanto a sí mismas, que creen ser absolutos responsables del devenir de sus empresas, sociedades, países o familias. En estos casos uno está ciego a la realidad: entre todos hacemos incluso aquello que aparentemente nos pasa a uno mismo.

Aquí entra la manifestación del becerro de oro. Fíjate cuánto tengo, incluso fíjate que tú puedes también. Es un mensaje que aunque nazca con buena intención se centra más en el cuánto que en el cómo y el qué. Curiosamente, como la ciencia y tradiciones saben, por mucho que tengas y por mucho alfa que saques al respecto, tus índices de bienestar y felicidad apenas varían.

Los griegos, que andaban listos evitando el concepto del pecado, nos enseñaron como este Hybris, la desmesura, no es un pegamento social sino una lacra a evitar.

Tristemente el orgullo alfa es demasiado habitual. Uno ya no aspira a hacer fotos de la naturaleza, de rostros humanos, de templos y catedrales o de obras de arte, sino que se centra en hacerse fotos a sí mismo, para verse de nuevo, y para mostrarse a otros que también aspiran fundamentalmente a verse a sí mismos. Y es que el selfie, que no es malo por decreto, roza y anima tanto al orgullo alfa que merece reflexión.

 

¿Y cuál es el más sano?

Muy probablemente el usuario de los orgullos 1 y 4 grite que hace lo que le viene en gana y que es bueno sentirse orgulloso. Hace bien, porque uno debe decidir en la medida de su libertad lo que es mejor para sí mismo.

La cuestión es que la libertad llega más con el conocimiento, la renuncia o la sabiduría que con la impulsividad o la indolencia. Más allá de lo que diga la persona, que puede estar muy lejos de la realidad, el sentimiento de orgullo que nace porque tú mismo o alguien cercano logra un avance merecido estimula, refuerza y favorece tu cerebro mucho más que el alfa o el «por ser yo» (1).

De hecho los estudios nos enseñan que el orgullo auténtico correlaciona positivamente con la salud mental y las relaciones sociales exitosas, mientras que el orgullo Hybris se vincula a comportamientos antisociales, agresivos y a problemas de ansiedad y depresión a largo plazo (2).

En el apartado de atracción hacia el otro, a veces se ha considerado que las muestras de orgullo alfa narcisista, donde se muestra el poder,  ejercen un efecto magnético de atracción por parte del otro sexo. Nada más lejos de la realidad. Una serie de estudios nos muestran que el prestigio, obtenido por el esfuerzo y el mérito, se considera un valor mucho más estable y potente que las clásicas muestras de dominación y status clásicas del orgullo alfa (3).

En definitiva si no puedes sentir orgullo auténtico pon tu mirada en otras vías de bienestar pero no te desgastes con identidades o actitudes alfa.

De hecho otras emociones, como la compasión, muestran una inusitada activación en áreas cerebrales vinculadas al cuidado, el afecto, la reducción del dolor, el cuidado y la salud (4).

Va a ser que de lo más orgulloso que podemos estar, es de querer y amar de verdad a los seres humanos y de construir una mejor sociedad para todos.

 

Referencias

  1. Jessica L. Tracy, Joey T. Cheng, Richard W. Robins & Kali H. Trzesniewski (2009) Authentic and Hubristic Pride: The Affective Core of Self-esteem and Narcissism, Self and Identity, 8:2-3, 196-213, DOI: 10.1080/15298860802505053
  2. Jensen Campbell, L.A. & Graziano, WG & West, SG. (1995). Dominance, Prosocial Orientation, and Female Preferences: Do Nice Guys Really Finish Last?. Journal of Personality and Social Psychology.
  3. Graziano, Loreta. I, Mammal: How to Make Peace With the Animal Urge for Social Power
  4. Emiliana R. Simon-Thomas, Jakub Godzik, Elizabeth Castle, Olga Antonenko, Aurelie Ponz, Aleksander Kogan, Dacher J. Keltner, An fMRI study of caring vs self-focus during induced compassion and pride, Social Cognitive and Affective Neuroscience, Volume 7, Issue 6, August 2012, Pages 635–648,

Cómo es un proyecto de Neuromarketing

By | Neuromarketing | No hay comentarios

Estamos enseñando a lo largo del curso a los alumnos del Master de Neuromarketing de la UCM cómo realizar sus proyectos de investigación.

Aprovecho para explicar cómo es un proyecto de Neuromarketing y así de paso nos ayuda a entender cómo funciona nuestro cerebro.

La palabra Neuromarketing implica “neuro”, es decir, medida de la actividad eléctrica cerebral. No olvidemos que si no hay medida del cerebro en el proceso que explicas, no es Neuro. Quizá sea marketing, economía o política pero no será neuromarketing, neuroeconomía o neuropolítica.

¿Qué medimos y hacemos por tanto en un estudio de Neuromarketing?

Fundamentalmente la reacción del usuario ante determinados estímulos, es decir neurociencia 100% que mediante tecnologías validadas, permite analizar la conducta del sujeto, paciente o en el caso del neuromarketing, el consumidor.

¿Qué fases implica un estudio de Neuromarketing?

En el Master enseñamos a los alumnos a realizar un proyecto completo, desde su inicio hasta sus resultados. Les acompañamos en la búsqueda bibliográfica, el diseño experimental, la toma de registros, el análisis de datos y la redacción del proyecto y sus conclusiones. El estudio de neuromarketing no sustituye, ni anula, ni critica, ni impide, ni supera el tradicional estudio de marketing. Simplemente aporta otra medida, muy fiable, de los procesos internos del consumidor que ayudan a entender mejor su conducta.

En el diseño experimental seleccionamos bien qué queremos medir. Algunos ejemplos serían:  la reacción de los usuarios a 3 diferentes anuncios de una conocida colonia, la reacción de los usuarios a determinados anuncios que intentan concienciar a la población del peligro de la conducción temeraria, la reacción de los sujetos a diferentes discursos de una misma persona sobre un misma temática.

