Neuroliderazgo

Los líderes no son lo que piensan

Donde enfocamos nuestra esencia cambia nuestra forma de liderar en cualquier ámbito. Hay quien siente que su esencia se basa en que el conocido somos lo que pensamos.

De este modo si nos interesa la transformación, llega cuando cambiamos unos pensamientos por otros. Esta versión es la más aceptada, lo cual no significa que sea más cierta. Nos encontramos día tras día mensajes que nos animan a instalar mejores palabras en nuestra mente confiando en que las nuevas piezas del puzzle encajen mejor y se produzca el avance.

Sin embargo como todo buen meditador conoce cambiar el pensamiento con el pensamiento por otro pensamiento implica establecer un comisario central que decide que una parte del pensamiento es corrupta y otra no tanto, y además cree que la parte que decide es la incorruptible, para mañana darse cuenta que la promesa incumplida debió tomarse por la parte corrupta. Se puede atisbar el grado de locura ¿verdad?

 Esta solución suena a esos mitos de regeneración que tanto suenan, que deben ser puestos en marcha por aquellos mismos que degeneraron todo. Otro oximorón.

El que esta versión de nuestra identidad sea tan ubicua se vincula al propio desarrollo del Yo desde nuestra temprana infancia. Damos tanta importancia implícita a nuestros pensamientos por el mero hecho de ser nuestros, que las versiones del pensamiento positivo o mágico, o los rígidos sistemas de creencias que nunca deben ponerse a prueba invaden mentes sin encontrar resistencia. Uno está tan convencido de ser sus pensamientos que se va llenando y llenando de creencias para ¡siempre pensar lo mismo!

Cuidado por tanto si como líderes creemos ser lo que pensamos.

Hace poco escuché algo más inteligente: “Somos lo que leemos”. Al menos la lectura puede apuntar a la realidad e inspirar hacia ella. Lo preocupante, aunque solo para algunos :), es que en algunos países el 35% de personas no leen nunca o casi nunca. No entro a valorar lo que se lee…, hay quien aboga por no llamar lectura al amarillismo o el sensacionalismo. Quizá no anden descaminados.

Somos más bien lo que hacemos, porque eso es lo que el cerebro trae de serie, hábitos, y lo que añade con aprendizaje, condicionamiento y experiencias: más hábitos. Las palabras, los pensamientos, por mucho que pese, no son la acción. Basta mirar la cantidad de proyectos incumplidos o las decenas de engaños y autoengaños que la mente proyecta.

Nuestros hábitos son muy poderosos. Funcionan a través de los ganglios basales, estructuras del cerebro filogenéticamente muy antiguas y estables. No sólo eso, pertenecen a otro mundo, a otra sociedad, a otras necesidades de hace millones de años, muy diferentes de las de 2018. Nuestros hábitos son altamente emocionales, poco conscientes, muy automatizados y dirigidos a nuestra supervivencia no a nuestro bienestar.

Uno no es lo que piensa ni lo que dice ni lo que desea ni lo que anhela.

Uno es sobre todo lo que hace y en la relación con el otro, eso es lo que nos define.

Una y otra vez, el hacedor que somos actúa.

Una y otra vez, el hacedor que el otro es actúa.

No perdamos el tiempo en lo que alguien nos dice, promete, aspira o considera, sino en los actos que realiza. Se aplica igual para nosotros: mira y descubre el hacedor que eres y te sorprenderás.

Cuando uno ve que lo que hace no es lo que cree ni piensa, con frecuencia se derrumba. Cree liderar un empresa tipo Silicon Valley y realmente dirige una fábrica tayloriana con expertos pagados como becarios . Cree ser una persona ordenada y metódica cuando realmente el escritorio, los apuntes y la casa está hecha un desastre. Cree poder aprender inglés, perder peso e ir al gimnasio, mientras lo real es el chocolate, la TV y la desidia.

La neurociencia del liderazgo nos puede ayudar aquí. Podemos aprender a des-aprender y aprender a re-aprender.

Podemos liderar a un equipo, pero antes liderarnos a nosotros mismos.

Un verdadero líder sabe que es lo que hace y no lo que piensa lo que da coherencia a todo. Conoce a su hacedor: diagnóstico.

Un verdadero líder sabe que la atención, aprendizaje y desaprendizaje requieren de determinados estímulos, intensidades y tiempos: proceso.

Un verdadero líder sabe que para cambiar un hábito no vale con pensamientos positivos, motivación de gurus o apelar a la voluntad y el stress porque el cerebro no es tonto. Hacen falta condiciones precisas: método.

Con todo ello un buen líder sabe cambiarse a sí mismo y de ahí inspirar el cambio en los demás.

El neuroliderazgo aporta diagnóstico, proceso y método en nuestros procesos de cambio y transformación personal y profesional.

Somos lo que hacemos.

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