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Neuroliderazgo

Neuromitos (I). El cerebro triuno

En este caso es mejor empezar por el final. Cuando a diferentes personas les he expuesto con argumentos que el cerebro triuno es un modelo pobre y limitado de la mente humana y su conducta, indefectiblemente surge una explicación defensiva, sin analisis, con la respuesta de que es un modelo bueno porque “se entiende fácil”. Sin embargo las personas que asisten a cursos y formaciones agradecen una visión más cercana a la realidad de la neurociencia. Esa es la que comparto aqui.

Considero que el comportamiento humano no debe reducirse a fácil o difícil sino que partiendo de su complejidad, podamos atisbar o no una comprensión real, práctica y que nos permita avanzar en el conocimiento. Entender fácil lo falso, no lo vuelve útil ni verdadero.

La hipótesis del cerebro triuno, como ahora explicaré, limita la responsabilidad humana y la deja en una parte del «cerebro», sobre simplifica un órgano complejo como el cerebro y propugna un antropocentrismo ridículo. No es por tanto inocuo sino que más bien entorpece el conocimiento. Pero quizá lo peor sea que simplifica a su propio autor, Paul Mc Lean, quien en 1949 intentó unificar, ahí es nada, biología, psicología, neurociencia y paleontología. Su modelo fue una inspiración en los años 70 para seguir avanzando y debe ser considerado como el gran neuroanatomista  y médico que fue.

Sin embargo, como neuromito se presenta a veces como neurociencia de vanguardia en organizaciones (aunque date de 1949) cuando es mucho más sensato y práctico explicar modelos de neuroliderazgo y comportamiento humano desde la neurociencia real: los asistentes lo agradecen. Hay quien me dice que en una empresa la gente quiere cosas prácticas del cerebro y no hacen falta teorías. Curiosamente yo encuentro en las empresas personas inteligentes y no tontas, y además no hay más nada menos práctico que la ignorancia.

El neuromito se comparte también, tristemente, en alguna universidad, y no es raro que algún amigo ya te diga “es que fue mi cerebro reptiliano”. He llegado a escuchar que “las mujeres en rebajas entran en cerebro reptiliano y de ahí su compra impulsiva” o que “el cabezazo de Zidane a Materazzi fue fruto de su cerebro reptil” o que “cuando las personas entran en modo límbico no toman decisiones”. Ante esto no tengo emoticonos cerca para expresar mi perplejidad.

El modelo del cerebro triuno de Paul Mc Lean sugiere que el cerebro funciona por 3 módulos prácticamente independientes que son fruto de la evolución humana en escalera, uno sobre otro: cerebro reptiliano (implicado en territorialidad y rituales), límbico (emociones) y neocórtex (funciones cognitivas).

Veamos algunos argumentos:

1. Ya Aristóteles ordenaba las especies linealmente de lo simple a lo complejo. De este modo la evolución era progresiva, teleológica (con un fin) y los humanos estaríamos en la cúspide. Aunque sea una idea muy utilizada por las religiones y que parece de sentido común al observar a otros animales desde la perspectiva humana, la evolución no es progresiva sino que actúa en respuesta a las circunstancias del ambiente, con frecuencia azarosas. No es teleológica, basta reconocer que a los humanos nos duele la espalda debido a nuestra construcción que no “diseño” vertebral, o que los partos son muy complejos por el tamaño de la cabeza. No ha habido diseño inteligente, sino que todas las especies nos hemos adaptado a determinados estímulos y ambientes. El sistema nervioso de los animales es un todo, no una construcción secuencial de capas 1.

2.  No hay animales superiores (humanos) ni inferiores. Todos nuestros ancestros se enfrentaron a las exigencias ambientales y pasaron sus genes a la siguiente generación. ¿Los peces están menos evolucionados que los felinos como sugiere el modelo? ¿Los hombres más que los cetáceos? Por ejemplo los peces en cuanto a número de especies y capacidad de expansión acaso serían los mejores adaptados en la Tierra. Los peces además muestran conductas cooperativas y de aprendizaje social 2, que evidentemente no corresponderían a un cerebro reptil. La altísima inteligencia de pulpos o pájaros podrían ser otros ejemplos que de nuevo, muestran la limitación de un cerebro estanco en 3 compartimentos 3.