En el diseño se selecciona el orden y homogeneidad de los estímulos, se introducen distractores que sirvan de referencia y se parte de una línea base del sujeto. Así mismo se selecciona muy bien qué número mínimo de personas deben participar y cuál es el mínimo número de estímulos necesarios para obtener una respuesta fiable.

Terminado el diseño, se procede a registrar a los participantes.

¿Qué tecnología se usa en un estudio de Neuromarketing?

Utilizamos diversas herramientas: EEG en el que medimos la actividad eléctrica cerebral,  Eye tracker que analiza el movimiento y fijación de los ojos así como la dilatación pupilar, GSR que mide la conductancia eléctrica de la piel y el Facial coding, donde recogemos las diferentes expresiones del rostro, tanto emocionales como cognitivas.

Al combinar, después del análisis, las diferentes herramientas podemos establecer en qué momento y con qué intensidad, el sujeto, tuvo un mayor o menor nivel de activación, qué nivel de atención e implicación, cual fue su valencia emocional y procesamiento cognitivo.

Todo ello permite, más allá de la opinión del sujeto, o lo que contestara en una encuesta, obtener una información a la que no tenemos habitualmente acceso dado que son variables psicofisiológicas de las que no somos conscientes.

En contra de una versión simplista de la conducta humana, no son las emociones los únicos motores de la conducta por la cual se justifica un estudio de neuromarketing. De hecho una emoción dura apenas dos tres segundos, mientras que un proceso de compra, de fidelidad o de pertenencia puede durar horas, días o años y en absoluto se basa en «reacciones emocionales de la amígdala» exclusivamente.

¿Qué oportunidades ofrece un estudio de Neuromarketing?

Sin lugar a dudas, un producto, una marca personal, un proyecto, una página web, un logo, una comunicación o una ponencia, son muestras de conductas humanas que a su vez provocarán respuestas y nuevas conductas en los receptores. Conocer la repercusión y el alcance de estas acciones sin duda posibilita una mejor estrategia y acción. 

El Neuromarketing como vemos es neurociencia cognitiva y afectiva en acción. Analizamos el comportamiento humano desde las variables que podemos medir del sistema nervioso. Comparamos esas medidas y establecemos conclusiones prácticas que complementan los resultados de otras disciplinas y enfoques.

Entender al respuesta del usuario desde una óptica que ni el mismo conoce es lo que ofrece un estudio de Neuromarketing.

Jose Sánchez. Director Neuroleader y profesor Master Neuromarketing UCM.
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Docencia en el Master de Neuromarketing UCM

By | Neuromarketing, Noticias

Docencia en el Master de Neuromarketing UCM

Una nueva etapa como docente en el Master de Neuromarketing y comportamiento del consumidor comienza para nosotros.

La palabra «neuro» bien sabemos es utilizada alegremente en diversos contextos, muy lejos de su sentido original. Citamos al cerebro en muchas ocasiones como si fuera un organo simplón y lo hacemos con numerosos neuromitos que en vez de educar deforman el entendimiento, la credibilidad y las posibilidades reales del cerebro (ver neuromitos 1. cerebro triuno, 2. Hemisferio izquierdo, derecho).

Me siento afortunado por ser parte docente del Master de Neuromarketing y comportamiento del consumidor de la Univ. Complutense y formar parte de un equipo y lugar que divulga y conoce el Neuromarketing con profundidad y rigor. 

El Neuromarketing es una disciplina científica que estudia el comportamiento del consumidor ante decisiones económicas o de compra, evaluando la conducta mediante métodos y registros neuro y biopsicológicos como el electroencefalograma, la resistencia galvánica de la piel, el eyetracking, el análisis de expresiones faciales, la variabilidad cardiaca o la resonancia magnética funcional. Mediante estos registros podemos ver e interpretar qué sucede en el cerebro de las personas cuando ven un rostro, un logo, una página web, una marca, un texto, un color y entender según la activación de diferentes redes funcionales cómo experimenta el consumidor realmente un producto. 

Las primeras clases se han centrado en explicar la neuroanatomía funcional del cerebro, sin la cual no podemos entender la conducta humana así como los modelos de procesamiento de la información, desde los niveles más sensoriales a los más abstractos. Los alumnos han podido comprender como NO ejecutamos procesos irracionales ni exclusivamente emocionales, sino a través de un conjunto integrado y jerárquico de razón- emoción – motivación. Además han podido conocer los estudios más relevantes del sector y los autores e investigadores internacionales en los que deben basar su nuevo criterio como próximos expertos en esta disciplina. 

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Neuromitos (II). Hemisferio derecho – hemisferio izquierdo

By | Neuromarketing

Te habrán dicho alguna vez que tienes que usar tu hemisferio derecho, que seas más creativo y menos racional.

O quizá te hayan indicado que tu problema es que sólo usas el izquierdo y eres excesivamente analítico. Hay quien va más allá y nos cuentan que la espiritualidad, nuestro Oriente o la vida plena es cuestión del hemisferio derecho.

También es común escuchar que las palabras no sirven ni reflejan la realidad porque están localizadas en el hemisferio izquierdo. Y cómo no, las cuestiones de género también llegan ahí: el hemisferio izquierdo es “masculino” y el derecho es “femenino”. 

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Neuromitos (I). El cerebro triuno

By | Neuromarketing

En este caso es mejor empezar por el final. Cuando a diferentes personas les he expuesto con argumentos que el cerebro triuno es un modelo pobre y limitado de la mente humana y su conducta, indefectiblemente surge una explicación defensiva, sin analisis, con la respuesta de que es un modelo bueno porque “se entiende fácil”. Sin embargo las personas que asisten a cursos y formaciones agradecen una visión más cercana a la realidad de la neurociencia. Esa es la que comparto aqui.

