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Negociación, personalidad, influencia

¿Sabes observar a los demás?

By 12 febrero, 2018 No hay comentarios

¿Sabes observar a los demás? el amplio panorama del comportamiento humano

Los seres humanos poseen una desarrollada Teoría de la mente, es decir, la capacidad para inferir y atribuir intenciones y pensamientos a otras personas, por tanto comprender nuestro estado mental y del prójimo. De no poseer teoría de la mente, apenas podríamos socializar o relacionarnos.

Relacionarnos implica, entre otros factores, observar a nosotros, el prójimo y el entorno. Con mucha frecuencia creemos observar mucho y bien, o incluso intuir mágicamente el porqué de todo, sin embargo, sin metodología y rigor solemos caer en sesgos y errores de atribución constantemente. Lo visible en este caso, se escapa delante de nuestros ojos. Nuestro hijo nos pide atención y lo confundimos con un regalo. Nuestra pareja nos grita con su cuerpo y rostro y nos pasa desapercibido. Nuestros compañeros de trabajo nos muestran constantemente emociones y apenas captamos un 1% de ellas. 

Nuestro comportamiento en todo momento deja huella dado que es imposible no emitir información. Si estamos quietos, impávidos y silenciosos ya decimos mucho. Pero es tal la avalancha de información que transmitimos, como especie hipersocial que somos, que necesitamos ordenar la misma cara a codificarla.

Un canal de observación posible es el contenido verbal de los mensajes. A pesar del mito (falso) de que el 93% de una comunicación es no verbal, las palabras en su contenido muestran acciones, intenciones, omisiones, errores, lapsus y atribuciones. Escuchar bien al otro y ser capaces de realizar una análisis cualitativo de lo que se dice es una herramienta a estudiar.

No solo qué digo, sino cuanto digo es parte de mi comportamiento. Al igual que tenemos un patrón específico al teclear en nuestro ordenador, de forma que se usa ya como un reconocimiento de personas, utilizamos un determinado vocabulario y palabras en diferentes circunstancias. Podemos leer un texto de alguien y determinar si fue escrito por esa persona, e incluso entender su estado de ánimo.

La escritura por tanto también es motivo de análisis, dado que no escribe la mano… sino el cerebro. La persona impulsiva en sus acciones, lo es cuando escribe a mano o firma. Ante una situación emocional tensa o agitada, o por ejemplo al mentir, escribimos con diferente presión sobre el papel.

No solo lo verbal y lo escrito deja huella y es observable. Lo no verbal, con orígenes evolutivos muy profundos, es un río de datos e informaciones de nuestro comportamiento.

Uno de ellos es la expresión facial. El rostro humano, a través de 42 músculos puede realizar hasta 10000 expresiones diferentes. Con el rostro emitimos constantemente información, tanto emocional como cognitiva, que en gran parte escapa a nuestro control. ¿Quiere ello decir que uno podría entender en el otro información que no es consciente para esa persona? La respuesta es: SI. La hipersocialidad no es un mantra, sino una realidad. A nuestro cerebro le bastan 17 milisegundos para percibir miedo, interés, atracción o ira.

Los gestos, aunque son más culturales que la expresión facial que se considera universal e innata, son otro fascinante canal del comportamiento. Nuestras manos en gran medida, pero también el torso, piernas y pies reaccionan constantemente en las interacciones con los demás. De hecho, la mano es casi una extensión del cerebro. Ocupa una gran zona de la corteza somatosensorial, está muy cercana al área motora del lenguaje y se postula que hablar y gesticular es una acción casi conjunta.

Las posturas y capacidad de movimiento son otra rama del comportamiento no verbal. ¿Sabías que con solo 6 puntos visibles del cuerpo de una persona podemos determinar el género, la emoción y el estado de ánimo? Nuestra forma de caminar, estar de pie o moverse habla por sí misma.

El tacto es como sabemos uno de los sentidos más primarios y una característica vital de los mamíferos. La piel es un receptor sensorial enorme y su entrada al cerebro es importantísima porque nos vincula con nuestro sentido del Yo, la posición en el espacio y la sensación de estar aquí y ahora en este cuerpo. Como, cuando y cuanto tocamos puede cambiar la adherencia a un tratamiento médico, la receptividad de una terapia, la confianza en una negociación o la percepción de profesionalidad de un ingeniero. No fueron los conocimientos sobre aleaciones, fobias o virus, lo que elevó la percepción positiva de ese ingeniero, psicólogo o médico, sino como utiliza la háptica, que así se llama la ciencia que estudia el tacto como canal de comunicación no verbal.

El estudio de la distancia es igualmente vital. La proxémica marca parte de nuestra conducta y muchas de nuestro nivel de agresividad se relaciona en parte con la proximidad mayor o menor en nuestras relaciones. La proxémica es tan profunda que su conocimiento permite transformar no solo reuniones o lugares de trabajo y vida sino incluso ciudades que entienden como se comportan las personas y parten por tanto de ellas.

La apariencia, lejos de sesgos clasistas, influye en nuestra percepción de los demás en tanto con frecuencia esperamos que ésta sea acorde a la función social que ejercemos. Más allá de eso, el autocuidado nos informa claramente sobre los rasgos de personalidad del sujeto y en base a ello, qué podemos esperar y qué no.

La oculésica, lejos de los mitos de que quien mira para la izquierda miente y quien mira abajo recuerda, nos muestra nuestro grado de interés, atracción y atención como vemos en los modernos estudios de eyetracking en los que mediante la mirada inferimos el estado mental de las personas.

Por último la prosodia del lenguaje, es decir, la entonación que muestra la intención de nuestras palabras nos permite entender sarcasmos e ironías, metáforas y giros del lenguaje que sin ellos, no existiría la comunicación. De hecho aquellos que entiende literalmente el lenguaje suelen tener problemas en la comunicación y por ello abundan los malentendidos y riñas en redes sociales en donde no vemos ni escuchamos ni podemos apenas inferir las intenciones del otro.

Como decíamos al incio por la teoría de la mente, constantemente leemos y atribuimos pensamientos e intenciones a nosotros mismos y los demás. En tanto conocemos con rigor como mejorar nuestra capacidad de observación, profundizamos también en el conocimiento propio dado que seremos más conscientes del efecto de nuestros actos y expresiones en los otros. Este es el punto donde meditación y conducta se interrelacionan. En tanto conozco bien como soy y qué siento mediante la meditación puedo mejorar y entender que el otro siente y es de determinada forma. En tanto observa la riqueza de información de los otros, puedo facilitar a su vez lo que ocurre en mi. La atención en ambos casos es el ingrediente fundamental. Pero no es tanto atender… sino saber a qué, cuando y cómo atender.

Atención especializada por tanto al lenguaje cuali y cuantitativo, escritura, expresión facial, gestos, posturas, orientación, movimientos, proxémica, háptica, apariencia y oculésica…

¿Sabes observar a los demás?

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