fbpx
Ciencia de la felicidad y bienestar

Correlación no es causalidad (II). Sin Nicolas Cage

Hace dos días exponíamos un cómico ejemplo pero real de cómo correlación no es causalidad. Sin embargo a todos nos pasa, que tendemos a inferir la causa, producto de nuestro cerebro mágico, ese que no sabemos encender para admirar atónitos y extasiados una puesta de sol o sentir una caricia o caer a una paz interna sin más a voluntad, y sin embargo se hiperactiva ante las relaciones espurias.

Como ayer comentaba es necesario una distinción primero y luego un entrenamiento adecuado para saber qué con qué. Fíjate que no estoy cayendo en la típica visión de anular porque sí el cerebro mágico, el religioso o el analítico sino proponiendo una integración coherente y aplicación inteligente de los mismos.

Nota: utilizo esta terminología, porque se parecen a los estadíos de desarrollo de la mente humana desde el niño al adulto y desde el origen del hombre hasta nuestros días. Es muy útil.

Seguimos.

Hoy toca NO correlación, NO causalidad, es decir un caso aún más extraño pero que se puede producir en nuestra mente.

Un ejemplo. En la figura de arriba, puedes ver el crecimiento exponencial del teléfono móvil en los últimos 30 años.  En la línea de abajo la tendencia estable de cáncer de cerebro en la población. Es evidente que una curva exponencial no correlaciona con una casi asíntota recta plana, luego si ni siquiera hay correlación aún menos existe causalidad. En palabras de hace dos días, «ya no hay ahogados en piscinas pero Nicolas Cage sigue haciendo películas». Afortunadamente la gráfica de la IARC, nos tranquiliza: no hay más tumores cerebrales aunque usemos mil veces más el móvil que nuestros padres.

Es solo un ejemplo para ilustrar los múltiples sesgos que la razón tiene, huecos por donde se cuela el pensamiento mágico.

Hay quienes resumen estos huecos con «somos irracionales». En absoluto es así. El que una decisión no sea todo lo racional que debería no implica que sea azarosa o demente. El cerebro toma rutas conocidas, (heurísticos) atajos fáciles, que en muchas ocasiones proporcionan salidas y resultados más que aceptables. Incluso ante la dificultad de replantearnos cosas, nos damos la razón y así mantenemos una estabilidad.

En estos días de confinamiento, lo más probable es que nuestro cerebro mágico haga de Nicolas Cage y las piscinas. Es normal. Y es lo que hoy quiero ilustrar.
– Va a querer buscar relaciones «Cage-piscinas» y las defenderá como certezas.
– Va a querer encontrar causas simples a problemas complejos.
– Va a activar cerebro religioso para pertenecer a algún grupo con el que comparta ideas y así estar acompañado.
Todo eso es natural, cerebralmente lógico, así que fíjate si lo entiendo, pero está muy desordenado.

Hay una posible alternativa si te interesa. Es más sana y constructiva:

Utiliza el cerebro mágico al jugar con tus hijos como si fueras un niño, con tu perro, con la planta de casa, el brillo de unos ojos. Deja que surja la poesía, el arrobamiento, el silencio, el gozo e inmersión en la experiencia perceptiva, sensorial y emocional. No le pongas límites ni razones. Siente. Accede al nivel perceptivo donde somos uno con todo. No es tontería, es estado cerebral (aunque cuesta) y ¡único te lo aseguro!

Utiliza el cerebro religioso para abrirte a un grupo mayor. Imagina cómo es el sufrimiento de alguien de otro país, de otra profesión, de otro credo, de otro género, de otra edad, de otro equipo… y siente. ¿Sufrimos parecido verdad? Compasión distal como se denomina técnicamente.

Utiliza el cerebro analítico para idear soluciones, bien a tu vida y trabajo, bien a la de los demás o las de la sociedad, que impliquen un win-win para todos. No olvides que esto cambiará y habrá que seguir planificando, creando, luchando por tu lugar y por un mundo más consciente.

Curiosamente estas 3 alternativas son los 3 pasos de la Ciencia de la felicidad y sabiduría. No me baso en relaciones espurias, ni en ideologías, sino en cómo se ha ido creando nuestro cerebro a lo largo de la evolución y cómo se ha desarrollado nuestra mente desde la concepción hasta la etapa adulta.

Practica estos 3 pasos y verás…

Nota 2: cerebro mágico, religioso y analítico no son divisiones anatómicas del mismo ni tienen que ver con el mito del cerebro triuno. Lee La Rama Dorada, el famoso libro de James Fraser (1922) y te dará un buen aroma de ello. Eso sí, ¡630 páginas!.

Deja tu comentario