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¿Sabes observar a los demás?

By | Neuromarketing | No hay comentarios

¿Sabes observar a los demás? el amplio panorama del comportamiento humano

Los seres humanos poseen una desarrollada Teoría de la mente, es decir, la capacidad para inferir y atribuir intenciones y pensamientos a otras personas, por tanto comprender nuestro estado mental y del prójimo. De no poseer teoría de la mente, apenas podríamos socializar o relacionarnos.

Relacionarnos implica, entre otros factores, observar a nosotros, el prójimo y el entorno. Con mucha frecuencia creemos observar mucho y bien, o incluso intuir mágicamente el porqué de todo, sin embargo, sin metodología y rigor solemos caer en sesgos y errores de atribución constantemente. Lo visible en este caso, se escapa delante de nuestros ojos. Nuestro hijo nos pide atención y lo confundimos con un regalo. Nuestra pareja nos grita con su cuerpo y rostro y nos pasa desapercibido. Nuestros compañeros de trabajo nos muestran constantemente emociones y apenas captamos un 1% de ellas. 

Nuestro comportamiento en todo momento deja huella dado que es imposible no emitir información. Si estamos quietos, impávidos y silenciosos ya decimos mucho. Pero es tal la avalancha de información que transmitimos, como especie hipersocial que somos, que necesitamos ordenar la misma cara a codificarla.

Un canal de observación posible es el contenido verbal de los mensajes. A pesar del mito (falso) de que el 93% de una comunicación es no verbal, las palabras en su contenido muestran acciones, intenciones, omisiones, errores, lapsus y atribuciones. Escuchar bien al otro y ser capaces de realizar una análisis cualitativo de lo que se dice es una herramienta a estudiar.

No solo qué digo, sino cuanto digo es parte de mi comportamiento. Al igual que tenemos un patrón específico al teclear en nuestro ordenador, de forma que se usa ya como un reconocimiento de personas, utilizamos un determinado vocabulario y palabras en diferentes circunstancias. Podemos leer un texto de alguien y determinar si fue escrito por esa persona, e incluso entender su estado de ánimo.

La escritura por tanto también es motivo de análisis, dado que no escribe la mano… sino el cerebro. La persona impulsiva en sus acciones, lo es cuando escribe a mano o firma. Ante una situación emocional tensa o agitada, o por ejemplo al mentir, escribimos con diferente presión sobre el papel.

No solo lo verbal y lo escrito deja huella y es observable. Lo no verbal, con orígenes evolutivos muy profundos, es un río de datos e informaciones de nuestro comportamiento.

Uno de ellos es la expresión facial. El rostro humano, a través de 42 músculos puede realizar hasta 10000 expresiones diferentes. Con el rostro emitimos constantemente información, tanto emocional como cognitiva, que en gran parte escapa a nuestro control. ¿Quiere ello decir que uno podría entender en el otro información que no es consciente para esa persona? La respuesta es: SI. La hipersocialidad no es un mantra, sino una realidad. A nuestro cerebro le bastan 17 milisegundos para percibir miedo, interés, atracción o ira.

Los gestos, aunque son más culturales que la expresión facial que se considera universal e innata, son otro fascinante canal del comportamiento. Nuestras manos en gran medida, pero también el torso, piernas y pies reaccionan constantemente en las interacciones con los demás. De hecho, la mano es casi una extensión del cerebro. Ocupa una gran zona de la corteza somatosensorial, está muy cercana al área motora del lenguaje y se postula que hablar y gesticular es una acción casi conjunta.

Las posturas y capacidad de movimiento son otra rama del comportamiento no verbal. ¿Sabías que con solo 6 puntos visibles del cuerpo de una persona podemos determinar el género, la emoción y el estado de ánimo? Nuestra forma de caminar, estar de pie o moverse habla por sí misma.

El tacto es como sabemos uno de los sentidos más primarios y una característica vital de los mamíferos. La piel es un receptor sensorial enorme y su entrada al cerebro es importantísima porque nos vincula con nuestro sentido del Yo, la posición en el espacio y la sensación de estar aquí y ahora en este cuerpo. Como, cuando y cuanto tocamos puede cambiar la adherencia a un tratamiento médico, la receptividad de una terapia, la confianza en una negociación o la percepción de profesionalidad de un ingeniero. No fueron los conocimientos sobre aleaciones, fobias o virus, lo que elevó la percepción positiva de ese ingeniero, psicólogo o médico, sino como utiliza la háptica, que así se llama la ciencia que estudia el tacto como canal de comunicación no verbal.

El estudio de la distancia es igualmente vital. La proxémica marca parte de nuestra conducta y muchas de nuestro nivel de agresividad se relaciona en parte con la proximidad mayor o menor en nuestras relaciones. La proxémica es tan profunda que su conocimiento permite transformar no solo reuniones o lugares de trabajo y vida sino incluso ciudades que entienden como se comportan las personas y parten por tanto de ellas.

La apariencia, lejos de sesgos clasistas, influye en nuestra percepción de los demás en tanto con frecuencia esperamos que ésta sea acorde a la función social que ejercemos. Más allá de eso, el autocuidado nos informa claramente sobre los rasgos de personalidad del sujeto y en base a ello, qué podemos esperar y qué no.

La oculésica, lejos de los mitos de que quien mira para la izquierda miente y quien mira abajo recuerda, nos muestra nuestro grado de interés, atracción y atención como vemos en los modernos estudios de eyetracking en los que mediante la mirada inferimos el estado mental de las personas.

Por último la prosodia del lenguaje, es decir, la entonación que muestra la intención de nuestras palabras nos permite entender sarcasmos e ironías, metáforas y giros del lenguaje que sin ellos, no existiría la comunicación. De hecho aquellos que entiende literalmente el lenguaje suelen tener problemas en la comunicación y por ello abundan los malentendidos y riñas en redes sociales en donde no vemos ni escuchamos ni podemos apenas inferir las intenciones del otro.

