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Neuroliderazgo

¿Sabes concentrarte y enfocar tu atención?

Si preguntamos a alguien si sabe concentrarse o enfocar su atención la respuesta más habitual, independientemente de su mejor o peor habilidad, es que las personas tratan, intentan, insisten o desisten al enfocar la atención, pero realmente no saben cómo lo hacen.

Captamos información del entorno a través de los sentidos y cuando la filtramos, decidiendo qué estímulos son más importantes, prioritarios o adecuados, ejercemos la atención y concentración, cualidades que son indispensables para el aprendizaje y… para cualquier aspecto de la vida. De hecho vivir implica, aprender en cada instante, convertir los problemas en retos, aceptar el presente y ser inteligentes para el futuro.

Paradójicamente, no estamos atentos a cómo estamos atentos. Damos por hecho que la atención es innata o requiere sobre todo de voluntad y esfuerzo, pagando el lógico coste del cansancio o agotamiento.

Hasta tal punto es así, que pocas personas pueden mantener su atención durante largo tiempo y la fatiga gana la batalla. Si la motivación por la tarea no es alta, colocar la atención en la actividad precisa se torna un imposible.

Esta experiencia común tiene un sentido cerebral evidente. Hemos aprendido a estar atentos, sólo si existe un alto interés espontáneo por un estímulo, bien porque corremos peligro, bien porque nos atrae. Si la atención es forzada, debemos pagar el precio, con lo que neurotransmisores como noradrealina y adrenalina, asociados a los circuitos del stress, fácilmente provocan fatiga.

La capacidad de atención se ve influenciada por los estímulos externos que recibimos, su frecuencia y su intensidad e indudablemente por nuestra motivación, interés, estado vital y capacidad de sugestión.

Sin embargo lo que realmente buscamos es fortalecer y controlar nuestra atención. ¿Es eso posible? ¿Qué parte o función cerebral se encarga de tal función? ¿Es entrenable, mejorable y manejable? ¿Qué implicaciones tendría para tu vida tener un nivel superior de concentración, enfoque y atención?

  • ¿Quizá un mejor rendimiento académico, profesional, personal o deportivo?
  • ¿Mayor capacidad de escucha y empatía?
  • ¿Mejores habilidades para solucionar problemas y plantear soluciones?
  • ¿Analizar mejor las opciones antes de tomar una decisión?
  • ¿Mantenerse fuerte en tiempos difíciles?
  • ¿Mejorar cualquier tipo de aprendizaje y por tanto memoria?

Las implicaciones son evidentes…

Entrenar la atención es posible, gracias a la neuroplasticidad, que permite moldear y cambiar nuestro cerebro dado que el sistema nervioso cambia en estructura y función, en presencia de las demandas del ambiente interno y externo.

Mediante  práctica, repetición y acciones voluntarias relacionadas con la tarea para el aprendizaje, mejoramos el funcionamiento cognitivo de nuestro cerebro.

La atención es otro recurso más. Los estudios mediante PET y f-MRI han permitido el descubrimiento del llamado centro de atención ejecutiva, el C.E.O. de tu propio cerebro, que es una de las zonas que se encuentra relacionada con cómo y donde enfocamos la atención. Según el Dr. Michael Posner, este módulo se aloja en la línea media a unos 7 centímetros delante del vértex. Cuando el centro de atención ejecutiva se encuentra con una experiencia que el cerebro estima como nueva o no habitual, enciende el córtex prefrontal y nos volvemos conscientes de ese hecho o estímulo. *(1)

Sin embargo este funcionamiento, aunque permite estar atentos, consume mucha energía. Dado que el cerebro consume oxígeno y glucosa en gran cantidad, si mantener la atención requiriera un alto consumo energético nuestra capacidad de supervivencia se vería disminuida.

Para ahorrar energía el cerebro utiliza ritmos desde 1 a 37 hertzios en el córtex, donde en colaboración con el tálamo, evita la activación de zonas innecesarias para una particular tarea mediante los llamados ritmos de parada.

Lo que es importante es que cuando estamos absortos en una experiencia, concentrados, atentos y enfocados, los ritmos de parada de 1 a 37 hertzios están inhibidos.

Entonces ¿cuál es la solución para mejorar la concentración?

Científicamente destacan dos: Mindfulness y Neurofeedback.

Mindfulness, es una técnica de entrenamiento cerebral que mediante la atención y aceptación del momento presente, refuerza numerosas capacidades cognitivas. Tras siglos de práctica, es ahora, gracias a las numerosas investigaciones cerebrales mediante electroencefalografía (EEG) y resonancia magnética funcional (fMRI), que científicamente podemos avalar los efectos de la atención plena, meditación o mindfulness.

