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Human Behavior

Este 2020 he dado primero, he dado lo máximo y me han devuelto…

By 6 diciembre, 2020 No hay comentarios
Si lees esto es porque has formado parte de mi 2020 de alguna manera.
Quizá pasaste por algún programa, entrenamiento o  formas parte de los newsletters o eres de los que sigue aprendiendo desde hace ya tiempo.
A​ntes de que empiecen las felicitaciones y recapitulaciones varias… aprovecho ya para agradecerte que estés aquí y para resumir lo que hemos hecho y cómo lo siento en este 2020.


Este 2020 he aplicado dos de mis mantras favoritos: 
1.    Da primero, antes que el otro.
2.     Da lo máximo.

Te pongo varios ejemplos y de paso me sirve para recapitular este 2020 🍀.

Este año hemos ofrecido cuatro entrenamiento abiertos 🧠: 2 en Neurociencia del bienestar y felicidad y 2 en Neurociencia de la personalidad Reading People

Mañana sacaré uno más, una Master Class abierta sobre feedback facial, un tema que se ha hecho viral y del que hay bastantes cosas que decir, de hecho hemos investigado y publicado en el laboratorio sobre ello.
Estos entrenamientos abiertos llevan muchísimo esfuerzo de preparación y ejecución.  Son semanas en las que prácticamente no tienes tiempo para mucho más que hacerlo lo mejor posible, que todo funcione y atender el volumen de preguntas e intereses que se generan.
Pero lo alucinante es que un gran porcentaje de las personas que asisten te devuelven algo: valoran el esfuerzo, saben que estás ahí compartiendo contenidos valiosos y te lo hacen saber. Vamos que no entran de tapadillos con identidad oculta 🧐 sino todo lo contrario: con pelos y señales te dan las gracias.

 

Muchos otros se inscriben a los programas y comienza de nuevo el ciclo.
Aplico de nuevo el dar primero y mucho, atendiendo cada día las dudas y cuestiones, acompañando a muchas personas en su camino, disfrutando con sus alegrías y mejoras y porqué no decirlo, sufriendo con sus penas. No quiero sentirme lejos de quien ayudo.
Y de nuevo sucede lo mismo: un alto porcentaje de los inscritos te devuelve con agradecimiento y valoración lo aportado. No tengo ningún mérito: me encanta hablar, compartir y enseñar lo que conozco e investigo de modo que no me cuesta esfuerzo. Pero madre mía, ¡cuánta gente maja hay por el mundo por mucho que digan los medios y las redes! (lo digo también desde la ciencia y los datos que conste en acta 🙂 ). Cada uno te da unas palabritas sinceras, desde su corazón,  una canción,  una confidencia, un pedacito de su ser, un anhelo o un sueño. Conectan.


Como sabes me gusta escribir, es un arma de creación masiva. Con motivo del confinamiento escribí 30 artículos, día a día, que compartí en redes tratando de aportar serenidad, perspectiva y sabiduría sobre ese asunto del que aún, sencillamente, no sabemos todo. Se inscribieron 700 personas a los artículos. De nuevo el ciclo: muchos te escriben diciendo que les han servido mucho esos escritos, en medio de un tiempo tan extraño. 

En redes sociales he compartido más de 100 mini videos temáticos. Perlas de contenido valioso de 1 ó 2 minutos. Sin hacer de youtuber loco 🤪, sino simplemente explicando lo mejor que puedo asuntos que son muy complejos pero muy útiles. El resultado ya sabes cual es: un buen porcentaje te devuelve buenas “vibraciones” 😉.

Con las colaboraciones en la AFC o la FMF o en una multinacional vinculada a proyectos de investigación con la que colaboro ha sucedido algo parecido. Dando primero y dándolo todo de tu esfuerzo, un gran porcentaje te devuelve. Y así se crean espirales de crecimiento que ya llevan años. 

Qué decir de gente que vas conociendo y que te van “abriendo sus casas” y tú les abres la tuya la espiral de confianza crece. 

Evidentemente te estarás preguntando por el otro porcentaje 😡😡😡. 

Y como sabes que no soy flower power, ni «guru cambia vidas en 5 semanas» ni promotor de la actitud como medida divino cuántica de todas las cosas ni nada parecido, vamos con ello. 