Como decíamos al incio por la teoría de la mente, constantemente leemos y atribuimos pensamientos e intenciones a nosotros mismos y los demás. En tanto conocemos con rigor como mejorar nuestra capacidad de observación, profundizamos también en el conocimiento propio dado que seremos más conscientes del efecto de nuestros actos y expresiones en los otros. Este es el punto donde meditación y conducta se interrelacionan. En tanto conozco bien como soy y qué siento mediante la meditación puedo mejorar y entender que el otro siente y es de determinada forma. En tanto observa la riqueza de información de los otros, puedo facilitar a su vez lo que ocurre en mi. La atención en ambos casos es el ingrediente fundamental. Pero no es tanto atender… sino saber a qué, cuando y cómo atender.

Atención especializada por tanto al lenguaje cuali y cuantitativo, escritura, expresión facial, gestos, posturas, orientación, movimientos, proxémica, háptica, apariencia y oculésica…

¿Sabes observar a los demás?

SadMan

Leer el rostro (y V): la cara de la depresión y ansiedad

By | Neuromarketing | No hay comentarios

¿como vemos a los demas cuando estamos depresivos? ¿a que caras tememos cuando estamos ansiosos?

Esa realidad que creemos ver ahí afuera no es tal. Hacemos los colores al ver, los sonidos al oir y los olores al oler. No existen colores en el exterior sino que son construcciones cerebrales. La realidad social es en parte también constructivista. Eso que vemos en los demás, eso que pensamos de los otros, esas intenciones que atribuimos a otros… suelen estar muy sesgadas por nuestra propia percepión. En las relaciones humanas, la comunicación no verbal juega un papel fundamental y de todos los elementos que la componen, el rostro es uno de los más indicativos. Por ello, leer el rostro de otros, depende no de lo que ves, sino de como, cuando y quien lo ve.

Este factor es sencillo de entender en algunas patologías mentales. Todos entendemos que en un trastorno del ánimo como la depresión, el proceso emocional está claramente afectado con lo que muy probablemente veamos los rostros de los demás con un matiz diferente, coherente con aquello que estamos viviendo internamente. La realidad se pliega a nuestros pensamientos, es decir, nos damos la razón aunque suframos, antes que despertar a un cambio.

Los individuos con alto grado de neuroticismo, fruto del cual hay una alta reactividad e inestabilidad emocional, muestran una activación alta en el giro fusiforme derecho (donde se procesan los rostros) sugiriendo unas reacciones a los rostros diferentes tanto en su comportamiento que muestran como en la forma de procesarlo. En otro estudio con potenciales evocados, el componente P300 era más pequeño y lento en reacción a caras alegres en los individuos que tenían depresión respecto a los que no presentaban esta disfunción 1, lo que sugiere una incapacidad evidente para percibir la alegría.  Acaso necesitaban una intensidad facial exagerada para reconocer una cara de felicidad y alegría 2

SadMan¿Qué hay del reconocimiento de la felicidad para un depresivo? No solo la alegría, los pacientes con depresión tiene una disfunción para reconocer la ira comparados con pacientes control 3. A su vez su capacidad para reconocer caras neutras está alterada tanto en la exactitud como en el tiempo necesario para la detección 4. Muy probablemente indique que las personas que sufren depresión atribuyen estados emocionales a caras que simplemente son neutras.

En definitiva cuando tenemos depresión no solo nuestro mundo interno está afectado sino también el mundo perceptivo de los otros es muy diferente al de personas con un mundo emocional estable.

En personas que sufren de ansiedad social el reconocimiento de rostros está también alterado. De hecho vemos caras amenazantes en otros donde simplemente hay caras neutras o ambiguas 5. Al igual que los individuos depresivos, el reconocimiento de caras alegres en individuos que muestran ansiedad social es mucho más lento 6.

A la hora de mirar partes del rostro, los individuos con ansiedad social presentan tienden a no mirar los ojos, especialmente si la expresión facial es de enfado. Los tiempos de percepción del rostro muestran una hipervigilancia en la ansiedad social.

La conducta evitativa típica de la ansiedad social muestra una relación directa con la capacidad de ver el rostro y la expresión de las emociones, especialmente el enfado. Es curioso que la percepción del rostro y su expresión esté disminuida, encontrando hipoactivación en áreas donde registramos las caras (giro fusiforme izquierdo), y en cambio haya actividad en exceso en la amígdala izquierda y la ínsula, es decir que sentimos emociones “dentro” y somos incapaces de ver con claridad “fuera”.

Cómo procesamos las emociones no es por tanto un fenómeno unitario y general sino que está sujeto a múltiples factores. Además de la depresión y la ansiedad social, el síndrome de Down, el TDAH, el stress post traumático, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo y anorexia nerviosa presentan una elevada alteración en cómo vemos el rostro de los demás.

Independientemente de las patología en muchas ocasiones habituales, nosotros como individuos encontramos dificultades para interpretar correctamente el rostro de las personas, lo que implica que se dificultan nuestras relaciones y que a través de inferencias erróneas, creemos que los otros presentan intenciones, emociones y pensamientos que pueden estar muy lejos de la realidad.

La maestría de la vida se consigue a través de las relaciones genuinas, auténticas, sinceras. Aprender a leer e interpretar el rostro no es una tarea intuitiva, ocasional o innecesaria sino una verdadera herramienta para favorecer empatía, comunicación y compasión hacia nosotros y los demás.

Entender a los otros, no hacer inferencias falsas, descubrir al sospechoso, darnos cuenta de la recepción de nuestros mensajes en los demás, acompañar con sinceridad, empatizar desde un lugar profundo y relacionarse mejor son consecuencias de la habilidad para leer el rostro de forma científica y rigurosa.

