Ciencia de la felicidad y bienestar

La pobreza emocional: alegría, tristeza, ira, asco y miedo

Por mucho que lo intentemos no salimos de la pobreza emocional si nuestro principal repertorio de emociones consta solo de cuatro o cinco ingredientes: alegría, tristeza, ira, miedo y asco (las llamadas emociones básicas).

Vamos al grano: nos quedamos muy cortos si ese es nuestro único repertorio, tanto si es para regular tus propias emociones, como si es para interpretar o leer las de los demás.

¿Y si intento regular esas cinco básicas?

Si intentas regular desde esa esfera, podrás relajarte, hacer Mindfulness “alopático”, para el síntoma (que es el stress), pero al carecer de visión sobre tu propio proceso, este (stress y sufrimiento) continúa como si tal cosa.

Si desde ahí quieres explicar la conducta humana y adivinar las intenciones de otro a través de “incoherencias entre su mensaje verbal y no verbal” no funciona: acabas creyendo que la conducta se debe a las emociones, olvidando muchos otros parámetros y acabas encontrando lo que querías buscar, lo que se llama sesgo de autoconfirmación, es decir, que te das la razón de lo que encuentras.

¿Porqué nos quedamos cortos con este enfoque?

Porque en tu día a día no sueles sentir ira “pura”, sino frustración, amargura, resentimiento, rencor, envidia o celos que son mucho más complejas que una simple furia producto de una respuesta de supervivencia (ante el famoso león) y que hace que frunzas el ceño, tenses la cara y actives el simpático. Es más rico y complejo.

A lo largo del día tampoco sientes a menudo alegría simple. Me dirás: ¡Cómo que no! ¡Si me acabo de comprar un vestido, un bolso, un nuevo portátil o un nuevo coche! Pues no… porque sientes una mezcla de satisfacción, orgullo, identidad, sentido de pertenencia, incluso narcisismo o prepotencia y hasta vergüenza según en qué contextos.

¿Y si es interna que nada tiene que ver con adquirir algo?

Pues en ese caso será más gozo, ecuanimidad, sobriedad, éxtasis, paz, expansión, bondad, calma y bienestar… pero no alegría pura.

¿Y tristeza?

Rara vez. Aparece melancolía, pena, pesadumbre, decepción, sensación de traición, depresión, culpa, arrepentimiento. Vamos que por alguien diga en la tele “lo siento mucho” y veas que arquea las cejas hacia arriba, no significa en absoluto que se arrepienta de sus actos y sea consciente del daño producido.

¿Y qué hay de los miedos?

Sentimos alguno claro que sí, pero muchos de ellos son más bien vergüenza, otros son pura inteligencia, prevención y sensatez, otros congelación, terror, pánico, sumisión o susto. Lo siento pero la fórmula mágica: «no tengas miedos» no tiene ni pies ni cabeza.

¿Entonces cómo abordarlo?

Por importancia que demos a las emociones, que la tienen, no significa que podamos atribuir a ellas la génesis y el resultado de nuestras conductas.

Necesitamos comprender no solo emociones, sino también sentimientos, razones, contexto social, memoria, valores, personalidad e identidad.

¿Un ejemplo para captar esta magnitud?

Veamos tres:

  1. Un jugador no solo chuta para meter GOL, también corre, pasa, regatea, se desmarca y defiende. Además no juega solo :).
  2. Un meditador no observa o regula sus emociones sino su MENTE. ¡Entera!
  3. Un cerebro humano no solo se emociona ante 4-5 estímulos básicos innatos. Su conducta implica motivación, razón, sentimiento y necesidad, no solo emoción.

En definitiva enfatizar o exaltar exageradamente un ingrediente de la mente y cerebro sobre el resto, convierte la riqueza emocional humana en pobreza emocional.

¿Qué podemos hacer?

Estudiar la mente en primera  y tercera persona en su conjunto sin separar emoción de razón, estímulos externos de internos, sentimientos de creencias, valores de motivación, identidad de contexto, y sociedad de individuo.

En definitiva meditación de verdad, la profunda, y modelos de neurociencia de vanguardia.


Si es importante para ti conocer, desarrollar y potenciar tu mundo emocional te esperamos

del 25 al 28 de julio en La ciencia y práctica de las emociones

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