  • Gente a la que ayudas, invitas a algo, asesoras y no te devuelven ese agradecimiento, valoración o afecto.
  • Una organización que te marea con reuniones, promesas vacuas, decenas de powerpoints de proyectos y luego nada. Ni siquiera un no pudo ser pero gracias.
  • Uno que te promete Marte y después te dice que no mires al cielo y tengas los pies en la Tierra.
  • Esa persona que necesita una reestructuración profesional pero no puede pagarla y le atiendes media hora con 4 focos clarísimos de acción y voilá, se esfumó.
  • Ese proyecto que alguien te ofrece, quedas el día 20, te dice un día antes que la agenda la tiene llena y ¡hasta hoy!
  • Alguien que te pidió que le ahorrases años de mareos en el desarrollo personal y luego deja la brújula perdida en un cajón.
  • Aquel al que has ayudado en medio de la lluvia y el fango y una vez seco y limpito, desaparece en el éter.


Mentiría si dijera que no importa, no afecta o no sorprende. En absoluto. Eso es para la gente con superpoderes que ni sienten ni padecen. O para los que han aprendido a ser fríos y distantes (¡ay pobres!).

Tú y yo sin embargo sí sentimos. Y lo hacemos porque tenemos un pedazo de cerebro social hiperpreparado para la interacción recíproca. Una cosa es no poner demasiadas expectativas y otra que vivas fuera de la vida que es toma y daca, dar y recibir, compartir y comunicar. Te sorprende y te toca esa falta de reciprocidad de algunos: basta cerrar los ojos, serenarse y escuchar la sensación que deja. No lo intelectualices en la cabeza tan rápido: escucha el cuerpo y verás que duele.Pero una cosa es que afecte, buena señal de sensibilidad y otra que condicione y te rompa. Porque las cicatrices no impiden andar, son solo huellas en la piel que no mueven un ápice tu camino.

De hecho, quién sabe si no han podido hacer otra cosa.
Quién sabe si anduvieron tan dormidos que olvidan agradecer.
No juzgamos personas bien lo sabes, solo acciones y éstas, pueden doler.
Mirar con perspectiva te ayuda a no personalizar demasiado, así que no escondas que molesta y a seguir.

“Ya, ya Jose pues ahora me lo explicas porque yo me noto más revenid@ cada año. La gente va a lo suyo y cuanto necesitas estás más solo… Al final te quedas con la familia y 2 ó 3 amigos. Y en este 2020 ni te cuento.”

Pues venga, te lo explico 😉.

Los Sapiens son Sapiens porque se reunieron en grupos que decidieron colaborar, valorar el mérito, crear emociones útiles como la culpa o la vergüenza para garantizar lazos sociales y otras como el orgullo para premiar esfuerzos y habilidades. Un sistema social donde la competencia sana favorece la mejora y el progreso y la colaboración inteligente para garantizar la transferencia de esas mejoras. Solo pensarlo emociona: competición para progresar y colaboración para extender lo aprendido. A través de siglos y siglos de ensayo y error, su capacidad intelectual se desarrolló extraordinariamente por este tipo de interacción. Lo social les volvió listos. Insisto lo social.
Lejos de un cerebro racional y uno emocional como se suele decir (para acabar hipervalorando lo emocional jejeje), hay algo más evidente, palabra de neurocientífico: nuestro cerebro es social y es por eso que somos lo que somos.
Nuestra naturaleza es dar y confiar y una vez ahí, esperar.
Si el otro quiere colaborar la espiral crecerá. ¡Y bien que lo hace! 
Si no hay reciprocidad, el movimiento se para, pero tú sabes que hay muchos sitios donde poder amar. Y solo con eso ya sabes hasta dónde debes entregar sin retorno.


Es por eso que puedes tener cicatrices pero no flechas que te atraviesan.
No eres bobo por dar y dar y en ocasiones no recibir. 
Solo eres bobo cuando das y das y no escuchas la respuesta o la ausencia de la misma.

Si das es porque tienes.

Si das es porque la vida no te ha hecho tosc@, rud@, egoíst@ o desconfiad@.

Si das es porque eres un pedazo de Homo Sapiens para quitarse el sombrero.

Que puedas dar primero, dar mucho y dar lo mejor de ti en 2021.
Lo que recibas ya no dependerá de ti.

Gracias por estar aquí una vez más.

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