Referencias

1 Cavanah and Geisler (2006). Mood effects on the ERP processing of emotional intensity in faces. Internal Journal of Psychophysiology, 27-33.

2 Mendlevic et al (2005). Decoding emotional facial expressions in depressed and anorexic patients. Journal of Affective disorders, 195-199.

3 Lepanne et al (2004). Depression biases the recognition of emotionally neutral faces. Psychiatry Research, 123-133.

4 Joorman and Gotlib (2006). Is this happiness I see? Journal of Abnormal Psychology, 705-714.

5 Yoon and Zimbarg (2007). Threat is in the eye of the beholder. Behavior Research and Therapy, 839-847.

6 Silvia et al (2006). Biased recognition of happy facial expressions in social anxiety. Journal of Social and Clinical Psychology, 585-602.

 

microexpresiones

Leer el rostro (III): las microexpresiones

By | Neuromarketing | No hay comentarios

las microexpresiones faciales de las emociones no son controlables. ¿Son una verdadera nariz de pinocho? 

microexpresionesDéjame que te cuente cuando percibí por primera vez una microexpresión facial. En el año 2007 recibí el encargo de entrenar a los 152 árbitros de élite de todo el mundo cara al campeonato del mundo de Sudáfrica 2010. Además del control del stress y la focalización dentro del campo de juego, buena parte del programa que tenía que diseñar y ejecutar era implementar un protocolo de Lenguaje corporal que evitara las confrontaciones en masa, las peleas entre jugadores y la pérdida de control del partido por parte del árbitro.

Observando y observando partidos y entrenando a los árbitros me di cuenta por vez primera, de que en circunstancias de alta presión, gran parte del lenguaje no verbal cambiaba. Aunque el enfoque se dirigía más a la gestualidad, posturas, distancias y estilos de liderazgo que a la expresión facial, ésta no pasaba desapercibida. En ese trabajo percibí por primera vez las microexpresiones faciales, en este caso de miedo en un rostro que trataba de permanecer impasible y firme. Algo se me escapaba… así que decidí investigar sobre ello una vez finalizado el programa. Lo que más me sorprendió fue darme cuenta de que si uno no sabe lo que está buscando no lo puede encontrar. En definitiva, que lejos del mito popular de que cualquier puede saber lo que el otro expresa, hay que estar muy entrenado para precisamente verlo.

Las microexpresiones faciales son movimientos espontáneos, no controlables de algunos músculos de la cara, que duran en torno a 1/20 segundos y que aparecen en momentos y circunstancias muy emocionales 1,2. En ese momento intentamos reprimir esta expresión por considerarla no adecuada pero a pesar de nuestros intentos de control, aparece una respuesta fisiológica evidente. En tanto son rapidísimas nos pasan desapercibidas aunque para un ojo entrenado suceden y son visibles.

microexpression2Las emociones tienen un porqué y se generan en áreas del cerebro que no están sujetas a una cómoda regulación. Las emociones ayudan a la motivación, a la comunicación y a la adaptación al entorno. Por mucho que en ocasiones intentemos reprimirlas, son como volcanes y terremotos en la Tierra: escapan a la superficie. Las microexpresiones son esos pequeños terremotos y volcanes.

Un ejemplo clásico es el enfado. Valoramos un daño con indignación, como en el caso de una sugerencia de un compañero de trabajo que no nos gusta, pero no podemos dentro del contexto de una reunión expresar y decir lo que de verdad sentimos. Esa ira contenida escapa en forma de microexpresión.

El miedo aparece cuando nuestro bienestar se ve amenazado. Pero en tanto ese bienestar puede implicar nuestra costumbre, comodidad e incluso egoísmo, miles de estímulos que atentan nuestras rutinas pueden desencadenar miedo, que no queremos hacer visible, sin poder evitarlo: microexpresión.

El desprecio es muy habitual e la expresión emocional. Representa una sensación de superioridad, normalmente intelectual ante hechos, eventos u opiniones sobre los demás. En muchas ocasiones alguien te da la razón, te da las gracias o te dice que está encantado contigo y a la vez muestra desprecio. En ocasiones aparece el asco, una emoción muy visceral, con origen evolutivo para evitar contagios, contaminaciones y venenos, pero que culturalmente se desarrolla igualmente en contextos de interacción social. Es muy habitual que se escapen expresiones de asco, cuando nos preguntan sobre grupos sociales concretos, ideologías o representantes de movimientos que no encajan en nuestras ideas. Literalmente nos producen asco. Junto al miedo, asco, desprecio y enfado viajan la ansiedad, la penosa envidia, los celos, la alegría, la culpa y la vergüenza en nuestro día a día. En ocasiones, sobre todo las emociones básicas, escapan a la superficie y muestran una realidad interna que no podemos esconder.

Las microexpresiones han llegado a ser muy famosas por los trabajos de Paul Ekman 3 aunque fueron descubiertas años antes 4. Con un exagerado perfil comercial parecieran mostrar por fin una nariz de Pinocho por la cual pudiéramos conocer qué hay dentro de la cabeza del otro. De este modo tendríamos acceso a eso que la persona quiere ocultar y que nosotros queremos saber. Nada más lejos de la realidad.

micro3El problema es que esa aproximación no refleja la actitud correcta. No es extraño que partiendo de ese lugar, poco ético y compasivo, muchas personas crean que con las microexpresiones se detectan mentiras. O se entrenan para detectar microexpresiones a nivel profesional sin antes mejorar su habilidad de escucha o de empatía. Incluso podemos llegar a ser expertos en microexpresiones para ver microexpresiones por todos los sitios y no llegar a conclusión alguna. O sin darnos cuenta partir de nuestras propias ideologías sesgadas a lo que queremos interpretar, aspecto que no escapa ni siquiera a los profesionales del derecho: no es tan fácil ser objetivo si uno está enamorado de sus filias. En ese caso comprobamos lo que ya buscábamos en vez de deducir de forma seria y honesta.

