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Ciencia de la felicidad y bienestar

Las emociones infectan a 5 personas

By 25 junio, 2019 Comentarios

Las emociones a veces interfieren tanto que casi podríamos decir que infectan e invaden nuestra mente. En 5 situaciones clásicas las emociones se desbordan y más que movilizar nuestra conducta y adaptarnos al medio, nos destrozan minuto a minuto.

No se trata de hacer Mindfulness para reducir el stress (eso es matar el síntoma), sino de Ver desde la mirada genuina qué estructura sostiene nuestra vorágine emocional.

Hay muchas… ¡aquí cinco de ellas!

1. El ignorante sabio.

Asombra lo que sabemos hoy en día. Opinamos de absolutamente todo aunque, francamente, tengamos poca idea de algo. ¿Porqué «sabemos» tanto de todas las noticias y tenemos una posición tan abrumadoramente clara? Básicamente porque no opinamos en base a una razón sino que nos emocionamos en una dirección ya elegida por nuestra memoria para después argumentar una defensa. Somos ignorantes, pero muy sabios, porque entendemos de OPA´s hostiles, juicios, leyes, penas y sentencias, movimientos geopolíticos mundiales y medidas económicas, o incluso ambientales 🙁 🙁 , con las que defender nuestras emociones.

Solución:  si aprendo a no formar una opinión sobre lo que no sé, mis emociones se relajan. Sí, sí, es posible no posicionarse respecto a algo. ¡Existe! Del ignorante sabio al sabio ignorante. Solo este último sabe que no sabe. Hay una enorme paz en no posicionarse sobre lo que desconocemos.

2. El obsesivo.

Indeciso, ansioso, incluso insomne… con cierta obsesión las emociones vuelven, se repiten, rumian y vuelven y vuelven. Y cuanto más vuelven más cuesta decidirse. Resulta que las emociones predisponen a la acción y si no la tomo, lógicamente, su intensidad aumenta precisamente para ejecutar una acción. Si das vueltas el cerebro te trae aquello que NO ha sido ejecutado. Lo no dicho, lo reprimido, lo no expresado, lo no olvidado, lo no perdonado, lo enterrado… no son fosas para el olvido sino ave fénix que siempre resurge: ¡la biología es así!

Solución: Mejor acción y corrección, que parálisis por análisis. Mejor expresión y aprendizaje que enterrar a un muerto que resucita. Mejor hacer visible lo oculto y madurar con ello que mirar para otro lado.

3. El caprichoso.

Entre los deseos para que las cosas sean como quiere, los agobios para que lo sigan siendo y las frustraciones sobre lo que nunca puede conseguirse, el caprichoso genera miles de emociones, rara vez satisfactorias. De deseo en deseo, teme que la siguiente flor ande escasa de néctar. La vida gira sobre el caprichoso en un idilio narcisista sobre sí mismo. No aspira a ser fotógrafo de la naturaleza ni de personas ni de ciudades: solo pretender hacerse fotos de sí mismo, en un eterno selfie viviente. Salta de emoción en emoción aspirando a un bienestar y quietud que no puede llegar ¡saltando!

Solución: muy probablemente psicoterapia profesional, larga y de la buena. O psicoterapia de la vida, que le dará oportunidades para la humildad. Mientras espera un cielo perfecto con sus colegas la tierra le dará motivos para ser, simplemente ser, incluso estar, y no solo lograr.

4. El perfeccionista.

Nunca es suficiente para él. Más que amarse se castiga. El sabio busca la excelencia, observarse mientras ejecuta y pule su destreza, sin embargo el perfeccionista no se observa sino que más bien se comenta a sí mismo en el proceso. Anda tanto en el futuro que tropieza en el presente. La vida es eso que se le pasó ayer pensando en mañana. Genera miles de emociones, pocas de ellas satisfactorias.

Solución: Si eres su jefe ponle metas que no pueda alcanzar. Si no revienta aún anda apegado al idilio romántico con su Yo. Debe saber que una emoción por el fallo es mejor que miles por un supuesto éxito. Un día, agotado de buscar un fantasma, se atreve a ser humano.

5. El categórico. 

Vive binarios, tanto que solo atiende a ceros y unos, es decir, blancos y negros. No sabe que los días tristes tienen millones de matices de grises y los días alegres infinitos arcos iris. Sobresimplifica tanto la realidad porque le interesa mantener sus emociones ahí en los extremos. A veces no opina, directamente se posiciona y ni siquiera racionaliza, solo sentencia. Incluso a su apego emocional es capaz de llamarlo valores, de esos que distinguen entre los «buenos» y los «malos» a lo Batman y Joker. Ponle estímulo y encuentras respuesta inmediata emocional. No sabe que los enemigos se parecen mucho más de lo que desearían.

Solución: la diversidad, la pluralidad, lo complejo le mata. La mera existencia de opciones diferentes lo desestabiliza. A fuerza de ver se acostumbra a permitir. En dos generaciones sus nietos no solo permiten sino que ya toleran. En tres, son capaces de aceptar. En cinco, los genes categóricos se vuelven por fin deletéreos. Así que basta ver el devenir del mundo para saber que ciertas cosas «categóricas» ya nunca serán. Siento que la solución sea tan tardía.

Todos habitamos estas cinco y otras categorías de inyección emocional de vez en cuando. No se trata de apagarlas porque sí, con pastillas o Yogas, sino de autoconocernos de verdad.

Emoción viene del latín «movere» y nos impulsan al cambio, acción, transformación y aprendizaje.

Encender el motor emocional y acelerar gasta gasolina y eso en el siglo XXI es muy hortera: contamina mucho, hace ruido y resulta pomposo.

Si te emocionas mete la marcha y avanza hacia una dirección elegida por la razón.

Y si es con un eléctrico o haciendo running, incluso mejor.

Green emotions por favor :).

Comentarios

  • Yolanda dice:

    ¡Cuánta verdad! Solo el autoconocimiento honesto nos permitirá, desde la voluntad y humildad, seguir creciendo.
    ¡Muchas gracias, Jose, por ayudarnos a saber dónde mirar!

  • Pilar Medina dice:

    Interesantes reflexiones que nos deberiamos hacer constantemente hasta conseguir entender como somos y como deberiamos consegouir ser. Nunca es tarde para empezar.

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