La adaptación en el sentido darwiniano se refiere a éxito reproductivo no a progreso desde una perspectiva cultural humana.

3. El módulo límbico del cerebro triuno sugiere un lugar único para las emociones. Hoy sabemos que estructuras fuera de ese módulo tienen funciones emocionales (como el COF o el vmPFC) 4 y que estructuras como la amígdala no solo contemplan funciones emocionales 5.

4.  El cerebro triuno sugiere que la emoción es independiente de la razón y que nuestra evolución humana avanzada es fruto del predominio de la razón. Hoy sabemos que la separación razón-emoción no es tal y que la toma de decisiones requiere emoción 6. Incluso cuando debido a lesiones la toma de decisión es no emocional se impide la vida social 7.

5. El cerebro no funciona como un conjunto de piezas en la que cada una se relaciona con una función como sugiere el triuno. Esta visión, muy cercana a la Frenología, no se sostiene desde hace siglos en neurociencia. No es cierta por motivos anatómicos, fisiológicos y funcionales pero el más evidente es que atenta contra la propia plasticidad y adaptabilidad del cerebro a las experiencias. El cerebro trabaja y se desarrolla como un conjunto de numerosas redes en las que cada uno de sus nodos participa en diversas funciones. En función de las necesidades, aprendizajes y genética predominan en cada instante unas redes sobre otras.

El cerebro es hipersocial 8,9. Esta visión y no la triuna es mucho más cercana a la realidad. Los cerebros grandes de los primates reflejan las demandas de sistemas sociales que se relacionan con el número y complejidad de sus relaciones. La adaptación a nuestro ambiente fue eminentemente social y se encuentra en numerosos animales, dado que hemos tenido que solucionar problemas en grupo 10. En nuestra especie, sin duda las relaciones sociales permiten entender mejor la conducta que cualquier simplificación que reduce lo humano a 3 obsoletas cajas.

Aún así la complejidad de nuestro comportamiento no puede ser reducida jamás a una única hormona (testosterona u oxitocina), ni a una única área cerebral (amígdala), ni a un tipo de neuronas (espejo o Von Economo) ni a un único gen (MAO-A) ni a una cultura, ni a un ambiente, ni a una especie sino a lo que la complejidad significa, una red entretejida de circunstancias, características y condiciones.

El cerebro es en definitiva social y complejo, no triuno. Si quieres explicar el comportamiento humano desde la neurociencia, sea a una organización, equipo o persona, atiende y estudia el cerebro social.

Referencias

1 Butler, A. B., & Hodos, W. (1996). Comparative vertebrate anatomy.

2 Bshary, R., Wickler, W., & Fricke, H. (2002). Fish cognition: a primate’s eye view. Animal cognition, 5(1), 1-13.

3 The evolution of consciousness in phylgoenetic context»  K. Andrews and J. Beck (eds.), The Routledge Handbook of Philosophy of Animal Minds. London: Routledge, 2017, pp. 216-226.

4 Drevets, W. C. (2007). Orbitofrontal cortex function and structure in depression. Annals of the New York Academy of Sciences, 1121(1), 499-527.

5 Pitkänen, A., Savander, V., & LeDoux, J. E. (1997). Organization of intra-amygdaloid circuitries in the rat: an emerging framework for understanding functions of the amygdala. Trends in neurosciences, 20(11), 517-523.

6 Bechara, A., Damasio, H., Tranel, D., & Damasio, A. R. (2005). The Iowa Gambling Task and the somatic marker hypothesis: some questions and answers. Trends in cognitive sciences, 9(4), 159-162.

7 Bechara, A. (2004). The role of emotion in decision-making: evidence from neurological patients with orbitofrontal damage. Brain and cognition, 55(1), 30-40.

8 Dunbar, R. I. (1998). The social brain hypothesis. brain, 9(10), 178-190.

9 Dunbar, R. I., & Shultz, S. (2007). Evolution in the social brain. science, 317(5843), 1344-1347. 

10 Frith, C. D. (2007). The social brain?. Philosophical Transactions of the Royal Society of London B: Biological Sciences, 362(1480), 671-678.

 

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