Siento decepcionar: la realidad es que una microexpresión es una entre mil detalles que expresamos en una conversación y no implica sí o sí, engaño deliberado. Corremos un serio riesgo de enfocarnos en ellas y perder el bosque, no atender lo verbal y juzgar en vez de acompañar. Por conocidas, comerciales y atractivas que resulten, analizar el comportamiento humano requiere de la observación atenta de muchos más canales, no sólo el rostro y no solo la microexpresión.

Las microexpresiones no detectan al mentiroso, sino que en ocasiones sacan a la superficie algo sospechoso. Pero esa sospecha no necesariamente implica una actitud deshonesta del otro. En muchos casos implica que nosotros hemos actuado de forma impulsiva o poco empática, provocando en el otro una emoción incómoda.

En otros casos puede querer decir que esa persona que nos parece sospechosa, no maneja en absoluto sus emociones, las desterra, le incomodan y prefiere una filosofía fría o racional antes que ponerse en contacto con ellas. Cualquier estímulo provoca una incoherencia en su lenguaje no verbal, y sin embargo no siempre nos está engañando o mintiendo.

En definitiva: sin trabajar hacia dentro buscar la microexpresión en el rostro del otro provoca el llamado error de Otelo 5, como en la novela de Shapeskeare, en el que al final uno comprueba lo que ha creado.

Leer el rostro no es juzgar al otro sino detectar una posible incongruencia. Leer el rostro de los demás es aprender cómo estamos comunicando para modular y ajustar mejor nuestro mensaje. Las microexpresiones son una herramienta más entre muchas de nuestro comportamiento no verbal. No son la panacea, ni la solución, ni representan en absoluto, la ansiada nariz de Pinocho. Son una maravillosa herramienta dentro del extenso mundo del comportamiento no verbal.

Y si las microexpresiones nos pueden servir para investigar incoherencias… ¿qué sucede cuando vemos un rostro y lo nos provoca es admiración?

Sobre rostros bellos… (en la cuarta parte).

Referencias

1 Kring, A.M. y Sloan, D.M.(2007).The Facial Expression Coding System (FACES): Development, Validation, and Utility. Psychological Assessment, 19(2), 210–224.

2 Wehrle,   T. , Kaiser,S. , Schmidt,S. Y Scherer, K.R. (2000). Studying the dynamics of emotional expression via synthesized facial muscle movements. Journal of Personality and Social Psychology.

3 Ekman,P.(1997).What the Face Reveals: Basic and Applied Studies of Spontaneous Expression. New York: Oxford University Press.

4 Haggard, E. A., & Isaacs, K. S. (1966). Micro-momentary facial expressions as indicators of ego mechanisms in psychotherapy. In L. A. Gottschalk & A. H. Auerbach (Eds.), Methods of Research in Psychotherapy (pp. 154-165). New York: Appleton-Century-Crofts.

5 Bembibre, J. y Higueras, L. (2010). A vueltas con el error de Otelo: aplicación del modelo de fuentes a la credibilidad del testimonio y su afectación por la carga emocional. Psicothema, 22, 1, 125-130.

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Leer el rostro (IV): una cara bonita

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¿Porqué nos parece alguien atractivo? ¿Cómo ve el cerebro este asunto?

¿Es algo exclusivamente cultural? ¿Existe algún componente innato?

No hablamos hoy de identificar y distinguir personas a través del rostro (Leer el rostro I), o de cómo se expresan las emociones (Leer el rostro II), ni de cómo se escapan a nuestro control las microexpresiones (Leer el rostro III), sino de cómo y porqué detectamos rostros bellos.

beauty2Aunque sintamos impulsivamente como una gran verdad la belleza de alguien, lo cierto es que hemos sido educados en determinados indicadores y tendencias que nos influencian.

Con una amplia mirada histórica reconocemos que lo que es bello para unos puede resultar muy diferente para otros. Las mujeres Ainu japonesas del siglo XIX se tatuaban líneas azules como mostachos, los hombres maoríes de Nueva Zelanda tradicionalmente se tatúan el rostro y algunas tribus de Brasil acostumbran a insertar un plato en el labio inferior. Para Darwin, ejemplos de este tipo instaban a considerar la belleza como algo cultural.

Sin embargo, a pesar de las culturas hay acuerdos sobre el atractivo de ciertas caras. Varios de estos estudios se realizan en bebés, los que pasan más tiempo mirando caras atractivas que no atractivas

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¿Qué es lo que marca que un rostro sea más atractivo? Solemos creer que lo que marca es que es único, por tanto más diferente a los demás. Parecería intuitivamente lógico pensar así. Sin embargo no lo es dado que un rostro bello es el que más se acerca a la media. Si recordamos que ver un rostro activa una unidad de reconocimiento facial (FRU) a la que después se asocia un contenido semántico y biográfico de la persona, y que esta FRU se basa en mediciones de distancias habituales entre ojos, longitud de nariz y anchura de boca, los rostros que se asemejan más a la media son los que se consideran más bellos. De hecho si cogemos 15 rostros y por ordenador creamos uno que sea la media de todos sus rasgos, éste es el que resulta más atractivo 2, siempre que sea de la propia cultura.

La simetría es otro aspecto a tener en cuenta. Aunque los lados del rostro son levemente diferentes, cuanto más simétrico es una cara más bella nos parece 3. No debemos confundir con esos dibujos que parten el rostro en dos y juntan por superposición las dos mitades en espejo. Un tercer aspecto tiene que ver con el género de la cara. Cuanto más masculina sea una cara de hombre y más femenina una cara de mujer, más atractivas resultan 4. Ambos aspectos, simetría y género están vinculados entre sí como factores indicadores de belleza.

