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Ciencia de la felicidad y bienestar

Confundir bondad con no tener conflictos… 

Voy directo:

Si uno es muy bondadoso tendrá con el paso del tiempo menos conflictos (que no ninguno).

¡Pero al revés no funciona!

Si uno no tiene conflictos no implica que sea bondadoso.

¿Por qué?

Porque nos aterra, nos bloquea, nos hace perder el centro el conflicto. Como somos de un «buen barrio» no estamos acostumbrados a la pelea, la gresca, la defensa legítima, la prevención y protección de lo nuestro, la provocación del otro o el mantenerse fuerte ante la adversidad.

Incluso nos suena rara la reconciliación y el perdón, o el crecimiento personal genuino, o la amistad entre antaño contrincantes.

En nuestro «buen barrio» cualquier mínimo atisbo de conflicto desestabiliza tanto, genera una emoción tan desagradable, que subimos a la cabeza y regalamos amabilidad, ayuda, condescendencia, «comprensión»…  que son bellas palabras pero inútiles si en vez de brotar de su lugar original son consecuencias de no poder enfrentarse a una verdad incómoda. 

No nos deben impresionar las personas que huyen de los conflictos, con ausencia o buenas palabras, y por lo tanto no tienen ninguno. No es sinónimo de bondad y es difícil tener una mirada profunda sobre ello: suelen colársela al grupo.

Los que nos deben impresionar son aquellos que saben reconducir un conflicto hacia un buen fin, que saben que habrá que comunicarse al inicio hasta con el diablo para que «deje» de serlo (o nosotros de verle tan demonio :)) y que en esa negociación, el que tiene tablas, ni pierde su dignidad, ni se rebaja ni se pone por encima. 

La bondad comienza con uno mismo, y a quien debo atender es a mí mismo si algo me impide enfrentarme a un hecho. 

Lo que no puede ser es que en mi intimidad Pepito sea un golfo y en su presencia es un megacrack. Demasiada distancia…

Lo que no puede ser es que tenga las mismas palabras y gestos para el que me engaña que para el que me cuida, porque soy «muy educado». 

Esta disociación, tarde o temprano, nos puede quemar… y un día ya no sabré quien soy: si el que siente inquietud, el que la tapa o el que dice «todos sois muy majos».

Pero no solo eso, la disociación «persona que siente – máscara que se muestra» va a generar desconfianza en los demás. Pasado el tiempo captarán que tienes las mismas palabras para las infinitas personas y situaciones… y no te creerán.

Y uno creía que era bondadoso por no tener conflictos…

Cuando uno está fragmentado debe abrazarse con afecto en vez de huir de la propia rotura. Es el primer paso.

La bondad es un tema estrella en uno de los módulos de nuestro curso La Ciencia de la Felicidad y la Sabiduría

En este módulo nos construimos desde una bondad genuina, que no es buenismo, ni adulación, ni «educación». Es la construcción de una ruta cerebral práctica de dignidad y amor propio de verdad.

Es una poderosa práctica que necesita ser entendida desde su lugar correcto. No es solo una semilla, sino también la Tierra donde se planta y el agua con la que se riega.

Concentrarse exclusivamente en la semilla, en la «técnica de la bondad o la compasión» porque es buena es errar el tiro.

Lo que veo que brota en los asistentes son buenos tallos, genuinos, auténticos, que no temen el picor del sol, el viento, el frío, o el calor extremo. 

No buscan sombra ni cobijo… sino crecer a la Vida por difícil que se ponga ésta en algunos momentos y circunstancias.

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