Reducir el stress, mejorar la tensión arterial, atenuar la hiperreactividad emocional y mejorar la atención son resultados que empiezan a ser evidentes en tan sólo 8 semanas de práctica de Mindfulness según los más reputados neurocientíficos en esta materia. *(2,3,4)

Otro método paralelo y aún más rápido, de mejora de la atención es el Neurofeedback. Ya que no podemos conocer de forma consciente si nuestro cerebro opera de una forma u otra, utilizamos la tecnología específica para detectar la supresión de los ritmos de parada y la activación de la atención.

El Neurofeedback consta de un biosensor que se coloca en la cabeza y que detecta cambios en la señal eléctrica producida por nuestra actividad cerebral cortical. Dado que la respuesta eléctrica está directamente relacionada con el estado en que nos encontremos: despierto, atento, distraído, enfocado, somnoliento, fatigado, abatido o entusiasmado, el biosensor muestra en pantalla imágenes y sonidos relacionados con nuestro estado de conciencia. En tiempo real aprendemos a modular nuestra atención, pues cuando ésta decae, el dispositivo lo detecta y nos avisa.

Los primeros ensayos científicos con Neurofeedback datan del año 1955 cuando Joe Kamiya enseñaba a controlar el nivel de ondas alfa cerebrales, proporcionando estados de calma. *(5)

Mucho se ha avanzado desde entonces y actualmente existe evidencia científica para la epilepsia, ansiedad, stress, deterioro cognitivo leve, dolor crónico, desórdenes del sueño y peak performance.

El entrenamiento en Neurofeedback para la atención se ha utilizado en niños con resultados basados en la evidencia. En pacientes con TDAH, se logra incrementar el ritmo sensoriomotor (SMR) y la actividad beta (15-18 hz), mejorando la atención en comparación con el fármaco Metilfenidato, más conocido como Ritalin. *(6, 7, 8)

Las actuales investigaciones se centran en desarrollar aplicaciones para el entrenamiento de la atención en múltiples contextos como deportistas, estudiantes o altos ejecutivos. El Dr. Estate, en la universidad de Louisville, realizó un interesante estudio con estudiantes de secundaria y Neurofeedback *(9)

Mediante Neurofeedback de última generación podemos aprender, en un tiempo extremadamente rápido, a enfocar nuestra atención y concentración. Pero la posibilidad de mejora tiene en cuenta otro aspecto y es el nivel de alerta. Con frecuencia si queremos mantener la atención activamos el nivel de alerta. Este funciona, como decíamos, mediante hormonas y neurotransmisores de respuesta rápida al stress, como noradrenalina, con lo que a medio y largo plazo, la atención no puede sostenerse, porque el stress provocado por la activación agota el sistema nervioso.

Gracias al Neurofeedback no sólo podemos entrenar en tiempo real cómo estamos atentos a estar atentos, o cómo concentrarnos mejor sino también cómo aumentar el enfoque sin agotar los neurotransmisores del stress.

Los efectos de Neurofeedback se empiezan a notar en un tiempo corto de entrenamiento, 15 sesiones de 30 minutos.

8 horas de Neurofeedback para ejercer cambios y mejorar habilidades y capacidades cognitivas.

Unas semanas de práctica de Mindfulness para acoger el presente y cambiar estructuras cerebrales.

Ciencia al servicio de tu cerebro. ¿Merece la pena?

Referencias

1.  Posner, M. 1994. Images of the mind. Scientific American Books  

5.  Fuchs, T.; Birbaumer, N.; Lutzenberger, W.; Gruzelier, J. H. & Kaiser, J. Neurofeedback treatment for attention-deficit/hyperactivity disorder in children: a comparison with methylphenidate Applied psychophysiology and biofeedback, Springer, 2003, 28, 1-12 – Lubar, J. F. Neurofeedback for the management of attention-deficit/hyperactivity disorders. Guilford Press, 1997

6. Lubar, J. F.; Swartwood, M. O.; Swartwood, J. N. & O’Donnell, P. H. Evaluation of the effectiveness of EEG neurofeedback training for ADHD in a clinical setting as measured by changes in TOVA scores, behavioral ratings, and WISC-R performance Biofeedback and Self-regulation, Springer, 1995, 20

7. Monastra, V. J.; Lubar, J. F.; Linden, M.; VanDeusen, P.; Green, G.; Wing, W.; Phillips, A. & Fenger, T. N. Assessing attention deficit hyperactivity disorder via quantitative electroencephalography: An initial validation study. Neuropsychology, American Psychological Association, 1999, 13, 424

8. Estate M. S, Hillard, B. Neurofeedback Training Aimed to Improve Focused Attention and Alertness in Children With ADHD. A Study of Relative Power of EEG Rhythms Using Custom-Made Software Application. Clinical  EEG Neuroscience Journal. July 2013 vol. 44 no. 3 193-202

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