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Ciencia de la felicidad y bienestar

VIRUS a toro pasado, la zorra y las uvas

A toro pasado los expertos nacen como las setas de otoño. Antes del evento no tanto ¿verdad?

Me gusta casi más la fábula de Esopo, «Las uvas y la zorra». Cuando ésta intenta alcanzar las uvas y no lo consigue dice que no estaban maduras.

Los expertos aparecieron también con la victoria de Trump. El día después los mismos analistas que habían fallado estrepitosamente se atrevían a explicar los porqués… que no supieron predecir. Curioso…

Sucede en las crónicas del deporte. Narran la derrota del favorito ¡en términos que descartan la propia sorpresa!

Los hay quienes lo llevan al amor: «lo que podría haber sido aquel día, si en aquel momento, si…».

Con el virus sucede algo parecido. A la mayoría nos sale una vena de analista contrafactual y al parecer, me cuentan, en los medios y redes surge todo tipo de certezas de lo que se debería haber hecho y cómo haber evitado algo así. Es normal, pero pocos lo dijeron antes.

Las uvas y la zorra, a toro pasado…

Hoy quiero hablar de ese fenómeno, el pensamiento contrafactual que se traduce por un ¿y si? en referencia a otro curso de acción: «si se hubiera hecho X y no Y, habría sucedido algo diferente».

En estos días nos sucede y no es para menos. Activamos ese modo de pensamiento. Como la realidad es dura, poco agradable, nos gustaría retroceder al pasado y haber tomado otro curso de acción.

En principio esto no es malo, nos puede servir para en las ocasiones debidas y en su justa medida, generar culpa y arrepentimiento, ambas emociones sociales útiles.

Pero a veces el pensamiento contrafactual nos habla más de nuestras miserias que de nuestras luces y sobre todo nos daña… y bastante tenemos ya.

Un ejemplo. Tengo un conocido que cuando conseguí un cuarto Dan en artes marciales internas me dijo: «yo hacía Karate de pequeño hasta cinturón naranja. Si hubiera seguido ahora sería tercer o cuarto Dan». Yo también, si hubiera crecido hasta los 2.05 jugaría en la NBA.  En los Celtics concretamente :).

Es el pensamiento contrafactual ilusorio.

A veces nos aparece en modo gruñón. Insisto: esto no es inteligente por lógico que sea, acabarás quemado.

A veces nos surge desde el puro miedo. Si hubiera hecho esto, no estaría aquí muerto de angustia.

Lo contrafactual aparece sobre todo contra el otro. Es tan duro que es lógico proyectar de forma simple en un único culpable.

Recuerda: la peste negra y los judíos.
Recuerda también que la causa era más compleja: una bacteria que venía en barcos desde Asia. Y no olvides que ninguna de las soluciones que se hubieran tomado tenía que ver con ellos sino con la higiene.

Una buena solución a lo contrafactual, para que no nos haga tanto daño, es hablar en primera persona del plural.

Quizá sea más responsable decir:

– ¿Porqué nos ha ocurrido todo esto?
– ¿Qué sociedad estamos construyendo?
– ¿Qué valores son importantes?
– ¿Qué es un sistema sanitario?
– ¿Qué papel debe jugar la ciencia respecto a la salud?
– ¿Qué nivel tenemos como ciudadanos para seguir o saltarnos normas?
– ¿Qué nivel tienen los dirigentes de todos los colores de Europa (UK, Francia, Italia, España) que no han conseguido parar esto?
– ¿O está más allá de ellos e incluso de los expertos?
– ¿Qué tiene que ver la biodiversidad en todo esto?
– ¿Cómo podría evitarse algo así de nuevo?
– ¿Cómo podría yo poner un granito de arena para este nuevo mundo dentro de unos meses?

Te confieso que no aspiro a tener respuestas pronto…

La segunda estrategia que animo a seguir para no quemarnos en el ¿Y si? es que la realidad manda.

Spinoza la seguía: el actualismo, es decir, lo que ocurre, es lo que Es y no pudo ser de otro modo, de hecho está ocurriendo ahora. Y los que hemos dedicado gran parte de nuestra existencia a la introspección, amamos este presente, porque sabemos que es la oportunidad para la acción.

Así que hay algo muy claro, esto está sucediendo, es real, vamos a hacerlo lo mejor posible.

Nosotros, nosotros y nosotros: Homo Sapiens Sapiens.

Animo y paz-ciencia para tod@s.

PD: por cierto Spinoza era hijo de judíos sefardíes que habían huido de país en país. El mismo abandonó toda creencia hasta alcanzar la independencia intelectual, esa que nos permite avanzar hacia la felicidad y sabiduría.

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