El último factor para calificar una cara como bella tiene que ver con la condición de la piel, que quizá expliqué la obsesión por la belleza del rostro para muchas personas. Y es que al presentar diferentes fotografías en las que se manipula las texturas de la piel, las caras con un color y distribución más homogénea resultan más jóvenes, saludables y atractivas 5.

beauty3Muy probablemente estos factores se relacionan con respuestas evolutivas en las que rostros aparentemente saludables, simétricos y bien característicos del sexo que representan mostraran una ventaja selectiva para la descendencia y la progenie así como una predisposición menor a enfermedades y contagios. Sin embargo en tanto el rostro presenta numerosas funciones (identidad, expresión facial, comunicación, receptores sensoriales, masticación, lenguaje) no es sencillo aceptar la hipótesis de la selección natural por respuesta. En la actualidad no procede este tipo de relación dado que la apariencia del rostro, sujeta a miles de intervenciones estéticas, productos y “cuidados” no encuentra una relación directa con la salud, la capacidad inmune o la resistencia a las enfermedades. De hecho conocemos bien los efectos del botox sobre la cognición y las emociones, enlenteciendo estos procesos, por lo que quizá valga la pena eso de que «la arruga es bella».

Un aspecto no evolutivo de la atracción puede tener su origen en el llamado efecto de mera exposición. Numerosos estudios muestran algo que todos hemos comprobado y es que cuando conocemos más a algunas personas las encontramos cada vez más atractivas mientras que el primer día al no ser familiares no lo consideramos así 6. Este fenómeno daría paso a estudiar porqué y cómo reconocemos a hermanos y familiares con los que compartimos genes.

Pero no siempre somos capaces de percibir – crear belleza en nuestra mirada. Cuando sufrimos ansiedad, depresión o patologías específicas como autismo y esquizofrenia nuestra forma de percibir caras es muy diferente. Es sin duda un fenómeno muy curioso (lo veremos en la quinta parte…)

 

Referencias

1 Slater et al. (2000). Newborn infants preference for attractive faces: the role of internal and external facial features. Infancy, 1 (2), 265-274.

2 Rubenstein et al. (2002). What makes a face attractive and why: the role of averageness in defining facial beauty. Westport, CT: Ablex.

3 Little and Hancock (2002). The role of masculinity and distinctiveness in judgments of human male facial attractiveness. British Journal of Psychology, 93, 451-464.

4 Rhodes, G. (2006). The evolutionary psychology of facial beauty. Annual REview of Psychology 57, 199-236.

5 Jones et al. (2006). When facial attractiveness is only skin deep. Perception, 33(5), 569-576.

6 Bornstein, R.F. (1989). Exposure and affect: overview and meta analysis of research, 1968-1987. Psychological Bulletin, 106, 265-289.

 

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Leer el rostro (II): las emociones

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la expresion facial de las emociones es quiza uno de los aspectos mas importante y conocidas en la observacion  del rostro de las personas. 

darwin3Y es que no sólo la identidad es lo que descubrimos al leer el rostro. Otra habilidad importante para nuestra vida cotidiana es descodificar la expresión emocional. Desde hace años se insiste en que las habilidades emocionales deben viajar paralelamente al resto de habilidades cognitivas si queremos desarrollar una vida plena y unas relaciones con sentido. Tan cierto es que entender las emociones de los demás y expresar adecuadamente las propias son la clave de la comunicación humana.

Pero ¿cuántas emociones puede expresar el rostro? ¿Son las expresiones faciales controlables? ¿Nacemos con esa capacidad o se desarrolla con la cultura? ¿Hasta donde se puede leer el rostro de los demás? ¿Son estas expresiones más importantes que la palabra? ¿Cuáles son las emociones que más nos cuesta interpretar?

El pionero del estudio de las emociones fue Charles Darwin. Como todos sabemos, Darwin fue el primer humano en explicarnos de forma clara, quienes somos y de donde venimos, ¡casi nada! Archiconocido por su teoría de la evolución (aunque más que una teoría en sentido popular es un hecho incuestionable), en su ensayo de 1872 “La expresión de las emociones en el hombre y los animales” 1 trataba de comprender cuan lejos o cerca están de los estados mentales las expresiones faciales y los gestos. Como buen investigador, apasionado no sólo de la biología sino también del comportamiento, observó detenidamente la expresión facial de niños, enfermos, personas de diferentes culturas y diversos animales y recopiló datos de más de 2000 viajeros y misioneros a los que aplicó su encuesta de reconocimiento. 

darwinLa investigación de la expresión de las emociones continúa muchos años después con el psicólogo Paul Ekman, quien trata de responder la cuestión de si las emociones son universales y por tanto innatas o bien son adquiridas. Ampliando la visión de Darwin, Ekman examinó la habilidad para detectar expresiones faciales emocionales en diversas culturas. A través de la investigación descubren una serie de unidades de acción musculares que se activan con distintas expresiones emocionales. Una sonrisa genuina, por ejemplo, requiere de la activación del Orbicularis Oris y del Zigomático mayor. Las primeras investigaciones de Ekman se realizaron sobre participantes de USA, Japón, Brasil, Chile y Argentina, que presentaron un alto reconocimiento de la expresión facial de la ira, asco, miedo, alegría, tristeza y sorpresa. Otros autores replicaron y comprobaron estas tesis, por lo que Ekman decidió intentarlo en culturas más aisladas, comprobando en grupos culturales de Papúa Nueva Guinea su propuesta de universalidad de las emociones básicas de la alegría, enfado, miedo, sorpresa, asco y tristeza, tesis bastante robusta hoy en día.

