fbpx
Ciencia de la felicidad y bienestar

Felicidad social. ¿Ahora se entiende verdad?

No hay muchas certezas… como puedes comprobar.
Ni tampoco la ecuación del mérito es precisamente muy matemática.
Así que parece que el bienestar se nos escurre entre los dedos. ¿A quién hacemos caso?

La felicidad happy flower nunca ha funcionado pero siempre ha tenido sus seguidores y proporcionalmente  a sus fantasías detractores en el otro extremo.

Las personas pueden soñar happy flower con un universo positivo en vibración y abundancia (normalmente económica), que éste se encargará de darte giros y ribetes insondables. No es posible evitar los días grises, ni los estados de ánimo cambiantes, ni la buena y mala suerte, ni todas las injusticias, ni conseguir todas «tus metas». Por mucho que lo «visualices», lo creas y te emociones con ello, la vida se encarga. Aterriza…

En el otro extremo, los negacionistas del bienestar humano. A veces nos posicionamos ahí, enfadados, quemados o incluso víctimas de todo. A cualquier intento sensato de construcción de bienestar humano le ponemos en ese caso el adjetivo de ridículo. A veces se critica la industria de la felicidad (como si las industrias fueran per se «malas») porque sí. Todo eso lo entiendo porque vamos acumulando frustraciones. Pero una cosa es que el happy flower no haya encontrado su San Martín y otra que seamos como Ebenezer Scrooge (Charles Dickens) siempre diciendo a todo: ¡paparruchas!

Vengo compartiendo durante años un camino medio.

Una felicidad social, porque siempre mostramos que el Yo es bastante ilusorio y que no podré ser muy muy muy feliz si mi vecina está muy muy muy triste, incluso aunque le caiga mal sin motivo.

Esta construcción precisa de sabiduría, palabra que su mera ausencia del lenguaje habitual, la convierte ya en un diagnóstico sospechoso.

Sabiduría porque el cerebro tiene un nivel inicial de felicidad basado en la dualidad placer – dolor. Hasta los que vociferan como Scrooge evitan dolor y buscan placer. Pero el recorrido de esta dualidad es tan corto, que hay que saltar de plano: construcción del largo plazo, toma de decisiones sabia y conocimiento preciso de dónde conviene invertir acciones, amores y energía en el camino de vida.

Felicidad social, que bien la añoramos en estas semanas, porque hay responsabilidades y necesidades grupales que no se resuelven ni visualizando tus metas ni negando la posibilidad de estar más satisfechos.

La neurociencia social, la psicología positiva de calidad, los nuevos modelos de liderazgo inclusivo, la filosofía perenne, el pensamiento complejo nos confirman, cada vez con más y mejores datos, que necesitamos una combinación de trabajo personal genuino y de vínculos de pertenencia y empatía sólidos. Datos, ¡dije datos!, solidez por tanto. ¿A qué esperamos?

– La nueva era no te va a traer resultados.
– Pero negarse y enfadarse con los intentos de mejora  en la postura anti-bienestar tampoco.
– El «consigue todos tus sueños tú solito» mucho menos.
– El aislamiento estoico o de algunas tradiciones meditativas me temo que es arcaico para el siglo XXI.

En las formaciones comparto esta idea al respecto. Espero que te sirva.

«Estas prácticas que entrenamos cada semana no son para tener días de 9,5 o 10 porque el examen ha sido fácil.

Son para cuando el día viene con un 3,9 consigas rascar hasta el 5,1.

Tampoco son para si tienes costumbres de notables, pararte ahí. Acaso será para que ayudes a otros a aprobar y salir de la agonía y el agobio».

Tenemos un tiempo virulento donde cada día viene con un 3,5 te guste o no, lo merezcas o no. Como mucho, si tenemos experiencia, si lo hacemos en grupo, llegaremos a un 5,1… pero suficiente.

No es tiempo de sobresalientes ni de estar en Flow ajeno a la vida y el sufrimiento de otros.

En resumen:

  • No hay bienestar sin sabiduría.
  • Sin sabiduría no hay compasión.
  • Sin compasión no hay sociedad.
  • Sin sociedad, no hay Sapiens.

¡Ánimo en este examen!

Deja tu comentario