Aunque reconocemos las emociones básicas universales existen ligeras diferencias en el reconocimiento entre culturas. Los japoneses reconocen algo peor las expresiones de alegría que la media, los chilenos eran buenos reconociendo la tristeza y los argentinos la sorpresa 2.  Algunas de las críticas que se pueden realizar sobre Ekman parten del sesgo intracultural en la aplicación de los estímulos, dado que en sus experimentos mostraba fotos de expresiones faciales de su propia cultura. Si se tiene en cuenta este aspecto entendemos la leve variabilidad en el reconocimiento entre las diferentes culturas 3.

Pero ¿qué hay de los animales? ¿Son capaces de reconocer las expresiones faciales? Muchas investigaciones así lo confirman 4. Los monos Rhesus son capaces de distinguir diversas expresiones emocionales y también ¡las ovejas! 5, que no solo reconocen expresiones faciales de otras ovejas sino también humanas. Al observar este tipo de estudios con animales sobre emociones, aprendizaje o autoconsciencia vemos cuan lejos queda la visión cartesiana de animales sin «alma». 

De todas las emociones que humanos y animales reconocen, la más sencilla de detectar es la alegría. Percibimos una sonrisa ¡a casi 25 metros de distancia! Al ser una emoción netamente positiva, difícilmente se confunde con otras. Sin embargo existen hasta 25 tipos de sonrisas y en ocasiones otras emociones se pueden solapar, enmascarar y mezclar con una sonrisa. No en vano encontramos sonrisas miedosas, sonrisas tristes, sonrisas envidiosas y sonrisas despreciativas. Nuestra habilidad para detectar sonrisas genuinas o simuladas se desarrolla ya a una temprana edad. A los 4 años los niños son sensibles a las sonrisas falsas 6. Incluso aunque no atendamos a la expresión facial ésta nos influye: una sonrisa genuina o falsa previa a una tarea posterior verbal, posibilita un mejor reconocimiento de las palabras presentadas. Sonrisas genuinas o falsas en una modelo facilitan o disminuyen la percepción de calidad de la ropa que presenta 7.

darwin2Todo ello nos sirve para certificar que la sonrisa genuina, producto de la alegría, abre puertas y conversaciones, disuelve conflictos y favorece relaciones. No es extraño por tanto imaginar que los grupos humanos evolucionaran con mecanismos de expresión y reconocimiento facial que garantizara la estabilidad del endogrupo: la alegría permitía, desde lejos, mostrar nuestras verdaderas intenciones. A diferencia de la alegría, nuestro reconocimiento de las emociones negativas es más complicado. Sin un entrenamiento específico no distinguimos bien el miedo de la sorpresa, el asco del enfado y apenas nos percatamos de la expresión emocional del desprecio. A su vez no todo son expresiones emocionales en el rostro dado que determinados aspectos cognitivos como la concentración u otros pueden confundirse con emociones básicas.

Si las emociones básicas son universales y se expresan con precisas unidades de acción en el rostro, las emociones sociales son aún más complejas y su detección es muy elaborada. ¿Cómo es la cara de la culpa, la vergüenza, la envidia, los celos o el orgullo? Aunque presentan características que podemos codificar, no muestran la uniformidad de las emociones básicas. Es necesario atender a muchos más canales de información que meramente el rostro.

¿Es necesario entonces decodificar el rostro? ¿Interfiere esta habilidad con la comprensión del discurso? ¿Hasta qué punto es fiable? 

darwin4En numerosos estudios, a pesar de nuestro exceso de confianza, no es sencillo en cada instante entender las emociones de nuestro interlocutor. De hecho, si no estamos entrenados, no podemos atender al contenido verbal y no verbal a la vez, dado que nuestra memoria de trabajo (la RAM de nuestro cerebro) se satura fácilmente. Las expresiones faciales de las emociones son muy fiables, dado que muchos de los músculos del rostro no se pueden activar de forma voluntaria y su puesta en marcha depende de circuitos subcorticales vinculados a áreas cerebrales que no están bajo nuestro control. Por ello, ante un experto difícilmente podremos simular una emoción sin ser vistos.

Por eso la mejor estrategia es simplemente ser genuinos y claros en todas nuestras exposiciones y relaciones. Por un lado nuestro cerebro sufrirá menos incertidumbre, desgaste y stress. Por otro lado elevaremos día a día la confianza percibida por los demás, valor escaso en tiempos de mentiras, narcisismos y postverdades. Por último, para estar en uno mismo hay que acercarse a la versión más sobria y auténtica.

Si no lo hacemos… podemos intentar controlar hasta cierto punto el discurso y el rostro ¿verdad? Pero aparece un aspecto sutil que merece una explicación aparte: el fenómeno de las microexpresiones faciales. Algunos incluso postulan que son la clave para dar el clavo en la detección de la mentira. ¿Será que en el rostro existe una nariz de Pinocho? (Lo veremos en la tercera parte… )

Referencias

1 Darwin, Charles (1872), The expression of the emotions in man and animals. London: John Murray.

2 Ekman, P. and Friesen, W.V. (1971). Constant across cultures in the face and emotion. Journal of Personality and Social Psychology 17, 124-129.

3 Wickline V.B. and Bailey, W. (2009). Cultural in group advantage: emotion recognition in African American an american faces and voices. Journal of Genetic Psychology, 170(1), 5-28.

4 Tate, A.J. et al. (2006). Behavioral and neurophysiological evidence for face identity and face emotion processing in animals. Philosophical Transactions of the Royal Society of London. Series B, Biological Sciences, 361 (1476), 2155-2172.

5 Knolle, F., Goncalves, R. P., & Morton, A. J. (2017). Sheep recognize familiar and unfamiliar human faces from two-dimensional images. Royal Society open science, 4 (11), 171228.

6 Thibault et al, 2009. Children´s and adolescents perception of authenticity of smiles. Journal of Experimental Child Psychology, 102 (3), 360-367.

7 Miles L. and Johnston L. (2007). Detecting happiness: perceiver sensitivity to enjoyment and non enjoyment smiles. Journal of non verbal Behavior, 31(4), 259-275.